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Santa Sede

CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA

"EDUCAR JUNTOS EN LA ESCUELA CATÓLICA"

INTRODUCCIÓN

1. La rápida y, en ocasiones, contradictoria evolución de nuestro tiempo suscita desafíos educativos que interpelan al mundo de la escuela. Inducen a encontrar respuestas adecuadas no sólo a nivel de los contenidos y de los métodos didácticos, sino también a nivel de la experiencia comunitaria que caracteriza la acción educativa. La relevancia de estos desafíos emerge del contexto de complejidad social, cultural y religiosa en el cual crecen, en concreto, las jóvenes generaciones, y que influye significativamente en sus vivencias. Se trata de fenómenos ampliamente generalizados, como el desinterés por las verdades fundamentales de la vida humana, el individualismo, el relativismo moral y el utilitarismo, que impregnan sobre todo a las sociedades ricas y desarrolladas. A ellos se suman los rápidos cambios estructurales, la globalización y la aplicación de las nuevas tecnologías en el campo de la información, que inciden cada vez más en la vida cotidiana y en los itinerarios formativos. Además, con el proceso de desarrollo, crece la diferencia entre países ricos y países pobres y aumenta el fenómeno de las migraciones, acentuándose la diversidad de las identidades culturales en el mismo territorio, con las subsiguientes consecuencias relativas a la integración. En una sociedad al mismo tiempo global y diversificada, local y planetaria, que alberga modos diversos y contrastantes de interpretar el mundo y la vida, los jóvenes se encuentran ante diferentes propuestas de valores y contravalores cada vez más estimulantes, pero también cada vez menos compartidos. A esto, se añaden las dificultades derivadas de los problemas de estabilidad de la familia, de situaciones de malestar y pobreza, que crean un sentido generalizado de desorientación a nivel existencial y afectivo en un período delicado de su crecimiento y maduración, exponiéndoles al peligro de ser “sacudidos por las olas y llevados aquí y allá por cualquier viento de doctrina” (Ef 4, 14).

2. En este contexto, resulta particularmente urgente ofrecer a los jóvenes un itinerario de formación escolar que no se reduzca a la fruición individualista e instrumental de un servicio sólo con vistas a conseguir un título. Además del aprendizaje de los conocimientos, es necesario que los estudiantes hagan una experiencia fuerte de compartir con los educadores. Para conseguir la feliz realización de esta experiencia, los educadores deben ser interlocutores acogedores y preparados, capaces de suscitar y orientar las mejores energías de los estudiantes hacia la búsqueda de la verdad y el sentido de la existencia, hacia una construcción positiva de sí mismos y de la vida, en el horizonte de una formación integral. Por otra parte, “no es posible una verdadera educación (...) sin la luz de la verdad”1.

3. Esta perspectiva interpela a todas las instituciones escolares, pero aún más directamente a la escuela católica, ya que presta constante atención a las instancias formativas de la sociedad, en cuanto “el problema de la instrucción siempre ha estado estrechamente ligado a la misión de la Iglesia2. La escuela católica participa de esta misión, como auténtico sujeto eclesial, por medio del servicio educativo, vivificado por la verdad del Evangelio. En efecto, fiel a su vocación, se presenta “como lugar de educación integral de la persona humana a través de un claro proyecto educativo que tiene su fundamento en Cristo”3, orientado a obrar una síntesis entre fe, cultura y vida.

4. El proyecto de la escuela católica sólo es convincente si lo realizan personas profundamente motivadas, en cuanto testigos de un encuentro vivo con Cristo, pues “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”4. Por tanto, personas que se reconocen en la adhesión personal y comunitaria al Señor, asumiéndolo como fundamento y referencia constante de la relación interpersonal y de la colaboración recíproca entre educador y educando.

5. La realización de una verdadera comunidad educativa, construida sobre la base de valores de proyectos compartidos, representa para la escuela católica una ardua tarea a realizar. En efecto, la presencia en ella de alumnos, e incluso de profesores, procedentes de contextos culturales y religiosos diversos requiere un compromiso de discernimiento y acompañamiento aún mayor. La elaboración de un proyecto compartido se convierte en un llamamiento imprescindible que ha de impulsar a la escuela católica a definirse como lugar de experiencia eclesial. Su fuerza de unión y las potencialidades relacionales derivan de un cuadro de valores y de una comunión de vida arraigados en la misma pertenencia a Cristo y en el reconocimiento de los valores evangélicos, asumidos como normas educativas e impulso motivacional y, a la sazón, como meta final del itinerario escolar. Ciertamente, el grado de participación podrá ser diferente en razón de la propia historia personal, pero ello exige de los educadores la disponibilidad a un compromiso de formación y autoformación permanente, de acuerdo con una opción de valores culturales y de vida, que es necesario hacer presentes en la comunidad educativa5.

6. La Congregación para la educación católica, después de haber tratado ya en dos documentos los temas de la identidad y la misión del laico católico y de las personas consagradas en la escuela, en este documento considera los aspectos pastorales relativos a la colaboración entre fieles laicos y consagrados6, en la misma misión educativa. En ella, se encuentran la opción de los fieles laicos de vivir la tarea educativa “como una vocación personal en la Iglesia y no sólo como el ejercicio de una profesión”7, y la opción de las personas consagradas, en cuanto llamadas “a vivir los consejos evangélicos y a llevar el humanismo de las bienaventuranzas al campo de la educación y la escuela”8.

7. Este documento se sitúa en continuidad con textos anteriores de la Congregación para la educación católica referentes a la educación y a la escuela9, y tiene en cuenta claramente las distintas situaciones en que se encuentran las instituciones escolares católicas en las diversas regiones del mundo. En él se quiere llamar la atención sobre tres aspectos fundamentales que conciernen a la colaboración entre fieles laicos y consagrados en la escuela católica: la comunión en la misión educativa, el camino necesario de formación en la comunión para la misión educativa compartida y, finalmente, la apertura hacia los demás como fruto de la comunión.

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