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1. Benedicto XVI, Homilía de la Misa conclusiva de la Asamblea Especial para Medio Oriente del Sínodo de los Obispos (Vaticano, 24 de octubre de 2010): L’Osservatore Romano (ed. española, 31 de octubre de 2010), 7.
2. Benedicto XVI, Carta Apostólica en forma de «motu proprio» Ubicumque et semper con la cual se instituye el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización (21 de septiembre de 2010): L’Osservatore Romano (ed. española, 17 de octubre de 2010), 5.11-12.
3. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010), 96 y 122: Anexo de L’Osservatore Romano (12 de noviembre de 2010), 96, 111-112.
4. Pablo VI, Exhortación Apostolica Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 80: AAS 68 (1976), 74.
5. Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad gentes, 2.
6. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, 2.
7. Cf. S. Hilario de Poitiers, In Ps. 14: PL 9, 301; S. Eusebio de Cesarea, In Isaiam 54, 2-3: PG 24, 462-463; S. Cirilo de Alejandría, In Isaiam V, cap. 54, 1-3: PG 70, 1193.
8. Pablo VI, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 14: AAS 68 (1976), 13.
9. Cf. ibid., 15: AAS 68 (1976), 13-14.
10. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 4.
11. Cf. Juan Pablo II, Homilía durante la Misa en el Santuario de la S. Cruz, Mogila (9 de junio de 1979), 1:AAS 71 (1979), 865: «Donde surge la cruz, se ve la señal de que ha llegado la Buena Noticia de la salvación del hombre mediante el amor... La nueva cruz de madera ha surgido no lejos de aquí, exactamente durante las celebraciones del milenario. Con ella hemos recibido una señal: que en el umbral del nuevo milenio –en esta nueva época, en las nuevas condiciones de vida–, vuelve a ser anunciado el Evangelio. Se ha dado comienzo a una nueva evangelización, como si se tratara de un segundo anuncio, aunque en realidad es siempre el mismo» (L’Osservatore Romano [ed. española, 24 de junio de 1979], 6).
12. Juan Pablo II, Discurso a la XIX Asamblea del CELAM (9 de marzo de 1983), 3: AAS 75 (1983), 778.
13. Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 30: AAS 83 (1991), 276; cf. también 1-3, ibid.: AAS 83 (1991), 249-252.
14. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Christifideles laici, (30 de diciembre de1988), 35: AAS 81 (1989), 458.
15. Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Ecclesia in Africa (14 de septiembre de 1995), 57.63: AAS 85 (1996), 35-36, 39-40; Exhortación Apostólica postsinodal Ecclesia in America (22 de enero de 1999), 6.66: AAS 91 (1999), 10-11, 56; Exhortación Apostólica postsinodal Ecclesia in Asia (6 de noviembre de 1999), 2: AAS 92 (2000), 450-451; Exhortación Apostólica postsinodal Ecclesia in Oceania (22 de noviembre de 2001), 18: AAS 94 (2002), 386-389.
16. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Ecclesia in Europa (28 de junio de 2003), 2: AAS 95 (2003) 650, que además hace referencia al n. 2 de la declaración final de la Primera Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Europa, 1991. Cf. igualmente Ecclesia in Europa, 45 : AAS 95 (2003), 677.
17. Cf. ibid. 32: AAS 95 (2003), 670: «Al mismo tiempo, quiero asegurar una vez más a los pastores y a los hermanos y hermanas de las Iglesias ortodoxas, que la nueva evangelización en modo alguno debe ser confundida con el proselitismo, quedando firme el deber de respetar la verdad, la libertad y la dignidad de toda persona». La necesidad de la evangelización, la diferencia entre evangelización y proselitismo, el modo de vivir la evangelización dentro de una clara actitud ecuménica: una aclaración sobre estos temas se ofrece en el documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización (3 de diciembre de 2007), 10-12: AAS 100 (2008) 498-503.
18. Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana para el intercambio de felicitaciones con ocasión de la Navidad (21 de diciembre de 2009): L’Osservatore Romano (ed. española, 25 de diciembre de 2009), 12. La misma imagen del “patio de los gentiles” es citada por el Papa Benedicto XVI en el Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2010. En este texto los nuevos “patios de las gentes” son los espacios de socialización que los nuevos media han creado, y que están acogiendo cada vez más personas: nueva evangelización quiere decir imaginar senderos para el anuncio del Evangelio también en estos espacios ultramodernos.
19. Cf. por ejemplo S. Clemente de Alejandría, Protreptico IX, 87, 3-4 (Sources chrétiennes, 2,154); S. Agustín, Sermo 14, D [= 352 A], 3 (Nuova Biblioteca Agostiniana, XXXV/1, 269-271).
20. Cf. por ejemplo Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptoris Missio(7 de diciembre de 1990), 37: AAS 83 (1991), 282-286.
21. Cf. Benedicto XVI, Discurso a los participantes en la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo de la Cultura (8 de marzo de 2008): AAS 100 (2008) 245-248; L’Osservatore Romano (ed. española, 4 de abril de 2008), 5.
22. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010), 102: Anexo de L’Osservatore Romano (12 de noviembre de 2010), 97.
23. Cf. Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in veritate (29 de junio de 2009), 42: AAS 101 (2009) 677-678.
24. Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 37: AAS 83 (1991) 282-286; Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (24 de enero de 2010): L’Osservatore Romano (ed. española, 29 de enero de 2010), 3.
25. Cf. Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in veritate (29 de junio de 2009), 42: AAS 101 (2009), 678: «Durante mucho tiempo se ha pensado que los pueblos pobres deberían permanecer anclados en un estadio de desarrollo preestablecido o contentarse con la filantropía de los pueblos desarrollados. Pablo VI se pronunció contra esta mentalidad en la Populorum progressio. Los recursos materiales disponibles para sacar a estos pueblos de la miseria son hoy potencialmente mayores que antes, pero se han servido de ellos principalmente los países desarrollados, que han podido aprovechar mejor la liberalización de los movimientos de capitales y de trabajo. Por tanto, la difusión de ámbitos de bienestar en el mundo no debería ser obstaculizada con proyectos egoístas, proteccionistas o dictados por intereses particulares. En efecto, la participación de países emergentes o en vías de desarrollo permite hoy gestionar mejor la crisis. La transición que el proceso de globalización comporta, conlleva grandes dificultades y peligros, que sólo se podrán superar si se toma conciencia del espíritu antropológico y ético que en el fondo impulsa la globalización hacia metas de humanización solidaria. Desgraciadamente, este espíritu se ve con frecuencia marginado y entendido desde perspectivas éticoculturales de carácter individualista y utilitarista».
26. Cf. Benedicto XVI, Carta Encíclica Spe salvi (30 de noviembre de 2007), 22: AAS 99 (2007) 1003-1004.
27. Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditación cristiana «Orationis formas» (15 de octubre de 1989): AAS 82 (1990) 362-379.
28. Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Christifideles laici (30 de diciembre de 1988), 34: AAS 81 (1989), 455.
29. Ibid., 26: AAS 81 (1989), 438.
30. Ibid. 34: AAS 81 (1989), 455, retomado en el «motu proprio» Ubicumque et semper con el cual fue instituido el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización (21 de septiembre de 2010).
31. Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 34: AAS 83 (1991), 279-280.
32. Cf. V Conferencia General del Episcopado Latino Americano y del Caribe (Aparecida, 13-31 de mayo de 2007), 365-370: http://www.celam.org/nueva/Celam/ aparecida/Español.pdf
33. Cf. Orígenes, In Evangelium secundum Matthaeum 17, 7: PG 13, 1197 B; S. Jerónimo, Translatio homiliarum Origenis in Lucam, 36: PL26, 324-325.
34. Como nos recuerda la Dei Verbum, «Jesucristo – ver al cual es ver al Padre (cf. Jn 14, 9) – , con su total presencia y manifestación personal, con palabras y obras, señales y milagros, y, sobre todo, con su muerte y resurrección gloriosa de entre los muertos; finalmente, con el envío del Espíritu de verdad, completa la revelación y confirma con el testimonio divino que vive en Dios con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte y resucitarnos a la vida eterna» (Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Dogmática sobre la divina revelación Dei Verbum, 4).
35. Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal acerca de algunos aspectos de la evangelización (3 de diciembre de 2007), 2: AAS 100 (2008) 490.
36. Benedicto XVI, Carta Encíclica Deus caritas est (25 de diciembre de 2005), 1: AAS 98 (2006), 217.
37. Cf. Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis (15 de agosto de 1997), 100.
38. Cf. ibid., 141.
39. Cf. Juan Pablo II, Constitución apostólica Fidei depositum (11 de noviembre de 1992), 122: AAS 86 (1994) 113-118; retomado por la Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis (15 de agosto de 1997), 122.
40. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Christifideles laici (30 de diciembre de 1988), 34: AAS 81 (1989) 455. Cf. también Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Ecclesia in America (22 de enero de 1999), 66 : AAS 91 (1999), 801; Benedicto XVI, Exhortación Apostólica postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010), 94 : L’Osservatore Romano, Anexo de L’Osservatore Romano (12 de noviembre de 2010), 91-92.
41. Cf. Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis (15 de agosto de 1997), 47: «El decreto conciliar Ad gentes ha clarificado bien la dinámica del proceso evangelizador: testimonio cristiano, diálogo y presencia de la caridad (nn. 11-12), anuncio del Evangelio y llamada a la conversión (n. 13), catecumenado e iniciación cristiana (n. 14), formación de la comunidad cristiana, por medio de los sacramentos, con sus ministerios (nn. 15-18). Este es el dinamismo de la implantación y edificación de la Iglesia»
42. Ibid. 48. El texto del Directorio construye una descripción lúcida y precisa de estos elementos, componiendo en una síntesis original os textos del Decreto conciliar Ad gentes, de la Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi di Paolo VI y de la Carta Encíclica Redemptoris missio de Juan Pablo II.
43. Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Dei Verbum 7 s.
44. Cf. XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Mensaje al Pueblo de Dios (24 de octubre de 2008), tercera parte: L’Osservatore Romano (ed. española, 31 de octubre de 2008), 5-8.
45. Cf. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010), 10.75: Anexo de L’Osservatore Romano (12 de noviembre de 2010), 15, 74.
46. Cf. ibid., 58-60: Anexo de L’Osservatore Romano (12 de noviembre de 2010), 62-64.
47. Cf. ibid., 90-98.110: Anexo de L’Osservatore Romano (12 de noviembre de 2010), 89-95, 103.
48. Ibid., 104: Anexo de L’Osservatore Romano (12 de noviembre de 2010), 98-99.
49. XII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Elenchus Finalis Propositionum (25 de octubre de 2008), Prop. 38.Cf. también Benedicto XVI, Exhortación Apostólica postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010), 74.105: Anexo de L’Osservatore Romano (12 de noviembre de 2010), 73-74, 99-100.
50. Benedicto XVI, Exhortación Apostolica postsinodal Verbum Domini (30 de septiembre de 2010), 93: Anexo de L’Osservatore Romano (12 de noviembre de 2010), 91.
51. Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica Catechesi tradendae (16 de octrubre de 1979), 3: AAS 71 (1979), 1279 «Este Sínodo ha trabajado en una atmósfera excepcional de acción de gracias y de esperanza. Ha visto en la renovación catequética un don precioso del Espíritu Santo a la Iglesia de hoy, un don al que por doquier las comunidades cristianas, a todos los niveles, responden con una generosidad y entrega creadora que suscitan admiración. El necesario discernimiento podía así realizarse partiendo de una base viva y podía contar en el pueblo de Dios con una gran disponibilidad a la gracia del Señor y a las directrices del Magisterio». Una evaluación de la situación de la catequesis, de sus progresos y de sus puntos débiles, ha sido presentada por el Directorio General para la Catequesis, 29-30.
52. Para la presentación de estos métodos ver Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis (15 de agosto de 1997), parte III, cap. 2º; parte IV, capítulos 4º y 5º.
53. Cf. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Catechesi tradendae (16 de octubre de 1979), 55: AAS 71 (1979), 1322-1323.
54. Cf. ibid., 30-31: AAS 71 (1979), 1302-1304.
55. Cf. Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis (15 de agosto de 1997), 78.
56. Juan Pablo II, Exhortación apostólica Catechesi tradendae (16 de octubre de 1979), 58: AAS 71 (1979), 1324-1325: «Pues bien, también hay una pedagogía de la fe y nunca se ponderará bastante lo que ésta puede hacer en favor de la catequesis. En efecto, es cosa normal adaptar, en beneficio de la educación en la fe, las técnicas perfeccionadas y comprobadas de la educación en general. Sin embargo es importante tener en cuenta en todo momento la originalidad fundamental de la fe. Cuando se habla de pedagogía de la fe, no se trata de transmitir un saber humano, aun el más elevado; se trata de comunicar en su integridad la Revelación de Dios. Ahora bien, Dios mismo, a lo largo de toda la historia sagrada y principalmente en el Evangelio, se sirvió de una pedagogía que debe seguir siendo el modelo de la pedagogía de la fe. En catequesis, una técnica tiene valor en la medida en que se pone al servicio de la fe que se ha de transmitir y educar, en caso contrario, no vale»; Cf. la reelaboración hecha por la Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis (15 de agosto de 1997), 143-144.
57. Cf. Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis (15 de agosto de 1997), 105; cf. también Catecismo de la Iglesia Católica, 4-10.
58. Ibid., 68.
59. Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad gentes,14: «Los que han recibido de Dios, por medio de la Iglesia, la fe en Cristo, sean admitidos con ceremonias religiosas al catecumenado; que no es una mera exposición de dogmas y preceptos, sino una formación y noviciado convenientemente prolongado de la vida cristiana, en que los discípulos se unen con Cristo su Maestro. Iníciense, pues, los catecúmenos convenientemente en el misterio de la salvación, en el ejercicio de las costumbres evangélicas y en los ritos sagrados que han de celebrarse en los tiempos sucesivos, introdúzcanse en la vida de fe, de la liturgia y de la caridad del Pueblo de Dios. Libres luego de los Sacramentos de la iniciación cristiana del poder de las tinieblas, muertos, sepultados y resucitados con Cristo, reciben el Espíritu de hijos de adopción y asisten con todo el Pueblo de Dios [...] esta iniciación cristiana durante el catecumenado no deben procurarla solamente los catequistas y sacerdotes, sino toda la comunidad de los fieles, y en modo especial los padrinos, de suerte que sientan los catecúmenos, ya desde el principio, que pertenecen al Pueblo de Dios. Y como la vida de la Iglesia es apostólica, los catecúmenos han de aprender también a cooperar activamente en la evangelización y edificación de la Iglesia con el testimonio de la vida y la profesión de la fe».
60. Cf. Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis (15 de agosto de 1997), 91: «La catequesis postbautismal, sin tener que reproducir miméticamente la configuración del catecumenado bautismal, y reconociendo el carácter de bautizados que tienen los catequizandos, hará bien en inspirarse en esta “escuela preparatoria de la vida cristiana”, dejándose fecundar por sus principales elementos configuradores».
61. Cf. ibid., 90-91.
62. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, 26. Texto citado y asumido por el Directorio General para la Catequesis, 217, en referencia al tema de los sujetos de la acción de la catequesis en la Iglesia.
63. Una presentación del rol y de los deberes de estos sujetos en orden al anuncio de la fe ha sido hecha por la Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis, 219-232.
64. Cf. Benedicto XVI, Discurso a los Participantes en la IV Asamblea Eclesial Nacional Italiana (Verona, 19 de octubre 2006): AAS 98 (2006), 804-817.
65. Benedicto XVI, Homilía en la Santa Misa de inicio del ministerio petrino (Vaticano, 24 de abril de 2005): AAS 97 (2005), 710.
66. Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, 6.
67. Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 46: AAS 68 (1976), 36.
68. Ibid., 15: AAS 68 (1976), 14-15.
69. Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia Ad gentes, 14.
70. Un gran papel ha jugado en este proceso la publicación del Ordo Initiationis Christianae Adultorum, editio typica 1972, reimpressio emendata 1974. Este ritual ha sido fuente de inspiración para la reflexión catequística en su trabajo de revisión de la práctica de la catequesis.
71. Todos estos esfuerzos han sido desarrollados, bajo el término “catecumenado bautismal”, en el Directorio General para la Catequesis (15 de agosto de 1997), 88-91.
72. Cf. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica postsinodal Sacramentum caritatis (22 de febrero de 2007), 18: AAS 99 (2007), 119: «A este respeto es necesario prestar atención al tema del orden de los Sacramentos de la iniciación. En la Iglesia hay tradiciones diferentes. Esta diversidad se manifiesta claramente en las costumbres eclesiales de Oriente, y en la misma praxis occidental por lo que se refiere a la iniciación de los adultos, a diferencia de la de los niños. Sin embargo, no se trata propiamente de diferencias de orden dogmático, sino de carácter pastoral. Concretamente, es necesario verificar qué praxis puede efectivamente ayudar mejor a los fieles a poner de relieve el sacramento de la Eucaristía como aquello a lo que tiende toda la iniciación. En estrecha colaboración con los competentes Dicasterios de la Curia Romana, las Conferencias Episcopales han de verificar la eficacia de los actuales procesos de iniciación, para ayudar cada vez más al cristiano a madurar con la acción educadora de nuestras comunidades, y a asumir en su vida una impronta auténticamente eucarística, que le haga capaz de dar razón de su propia esperanza de modo adecuado en nuestra época».
73. Cf. Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 51: AAS 68 (1976), 40.
74. Cf. Juan Pablo II, Carta encíclica Redemptoris missio (7 de diciembre de 1990), 44: AAS 83 (1991), 290-291.
75. Cf. Congregación para el Clero, Directorio General para la Catequesis (15 de agosto de 1997), 61-62.
76. Cf. Benedicto XVI, Discurso a los Obispos de Brasil en visita “ad limina apostolorum” (Vaticano, 7 de septiembre de 2009): L’Osservatore Romano (ed. española, 11 de septiembre de 2009), 4: «En los decenios sucesivos al Concilio Vaticano II, algunos han interpretado la apertura al mundo no como una exigencia del ardor misionero del Corazón de Cristo, sino como un paso a la secularización, vislumbrando en ella algunos valores de gran densidad cristiana, como la igualdad, la libertad y la solidaridad, y mostrándose disponibles a hacer concesiones y a descubrir campos de cooperación. [...] Sin darse cuenta, se ha caído en la autosecularización de muchas comunidades eclesiales; estas, esperando agradar a los que no venían, han visto cómo se marchaban, defraudados y desilusionados, muchos de los que estaban: nuestros contemporáneos, cuando se encuentran con nosotros, quieren ver lo que no ven en ninguna otra parte, o sea, la alegría y la esperanza que brotan del hecho de estar con el Señor resucitado».
77. A esto se refiere la iniciativa promovida por el Pontificio Consejo de la Cultura, siguiendo la sugerencia del Papa Benedicto XVI. Los “patios de los gentiles” son lugares en los cuales es posible abrir una confrontación recíproca, enriquecedora y culturalmente estimulante, entre los cristianos y los que sienten lejana la religión, pero desean acercarse a Dios, al menos en cuanto les resulta desconocido.
78. Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 22.
79. Benedicto XVI, Discurso en la Universidad Católica de América (Washington, 17 de abril de 2008): L’Osservatore Romano (ed. española 25 de abril de 2008), 7.
80. Cf. Benedicto XVI, Discurso en la inauguración de los trabajos de la Asamblea Diocesana de Roma (Roma, 11 de junio de 2007): L’Osservatore Romano (ed. española, 22 de junio de 2007), 11-12.
81. Benedicto XVI, Carta Encíclica Caritas in veritate (29 de junio de 2009), 51: AAS 101 (2009), 687-688.
82. Pablo VI, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975), 41: AAS 68 (1976), 31-32; cf. Benedicto XVI, Exhortación Apostólica postsinodal Sacramentum caritatis (22 de febrero de 2007), 85: AAS 99 (2007), 170-171.
83. Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2685.
84. Cf. Juan Pablo II, Audiencia General (21 de octubre de 1992): L’Osservatore Romano (ed. española, 23 de octubre de 1992), 20.
85. Juan Pablo II, Carta Apostólica Novo millennio ineunte (6 de enero de 2001), 40: AAS 93 (2001), 294.
86. Benedicto XVI, Carta Encíclica Spe salvi (30 de noviembre de 2007), 31: AAS 99 (2007), 1010.
87. Pablo VI, Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi, (8 de diciembre de 1975), 80: AAS 68 (1976), 75.

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