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Vicaría      de Pastoral

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Conferencia del Episcopado Latinoamericano. CELAM


CAPÍTULO II

¿QUÉ ES EVANGELIZAR?

340. Nuestro Pueblo clama por la salvación y comunión que el Padre le ha preparado y, en medio de su lucha por vivir y encontrar el sentido profundo de la vida, espera de nosotros el anuncio de la Buena Noticia.

341. ¿Qué es, pues, evangelizar? ¿Quién espera nuestro anuncio? ¿Cuál es la transformación de personas y culturas que la semilla del Evangelio ha de hacer germinar? ¿Qué nos enseña la Iglesia sobre la auténtica liberación cristiana? ¿Cómo evangelizar la cultura y la religiosidad de nuestro Pueblo? ¿Qué dice el Evangelio al hombre que anhela su promoción y quiere vivir su compromiso político-social?

Proponemos nuestra reflexión acerca de estos interrogantes.

CONTENIDO:

1. EVANGELIZACIÓN: DIMENSIÓN UNIVERSAL Y CRITERIOS
2. EVANGELIZACIÓN Y CULTURA
3. EVANGELIZACIÓN Y RELIGIOSIDAD POPULAR
4. EVANGELIZACIÓN, LIBERACIÓN Y PROMOCIÓN HUMANA
5. EVANGELIZACIÓN, IDEOLOGÍAS Y POLÍTICA

1. EVANGELIZACIÓN, DIMENSIÓN UNIVERSAL Y CRITERIOS

1.1. SITUACIÓN

342. Desde hace cinco siglos estamos evangelizando en América Latina. Hoy vivimos un momento grande y difícil de Evangelización. Es verdad que la fe de nuestros pueblos se expresa con evidencia, pero comprobamos que no siempre ha llegado a su madurez y que está amenazada por la presión secularista, por las sacudidas que traen consigo los cambios culturales, por las ambig¸edades teológicas que existen en nuestro medio y por el influjo de sectas proselitistas y sincretismos foráneos. Nuestra Evangelización está marcada por algunas preocupaciones particulares y acentos más fuertes:

343. - la redención integral de las culturas, antiguas y nuevas de nuestro continente, teniendo en cuenta la religiosidad de nuestros pueblos (EN 18,20);

344. - la promoción de la dignidad del hombre y la liberación de todas las servidumbres e idolatrías (EN 29ss);

345. - la necesidad de hacer penetrar el vigor del Evangelio hasta los centros de decisión, "las fuentes inspiradoras y los modelos de la vida social y política"(EN 19).

346. Nuestros evangelizadores padecen en algunos casos cierta confusión y desorientación acerca de su identidad, del significado mismo de la Evangelización, de su contenido y de sus motivaciones profundas.

347. Para responder a esa situación y dar un nuevo impulso a la Evangelización, queremos decir una palabra clara y esperanzadora que aliente a evangelizar con gozo y audacia a nuestros pueblos, en quienes percibimos un anhelo profundo por recibir el Evangelio. Con este fin, recordamos el sentido de la Evangelización, su dimensión y destino universal como también los criterios y signos que manifiestan su autenticidad.

1.2. EL MINISTERIO DE LA EVANGELIZACIÓN

348. La misión evangelizadora es de todo el Pueblo de Dios. Es su vocación primordial, "su identidad más profunda" (EN 14). Es su gozo. El Pueblo de Dios con todos sus miembros, instituciones y planes, existe para evangelizar. El dinamismo del Espíritu de Pentecostés lo anima y lo envía a todas las gentes. Nuestras Iglesias particulares han de escuchar con renovado entusiasmo el mandamiento del Señor: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes" (Mt. 28,19).

349. La Iglesia se convierte cada día a la Palabra de verdad; sigue a Cristo encarnado, muerto y resucitado, por los caminos de la historia y se hace servidora del Evangelio para transmitirlo a los hombres con plena fidelidad.

350. A partir de la persona llamada a la comunión con Dios y con los hombres, el Evangelio debe penetrar en su corazón, en sus experiencias y modelos de vida, en su cultura y ambientes, para hacer una nueva humanidad con hombres nuevos y encaminar a todos hacia una nueva manera de ser, de juzgar, de vivir y de convivir. Todo esto es un servicio que nos urge.

351. Afirmamos que la Evangelización "debe contener siempre una clara proclamación de que en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación a todos los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios" (EN 27). He aquí lo que es base, centro y a la vez culmen de su dinamismo, el contenido esencial de la Evangelización".

352. La Evangelización da a conocer a Jesús como el Señor, que nos revela al Padre y nos comunica su Espíritu. Nos llama a la conversión que es reconciliación y vida nueva, nos lleva a la comunión con el Padre que nos hace hijos y hermanos. Hace brotar, por la caridad derramada en nuestros corazones, frutos de justicia, de perdón, de respeto, de dignidad, de paz en el mundo.

353. La salvación que nos ofrece Cristo da sentido a todas las aspiraciones y realizaciones humanas pero las cuestiona y las desborda infinitamente. Aunque "comienza ciertamente en esta vida, tiene su cumplimiento en la eternidad" (EN 27). Se origina en Cristo, en su encarnación, en toda su vida, "se logra de manera definitiva en su muerte y resurrección". Se continúa en la historia de los hombres (Cfr. EN 9) por el misterio de la Iglesia bajo la influencia permanente del Espíritu que la precede, la acompaña, le da fecundidad apostólica.

354. Esta misma salvación, centro de la Buena Nueva, "es liberación de lo que oprime al hombre, pero, sobre todo liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por El, de verlo y de entregarse a El (EN 9).

355. Sin embargo, tiene "lazos muy fuertes" con la promoción humana en sus aspectos de desarrollo y liberación (Cfr. EN 31), parte integrante de la evangelización. Estos aspectos brotan de la riqueza misma de la salvación, de la actividad de la caridad de Dios en nosotros a la que quedan subordinados. La Iglesia "no necesita, pues, recurrir a sistemas e ideologías para amar, defender, colaborar en la liberación del hombre: en el centro del mensaje del cual es depositaria y pregonera, ella encuentra inspiración para actuar en favor de la fraternidad, de la justicia, de la paz; contra las dominaciones, esclavitudes, discriminaciones, violencias, atentados a la libertad religiosa, agresiones contra el hombre y cuanto atenta contra la vida" (Juan Pablo II, Discurso inaugural III, 2). La Iglesia, mediante su dinamismo evangelizador, genera este proceso:

356. - Da testimonio de Dios, revelado en Cristo por el Espíritu que clama en nosotros Abba "Padre" (Cfr. Gál. 4,6-7). Así comunica la experiencia de su fe en El.

357. - Anuncia la Buena Nueva de Jesucristo mediante la Palabra de vida: anuncio que suscita la fe, la predicación y la catequesis progresiva que la alimenta y la educa.

358. - Engendra la fe que es conversión del corazón, de la vida; entrega a Jesucristo; participación en su muerte para que su vida se manifieste en cada hombre (Cfr. 1 Cor. 4,10). Esta fe que también denuncia lo que se opone a la construcción del Reino, implica rupturas necesarias ya veces dolorosas.

359. - Conduce al ingreso en la comunidad de los fieles que perseveran en la oración, en la convivencia fraterna y celebran la fe y los sacramentos de la fe, cuya cumbre es la Eucaristía (Cfr. He. 2,42).

360. - Envía como misioneros a los que recibieron el Evangelio, con el ansia de que todos los hombres sean ofrecidos a Dios y que todos los pueblos le alaben (Cfr. Rom. 15,16)

361. Así la Iglesia, en cada uno de sus miembros es consagrada en Cristo por el Espíritu, enviada a predicar la Buena Nueva a los pobres (Cfr. Lc. 4,18) y a "buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc. 19,10).

1.3. DIMENSIÓN Y DESTINO UNIVERSAL DE LA EVANGELIZACIÓN

362. La Evangelización ha de calar hondo en el corazón del hombre y de los pueblos; por eso, su dinámica busca la conversión personal y la transformación social. La Evangelización ha de extenderse a todas las gentes; por eso, su dinámica busca la universalidad del género humano. Ambos aspectos son de actualidad para evangelizar hoy y mañana en América Latina.

363. El fundamento de esta universalidad es ante todo el mandato del Señor: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes" (Mt. 28,19) y la misma unidad de la familia humana, creada por el mismo Dios que la salva y la marca con su gracia. Cristo, muerto por todos, los atrae a todos por su glorificación en el Espíritu. Cuanto más convertidos a Cristo, tanto más somos arrastrados por su anhelo universal de salvación. Asimismo, cuanto más vital sea la Iglesia particular, tanto más se hará presente y visible a la Iglesia universal y más fuerte será su movimiento misionero hacia los otros pueblos.

364. Nuestro primer servicio, para formar una comunidad eclesial más viva, consiste en hacer a nuestros cristianos más fieles, maduros en la fe, alimentándolos con una catequesis adecuada y una liturgia renovada. Ellos serán fermento en el mundo y darán a la Evangelización vigor y extensión.

365. Otra tarea consiste en atender a situaciones más necesitadas de evangelización:

- Situaciones Permanentes: nuestros indígenas habitualmente marginados de los bienes de la sociedad y en algunos casos o no evangelizados o evangelizados en forma insuficiente; los afroamericanos, tantas veces olvidados.

366. - Situaciones nuevas (AG 6) que nacen de cambios socio-culturales y requieren una nueva Evangelización: emigrantes a otros países; grandes aglomeraciones urbanas en el propio país; masas de todo estrato social en precaria situación de fe; grupos expuestos al influjo de las sectas y de las ideologías que no respetan su identidad, confunden y provocan divisiones.

367. - Situaciones particularmente difíciles: grupos cuya evangelización es urgente pero queda muchas veces postergada: universitarios, militares, obreros, jóvenes, mundo de la comunicación social, etc.

368. Finalmente, ha llegado para América Latina la hora de intensificar los servicios mutuos entre Iglesias particulares y de proyectarse más allá de sus propios fronteras, "ad gentes". Es verdad que nosotros mismos necesitamos misioneros. Pero, debemos dar desde nuestra pobreza. Por otra parte, nuestras Iglesias pueden ofrecer algo original e importante; su sentido de salvación y de la liberación, la riqueza de su religiosidad popular, la experiencia de las Comunidades Eclesiales de Base, la floración de sus ministerios, su esperanza y la alegría de su fe. Hemos realizado ya esfuerzos misioneros que pueden profundizarse y deben extenderse.

369. No podemos dejar de agradecer la generosa ayuda de la Iglesia universal y en ella de las Iglesias hermanas, pidiendo que nos sigan acompañando, especialmente en la formación de agentes autóctonos. Así nos veremos siempre fortalecidos para asumir este compromiso universal y tendremos mayor capacidad de responder al servicio propio de nuestra Iglesia particular.

1.4. CRITERIOS Y SIGNOS DE EVANGELIZACIÓN

370. El evangelizador participa de la fe y de la misión de la Iglesia que le envía. Necesita criterios y signos que permitan discernir lo que efectivamente corresponde a la fe y misión de la Iglesia, es decir, a la voluntad de su Señor. "Mire cada cual cómo construye; pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo" (1 Cor. 3,10-11). "Vivid, pues, en Cristo, tal como le habéis recibido; apoyados en la fe, tal como se os enseñó, rebosando en acción de gracias" (Col. 2,6-7; Cfr. 1 Tes. 5,19-22).

371. Estos criterios y signos son inspiradores de una evangelización auténtica y viva. Las distorsiones y perplejidades frenan o paralizan su dinamismo. Presentamos los siguientes criterios fundamentales:

372. - La Palabra de Dios contenida en la Biblia y en la Tradición viva de la Iglesia, particularmente expresada en los Símbolos o Profesiones de la fe y dogmas de la Iglesia. La Escritura debe ser el alma de la evangelización. Pero no adquiere por sí sola su plena claridad. Debe ser leída e interpretada dentro de la fe viva de la Iglesia. Nuestros Símbolos o Profesiones de fe resumen la Escritura y explicitan la sustancia del Mensaje, poniendo de relieve la "jerarquía de verdades" (Cfr. UR 11).

373. - La fe del Pueblo de Dios. Es la fe de la Iglesia universal que se vive y expresa concretamente en sus comunidades particulares. Una comunidad particular concretiza en sí misma la fe de la Iglesia Universal y deja así de ser comunidad privada y aislada; supera su propia particularidad en la fe de la Iglesia total.

374. - El Magisterio de la Iglesia. El sentido de la Escritura, de los Símbolos y de las formulaciones dogmáticas del pasado no brota sólo del texto mismo, sino de la fe de la Iglesia. En el seno de la comunidad encontramos la instancia de decisión y de interpretación auténtica y fiel de la doctrina de la fe y de la ley moral; es el servicio del sucesor de Pedro que confirma a sus hermanos en la fe y de los Obispos "sucesores de los apóstoles en el carisma de la verdad" (DV 8).

375. - Los teólogos ofrecen un servicio importante a la Iglesia: sistematizan la doctrina y las orientaciones del Magisterio en una síntesis de más amplio contexto, vertiéndola en un lenguaje adaptado al tiempo; someten a una nueva investigación los hechos y las palabras reveladas por Dios para referirlas a nuevas situaciones socio-culturales (Cfr. AG 22) o nuevos hallazgos y problemas suscitados por las ciencias, la historia o la filosofía (Cfr. GS 62). En su servicio, cuidarán de no ocasionar detrimento a la fe de los creyentes, ya sea con explicaciones difíciles, ya sea lanzando al público cuestiones discutidas y discutibles.

376. - La labor teológica implica cierta pluralidad resultante del uso de "métodos y modos diferentes para conocer y expresar los divinos misterios" (Cfr. UR 17). Hay, pues, un pluralismo bueno y necesario que busca expresar las legítimas diversidades, sin afectar la cohesión y la concordia. También existen pluralismos que fomentan la división.

377. - Todos participamos de la misión profética de la Iglesia. Todos sabemos que el Espíritu nos distribuye sus dones y carismas para bien de todo el Cuerpo. Debemos recibirlos con gratitud. Pero su discernimiento, es decir, el juicio de su autenticidad y la regulación de su ejercicio, corresponde a la autoridad en la Iglesia, a la cual compete, ante todo, no sofocar al Espíritu, sino probarlo todo y retener lo bueno (Cfr. LG 12).

- Algunas actitudes nos revelan la autenticidad de la Evangelización:

378. - Una vida de profunda comunión eclesial (Cfr. Gál. 2,2,).

379. - La fidelidad a los signos de la presencia y de la acción del Espíritu en los pueblos y en las culturas que sean expresión de las legítimas aspiraciones de los hombres. Esto supone respeto, diálogo misionero, discernimiento, actitud caritativa y operante.

380. - La preocupación porque la Palabra de verdad llegue al corazón de los hombres y se vuelva vida.

381. - El aporte positivo a la edificación de la comunidad.

382. - El amor preferencial y la solicitud por los pobres y necesitados (Cfr. Lc. 4,18; EN 12).

383. - La santidad del evangelizador (EN 76), cuyas notas características son el sentido de la misericordia, la firmeza y la paciencia en las tribulaciones y persecuciones, la alegría de saberse ministro del Evangelio (EN 80).

384. En conclusión, lo que se pide al servidor del Evangelio es que sea encontrado fiel (Cfr. 1 Cor. 4,2). Su fidelidad crea comunión; "de ella emana una gran fuerza apostólica" (PC 15) que enriquecerá con abundantes frutos del Espíritu a la Iglesia (Cfr. Gál. 5,22; Juan Pablo II, Homilía Guadalupe, AAS LXXI, p. 164).

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