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Ir al ÍNDICE-CONTENIDO de la II Conferencia de la CELAM: MEDELLÍN, COLOMBIA

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Vicaría      de Pastoral

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Conferencia del Episcopado Latinoamericano. CELAM


13. FORMACIÓN DEL CLERO

I. REALIDAD

Realidad de la Iglesia de América Latina

1. "América Latina presenta una sociedad en movimiento, sujeta a cambios rápidos y profundos" [Pablo VI, 23/11/65]. Esto repercute sobre la misma Iglesia y le exige una postura frente a esa situación. La Iglesia Latinoamericana debe expresar su testimonio y su servicio en este continente, enfrentado con problemas tan angustiosos como los de la integración, desarrollo, profundos cambios y miseria.

Por otra parte, frente a los múltiples problemas de tipo estrictamente religioso, la Iglesia se encuentra con un número cada vez más escaso de sacerdotes, con estructuras ministeriales insuficientes y a veces inadecuadas para una eficaz labor apostólica.

En este contexto ubicamos la formación del clero, que debe ser instrumento fundamental de renovación de nuestra Iglesia y respuesta a las exigencias religiosas y humanas de nuestro continente.

Estado actual de la formación del clero

2. La restauración del Diaconado permanente y los problemas particulares que plantea hoy la existencia sacerdotal, nos llevan al estudio de la situación actual de la formación del clero.

Diaconado permanente

3. En algunos países de América Latina se adelantan experiencias de formación de diáconos que, por ser tan incipientes, no han alcanzado el suficiente grado de madurez que permita su evaluación. Con todo, se nota que la restauración del Diaconado permanente ha surgido teniendo en cuenta determinadas exigencias pastorales. Esto ha dado lugar a una relativa pluralidad de formas en la concepción y preparación de los candidatos a diáconos, de acuerdo con los ambientes.

FORMACIÓN SACERDOTAL

Seminaristas

4. La juventud de nuestros seminarios participa de las inquietudes y de los valores de los jóvenes de hoy. Se nota en ellos el deseo de autenticidad; sensibilidad a los problemas sociales; deseo de justicia y de participación responsable en los cambios de hoy; mayor deseo de vida auténticamente comunitaria, de diálogo, de sentido de Iglesia como catolicidad; anhelo de pobreza y búsqueda de los valores evangélicos; respeto a la persona humana; espíritu de iniciativa en la pastoral; sentido de libertad y autonomía; deseo de trabajar para insertarse vitalmente en el ambiente y ayudarse en su formación; aprecio de los valores esenciales.

Por otra parte, las crisis por las que atraviesan hoy la juventud y la sociedad se reflejan en la vida del seminario. Por ejemplo: tensiones entre autoridad y obediencia; ansias de total independencia; falta de equilibrio para discernir lo positivo de lo negativo en las novedades que surgen dentro de la vida de la Iglesia y del mundo; rechazo de ciertos valores religiosos tradicionales; exagerado activismo que lleva a descuidar la vida de relación persona' con Dios; desconfianza de los adultos.

Seminarios

5. Se comprueba una crisis en los seminarios que se manifiesta principalmente por una baja notable en la perseverancia y un ingreso cada vez menor de seminaristas. He aquí algunos puntos reveladores de esta situación: formadores insuficientemente preparados; falta de unidad de criterios en el equipo de formadores y de seguridad en los mismos para defender ciertos valores fundamentales en la formación; inseguridad en la orientación con respecto al crecimiento en la fe y a la vocación específica sacerdotal de los candidatos; apertura a veces brusca de los seminarios, sin la debida preparación y asistencia a los seminaristas; fallas de formación hacia una madurez humana plena; carencia en algunos seminarios de un auténtico espíritu de familia; descenso en la conducción espiritual del seminario. Igualmente parece que han influido algunos factores externos, tales como: la crisis de la actual figura del sacerdote, la valoración del laicado y del matrimonio como posibilidades de participación en la misión de la Iglesia, y las nuevas oportunidades de promoción social que ofrece el mundo de hoy.

6. Al mismo tiempo se nota una afanosa búsqueda de soluciones. Entre los principales intentos que actualmente se llevan a cabo, mencionamos los siguientes:

a) Hablando de los seminarios en general se advierte una mayor integración en el equipo de formadores; actualización de éste a través de cursos y encuentros de reflexión; esfuerzo por una formación más personal de los seminaristas dentro de un ambiente de familia; integración del seminario en la comunidad eclesial y en la comunidad humana; más contacto del obispo y de los párrocos con el seminario; mayor apertura a las realidades del mundo actual y a la familia; renovación de los métodos pedagógicos; aplicación de una sana sicología en el discernimiento y orientación de los candidatos;

b) En cuanto al seminario menor, incorporación cada vez mayor de personal laico, inclusive femenino; apertura hacia una orientación vocacional pluralista; creación de formas nuevas de seminarios menores, tales como semi-internados, externados, asistencia a clases en colegios estatales, privados;

c) Por lo que mira al seminario mayor, una formación más personalizante a base de equipos y pequeñas comunidades, sobre lo cual la Santa Sede ha dado orientaciones precisas. En el campo de la formación intelectual: hay tendencia a unir el personal de varias diócesis y comunidades en centros de estudios comunes, y a que los seminaristas asistan a universidades católicas y estatales, sobre todo para el estudio de la filosofía.

Como es obvio, la descripción anterior del estado actual de la formación del clero no implica un juicio de valor sobre hechos, experiencias o métodos arriba reseñados.

II. PRESUPUESTO TEOLÓGICO

7. La razón de ser del seminario debe ubicarse dentro de la perspectiva bíblica del llamado y de la respuesta. Como centro de formación sacerdotal, deberá partir de la visión bíblica "ex hominibus assumptus... pro hominibus constitutus", a fin de lograr en los candidatos aquella madurez humana que los capacite para ser conductores de hombres. Más aún, como a bautizados se pide a los seminaristas aquella madurez cristiana que los disponga al carisma sacerdotal, por el cual están llamados a la configuración con Cristo Cabeza [PO 6; LG 28]. Esta configuración peculiar en el sacerdocio de Cristo lo sitúa en un nivel esencialmente distinto del sacerdocio común de los fieles [LG 10].

III. ORIENTACIONES PASTORALES

8. De acuerdo con lo anterior, teniendo en cuenta la situación latinoamericana, y sin pretender agotar todos los aspectos de la formación, que por otra parte se hallan contenidos en los documentos del Concilio Vaticano II y de la Santa Sede, ofrecemos a continuación algunas orientaciones pastorales.

Formación espiritual

9. Atendiendo al papel especial del sacerdote en América Latina y a las tareas de la pastoral que esta Conferencia Episcopal viene subrayando, se estima que la formación específica en los seminarios debe insistir particularmente sobre algunas actitudes y virtudes, sin pretender que éstas sean ni las únicas ni las principales.

Capacidad para escuchar fielmente la Palabra de Dios [DV 24; OT 4, 8, 16]

10. Se pide al sacerdote de hoy saber interpretar habitualmente, a la luz de la fe, las situaciones y exigencias de la comunidad. Dicha tarea profética exige, por una parte, la capacidad de comprender, con la ayuda del laicado, la realidad humana y, por otra, como carisma específico del sacerdote en unión con el obispo, saber juzgar aquellas realidades en relación con el plan de salvación. Para llegar a esta capacidad se necesita:

a) Una profunda y continuada purificación interior que disponga al hombre para captar las auténticas exigencias de la Palabra de Dios (sentido de la dirección espiritual);

b) Un "sensus fidei", que se profundiza particularmente por:

  • La Sagrada Escritura asimilada vitalmente en la oración personal, en el estudio serio del Mensaje y en una activa, consciente y fructuosa participación en la liturgia [SC 17];
  • Una constante confrontación con las enseñanzas del magisterio de la Iglesia. Con el mismo fin, parece necesario desarrollar una fuerte pasión por la verdad y una disposición habitual para defenderse de la unilateralidad por medio de una búsqueda y verificación comunitaria.

Espiritualidad marcada por los consejos evangélicos [OT 9]

11. En un período en el cual la pastoral latinoamericana se halla comprometida en la promoción humana, a fin de que cada hombre se realice a sí mismo y goce de los bienes de la naturaleza, es necesario que el sacerdote dé a sus hermanos, de una manera convincente, el testimonio de saber vivir con equilibrio y libertad la renuncia de aquellos bienes sin darles un valor absoluto, impidiendo así que se repitan errores ya conocidos.

12. El Concilio Vaticano II y los Sumos Pontífices han reafirmado recientemente la vigencia del celibato para los sacerdotes [OT 10; PO 16; Pablo VI, "Sacerdotalis coelibatus"; Pio XII, "Sacra virginitas" 51]. Siendo el motivo central del celibato la entrega a Cristo y con él a la Iglesia, y constituyendo al mismo tiempo una forma de caridad pastoral que se confunde con la consagración total y es testimonio escatológico ante los hombres, es necesario que se den al seminarista bases muy sólidas para vivirlo gozosamente en la plenitud del amor. Así, pues, dadas las circunstancias concretas en que frecuentemente le toca vivir al sacerdote latinoamericano, es de particular importancia una cuidadosa formación de los seminaristas en este sentido. Esto exige principalmente una formación gradual de acuerdo con el desarrollo físico y sicológico; estar en condiciones de realizar una elección madura, consciente y libre; capacidad de amor y de entrega sin reserva, lo que a su vez reclama una fe fuerte que lo haga capaz de responder al llamado de Dios; disciplina ascética y vida de oración que lo lleve a una madurez en las relaciones con el otro sexo; realización del sentido de la amistad y capacidad para trabajar en equipo ["Sacerdotalis coelibatus" 60-72; OT 3, 10, 11; PC 12].

Espíritu de servicio

13. El sacerdote, como Cristo, está puesto al servicio del pueblo. Esto pide de él, aceptar sin limitaciones las exigencias y las consecuencias del servicio a los hermanos y, en primer lugar, la de saber asumir las realidades y "el sentido del pueblo" en sus situaciones y en sus mentalidades. Con espíritu de humildad y de pobreza, antes de enseñar debe aprender, haciéndose todo a todos para llevarlos a Cristo [OT 4, 19; Pablo VI, "Ecclesiam suam" passim; Bogotá, 22/08/68].

Experiencia personal y amor de Cristo

14. Como a Pedro, Cristo pedirá al seminarista de hoy un servicio de entrega total, resultado de un amor personal a El y al Padre por el Espíritu, pues no quiere siervos sino amigos [OT 8; Pablo VI, Bogotá, 22/08/68].

Disciplina

15. La disciplina es indispensable, no solamente por el buen orden, sino sobre todo para la formación de la personalidad. Para ello es necesario que la disciplina sea objeto de una adhesión interior, lo cual sólo es posible si los jóvenes perciben su valor y si tiene por objeto metas esenciales [OT 11].

Formación intelectual

16. Hoy más que nunca es urgente actualizar los estudios de acuerdo con las orientaciones del Concilio, insistiendo en aquellos aspectos que atañen más particularmente a la situación actual del continente.

17. Cuídese la firmeza doctrinal ante una tendencia a novedades no suficientemente fundamentadas. Insístase, además, en una profundización que alcance a ser posible un alto nivel intelectual, teniendo en cuenta sobre todo la formación del Pastor [OT 15, 16; Pablo VI, Bogotá, 24/08/68].

18. Dése una importancia particular al estudio e investigación de nuestras realidades latinoamericanas en sus aspectos religioso, social, antropológico y sicológico.

19. En cuanto al profesorado, prevista la capacitación de los futuros profesores, hay que procurar actualizarlo por medio de encuentros, cursos e institutos de alcance nacional y latinoamericano, buscando, además, la colaboración de profesores especializados, que puedan prestar sus servicios en los diferentes centros [OT 5].

Formación Pastoral

20. Procúrese que los profesores de seminarios tengan experiencia pastoral y, además, que el clero sea convenientemente actualizado, para que así pueda colaborar eficazmente en la formación de los futuros sacerdotes [OT 5].

21. En una forma más concreta, y en orden a su futura actividad pastoral, debe cuidarse la preparación de los seminaristas en algunos aspectos de particular importancia en nuestro ambiente latinoamericano: formación básica sobre Pastoral de conjunto, preparación para la iniciación y asistencia de las comunidades de base, conveniente información y entrenamiento en dinámica de grupos y relaciones humanas, información adecuada para la utilización de los medios de comunicación social [IM 16].

22. Por otra parte, ha de procurarse que participen en actividades pastorales en forma gradual, progresiva y prudente, de manera especial en época de vacaciones [OT 21].

Pastoral vocacional

23. La pastoral vocacional es la acción de la comunidad eclesial bajo la Jerarquía para llevar a los hombres a hacer su opción en la Iglesia. Por lo mismo, toda la comunidad cristiana, unificada y guiada por el obispo, es responsable solidariamente del desarrollo vocacional, tanto en su aspecto fundamental cristiano, la vocación en general, como en sus aspectos específicos: vocaciones sacerdotal, religiosa y laical [OT 12; CD 15; AG 38; PC 24].

24. El sacerdote por su misma misión debe ser el mediador más directo en las llamadas de Dios: tanto por el ideal que debe encarnar ante la juventud, como porque siendo fiel a su vocación, será más sensible a los llamamientos de Dios en los otros [OT 2; PO 11; PC 24].

25. Dado el fenómeno de un número creciente de vocaciones de jóvenes y adultos, póngase cuidado especial en la promoción y cultivo de estas vocaciones. Por lo mismo es necesaria una pastoral juvenil que, para ser plenamente auténtica, debe llevar a los jóvenes, por medio de una maduración personal y comunitaria, a asumir un compromiso concreto ante la comunidad eclesial en algunos de los llamados estilos de vida [PO 11; AG 39, 41; OT 3].

Puntos varios

26. Procúrese en el seminario una reflexión continua sobre la realidad que vivimos, a fin de que se sepan interpretar los signos de los tiempos, y se creen actitudes y mentalidad pastorales adecuadas [OT 4; "Ecclesiam suam" 25].

27. Todos los que participan en la vida del seminario, aunque en diverso grado, deben considerarse como formadores.

28. Se verifica en América Latina una búsqueda de nuevas formas en la preparación de los presbíteros. Para que dichas experiencias sean fecundas, deben ser preparadas maduramente, aprobadas por la autoridad competente, bien comprendidas por los interesados. Además han de ser seguidas, controladas y evaluados sus resultados, teniendo en cuenta por otra parte, que sean reversibles. Sería también de desear que, una vez demostrada su validez, se comuniquen a las Conferencias Episcopales de los distintos países para común utilidad.

29. Por razones obvias, es conveniente que la formación de los seminaristas, de ordinario, sea realizada en su propio ambiente.

30. Se juzga oportuno que los sacerdotes de otros países, designados para trabajar en la formación del clero en América Latina, sigan cursos de adaptación en centros nacionales o internacionales, y que la completen con un tiempo prudencial de trabajo pastoral [OT 5].

31. Con miras a una mayor economía de fuerzas y mejoramiento de la enseñanza, se recomiendan iniciativas, como las de seminarios regionales e interdiocesanos, cuidando que haya simultáneamente una integración de los obispos responsables y que, en lo posible, abarquen zonas homogéneas humana y pastoralmente. Igualmente se recomiendan Institutos y Facultades de Filosofía y Teología comunes para candidatos al clero diocesano y religioso. Esto último ayudará, además, a una mayor integración en la futura labor pastoral y a una mejor inserción en las realidades del mundo actual [OT 7].

32. Se juzga de mucha utilidad que se intensifiquen la colaboración mutua y las relaciones entre el CELAM y la Organización de Seminarios Latinoamericanos (OSLAM) con las Comisiones Episcopales de Seminarios y con las Conferencias Nacionales de Religiosos, en todo lo que se refiere a la información sobre problemas de formación del clero.

Diaconado

33. Señalamos a continuación algunas orientaciones generales relativas a la formación para el Diaconado permanente.

a) Factor indispensable en la formación del futuro diácono será el recíproco aporte entre éste y la comunidad. Es decir, que el candidato madure su formación actuando en la comunidad y ésta también contribuya a formarlo. Además, los métodos de formación habrán de tener en cuenta la sicología del adulto, excluyendo todo tipo de formación masiva y utilizando los métodos activos.

b) La primera preocupación de los responsables en la formación de los futuros diáconos, ha de ser la de capacitarlos para crear nuevas comunidades cristianas o alentar las existentes, a fin de que el Misterio de la Iglesia pueda realizarse en ellas con mayor plenitud.

c) En vista de lo anterior, es necesario suscitar en los candidatos una espiritualidad diaconal propia, que en los casados se debe conjugar con una auténtica espiritualidad conyugal.

d) Dada la diversidad de tareas en que habrá de ejercerse el ministerio diaconal en América Latina, será necesario que la formación intelectual sea a la vez adecuada a las funciones que han de cumplir y al nivel cultural del ambiente.

e) De acuerdo con las condiciones de la Iglesia en América Latina, en la formación del diácono se cuidará también de capacitarlo en orden a una acción efectiva en los campos de la evangelización y del desarrollo integral.

f) Se recomienda que existan en la diócesis, región o país, equipos responsables de formación de los candidatos, que podrán estar integrados por presbíteros, diáconos, religiosos y laicos.

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