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Conferencia del Episcopado Latinoamericano. CELAM


II CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO

"MEDELLÍN, COLOMBIA"
(1968)

PRESENTACIÓN

El Consejo Episcopal Latinoamericano —que ha tenido a su cargo la preparación de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en su parte organizativa y técnica— recibe ahora la delicada misión de presentar la edición oficial del Documento Final de Medellín.

Dicho documento —que contiene el fruto de los trabajos de las diez y seis Comisiones y Subcomisiones en que se dividió la Conferencia— ha sido definitivamente aprobado por S. S. el Papa Pablo VI, como consta en carta del Sr. Cardenal Secretario de Estado, al Señor Cardenal Antonio Samoré, Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, con fecha 24 de octubre de 1968 En la misma carta se encarga al CELAM la publicación oficial del Documento.

En cumplimiento, pues, de tan honrosa misión entregamos hoy al público el texto definitivo de las Conclusiones de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

Conviene destacar el juicio positivo y elogioso que los distintos Dicasterios y oficios de la Curia Romana han emitido acerca de los textos sometidos a su respectiva competencia y que la Secretaría de Estado de Su Santidad ha hecho llegar, junto con las observaciones correspondientes, a la Secretaría General de la Conferencia a través de la Pontificia Comisión para América Latina. Dichas observaciones que tienden a precisar y enriquecer algunas ideas, han sido tenidas en cuenta en la redacción definitiva.

El Documento Final que hoy presentamos es fruto de un trabajo intenso realizado en la fecunda intimidad del Señor Jesús. Maduró en las jornadas fraternas de Medellín, donde el Espíritu de Dios hizo patente su acción iluminadora y congregó a los obispos en profunda comunión de Iglesia. Creemos que verdaderamente allí se vivió, en unión con María la Madre de Jesús, un auténtico Pentecostés para la Iglesia de América Latina.

Ahora toca asimilar el espíritu, profundizar las Conclusiones, aplicar lo resuelto.

Comienza para la Iglesia de América Latina "un nuevo período de su vida eclesiástica", conforme al deseo de S.S. el Papa Pablo VI. Período marcado por una profunda renovación espiritual, por una generosa caridad pastoral, por una auténtica sensibilidad social.

Sobre el continente latinoamericano Dios ha proyectado una gran Luz que resplandece en el rostro rejuvenecido de su Iglesia. Es la hora de la esperanza. Somos conscientes de las graves dificultades y de los tremendos problemas que nos afectan. Pero más que nunca, el Señor está en medio de nosotros construyendo su Reino.

La aplicación decidida de las Conclusiones de Medellín exige de nosotros que prolonguemos nuestra comunión fraterna. Que nos sintamos unidos en el Señor Jesús, viviendo juntos una misma inquietud, un mismo compromiso, una misma esperanza.

Comienza ahora la tarea de profundización, divulgación y realización. Se trata de estudiar a fondo las conclusiones adoptadas, de hacerlas conocer a todo el Pueblo de Dios y de comprometer su progresiva aplicación.

Es tarea que corresponde a las Conferencias Episcopales, atendiendo a las particulares necesidades y urgencias de cada país. A todas anima el mismo Espíritu de Dios que impulsa a una renovación profunda y a un generoso servicio a los hombres. A todas preocupa el problema de una auténtica promoción humana, en relación con las exigencias de la justicia y de la paz, de la familia y demografía, de la educación y de la juventud. A todas interesa la tarea esencial de la evangelización y crecimiento de la fe, que atiende a una renovada pastoral popular y de las élites, a una catequesis viva y orgánica, a una liturgia fructuosa y expresiva. A todas preocupa una revisión evangélica de la Iglesia visible y sus estructuras, que anime los movimientos apostólicos de laicos, el ministerio y vida de los sacerdotes, la actividad de los religiosos y religiosas, la actualizada y sólida formación del clero, el testimonio de la pobreza evangélica, la coordinación pastoral en sus diversos niveles, la utilización sabia de los medios de comunicación social.

El compromiso no es sólo de los obispos. Es todo el Pueblo de Dios el que —en esta hora providencial del continente— experimenta el llamado del Espíritu. La respuesta exige profundidad en la oración, madurez en las decisiones, generosidad en las tareas.

Bogotá, 30 de noviembre de 1968

+ DOM AVELAR BRANDAO VILELA
Presidente del CELAM

+ EDUARDO F. PIRONIO
Secretario Gral. del CELAM

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