Artículo
2
EL
SEGUNDO MANDAMIENTO
"No
tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios"
(Ex 20, 7; Dt 5, 11).
"Se
dijo a los antepasados: "No perjurarás"... Pues
yo os digo que no juréis en modo alguno" (Mt 5, 33-34).
I
EL NOMBRE DEL SEÑOR ES SANTO
2142
El segundo mandamiento prescribe respetar el nombre del Señor.
Pertenece, como el primer mandamiento, a la virtud de la religión
y regula más particularmente el uso de nuestra palabra en las
cosas santas.
2143
Entre todas las palabras de la revelación hay una, singular,
que es la revelación de su Nombre. Dios confía su Nombre
a los que creen en Él; se revela a ellos en su misterio personal.
El don del Nombre pertenece al orden de la confidencia y la intimidad.
"El nombre del Señor es santo". Por eso el hombre
no puede usar mal de él. Lo debe guardar en la memoria en un
silencio de adoración amorosa (Cf. Za 2, 17). No lo empleará
en sus propias palabras, sino para bendecirlo, alabarlo y glorificarlo
(Cf. Sal 29, 2; 96, 2; 113, 1-2).
2144
"La deferencia respecto a su Nombre expresa la que es debida
al misterio de Dios mismo y a toda la realidad sagrada que evoca.
El sentido de lo sagrado pertenece a la virtud de la religión:
Los
sentimientos de temor y de "lo sagrado" ¿son sentimientos
cristianos o no? Nadie puede dudar razonablemente de ello. Son los
sentimientos que tendríamos, y en un grado intenso, si tuviésemos
la visión del Dios soberano. Son los sentimientos que tendríamos
si verificásemos su presencia. En la medida en que creemos
que está presente, debemos tenerlos. No tenerlos es no verificar,
no creer que está presente. (Newman, par. 5, 2).
2145
El fiel cristiano debe dar testimonio del nombre del Señor
confesando su fe sin ceder al temor (Cf. Mt 10, 32; 1 Tm 6, 12). La
predicación y la catequesis deben estar penetradas de adoración
y de respeto hacia el nombre de Nuestro Señor Jesucristo.
2146
El segundo mandamiento prohíbe abusar del nombre de Dios, es
decir, todo uso inconveniente del nombre de Dios, de Jesucristo, de
la Virgen María y de todos los santos.
2147
Las promesas hechas a otro en nombre de Dios comprometen el honor,
la fidelidad, la veracidad y la autoridad divinas. Deben ser respetadas
en justicia. Ser infiel a ellas es abusar del nombre de Dios y, en
cierta manera, hacer de Dios un mentiroso (Cf. 1 Jn 1, 10).
2148
La blasfemia se opone directamente al segundo mandamiento. Consiste
en proferir contra Dios -interior o exteriormente - palabras de odio,
de reproche, de desafío; en injuriar a Dios, faltarle al respeto
en las expresiones, en abusar del nombre de Dios. Santiago
reprueba a "los que blasfeman el hermoso Nombre (de Jesús)
que ha sido invocado sobre ellos" (St 2, 7). La prohibición
de la blasfemia se extiende a las palabras contra la Iglesia de Cristo,
los santos y las cosas sagradas. Es también blasfemo recurrir
al nombre de Dios para justificar prácticas criminales, reducir
pueblos a servidumbre, torturar o dar muerte. El abuso del nombre
de Dios para cometer un crimen provoca el rechazo de la religión.
La blasfemia
es contraria al respeto debido a Dios y a su santo nombre. Es de suyo
un pecado grave (Cf. CIC can. 1396).
2149
Las palabras mal sonantes que emplean el nombre de Dios sin intención
de blasfemar son una falta de respeto hacia el Señor. El segundo
mandamiento prohíbe también el uso mágico del
Nombre divino.
El
Nombre de Dios es grande allí donde se pronuncia con el respeto
debido a su grandeza y a su Majestad. El nombre de Dios es santo allí
donde se le nombra con veneración y temor de ofenderle (S.
Agustín, serm. Dom. 2, 45, 19).
II
TOMAR EL NOMBRE DEL SEÑOR EN VANO
2150
El segundo mandamiento prohíbe el juramento en falso. Hacer
juramento o jurar es tomar a Dios por testigo de lo que se afirma.
Es invocar la veracidad divina como garantía de la propia veracidad.
El juramento compromete el nombre del Señor. "Al Señor
tu Dios temerás, a él le servirás, por su nombre
jurarás" (Dt 6, 13).
2151
La reprobación del juramento en falso es un deber para con
Dios. Como Creador y Señor, Dios es la norma de toda verdad.
La palabra humana está de acuerdo o en oposición con
Dios que es la Verdad misma. El juramento, cuando es veraz y legítimo,
pone de relieve la relación de la palabra humana con la verdad
de Dios. El falso juramento invoca a Dios como testigo de una mentira.
2152
Es perjuro quien, bajo juramento, hace una promesa que no tiene intención
de cumplir, o que, después de haber prometido bajo juramento,
no mantiene. El perjurio constituye una grave falta de respeto hacia
el Señor que es dueño de toda palabra. Comprometerse
mediante juramento a hacer una obra mala es contrario a la santidad
del Nombre divino.
2153
Jesús expuso el segundo mandamiento en el Sermón de
la Montaña: "Habéis oído que se dijo a los
antepasados: "no perjurarás, sino que cumplirás
al Señor tus juramentos". Pues yo os digo que no juréis
en modo alguno... sea vuestro lenguaje: "sí, sí";
"no, no": que lo que pasa de aquí viene del Maligno"
(Mt 5, 33-34.37; Cf. St 5, 12).
Jesús
enseña que todo juramento implica una referencia a Dios y que
la presencia de Dios y de su verdad debe ser honrada en toda palabra.
La discreción del recurso a Dios al hablar va unida a la atención
respetuosa a su presencia, reconocida o menospreciada en cada una
de nuestras afirmaciones.
2154
Siguiendo a san Pablo (Cf. 2 Co 1, 23; Ga 1, 20), la tradición
de la Iglesia ha comprendido las palabras de Jesús en el sentido
de que no se oponen al juramento cuando éste se hace por una
causa grave y justa [por ejemplo, ante el tribunal]. "El juramento,
es decir, la invocación del Nombre de Dios como testigo de
la verdad, sólo puede prestarse con verdad, con sensatez y
con justicia" (CIC can. 1199, 1).
2155
La santidad del nombre divino exige no recurrir a él por motivos
fútiles, y no prestar juramento en circunstancias que pudieran
hacerlo interpretar como una aprobación de una autoridad que
lo exigiese injustamente. Cuando el juramento es exigido por autoridades
civiles ilegítimas, puede ser rehusado. Debe serlo, cuando
es impuesto con fines contrarios a la dignidad de las personas o a
la comunión de la Iglesia.
III
EL NOMBRE CRISTIANO
2156
El sacramento del Bautismo es conferido "en el nombre del Padre
y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28,19). En el bautismo,
el nombre del Señor santifica al hombre, y el cristiano recibe
su nombre en la Iglesia. Puede ser el nombre de un santo, es decir,
de un discípulo que vivió una vida de fidelidad ejemplar
a su Señor. Al ser puesto bajo el patrocinio de un santo, se
ofrece al cristiano un modelo de caridad y se le asegura su intercesión.
El "nombre de bautismo" puede expresar también un
misterio cristiano o una virtud cristiana. "Procuren los padres,
los padrinos y el párroco que no se imponga un nombre ajeno
al sentir cristiano" (CIC can. 855).
2157
El cristiano comienza su jornada, sus oraciones y sus acciones con
la señal de la cruz, "en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo. Amén". El bautizado consagra
la jornada a la gloria de Dios e invoca la gracia del Señor
que le permite actuar en el Espíritu como hijo del Padre. La
señal de la cruz nos fortalece en las tentaciones y en las
dificultades.
2158
Dios llama a cada uno por su nombre (Cf. Is 43, 1; Jn 10, 3). El nombre
de todo hombre es sagrado. El nombre es la imagen de la persona. Exige
respeto en señal de la dignidad del que lo lleva.
2159
El nombre recibido es un nombre de eternidad. En el reino de Dios,
el carácter misterioso y único de cada persona marcada
con el nombre de Dios brillará a plena luz. "Al vencedor...
le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita,
un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe" (Ap
2, 17). "Miré entonces y había un Cordero, que
estaba en pie sobre el monte Sión, y con él ciento cuarenta
y cuatro mil, que llevaban escrito en la frente el nombre del Cordero
y el nombre de su Padre" (Ap 14, 1).
RESUMEN
2160
"Señor, Dios Nuestro, ¡qué admirable es
tu nombre por toda la tierra!" (Sal 8, 2).
2161
El segundo mandamiento prescribe respetar el nombre del Señor.
El nombre del Señor es santo.
2162
El segundo mandamiento prohíbe todo uso inconveniente del
nombre de Dios. La blasfemia consiste en usar de una manera injuriosa
el nombre de Dios, de Jesucristo, de la Virgen María y de
los santos.
2163
El juramento en falso invoca a Dios como testigo de una mentira.
El perjurio es una falta grave contra el Señor, que es siempre
fiel a sus promesas.
2164
"No jurar ni por Criador ni por criatura, si no fuere con verdad,
necesidad y reverencia" (S. Ignacio de Loyola, ex. spir. 38).
2165
En el Bautismo, la Iglesia da un nombre al cristiano. Los padres,
los padrinos y el párroco deben procurar que se dé
un nombre cristiano al que es bautizado. El patrocinio de un santo
ofrece un modelo de caridad y asegura su intercesión.
2166
El cristiano comienza sus oraciones y sus acciones haciendo la señal
de la cruz "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén".
2167
Dios llama a cada uno por su nombre (Cf. Is 43, 1).
"Recuerda
el día del sábado para santificarlo. Seis días
trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día
séptimo es día de descanso para el Señor, tu
Dios. No harás ningún trabajo" (Ex 20, 8-10;
Cf. Dt 5, 12-15).
"El
sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para
el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también
es Señor del sábado" (Mc 2, 27-28).
I
EL DÍA DEL SÁBADO
2168
El tercer mandamiento del Decálogo proclama la santidad del
sábado: "El día séptimo será día
de descanso completo, consagrado al Señor" (Ex 31, 15).
2169
La Escritura hace a este propósito memoria de la creación:
"Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la
tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó;
por eso bendijo el Señor el día del sábado y
lo hizo sagrado" (Ex 20, 11).
2170
La Escritura ve también en el día del Señor un
memorial de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto:
"Acuérdate de que fuiste esclavo en el país de
Egipto y de que el Señor tu Dios te sacó de allí
con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor tu Dios te
ha mandado guardar el día del sábado" (Dt 5, 15).
2171
Dios confió a Israel el sábado para que lo guardara
como signo de la alianza inquebrantable (Cf. Ex 31, 16). El sábado
es para el Señor, santamente reservado a la alabanza de Dios,
de su obra de creación y de sus acciones salvíficas
en favor de Israel.
2172
La acción de Dios es el modelo de la acción humana.
Si Dios "tomó respiro" el día séptimo
(Ex 31, 17), también el hombre debe "descansar" y
hacer que los demás, sobre todo los pobres, "recobren
aliento" (Ex 23, 12). El sábado interrumpe los trabajos
cotidianos y concede un respiro. Es un día de protesta contra
las servidumbres del trabajo y el culto al dinero (Cf. Ne 13, 15-22;
2 Cro 36, 21).
2173
El Evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús fue acusado
de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta
a la santidad de este día (Cf. Mc 1, 21; Jn 9, 16), sino que
con autoridad da la interpretación auténtica de esta
ley: "El sábado ha sido instituido para el hombre y no
el hombre para el sábado" (Mc 2, 27). Con compasión,
Cristo proclama que "es lícito en sábado hacer
el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla"
(Mc 3, 4). El sábado es el día del Señor de las
misericordias y del honor de Dios (Cf. Mt 12, 5; Jn 7, 23). "El
Hijo del hombre es Señor del sábado" (Mc 2, 28).
II
EL DÍA DEL SEÑOR
¡Este
es el día que ha hecho el Señor, exultemos y gocémonos
en él! (Sal 118, 24).
El
día de la Resurrección: la nueva creación
2174
Jesús resucitó de entre los muertos "el primer
día de la semana" (Mt 28, 1; Mc 16, 2; Lc 24, 1; Jn 20,
1). En cuanto es el "primer día", el día de
la Resurrección de Cristo recuerda la primera creación.
En cuanto es el "octavo día", que sigue al sábado
(Cf. Mc 16, 1); Mt 28, 1), significa la nueva creación inaugurada
con la resurrección de Cristo. Para los cristianos vino a ser
el primero de todos los días, la primera de todas las fiestas,
el día del Señor ("Hè kyriakè hèmera",
"dies dominica"), el "domingo":
Nos
reunimos todos el día del sol porque es el primer día
(después del sábado judío, pero también
el primer día), en que Dios, sacando la materia de las tinieblas,
creó al mundo; ese mismo día, Jesucristo nuestro Salvador
resucitó de entre los muertos (S. Justino, Apol. 1,67).
El
domingo, plenitud del sábado
2175
El domingo se distingue expresamente del sábado, al que sucede
cronológicamente cada semana, y cuya prescripción litúrgica
reemplaza para los cristianos. Realiza plenamente, en la Pascua de
Cristo, la verdad espiritual del sábado judío y anuncia
el descanso eterno del hombre en Dios. Porque el culto de la ley preparaba
el misterio de Cristo, y lo que se practicaba en ella prefiguraba
algún rasgo relativo a Cristo (Cf. 1 o 10, 11):
Los
que vivían según el orden de cosas antiguo han pasado
a la nueva esperanza, no observando ya el sábado, sino el día
del Señor, en el que nuestra vida es bendecida por Él
y por su muerte. (S. Ignacio de Antioquía, Magn. 9, 1).
2176
La celebración del domingo cumple la prescripción moral,
inscrita en el corazón del hombre, de "dar a Dios un culto
exterior, visible, público y regular bajo el signo de su bondad
universal hacia los hombres" (S. Tomás de A., s. th. 2-2,
122, 4). El culto dominical realiza el precepto moral de la Antigua
Alianza, cuyo ritmo y espíritu recoge celebrando cada semana
al Creador y Redentor de su pueblo.
La
Eucaristía dominical
2177
La celebración dominical del día y de la Eucaristía
del Señor tiene un papel principalísimo en la vida de
la Iglesia. "El domingo, en el que se celebra el misterio pascual,
por tradición apostólica, ha de observarse en toda la
Iglesia como fiesta primordial de precepto" (CIC can. 1246, 1).
"Igualmente
deben observarse los días de Navidad, Epifanía, Ascensión,
Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre
de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, San José,
Santos Apóstoles Pedro y Pablo y, finalmente, todos los Santos"
(CIC can. 1246, 1).
2178
Esta práctica de la asamblea cristiana se remonta a los comienzos
de la edad apostólica (Cf. Hch 2, 42-46; 1 Co 11, 17). La carta
a los Hebreos dice: "No abandonéis vuestra asamblea, como
algunos acostumbran hacerlo, antes bien, animaos mutuamente" (Hb
10, 25).
La
tradición conserva el recuerdo de una exhortación siempre
actual: "Venir temprano a la iglesia, acercarse al Señor
y confesar sus pecados, arrepentirse en la oración... Asistir
a la sagrada y divina liturgia, acabar su oración y no marcharse
antes de la despedida... Lo hemos dicho con frecuencia: este día
os es dado para la oración y el descanso. Es el día
que ha hecho el Señor. En él exultamos y nos gozamos.
(Autor anónimo, serm. dom.).
2179
"La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida
de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la
autoridad del obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como
su pastor propio" (CIC can. 515, 1). Es el lugar donde todos los
fieles pueden reunirse para la celebración dominical de la Eucaristía.
La parroquia inicia al pueblo cristiano en la expresión ordinaria
de la vida litúrgica, le congrega en esta celebración;
le enseña la doctrina salvífica de Cristo. Practica la
caridad del Señor en obras buenas y fraternas:
No
puedes orar en casa como en la iglesia, donde son muchos los reunidos,
donde el grito de todos se eleva a Dios como desde un solo corazón.
Hay en ella algo más: la unión de los espíritus,
la armonía de las almas, el vínculo de la caridad, las
oraciones de los sacerdotes. (S. Juan Crisóstomo, incomprehens.
3, 6).
La
obligación del domingo
2180
El mandamiento de la Iglesia determina y precisa la ley del Señor:
"El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen
obligación de participar en la misa" (CIC can. 1247). "Cumple
el precepto de participar en la misa quien asiste a ella, dondequiera
que se celebre en un rito católico, tanto el día de la
fiesta como el día anterior por la tarde" (CIC can. 1248,
1).
2181
La Eucaristía del domingo fundamenta y confirma toda la práctica
cristiana. Por eso los fieles están obligados a participar en
la Eucaristía los días de precepto, a no ser que estén
excusados por una razón seria [por ejemplo, enfermedad, el cuidado
de niños pequeños] o dispensados por su pastor propio
(Cf. CIC can. 1245). Los que deliberadamente faltan a esta obligación
cometen un pecado grave."
2182
La participación en la celebración común de la
Eucaristía dominical es un testimonio de pertenencia y de fidelidad
a Cristo y a su Iglesia. Los fieles proclaman así su comunión
en la fe y la caridad. Testimonian a la vez la santidad de Dios y su
esperanza de la salvación. Se reconfortan mutuamente, guiados
por el Espíritu Santo.
2183
"Cuando falta el ministro sagrado u otra causa grave hace imposible
la participación en la celebración eucarística,
se recomienda vivamente que los fieles participen en la liturgia de
la palabra, si ésta se celebra en la iglesia parroquial o en
otro lugar sagrado conforme a lo prescrito por el obispo diocesano,
o permanezcan en oración durante un tiempo conveniente, solos
o en familia, o, si es oportuno, en grupos de familias" (CIC can.
1248, 2).
Día
de gracia y de descanso
2184
Así como Dios "cesó el día séptimo
de toda la tarea que había hecho" (Gn 2, 2), así
también la vida humana sigue un ritmo de trabajo y descanso.
La institución del día del Señor contribuye a que
todos disfruten del tiempo de descanso y de solaz suficiente que les
permita cultivar su vida familiar, cultural, social y religiosa (Cf.
GS 67, 3).
2185 Durante el domingo y las otras fiestas de precepto, los fieles
se abstendrán de entregarse a trabajos o actividades que impidan
el culto debido a Dios, la alegría propia del día del
Señor, la práctica de las obras de misericordia, el descanso
necesario del espíritu y del cuerpo. Las necesidades familiares
o una gran utilidad social constituyen excusas legítimas respecto
al precepto del descanso dominical. Los fieles deben cuidar de que legítimas
excusas no introduzcan hábitos perjudiciales a la religión,
a la vida de familia y a la salud.
El
amor de la verdad busca el santo ocio, la necesidad del amor cultiva
el justo trabajo. (S. Agustín, civ. 19, 19).
2186
Los cristianos que disponen de tiempo de descanso deben acordarse de
sus hermanos que tienen las mismas necesidades y los mismos derechos
y no pueden descansar a causa de la pobreza y la miseria. El domingo
está tradicionalmente consagrado por la piedad cristiana a obras
buenas y a servicios humildes para con los enfermos, débiles
y ancianos. Los cristianos deben santificar también el domingo
dedicando a su familia el tiempo y los cuidados difíciles de
prestar los otros días de la semana. El domingo es un tiempo
de reflexión, de silencio, de cultura y de meditación,
que favorecen el crecimiento de la vida interior y cristiana.
2187
Santificar los domingos y los días de fiesta exige un esfuerzo
común. Cada cristiano debe evitar imponer sin necesidad a otro
lo que le impediría guardar el día del Señor. Cuando
las costumbres [deportes, restaurantes, etc.] y los compromisos sociales
(servicios públicos, etc.) requieren de algunos un trabajo dominical,
cada uno tiene la responsabilidad de dedicar un tiempo suficiente al
descanso. Los fieles cuidarán con moderación y caridad
evitar los excesos y las violencias engendrados a veces por espectáculos
multitudinarios. A pesar de las presiones económicas, los poderes
públicos deben asegurar a los ciudadanos un tiempo destinado
al descanso y al culto divino. Los patronos tienen una obligación
análoga con respecto a sus empleados.
2188
En el respeto de la libertad religiosa y del bien común de todos,
los cristianos deben esforzarse por obtener el reconocimiento de los
domingos y días de fiesta de la Iglesia como días festivos
legales. Deben dar a todos un ejemplo público de oración,
de respeto y de alegría, y defender sus tradiciones como una
contribución preciosa a la vida espiritual de la sociedad humana.
Si la legislación del país u otras razones obligan a trabajar
el domingo, este día debe ser al menos vivido como el día
de nuestra liberación que nos hace participar en esta "reunión
de fiesta", en esta "asamblea de los primogénitos inscritos
en los cielos" (Hb 12, 22-23).
RESUMEN
2189
"Guardarás el día del sábado para santificarlo"
(Dt 5, 12). "El día séptimo será día
de descanso completo, consagrado al Señor" (Ex 31, 15).
2190
El sábado, que representaba la coronación de la primera
creación, es sustituido por el domingo que recuerda la nueva
creación, inaugurada por la resurrección de Cristo.
2191
La Iglesia celebra el día de la Resurrección de Cristo
el octavo día, que es llamado con toda razón día
del Señor, o domingo.
2192
"El domingo ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial
de precepto" (Cf. CIC can. 1246, 1). "El domingo y las demás
fiestas de precepto, los fieles tienen obligación de participar
en la misa"(Cf. CIC can. 1247).
2193
"El domingo y las demás fiestas de precepto... los fieles
se abstendrán de aquellos trabajos y actividades que impidan
dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día
del Señor o disfrutar del debido descanso de la mente y del
cuerpo" (Cf. CIC can. 1247).
2194
La institución del domingo contribuye a que todos disfruten
de un "reposo y ocio suficientes para cultivar la vida familiar,
cultural, social y religiosa" (GS 67, 3).
2195
Todo cristiano debe evitar imponer, sin necesidad, otros impedimentos
para guardar el día del Señor.