I.
HECHOS
1.
Las élites son, en nuestro contexto, de modo general: los grupos
dirigentes más adelantados, dominantes en el plano de la cultura,
de la profesión, de la economía y del poder; de modo especial:
dentro de estos mismos grupos, las minorías comprometidas que
ejercen una influencia actual o potencial en los distintos niveles de
decisión cultural, profesional, económica, social o política.
(*)
(*)
En el texto, el concepto de élite tiene un significado meramente
descriptivo y designa los agentes principales del cambio social sin
ningún juicio de valor ni connotación clasista.
2.
Conscientes de la dificultad de presentar una clasificación adecuada,
señalamos, sin embargo, como pertenecientes a la élite
cultural: los artistas, hombres de letras y universitarios (profesores
y estudiantes); a la élite profesional: los médicos, abogados,
educadores (profesiones liberales), ingenieros, agrónomos, planificadores,
economistas, expertos sociales, técnicos de comunicación
social (tecnólogos); a la élite económico-social:
los industriales, banqueros, líderes sindicales (obreros y campesinos),
empresarios, comerciantes, hacendados; a la élite de los poderes
políticos y militares: los políticos, los que ejercen
el poder judicial, los militares.
3.
Partiendo del punto de vista de que se trata, en general, de círculos
específicos y compactos, conviene examinar en primer término
sus actitudes, mentalidades y nucleaciones en función del cambio
social, para considerar posteriormente las manifestaciones de su fe,
su espíritu eclesial y también social, en confrontación
con la pastoral actual de la Iglesia, señalando finalmente, algunas
recomendaciones pastorales.
4.
Hemos comprobado que resulta difícil realizar un análisis
exacto y profundo, por la carencia de datos precisos, en estos diferentes
campos.
Para
un análisis de este tipo, sería necesario escuchar más
a los técnicos y a los laicos. Sin embargo, presentamos las siguientes
observaciones.
Tipos
5.
Por razón de método, y teniendo en cuenta al carácter
relativo de toda tipología que comporta necesariamente
matices y simplificaciones y tratándose de una clasificación
en función del cambio social, señalaremos los siguientes
grupos: los tradicionalistas o conservadores, los desarrollistas y los
revolucionarios que pueden ser marxistas, izquierdistas no marxistas,
o ideológicamente indefinidos. (*)
(*)
Evidentemente se dan grupos intermedios que propugnan los cambios de
estructura en forma gradual y más o menos acelerada, pero se
oponen a la violencia y a los gobiernos de fuerza.
6.
Los tradicionalistas o conservadores manifiestan poca o ninguna conciencia
social, tienen mentalidad burguesa y por lo mismo no cuestionan las
estructuras sociales. En general se preocupan por mantener sus privilegios
que ellos identifican con el "orden establecido". Su actuación
en la comunidad posee un carácter paternalista y asistencial,
sin ninguna preocupación por la modificación del statu-quo.
Sin
embargo, algunos conservadores actúan muchas veces bajo el influjo
del poder económico nacional o internacional, con alguna preocupación
desarrollista.
Se
trata de una mentalidad que frecuentemente se detecta en algunos medios
profesionales, en sectores económico-sociales y del poder establecido.
Esto hace que varios sectores gubernamentales actúen en beneficio
de los grupos tradicionalistas o conservadores, lo que a veces da lugar
a la corrupción y a la ausencia de un sano proceso de personalización
y socialización de las clases populares Las fuerzas militares
apoyan en diversas partes esta estructura y, a veces, intervienen para
reforzarla.
7.
Los desarrollistas se ocupan preferentemente de los medios de producción,
que según ellos, deben ser modificados en calidad y cantidad.
Atribuyen gran valor a la tecnificación y al planeamiento de
la sociedad. Sostienen que el pueblo marginado debe ser integrado en
la sociedad, como productor y consumidor. Ponen más énfasis
en el progreso económico que en la promoción social del
pueblo, en vista de la participación de todos en las decisiones
que interesan al orden económico y político.
Es
la mentalidad que se observa con frecuencia entre los tecnólogos
y las varias Agencias que procuran el desarrollo de los países.
8.
Los revolucionarios cuestionan la estructura económico-social.
Desean su cambio radical, tanto en los objetivos como en los medios.
Para ellos, el pueblo es o debe ser el sujeto de este cambio, de modo
que participe en las decisiones para el ordenamiento de todo proceso
social. Esta actitud puede observarse con mayor frecuencia entre los
intelectuales, investigadores científicos y universitarios.
Actitudes
de la fe
9.
Reconociendo que en todos estos ambientes muchos viven en fe conforme
a su conciencia, y aun realizan un trabajo positivo de concientización
y promoción humana, notamos, desde el punto de vista del cambio
social, ciertas manifestaciones de esta fe.
10.
En el grupo de los conservadores o tradicionalistas, se encuentra con
más frecuencia la separación entre fe y responsabilidad
social. La fe aparece más como una adhesión a un credo
y a principios morales. La pertenencia a la Iglesia es más de
tipo tradicional y, a veces, interesada. Dentro de estos grupos, más
que verdadera crisis de fe, se da crisis de religiosidad.
11.
Entre los desarrollistas pueden encontrarse diversas gamas de fe, desde
el indiferentismo hasta la vivencia personal. Tienden a considerar a
la Iglesia como instrumento más o menos favorable al desarrollo.
En estos grupos se percibe más claramente el impacto de la desacralización
debida a la mentalidad técnica.
Es
de notar en algunos de estos grupos, especialmente entre los universitarios
y los profesionales jóvenes, una tendencia que desemboca en el
indiferentismo religioso o en una visión humanística que
excluye la religión, debido sobre todo a su preocupación
por los problemas sociales.
12.
Los revolucionarios tienden a identificar unilateralmente la fe con
la responsabilidad social. Poseen un sentido muy vivo de servicio para
con el prójimo, a la vez que experimentan dificultades en la
relación personal con Dios trascendente en la expresión
litúrgica de la fe. En cuanto a la Iglesia, critican determinadas
formas históricas y algunas manifestaciones de los representantes
oficiales de la Iglesia en su actitud frente a lo social y en su vivencia
concreta en este mismo orden.
II.
PRINCIPIOS
13.
En todos estos ambientes, la evangelización debe orientarse hacia
la formación de una fe personal, adulta, interiormente formada,
operante y constantemente confrontada con los desafíos de la
vida actual en esta fase de transición.
Esta
evangelización debe estar en relación con los "signos
de los tiempos". No puede ser atemporal ni ahistórica. En
efecto, los "signos de los tiempos" que en nuestro continente
se expresan sobre todo en el orden social, constituyen un "lugar
teológico" e interpelaciones de Dios.
Por
otra parte, esta evangelización se debe realizar a través
del testimonio personal y comunitario que se expresará, de manera
especial, en el contexto del mismo compromiso temporal.
La
evangelización de que venimos hablando debe explicar los valores
de justicia y fraternidad, contenidos en las aspiraciones de nuestros
pueblos, en una
perspectiva escatológica.
La
evangelización necesita, como soporte, de una Iglesia-signo.
III.
RECOMENDACIONES PASTORALES
De
carácter general
14.
Es necesario animar, dentro de las élites, las minorías
comprometidas, creando en lo posible equipos de base que
hagan uso de la pedagogía de la Revisión de Vida, haciéndoles
comprender al mismo tiempo, que son apóstoles de su propio ambiente
y estimulando, además, contactos con los demás grupos
en la vida parroquial, diocesana y nacional. No se separe esta pastoral
propia de las élites de la pastoral total de la Iglesia.
15.
Procúrese que los sacramentos y la vida litúrgica, sobre
la base de una relación personal con Dios y con la comunidad
tomen su sentido de sostén y desarrollo, en el amor de Dios y
del prójimo, como expresión de comunidad cristiana.
16.
En la formación del clero es preciso prestar mayor atención
a este tipo de pastoral especializada, preparando también
mediante estudios profesionales y técnicos cuando fuere preciso
asesores especializados para estos grupos.
De
carácter especial
Artistas
y hombres de letras
17.
a) Teniendo en cuenta el importante papel que los artistas y hombres
de letras están llamados a desempeñar en nuestro continente
especialmente en relación a su autonomía cultural
como intérpretes naturales de sus angustias y esperanzas y generadores
de valores autóctonos que configuran la imagen nacional, esta
Conferencia Episcopal considera particularmente importante la presencia
de la Iglesia en estos ambientes.
b)
Tal presencia de la Iglesia deberá revestir un carácter
de diálogo, ajeno a toda preocupación moralizante o
confesional, en actitud de profundo respeto a la libertad creadora,
sin detrimento de la responsabilidad moral.
c)
La Iglesia latinoamericana deberá dar, en su ámbito
propio, el debido lugar a los artistas y hombres de letras, requiriendo
su concurso para la expresión estética de la palabra
litúrgica, de la música sacra y de los lugares de culto.
Universitarios (estudiantes)
18.
a) Ante la urgente necesidad de una efectiva presentación de
la Iglesia en el medio universitario, esta Segunda Conferencia Episcopal
ruega que se tengan en cuenta las recomendaciones prácticas del
Encuentro Episcopal sobre pastoral universitaria realizado en Buga (Colombia),
en febrero de 1967.
b)
Del mismo modo, ruega a las Jerarquías locales mayor comprensión
de los problemas propios de los universitarios, procurando valorar,
antes que condenar indiscriminadamente, las nobles motivaciones y
las justas aspiraciones muchas veces contenidas en sus inquietudes
y protestas, tratando de canalizarlas debidamente a través
de un diálogo abierto.
c)
Teniendo en cuenta el hecho de que miles de jóvenes latinoamericanos
estudian en Europa y América del Norte, el CELAM procurará,
de acuerdo con la Jerarquía de esos países, proveer
a la debida atención pastoral de los mismos cuidando, al mismo
tiempo, de mantener viva en ellos la conciencia del compromiso de
servicio para con sus países de origen.
Grupos
económicosociales
19.
a) La experiencia demuestra que en el ámbito de estas élites
es posible la creación de grupos y organizaciones especializadas,
cuyas metas y metodología deben mantenerse en constante revisión
a la luz del contexto latinoamericano y de la pastoral social de la
Iglesia.
b)
Sin subestimar las formas asistenciales de acción social, la
pastoral de la Iglesia deberá orientar preferentemente a estos
grupos hacia un compromiso en el plano de las estructuras socio-económicas
que conduzcan a las necesarias reformas de las mismas.
c)
La Iglesia debe prestar una atención especial a las minorías
activas (líderes sindicales y cooperativistas) que en los ambientes
rural y obrero están realizando un importante Trabajo de concientización
y promoción humana, apoyando y acompañando pastoralmente
sus preocupaciones por el cambio social.
Poderes
militares
20.
Con relación a las Fuerzas Armadas, la Iglesia deberá
inculcarles que, además de sus funciones normales especificas,
ellas tienen la misión de garantizar las libertades políticas
de los ciudadanos en lugar de ponerles obstáculos Por lo demás,
las Fuerzas Armadas tienen la posibilidad de educar, dentro de sus propios
cuadros, a los jóvenes reclutas en orden a la futura participación,
libre y responsable, en la vida política del país.
Poderes
políticos
21
a) Deberá procurarse que existan entre la Iglesia y el poder
constituido, contactos y diálogos a propósito de las exigencias
de la moral social, no excluyéndose, donde fuere necesario, la
denuncia a la vez enérgica y prudente de las injusticias y de
los excesos del poder.
b)
La acción pastoral de la Iglesia estimulará a todas
las categorías de ciudadanos a colaborar en los planes constitutivos
de los gobiernos y a contribuir, también, por medio de la crítica
sana dentro de una oposición responsable, al progreso del bien
común.
c)
La Iglesia deberá mantener siempre su independencia frente
a los poderes constituidos y a los regímenes que los expresan,
renunciando, si fuere preciso, aun a aquellas formas legítimas
de presencia que, a causa del contexto social, la hacen sospechosa
de alianza con el poder constituido y resultan, por eso mismo, un
contrasigno pastoral [GS 76].
d)
La Iglesia, sin embargo, deberá colaborar en la formación
política de las élites a través de sus movimientos
e instituciones educativas.
e)
Nótese, finalmente, que también en América Latina
"con el desarrollo cultural, económico y social, se consolida
en la mayoría el deseo de participar más plenamente
en la ordenación de la comunidad política La conciencia
más viva de la dignidad humana ha hecho que... surja el propósito
de establecer un orden político-jurídico que proteja
mejor en la vida pública los derechos de la persona, como son
el derecho de libre reunión, de libre asociación, de
expresar las propias opiniones y de profesar privada y públicamente
la religión" [GS 73].