Click para visitar el Sitio Web de la ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

IR AL CONTENIDO DE: EDUCAR JUNTOS EN LA ESCUELA CATÓLICA

Ver e imprimir EDUCAR JUNTOS EN LA ESCUELA CATÓLICA en PDF


  Google
Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la Misión Permanente en la Arquidiócesis de México. IR A DOCUMENTOS DE LA MISIÓN

       Documentos Pontificios

III. LA COMUNIÓN PARA ABRIRSE A LOS DEMÁS

43. La comunión vivida por los educadores de la escuela católica contribuye a que todo el ambiente educativo sea espacio para una comunión abierta a la realidad externa y no replegada en sí misma. Educar en la comunión y para la comunión significa orientar a los estudiantes a crecer auténticamente como personas, capaces de “abrirse progresivamente a la realidad y de formarse una concepción determinada de la vida”49, que les ayude a ampliar su mirada y su corazón al mundo que los rodea, con capacidad de lectura crítica, sentido de corresponsabilidad y voluntad de compromiso constructivo. Dos órdenes de motivaciones, antropológicas y teológicas, fundamentan esta apertura al mundo.

Fundamentos antropológicos y teológicos

44. El ser humano, en cuanto persona, es unidad de alma y cuerpo que se realiza dinámicamente a través de la apertura de sí a la relación con los demás. Así pues, es constitutivo de la persona el ser-con y para-los-demás, que se actúa en el amor. Es precisamente el amor el que impulsa a la persona a extender progresivamente el radio de sus relaciones más allá de la esfera de su vida privada y de los afectos familiares, hasta asumir la dimensión de la universalidad y abrazar —al menos como deseo— a toda la humanidad. Este mismo impulso contiene también una fuerte exigencia formativa: aprender a leer la interdependencia de un mundo que está cada vez más asediado por problemas similares de carácter global, como un signo ético fuerte para el hombre de nuestro tiempo; es decir, interpretar todo ello como una llamada a salir de la visión del hombre que tiende a concebir a cada ser humano como un individuo aislado. En definitiva, se tratade la exigencia de formar al hombre como persona: un sujeto que, en el amor, construye su identidad histórica, cultural, espiritual y religiosa, poniéndola en diálogo con otras personas, en una dinámica de dones recíprocamente ofrecidos y recibidos. En el contexto de la globalización, es necesario formar sujetos capaces de respetar la identidad, la cultura, la historia, la religión y, sobre todo, los sufrimientos y las necesidades ajenas, con la conciencia de que “todos somos verdaderamente responsables de todos”50.

45. Esta exigencia asume aún mayor importancia y urgencia desde la perspectiva de la fe católica, vivida en la caridad de la comunión eclesial. En efecto, en la Iglesia, lugar de comunión a imagen del amor trinitario, “late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu de Cristo”51. El Espíritu actúa como “potencia interior” que armoniza el corazón de los creyentes con el Corazón de Cristo y “transforma el corazón de la comunidad eclesial para que sea en el mundo testigo del amor del Padre”52. Por tanto, “a partir de la comunión intraeclesial, la caridad se abre por su naturaleza al servicio universal, proyectándonos hacia la práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano53. En este sentido, la Iglesia no es fin en sí misma, sino que existe para mostrar a Dios al mundo; esto es, existe para los demás.

46. Del mismo modo, en cuanto sujeto eclesial, la escuela católica se sitúa como fermento cristiano en el mundo: en ella, el alumno aprende a superar el individualismo y a descubrir, a la luz de la fe, que está llamado a vivir de manera responsable una vocación específica a la amistad con Cristo y a la solidaridad con los demás hombres. En definitiva, la escuela está llamada a ser testimonio vivo del amor de Dios entre los hombres. Además, puede convertirse en un medio a través del cual es posible discernir, iluminados por el Evangelio, cuanto hay de positivo en el mundo, lo que es conveniente transformar y también las injusticias que se deben superar. De igual manera, la acogida prudente de las aportaciones del mundo en la vida de la escuela alimenta y favorece una comunión abierta, especialmente en algunos ámbitos educativos como la educación para la paz, para convivir juntos, para la justicia y para la fraternidad.

Constructores de comunión abierta

47. Compartir la misma misión educativa en la pluralidad de personas, de vocaciones y de estados de vida es, sin duda, un aspecto importante de la escuela católica en su participación en la dinámica misionera de la Iglesia, y en la apertura de la comunión eclesial hacia el mundo. Desde esta perspectiva, una primera y valiosa aportación es la comunión entre laicos y consagrados en la escuela. Los laicos que, por razón de sus relaciones familiares y sociales, viven inmersos en el mundo, pueden favorecer la apertura de la comunidad educativa a una relación constructiva con las instituciones culturales, civiles y políticas, así como con las distintas agregaciones sociales —desde las más informales hasta las más organizadas— presentes en el territorio. La escuela católica asegura también su presencia en el territorio mediante la colaboración activa con las demás instituciones educativas, ante todo, con los centros católicos de estudios superiores, con los cuales comparte un vínculo eclesial especial. Pero también con los organismos locales y las distintas agencias sociales. En todo este ámbito, fiel a su propia inspiración, contribuye a construir una red de relaciones que ayuda a los alumnos a madurar el sentido de pertenencia y a la misma sociedad a crecer y desarrollarse de manera solidaria. También las personas consagradas participan, como “un signo verdadero de Cristo en el mundo”54, en esta apertura al exterior para compartir los bienes de los que son portadoras. A ellas corresponde, en particular, mostrar que la consagración religiosa puede decir mucho a cada cultura, pues ayuda a desvelar la verdad del ser humano. A partir de su testimonio de vida evangélica se debe evidenciar con claridad que “la santidad es la propuesta de más alta humanización del hombre y de la historia: es proyecto que cada cual en esta tierra puede hacer suyo”55.

48. Otro pilar de la comunión abierta es la relación entre la escuela católica y las familias que la han elegido para la educación de sus hijos. Esa relación se configura como plena participación de los padres en la vida de la comunidad educativa, no sólo en razón de su primordial responsabilidad en la educación de los hijos, sino también en virtud del compartir la identidad y el proyecto que caracterizan la escuela católica y que ellos deben conocer y aprobar, con disponibilidad interior. Precisamente por este motivo, la comunidad educativa especifica el espacio decisivo de colaboración entre escuela y familia en el proyecto educativo, que debe ser dado a conocer y actuado con espíritu de comunión, mediante la contribución de todos, de acuerdo con las distintas responsabilidades, funciones y competencias de cada uno. A los padres, en particular, corresponde enriquecer la comunión en torno a este proyecto, haciendo vivo y explícito el clima familiar que debe caracterizar a la comunidad educativa. Por esta razón, la escuela católica, acogiendo con agrado la colaboración de los padres, considera también como un momento esencial de su propia misión el servicio orgánico de formación permanente ofrecido a las familias, para apoyarlas en su tarea educativa y para promover una coherencia cada vez más profunda entre los valores propuestos por la escuela y los propuestos en familia.

49. Las asociaciones y los grupos de inspiración cristiana, que reúnen a los padres de las escuelas católicas, representan otro puente entre la comunidad educativa y la realidad circundante. Esas asociaciones y grupos pueden consolidar los lazos de reciprocidad entre escuela y sociedad, manteniendo la comunidad educativa abierta a la más amplia comunidad social y, al mismo tiempo, desarrollando una acción sensibilizadora de la sociedad y de sus instituciones, en consonancia con la presencia y la acción desarrollada por la escuela católica en el territorio.

50. También a nivel eclesial, la experiencia de comunión vivida dentro de la escuela católica puede y debe abrirse a un intercambio enriquecedor en un ámbito más amplio de comunión con la parroquia, la diócesis, los movimientos eclesiales y la Iglesia universal. Ello exige que los laicos —educadores y padres— y los consagrados pertenecientes a la comunidad educativa tomen parte, de manera significativa, también fuera de las paredes de la escuela católica, en la vida de la Iglesia local. Los miembros del clero diocesano y los laicos de la comunidad cristiana local, que no siempre poseen un adecuado conocimiento de la escuela católica, deben redescubrirla como escuela de la comunidad cristiana, expresión viva de la misma Iglesia de Cristo a la que pertenecen.

51. La dimensión eclesial de la comunidad educativa de la escuela católica, si se vive y experimenta con autenticidad, no puede limitarse a la relación con la comunidad cristiana local. Casi por expansión natural, tiende a abrirse a los horizontes de la Iglesia universal. Desde esta perspectiva, la dimensión internacional de muchas familias religiosas ofrece a los consagrados el enriquecimiento de la comunión con cuantos comparten la misma misión en las distintas partes del mundo. Al mismo tiempo, ofrece el testimonio de la fuerza viva de un carisma que une más allá de las diferencias. La riqueza de esta comunión en la Iglesia universal puede y debe ser compartida también por los laicos —educadores y padres—, por ejemplo mediante momentos de formación y de encuentros a nivel regional o mundial, ya que, respetando su propio estado de vida, también comparten la misión educativa propia de los respectivos carismas.

52. La escuela católica, entendida así, se presenta como una comunidad educativa en la cual la comunión eclesial y misionera madura en profundidad y crece en extensión. En ella puede vivirse una comunión que resulta un testimonio eficaz de la presencia de Cristo, que vive en la comunidad educativa reunida en su nombre (Cf. Mt 18, 20) y que, precisamente por esto, abre a una comprensión más profunda de la realidad y a un compromiso más convencido de renovación del mundo. En efecto, “si pensamos y vivimos en virtud de la comunión con Cristo, entonces se nos abren los ojos”56, y comprendemos que “sólo de Dios proviene la verdadera revolución, el cambio decisivo del mundo”57.

53. La comunión experimentada en la comunidad educativa, animada y sostenida por laicos y consagrados plenamente unidos en la misma misión, convierte la escuela católica en un ambiente comunitario impregnado del espíritu del Evangelio. Por tanto, este ambiente comunitario se configura como un lugar privilegiado para la formación de las generaciones jóvenes con miras a la construcción de un mundo basado en el diálogo y la búsqueda de la comunión, más que en el enfrentamiento; en la convivialidad de las diferencias, más que en su oposición. De este modo, la escuela católica, inspirando su proyecto educativo en la comunión eclesial y en la civilización del amor, puede contribuir en medida notable a iluminar las mentes de muchos, “de forma que se conviertan verdaderamente en hombres nuevos y en creadores de una nueva humanidad”58.

Conclusión

54. “En un mundo en el que el desafío cultural ocupa el primer lugar, y es el más estimulante y el más cargado de consecuencias”59, la escuela católica es consciente de la tarea tan ardua que está llamada a afrontar y, por ello, conserva su gran importancia también en las circunstancias actuales.

55. Cuando está animada por personas laicas y consagradas que viven en sincera unidad la misma misión educativa, muestra el rostro de una comunidad que tiende hacia una comunión cada vez más profunda. Esta comunión sabe hacerse acogedora respecto de las personas en crecimiento, haciéndoles sentir, a través de la solicitud materna de la Iglesia, que Dios lleva en el corazón la vida de cada uno de sus hijos. Sabe implicar a los jóvenes en una experiencia formativa global, para orientar y acompañar, a la luz de la buena nueva, la búsqueda de sentido que ellos viven en formas inéditas y a menudo tortuosas, pero con una urgencia inquietante. En definitiva, una comunión que, basándose en Cristo, lo reconoce y lo anuncia a todos y a cada uno como al único y verdadero Maestro (Cf. Mt 23, 8).

56. Al entregar el presente documento a cuantos viven la misión educativa en la Iglesia, encomendamos a la Virgen María, Madre y educadora de Cristo y de los hombres, todas las escuelas católicas para que, como los sirvientes en la bodas de Caná, sigan dócilmente su amorosa invitación: “Haced lo que él os diga”(Jn 2, 5) y sean así, junto con toda la Iglesia, “la casa y la escuela de la comunión”60 para los hombres de nuestro tiempo.

El Santo Padre, durante la audiencia concedida al prefecto, aprobó el presente documento y autorizó su publicación.

Roma, 8 de septiembre de 2007, fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María.

Cardenal ZENON GROCHOLEWSKI
Prefecto

Mons. ANGELO VINCENZO ZANI
Subsecretario

Ir a la página anterior  
Ir a la página siguiente
loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loansloans loans loans loans loans loans loans insurance insurance mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage insurance insurance insurance insurance insuranceinsurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insuranceinsurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance