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Ir al ÍNDICE-CONTENIDO de la II Conferencia de la CELAM: MEDELLÍN, COLOMBIA

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Vicaría      de Pastoral

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Conferencia del Episcopado Latinoamericano. CELAM


12. RELIGIOSOS

I. MISIÓN DEL RELIGIOSO

1. La caridad con que amamos a Dios y al prójimo es la única santidad que cultivan todos los que, guiados por el Espíritu Santo, siguen a Cristo en cualquier estado de vida y profesión a la que han sido llamados [LG 41, 42].

En la Iglesia "todos son llamados a la santidad" [LG 39], tanto los que pertenecen a la Jerarquía, como los laicos y religiosos; santidad que se realiza mediante la imitación del Señor, por amor. Por el bautismo el cristiano inició su configuración con Cristo [LG 7] que luego, por la acción de Dios y la fidelidad del hombre, ha de ir creciendo hasta llegar a la edad perfecta de la plenitud de Cristo [Cf. Ef 4, 13]. Cada uno ha de procurar alcanzar la santidad viviendo la caridad según las características propias de su estado de vida.

2. En estos momentos de revisión, muchos se preguntan cuál es el puesto que ocupa el religioso en la Iglesia y en qué consiste su vocación especial dentro del Pueblo de Dios.

A lo largo de la historia de la Iglesia, la vida religiosa ha tenido siempre, y ahora con mayor razón, una misión profética: ha de ser testimonio escatológico. Todo cristiano —religioso o laico— ha de buscar el Reino de Dios identificándose, por amor, con Cristo en el misterio de su Encarnación, Muerte y Resurrección, que culmina en la escatología. Pero lo propio del religioso, lo más característico, es entregar toda su vida al servicio de Dios, viviendo así la caridad, mediante "una peculiar consagración que se funda íntimamente en la del bautismo y la expresa con mayor plenitud" [PC 5]. Esta consagración peculiar es un compromiso a vivir con mayor intensidad el aspecto escatológico del cristianismo para ser dentro de la Iglesia, de un modo especial "testigo de la Ciudad de Dios".

3. Es decir, por una parte, el religioso ha de encarnarse en el mundo real y hoy con mayor audacia que en otros tiempos: no puede considerarse ajeno a los problemas sociales, al sentido democrático, a la mentalidad pluralista de los hombres que viven a su alrededor. Y así, las circunstancias concretas de América Latina (naciones en vía de desarrollo, escasez de sacerdotes) exigen de los religiosos una especial disponibilidad, según el propio carisma, para insertarse en las líneas de una pastoral efectiva.

Por otra parte, en medio de un mundo peligrosamente tentado de instalarse en lo temporal, con un consiguiente enfriamiento de la fe y de la caridad, el religioso ha de ser signo de que el Pueblo de Dios no tiene una ciudadanía permanente en este mundo, sino que busca la futura. El estado religioso, "que deja más libres a sus seguidores frente a los cuidados terrenos, manifiesta mejor a todos los creyentes los bienes celestiales —presentes ya en esta vida— y sobre todo da un testimonio de la vida nueva y eterna conseguida por la redención de Cristo y preanuncia la Resurrección futura, y la gloria del Reino Celestial" [LG 44]. O según se expresa en otro lugar, "los religiosos, por su estado, dan preclaro y eximio testimonio de que el mundo no puede ser transfigurado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las Bienaventuranzas" [LG 31].

Si es verdad que el religioso se coloca a cierta distancia de las realidades del mundo presente, no lo hace por desprecio al mundo, sino con el propósito de recordar su carácter transitorio y relativo.

4. Su testimonio no es algo abstracto, sino existencial, signo de la santidad trascendente de la Iglesia. Se quiere vivir con mayor plenitud, mediante esta especial consagración, aquella identificación personal con Cristo, que se inició en el bautismo. Ella se expresa principalmente mediante la castidad consagrada, por la que el religioso "se une al Señor con un amor indiviso" [OT 10], y por la caridad en la vida comunitaria, que es un preanuncio de la perfecta unión en el Reino futuro.

En las Congregaciones de vida activa la acción apostólica como actividad misionera, que también tiende a la plenitud escatológica [AG 9], no es una labor disociada de la vida religiosa, sino una manifestación del designio de Dios en la Historia de la Salvación.

5. El testimonio del mundo futuro se manifiesta de un modo especial en la vida religiosa contemplativa, que es una presencia y una mediación del misterio de Dios en el mundo. Le corresponde un gran papel en la situación latinoamericana, ya que los contemplativos con su vida de fe y abnegación, invitan a una visión más cristiana del hombre y del mundo.

Para que este testimonio sea auténtico, se requiere, tanto en la vida activa como en la contemplativa, un íntimo trato con Dios a través de la oración personal y una profundización en el sentido de la caridad, cuya mejor expresión es la celebración eucarística.

6. A partir de estos principios insistiremos en aquellos aspectos de la vida religiosa que tienen relación directa con el desarrollo y la pastoral en la América Latina, temas de esta Conferencia.

II. "AGGIORNAMENTO"

7. Los cambios provocados en el mundo latinoamericano por el proceso del desarrollo y, por otra parte, los planes de pastoral de conjunto, a través de los cuales la Iglesia de América Latina quiere encarnarse en nuestras concretas realidades de hoy, exigen una revisión seria y metódica de la vida religiosa y de la estructura de la comunidad. Esta es una condición indispensable para que los religiosos sean un signo inteligible y eficaz dentro del mundo actual.

8. A veces se interpreta equivocadamente la separación entre la vida religiosa y el mundo: hay comunidades que mantienen o crean barreras artificiales, olvidando que la vida comunitaria debe abrirse hacia el ambiente humano que la rodea para irradiar la caridad y abarcar todos los valores humanos.

La verdadera caridad tiene como efecto la flexibilidad de espíritu para adaptarse a toda clase de circunstancias. El religioso ha de tener una perfecta disponibilidad para seguir el ritmo de la Iglesia y del mundo actual, dentro del marco que le señala la obediencia religiosa. Debe adaptarse a las condiciones culturales, sociales y económicas, aunque eso suponga la reforma de costumbres y constituciones, o la supresión de obras que hoy han perdido ya su eficacia. Las costumbres, los horarios, la disciplina, deben facilitar las tareas apostólicas.

9. Es necesario tomar en cuenta las inquietudes y los interrogantes de la juventud, que revelan en general, una actitud de generosidad y compromiso con el ambiente.

Por otra parte hay que abordar seriamente el "conflicto de generaciones", que se caracteriza no solamente como un conflicto entre un sistema de normas y otro de valores, sino por el hecho de que a ciertos valores no se les da ya un carácter absoluto: este "relativismo" produce en la juventud, y más en los adultos, un estado de inseguridad que llega a afectar los valores de la vida religiosa y de la misma fe. Es necesario, por tanto, dar una educación personalizadora que los lleve a realizarse a través de graduales opciones personales que tengan como meta la vivencia auténtica de los valores evangélicos.

También notamos que por esta situación de cambio e inseguridad, se producen numerosos abandonos en la vida religiosa. En estos casos es necesario un espíritu de comprensión fraterna que facilite al máximo el reajuste sicológico y social de quienes dejan sus Institutos.

Vida Religiosa y participación en el desarrollo

10. El amor fraternal a todos los miembros del Cuerpo Místico ha de nacer de la "vida escondida con Cristo en Dios" y ha de ser la fuente de todo apostolado [PC 6]. El apostolado, por su parte, ha de conducir a la unidad de la caridad. Para los religiosos de vida activa la acción apostólica no puede considerarse como algo secundario, antes bien, ella "pertenece a la naturaleza misma de la vida religiosa; toda la vida de sus miembros ha de estar saturada de espíritu apostólico y toda su obra apostólica ha de estar animada por el espíritu religioso" [PC 8; LG 44].

La integración de la vida apostólica (en todas sus manifestaciones) en la vida misma de los institutos religiosos se está presentando en América Latina como problema de características dramáticas, especialmente entre los jóvenes, más sensibilizados por los condicionamientos del proceso de humanización del continente.

A juicio de estos jóvenes aparece una disociación práctica ante el conjunto de observancias a las que se da el nombre de "vida regular" y la participación en el desarrollo del hombre latinoamericano.

Esto ocasiona una crítica severa a sus propios institutos y comunidades, acusando a la vida religiosa, así entendida, de alienación fundamental respecto a la vida cristiana y de inadaptación al mundo de hoy.

La crisis en las comunidades religiosas toma grandes proporciones, mientras disminuye el número de los que se presentan para ingresar en las mismas.

11. Por eso recomendamos a los religiosos:

a) Desarrollar y profundizar una teología y una espiritualidad de la vida apostólica, pues se necesita adquirir una mentalidad que valore sobrenaturalmente los elementos penitenciales que encierra el apostolado y realce el ejercicio de las virtudes teologales y morales que lleva consigo;

b) Tomar conciencia de los graves problemas sociales de vastos sectores del pueblo en que vivimos.

12. La situación actual no puede dejar inactivos a los religiosos. Aunque no han de intervenir en la dirección de lo temporal, sí han de trabajar directamente con las personas en un doble aspecto: el de hacerles vivir su dignidad fundamental humana y el de servirles en orden a los bienes de la Redención.

Consideramos que la colaboración del religioso en el desarrollo es algo vital e inherente a su propia vocación. "Cada uno debe aceptar generosamente su papel, sobre todo quienes, por su educación, su situación y su influencia, tienen mayores posibilidades" [PP 32].

13. A este respecto, recordamos a los religiosos la necesidad de:

a) Insistir en una seria formación espiritual, teológica, profunda y continuada, armonizada con el cultivo y aprecio de los valores humanos;

b) Valorar el apostolado y sus exigencias como elemento esencial de la vida religiosa. La fidelidad a este aspecto esencial pide a los religiosos la renovación constante de sus métodos dentro de la continuidad con su propio patrimonio. Asimilarán así todo lo mejor que vaya surgiendo en la Iglesia y adaptarán sus sistemas a los nuevos procedimientos y nuevas necesidades;

c) Considerar que el desarrollo se conecta necesariamente con dimensiones de justicia y caridad. La teología debe intervenir para ponderarlas en orden a una pastoral que cada vez necesita mayor actualización, dado el dinamismo del progreso humano;

d) Revisar sinceramente la formación social que se da a los religiosos, concediendo especial importancia a las experiencias vitales, con miras a la adquisición de una mentalidad social;

e) Atender, educar, evangelizar y promover sobre todo a las clases sociales marginadas. Con un espíritu eminentemente misionero, preocuparse por los numerosos grupos indígenas del continente [PC 20];

f) Promover un auténtico espíritu de pobreza que lleve a poner efectivamente al servicio de los demás los bienes que se tienen [PC 13];

g) Cumplir lo pedido por Pablo VI referente a la reforma agraria, en el caso de que posean tierras no necesarias para la obra apostólica [Pablo VI, 23/11/65].

III. PASTORAL DE CONJUNTO

14. Es necesario que en nuestros planes de Pastoral de conjunto, puedan las Congregaciones religiosas integrarse de acuerdo con el carisma, las finalidades específicas de cada Instituto y las prioridades pastorales, aunque para esto sea menester abandonar, a veces, ciertas obras para atender otras que se consideren más urgentes y necesarias.

Esta íntima participación de los religiosos ha de realizarse desde la etapa de reflexión y de planificación hasta la de realización, sin olvidar que la integración real sólo se obtiene cuando las propias comunidades religiosas (a nivel provincial y local) toman conciencia de la responsabilidad pastoral colegial y reflexionan en sintonía con los demás grupos y miembros del Pueblo de Dios.

15. Somos conscientes de la indispensable labor apostólica que realizan religiosos y religiosas. Ellos seguirán siendo, junto al clero diocesano, la base de la evangelización de América Latina. Sugerimos, sin embargo, que los religiosos se esfuercen por integrar a los laicos en los trabajos apostólicos, respetando sinceramente su competencia en el orden temporal y reconociéndoles su responsabilidad propia dentro de la Iglesia.

16. En fin, ya que el trabajo de evangelización supone permanencia y estabilidad, esta Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, pide encarecidamente a los Superiores Mayores den estabilidad al personal religioso que desempeña funciones apostólicas en América Latina, de acuerdo con los convenios suscritos con los Obispos del lugar.

Laicos consagrados en la Vida Religiosa y en los Institutos Seculares

17. La más clara conciencia que van tomando los laicos del puesto que les corresponde dentro de la Iglesia por fuerza de su bautismo, nos hace ver y apreciar de manera especial el enorme potencial que representan para América Latina los numerosos hombres y mujeres que, conservando su condición laica, se han consagrado al Señor en la Vida Religiosa o en los Institutos Seculares.

18. Recordamos antes que lodo que "la vida religiosa laical, tanto para los hombres como para las mujeres, constituye en sí misma un estado completo de profesión de los consejos evangélicos" [PC 10].

Sin embargo, para que los religiosos laicales puedan cumplir su misión específica en la América Latina de hoy, es necesario que valoricen su papel de religiosos laicos. Por sus tareas apostólicas y profesionales, comunitarias y personales, ellos han de ser testimonio valioso y un apoyo eficaz para aquellos laicos que trabajan en las mismas actividades.

19. En el campo de la promoción humana, los institutos religiosos laicales deberían diversificarse a la luz de una presencia bien comprendida de la Iglesia en un mundo en desarrollo. Un modo de esta presencia lo constituyen las pequeñas comunidades que viven del propio trabajo.

20. Los religiosos laicales podrán prestar frecuentemente un apoyo valioso al ministerio jerárquico. En este sentido adquiere especial importancia, en la situación actual de América Latina, el trabajo que realizan, por ejemplo, las religiosas encargadas de vicarías parroquiales en aquellos lugares en donde no hay presencia sacerdotal permanente.

21. Toda esta actualización exige una preparación esmerada que obliga a las comunidades religiosas a una profunda reflexión cristiana sobre las condiciones humanas encontradas en América Latina y a una competencia profesional en los diversos sectores.

22. Los trabajos domésticos, necesarios y meritorios, no sean para las religiosas y religiosos de institutos de apostolado directo, un impedimento para su labor específica.

23. Una atención especial debe prestarse a la formación espiritual y al "aggiornamento" de los religiosos laicales para que ellos puedan ser una señal inteligible que manifieste al hombre latinoamericano su vocación.

Institutos seculares

24. Los Institutos seculares, "dada su propia y particular fisonomía, es decir, la secular" [PC 11], realizan una especial presencia de la Iglesia en el mundo. Por eso los miembros de Institutos Seculares, mediante una inserción y una acción profunda y eficiente en medio de los laicos del Pueblo de Dios, sean un verdadero fermento en la masa. A ellos toca realizar la presencia de la Iglesia, de modo especial en ambientes y actividades seculares del mundo actual.

Necesidad de centros regionales de decisión

25. Dado que la situación de América Latina es muy diferente a la de otras regiones en todos los órdenes, es muy importante que las decisiones para la aplicación concreta de las normas dadas por los institutos religiosos, sean tomadas por la competente autoridad nacional o regional. De otra manera se corre el riesgo de interpretar mal las situaciones concretas con grave daño para la vida y la actividad de las comunidades religiosas.

Los religiosos en la vida del Pueblo de Dios bajo la coordinación de la Jerarquía

26. Lo propio de los religiosos sólo se entiende relacionándolo con los otros miembros, funciones y ministerios del Pueblo de Dios.

Los religiosos presbíteros tienen una situación especial: están unidos con los obispos en el sacerdocio, son consagrados para ser cooperadores del orden episcopal y pertenecen al clero de la Diócesis en cuanto participan en obras de apostolado bajo la autoridad de los obispos [PO 7; CD 34].

Religiosos y religiosas se integran en la pastoral jerárquica a diversos niveles: en el presbiterio, en el consejo pastoral, en organismos supradiocesanos.

27. La diversidad de niveles de integración supone para los superiores religiosos la misión de coordinar y alimentar las diferentes participaciones; les toca desarrollar y mantener el sentido de comunidad que debe ligar la vida religiosa, en sus diversas funciones y ministerios, con el Pueblo de Dios. Consecuentemente la misión de los superiores, sobre todo de los Superiores Mayores, deberá integrarse muchas veces en niveles que rebasan los de la Iglesia local.

28. En bien de la pastoral diocesana y nacional, es indispensable que los obispos se reúnan periódicamente con los superiores religiosos y que las Conferencias Episcopales inviten a sus asambleas a la Conferencia de Religiosos y de Religiosas y viceversa, para tratar en un ambiente de comprensión y cordialidad lo que se refiere a la participación de los religiosos en la Pastoral de conjunto [CD 35].

29. Un ejemplo de esta coordinación tan necesaria lo encontramos muy bien logrado en el plano continental, gracias a las relaciones institucionalizadas ya existentes entre el CELAM y la Conferencia Latinoamericana de Religiosos (CLAR) . Sea esta oportunidad para pedir a todos los religiosos y religiosas del continente que secunden la actividad de sus Conferencias Nacionales y de la CLAR a fin de que esos organismos sean para el Episcopado interlocutores cada vez más válidos, y más eficaces vehículos de nuestro interés por la vida religiosa.

30. Por otra parte, esta Segunda Conferencia General del Episcopado latinoamericano considera muy conveniente que haya religiosos y religiosas de diversas regiones de América Latina presentes en las Congregaciones Romanas y en particular en la de Religiosos.

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