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Ir al ÍNDICE-CONTENIDO de la III Conferencia de la CELAM: PUEBLA

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Vicaría      de Pastoral

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Conferencia del Episcopado Latinoamericano. CELAM


CAPÍTULO II

AGENTES DE COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN

Nos dirigimos ahora a los principales agentes de evangelización. Con ellos queremos reflexionar y tomar nuevo aliento y nuevas opciones para llevar a cabo nuestra tarea pastoral.

658. Somos responsables de esta difícil pero honrosa misión de evangelizar a todas las personas y todos los ambientes. Nos referimos a los presbíteros, diáconos, religiosos, religiosas y laicos comprometidos y comenzamos por nosotros mismos, los Obispos.

CONTENIDO:

1. Ministerio Jerárquico
2. Vida consagrada
3. Laicos
4. Pastoral vocacional

1. MINISTERIO JERÁRQUICO

659. El Ministerio Jerárquico, signo sacramental de Cristo Pastor y Cabeza de la Iglesia, es el principal responsable de la edificación de la Iglesia en la comunión y de la dinamización de su acción evangelizadora.

1.1. INTRODUCCIÓN

660. Ha sido muy activa en estos años la reflexión teológica sobre la identidad sacerdotal, urgida por crisis y desajustes que la golpearon con cierta fuerza. Hace falta, entonces, y por ello invitamos a teólogos y pastoralistas, profundizar en un campo tan importante, según las directrices del magisterio, en particular del Concilio Vaticano II, Medellín, Sínodo de Obispos de 1971 y el Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos. Una visión de síntesis, en la que aparezca la convergencia de elementos, a veces presentados como contrapuestos, cobra gran interés.

661. El sacerdocio, en virtud de su participación sacramental con Cristo, Cabeza de la Iglesia, es, por Palabra y la Eucaristía, servicio de la Unidad de la Comunidad (Cfr. Ef. 4, 15-17). El Ministerio de la comunidad implica la participación en el poder o autoridad que Cristo comunica mediante la ordenación y que constituye al Sacerdote en la triple dimensión del ministerio de Cristo Profeta, Liturgo y Rey, en alguien que actúa en su Nombre, al servicio de la Comunidad.

662. El ser y el obrar del sacerdote, en la identidad de su servicio, está referido a la Eucaristía, raíz y quicio de toda comunidad (Cfr. PO 5), centro de la vida sacramental, hacia la cual lleva la Palabra. Por eso, se puede decir que donde hay Eucaristía hay Iglesia. Como ésta es servida por el Obispo, en unión con el Presbiterio, es igualmente cierto decir "Donde esté el Obispo está la Iglesia".

663. En virtud de la fraternidad sacramental, la plena unidad entre los Ministros de la Comunidad es ya un hecho evangelizador, cuya exigencia es recordada por el Papa en su Discurso inaugural (Cfr. II, 1 y 2. AAS LXXI, pp. 196-197). De aquí deriva la misma unidad pastoral.

1.2. SITUACIÓN

664. De acuerdo con las necesidades de los tiempos, se advierte un cambio en la mentalidad y actitud de los ministros jerárquicos y, consiguientemente, en su imagen.

665. Se va tomando conciencia más profunda del carácter evangelizador y misionero de la tarea pastoral.

666. La forma de vida de muchos pastores ha crecido en sencillez y pobreza, en mutuo afecto y comprensión, en acercamiento al pueblo, en apertura al diálogo y en corresponsabilidad.

667. Se ha afianzado la comunión eclesial, tanto de los Obispos con el Santo Padre, como de los Obispos entre sí; igualmente la de los presbíteros y religiosos con el Obispo y entre las diversas familias eclesiales. Especial reconocimiento merecen las Iglesias particulares de diversos países que, no sólo incrementan nuestra labor evangelizadora con el envío de presbíteros, religiosos y demás agentes de evangelización, sino que también contribuyen generosamente con su comunicación cristiana de bienes.

668. Es admirable y alentador comprobar el espíritu de sacrificio y abnegación con que muchos pastores ejercen su ministerio en servicio del Evangelio, sea en la predicación, sea en la celebración de los sacramentos o en la defensa de la dignidad humana, afrontando la soledad, el aislamiento, la incomprensión y, a veces, la persecución y la muerte (Cfr. PO 13).

669. Se nota en casi todos los ministros un creciente interés de actualización no sólo intelectual sino espiritual y pastoral y un deseo de aprovechamiento de todos los medios que la favorecen.

670. Se advierte una mayor clarificación con respecto a la identidad sacerdotal que ha conducido a una nueva afirmación de la vida espiritual del ministerio jerárquico y a un servicio preferencial a los pobres.

671. Los pastores han contribuido sensiblemente a una mayor toma de conciencia en la acción de los laicos, tanto en su vocación específica secular, como en una participación más responsable en la vida de la Iglesia, inclusive mediante los diversos ministerios.

672. Fenómeno estimulante es el de los diáconos permanentes con su variado ministerio, especialmente en parroquias rurales y campesinas, sin olvidar las Comunidades Eclesiales de Base y otros grupos de fieles. Con todo, se hace necesaria una profundización teológica sobre la figura del diácono para lograr una mayor aceptación de su ministerio. Dentro de este panorama alentador, también aparecen aspectos negativos Proponemos algunos.

673. a) Falta unidad en los criterios básicos de pastoral, con las consiguientes "tensiones" de la obediencia y serias repercusiones en "pastoral de conjunto".

674. b) A pesar del reciente aumento de vocaciones, hay una preocupante escasez de ministros, debida —entre otras causas— a una deficiente conciencia misionera.

675. c) La distribución del clero, a nivel continental, es inadecuada y se ve agravada, en algunos casos, porque los sacerdotes cumplen tareas supletorias.

676. d) Falta suficiente actualización pastoral, espiritual y doctrinal; eso produce inseguridad ante los avances teológicos y ante doctrinas erróneas, provoca un sentimiento de frustración pastoral y aun ciertas crisis de identidad.

677. e) A veces la insuficiente sustentación y la falta de una modesta previsión social de los presbíteros, provoca la búsqueda de trabajos remunerados, en detrimento de su ministerio.

678. f) Falta en algunas ocasiones la oportuna intervención magisterial y profética de los Obispos, así como también una mayor coherencia colegial.

1.3 ILUMINACIÓN TEOLÓGICO-PASTORAL

679. El gran ministerio o servicio que la Iglesia presta al mundo y a los hombres en él es la evangelización (ofrecida con hechos y palabras) (Cfr. DV 2), la Buena Nueva de que el Reino de Dios, Reino de justicia y paz, llega a los hombres en Jesucristo.

680. Desde el principio hubo en la Iglesia diversidad de ministerios, en orden a la evangelización. Los escritos del Nuevo Testamento muestran la vitalidad de la Iglesia que se expresó en múltiples servicios. Así san Pablo menciona, entre otros, los siguientes: la profecía, la diaconía, la enseñanza, la exhortación, el dar limosna, el presidir, el ejercer la misericordia (Cfr. Rom. 12, 6-8); y en otros contextos habla de ministerios como las palabras de la sabiduría, el discernimiento de espíritus y algunos otros (Cfr. 1 Cor. 12, 8-11; Ef. 4, 11-12; 1 Tes. 5, 12s.; Flp. 1,1). Igualmente en otros escritos del Nuevo Testamento se describen varios ministerios.

681. "El ministerio eclesiástico, de institución divina, es ejercido en diversos órdenes por aquellos que ya desde antiguo vienen llamándose Obispos, presbíteros y diáconos" (LG 28). Constituyen el ministerio jerárquico y se reciben mediante la "imposición de las manos", en el Sacramento del Orden. Como lo enseña el Vaticano II, por el Sacramento del Orden —Episcopal y presbiteral— se confiere un sacerdocio ministerial, esencialmente distinto del sacerdocio común del que participan todos los fieles por el Sacramento del Bautismo (Cfr. LG 10); quienes reciben el ministerio jerárquico quedan constituidos, "según sus funciones", "pastores" en la Iglesia. Como el Buen Pastor (Cfr. Jn. 10, 1-16), van delante de las ovejas; dan la vida por ellas para que tengan vida y la tengan en abundancia; las conocen y son conocidas por ellas.

682. "Ir delante de las ovejas" significa estar atentos a los caminos por los que los fieles transitan, a fin de que, unidos por el Espíritu, den testimonio de la vida, los sufrimientos, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo, quien, pobre entre los pobres, anunció que todos somos hijos de un mismo Padre y por consiguiente hermanos.

683. "Dar la vida" señala la medida del "ministerio jerárquico" y es la prueba del mayor amor; así lo vive Pablo que muere todos los días (Cfr. 2 Cor. 4, 11) en el cumplimiento de su ministerio.

684. "Conocer las ovejas y ser conocidos por ellas" no se limita a saber de las necesidades de los fieles. Conocer es involucrar el propio ser, amar como quien vino no a ser servido sino a servir (Cfr. Mt. 20, 25-28).

685. Renovamos nuestra adhesión a todas las enseñanzas que sobre los Pastores nos han sido dado el Concilio Vaticano II, el Sínodo Episcopal de 1971, Medellín y el Directorio de los Obispos. Proponemos ahora, por creerlas especialmente útiles para la Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina, algunas "reflexiones" sobre el Ministerio de los Obispos, de los Presbíteros y de los Diáconos:

686. El Obispo como miembro del Colegio Episcopal presidido por el Papa, es sucesor de los Apóstoles y —por su participación plena del sacerdocio de Cristo— es signo visible y eficaz del mismo Cristo, de quien hace las veces como Maestro, Pastor y Pontífice (Cfr. LG 21). Esta triple e inseparable función está al servicio de la unidad de su Iglesia particular y crea exigencias de carácter espiritual y pastoral que hoy merecen acentuarse.

687. El Obispo es maestro de la verdad (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural I, 6. AAS LXXI, p. 192). En una Iglesia totalmente al servicio de la Palabra, es el primer evangelizador, el primer catequista; ninguna otra tarea lo puede eximir de esta misión sagrada. Medita religiosamente la Palabra, se actualiza doctrinalmente, predica personalmente al pueblo; vela porque su comunidad avance continuamente en el conocimiento y práctica de la Palabra de Dios, alentando y guiando a todos los que enseñan en la Iglesia (a fin de evitar "magisterios paralelos" de personas o grupos), y promoviendo la colaboración de los teólogos que ejercitan su carisma específico dentro de la Iglesia, desde la metodología propia de la teología, para lo cual busca la actualización teológica a fin de poder discernir la Verdad y mantiene una actitud de diálogo con ellos. Todo esto en comunión con el Papa y con sus hermanos Obispos, especialmente los de su propia Conferencia Episcopal.

688. El Obispo es signo y constructor de la unidad (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural II, 1. AAS LXXI, p. 196). Hace de su autoridad, evangélicamente ejercida, un servicio a la unidad; promueve la misión de toda la comunidad diocesana; fomenta la participación y corresponsabilidad a diferentes niveles; infunde confianza en sus colaboradores (especialmente los presbíteros para quienes debe ser padre, hermano y amigo) (Cfr. LG 28); crea en la diócesis un clima tal de comunión eclesial orgánica y espiritual que permita a todos los religiosos y religiosas vivir su pertenencia peculiar a la familia diocesana; discierne y valora la multiplicidad y variedad de los carismas derramados en los miembros de su Iglesia, de modo que concurran eficazmente integrados, al crecimiento y vitalidad de la misma; está presente en las principales circunstancias de la vida de su Iglesia particular.

689. El Obispo es Pontífice y santificador. Ejercer personalmente su función de presidente y promotor de la liturgia; apoyado en su propio testimonio promueve la santidad de todos los fieles como primer testimonio promueve la santidad de todos los fieles como primer medio de evangelización (Cfr. EN 21, 41, 69); busca en la gracia propia del sacramento del orden el fundamento para un constante cultivo de la vida espiritual que, en el amor personal a Cristo, impulse su amor a la Iglesia y su entrega al pastoreo generoso de las ovejas; se ocupa de la vida espiritual de sus presbíteros y religiosos; hace de su vida gozosa, austera, sencilla y lo más cercana posible de su pueblo, un testimonio de Cristo Pastor y un medio de diálogo con todos los hombres.

690. Los presbíteros, por el sacramento del orden, quedan constituidos en los colaboradores principales de los Obispos para su triple ministerio; hacen presente a Cristo-Cabeza en medio de la comunidad (Cfr. PO 2); forman, junto con su Obispo y unidos en íntima fraternidad sacramental, un solo presbiterio dedicado a variadas tareas para servicio de la Iglesia y del mundo (Cfr. LG 28). Estas realidades hacen de ellos "piezas centrales de la tarea eclesial" (Juan Pablo II, Alocución Sacerdotes 1. AAS LXXI, p. 179).

691. Por ser inseparables de los Obispos, los rasgos de espiritualidad pastoral antes descritos se aplican también al presbítero. En la actual situación de la Iglesia en América Latina se ve prioritario lo siguiente:

692. El presbítero anuncia el Reino de Dios que se inicia en este mundo y que tendrá su plenitud cuando Cristo venga al final de los tiempos. Por el servicio de ese Reino, abandona todo para seguir a su Señor. signo de esa entrega radical es el celibato ministerial, don de Cristo mismo y garantía de una dedicación generosa y libre al servicio de los hombres.

693. El presbítero es un hombre de Dios. Sólo puede ser profeta en la medida en que haya hecho la experiencia del Dios vivo. Sólo esta experiencia lo hará portador de una Palabra poderosa para transformar la vida personal y social de los hombres de acuerdo con el designio del Padre.

694. La oración en todas sus formas —y de manera especial la Liturgia de las Horas que le confía la Iglesia— ayudará a mantener esa experiencia de Dios que quedará compartir con sus hermanos.

695. Como el Obispo y en comunión con él, el presbítero evangeliza, celebra el Santo Sacrificio y sirve a la unidad.

696. Como Pastor que se empeña en la liberación integral de los pobres y de los oprimidos, obra siempre con criterios evangélicos (Cfr. EN 18). Cree en la fuerza del Espíritu para no caer en la tentación de hacerse líder político, dirigente social o funcionario de un poder temporal; esto le impedirá "ser signo y factor de unidad y de fraternidad" (Juan Pablo II, Alocución Sacerdotes 8. AAS LXXI, p. 182).

697. El diácono, colaborador del Obispo y del presbítero, recibe una gracia sacramental propia. El carisma del diácono, signo sacramental del "Cristo Siervo", tiene gran eficacia para la realización de una Iglesia servidora y pobre que ejerce su función misionera en orden a la liberación integral del hombre.

698. La misión y función del diácono no se han de medir con criterios meramente pragmáticos, por estas o aquellas acciones que pudieran ser ejercidos por ministros no ordenados (Cfr. EN 73) o por cualquier bautizado; ni tampoco sólo como una solución a la escasez numérica de presbíteros (Cfr. LG 29) que afecta a América Latina. Su conveniencia se desprende de una contribución eficaz a que la Iglesia cumpla mejor su misión salvífica (Cfr. AG 16) por medio de una más adecuada atención a la tarea evangelizadora.

699. La implantación del diaconado permanente, pedida ya a la Santa Sede por la mayoría de nuestras Conferencias Episcopales, deberá hacerse buscando "lo nuevo y lo viejo". No se trata simplemente de restaurar el diaconado primitivo sino de profundizar en la Tradición de la Iglesia Universal y en las realidades particulares de nuestro Continente, buscando mediante esta doble atención (Cfr. EN 73) una fidelidad al patrimonio eclesial y una sana creatividad pastoral con proyección evangelizadora.

700. La espiritualidad ministerial común a todos los miembros de la Jerarquía debe centrarse en la Eucaristía y estar marcada por una auténtica devoción a la Santísima Virgen María, tan arraigada en el pueblo a quien evangelizamos y garantía de una permanente fidelidad, característica clave del evangelizador (Cfr. Juan Pablo II, Homilía México, AAS LXXI, p. 164).

1.4. ORIENTACIONES PASTORALES

OBISPOS: Nos comprometemos a:

701. Cumplir siempre con gozo, intrepidez y humildad el ministerio evangelizador como tarea prioritaria del oficio episcopal en el camino abierto e iluminado por los insignes pastores y misioneros del continente.

702. Asumir la colegialidad episcopal en todas sus dimensiones y consecuencias, a nivel regional y universal.

703. Promover a toda costa la unidad de la Iglesia particular, con discernimiento del Espíritu para no extinguir ni uniformar la riqueza de carismas y dar especial importancia a la promoción de la pastoral orgánica y a la animación de las comunidades.

704. Dar a los consejos presbiteriales y pastorales y a otros organismos pastorales la consistencia y funcionalidad requeridas por el Concilio y promover solícitamente el crecimiento espiritual y pastoral de los presbíteros.

705. Buscar formas de agrupación de los presbíteros situados en regiones lejanas, a fin de evitar su aislamiento y favorecer una mayor eficacia pastoral. Se recomienda tener en cuenta, en forma especial a los "Capellanes castrenses" a fin de que, en los lugares donde presten su ministerio sacerdotal, se integren pastoralmente al presbiterio diocesano.

706. Empeñaremos, por exigencia evangélica y de acuerdo con nuestra misión, en promoverla justicia y en defender la dignidad y los derechos de la persona humana (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural, III. AAS LXXI, p. 198).

707. En total fidelidad al Evangelio y sin perder de vista nuestro carisma de signo de unidad y pastor Hacer comprender por nuestra vida y actitudes, nuestra preferencia por evangelizar y servir a los pobres.

708. Prestar atención preferencial al Seminario, dada su importancia en la formación de los presbíteros de quienes depende, en gran parte, "la deseada renovación de toda la Iglesia" (OT proemio), darles los mejores sacerdotes adecuadamente capacitados; buscar por todos los medios un mejor conocimiento de los formadores y de los alumnos y un mayor contacto con ellos.

709. Buscar eficazmente la solución a la situación económica, difícil de los presbíteros, mediante una remuneración y previsión social adecuadas; acudiendo, si fuera necesario, a iniciativas de carácter supradiocesano, nacional o internacional, en el espíritu de la comunicación cristiana de bienes.
710. Estudiar objetivamente el fenómeno del abandono del ministerio presbiterial con sus causas e incidencia en la vida de la Iglesia, teniendo presente el criterio trazado por el Sínodo de 1971, que pide que desde el punto de vista pastoral sean tratados "equitativa y fraternalmente" y pueden colaborar en el servicio de la Iglesia, aunque "no sean admitidos al ejercicio de actividades sacerdotales" (El Sacerdocio Ministerial, II, 4,d).

PRESBÍTEROS

711. Den los presbíteros prioridad en su ministerio al anuncio del Evangelio a todos pero muy especialmente a los más necesitados (obreros, campesinos, indígenas, marginados, grupos afroamericanos), integrando la promoción y defensa de su dignidad humana.

712. Renuévese la vitalidad misionera en los sacerdotes y fórmeseles en una actitud de generosa disponibilidad, para que pueda darse una respuesta eficaz a la desigual distribución del clero actualmente existente.

713. Den prioridad al trabajo evangelizador en la familia y la juventud y a la promoción de las vocaciones sacerdotales y religiosas.

714. Comprométanse en la incorporación del laicado y de las religiosas en la acción pastoral cada vez con más activa participación, dándoles el debido acompañamiento espiritual y doctrinal.

DIÁCONOS PERMANENTES

715. Que el diácono se inserte plenamente en la comunidad a la que sirve y promueva continuamente la comunión de la misma con el presbítero y el Obispo. Además, respete y fomente los ministerios ejercidos por laicos.

716. Tenga la comunidad un papel importante en la cuidadosa selección de los candidatos al diaconado. Que exista la formación adecuada y continua del mismo y una debida preparación de su propia familia, de la comunidad que lo acoge, del presbiterio y de los laicos.

717. Prevéase la justa remuneración de los diáconos permanentes, dedicados completamente al ministerio pastoral.

718. Promuévase estudios para profundizar los aspectos teológicos, canónicos y pastorales del diaconado permanente y procúrese la adecuada divulgación de tales estudios.

FORMACIÓN PERMANENTE

719. La gracia recibida en la ordenación, que ha de reavivarse continuamente (Cfr. 2 Tim. 1, 6-7), y la misión evangelizadora exigen de los ministros jerárquicos una seria y continua formación, que no puede reducirse a lo intelectual sino que se extenderá a todos los aspectos de su vida.

720. Objeto de esta formación, que tendrá en cuenta la edad y las condiciones de las personas, ha de ser: capacitar a los ministros jerárquicos para que, de acuerdo con las exigencias de su vocación y misión y la realidad latinoamericana, vivan personal y comunitariamente un continuo proceso que los haga pastoralmente competentes para el ejercicio del ministerio.

2. VIDA CONSAGRADA

721. La vida consagrada es en sí misma evangelizadora en orden a la comunión y participación en América Latina.

2.1. TENDENCIAS DE LA VIDA CONSAGRADA EN AMÉRICA LATINA

722. Es un motivo de gozo para nosotros los Obispos verificar la presencia y el dinamismo de tantas personas consagradas que en América Latina dedican su vida a la misión evangelizadora como lo hicieron ya en el pasado. Podemos decir con Pablo VI: "Se les encuentra no raras veces en la vanguardia de la misión y afrontando los más grandes riesgos para su santidad y su propia vida. Sí, en verdad la Iglesia les debe muchísimo" (EN 69). Esto nos mueve a promover y acompañar la vida consagrada según sus notas características (Cfr. MR 9).

723. De toda la experiencia de Vida Religiosa en América Latina queremos recoger sólo las tendencias más significativas y renovadoras que el Espíritu suscita en la Iglesia, así como señalar algunas de las dificultades que manifiesta la crisis en los últimos años.

724. Si bien nos referimos directamente a la vida religiosa, queremos decir a los Institutos seculares y a otras formas de Vida Consagrada que aquí encuentran muchas ideas y experiencias que también les pertenecen (Por lo demás, de los Institutos seculares se trata en el N_ 774). La Iglesia de América Latina estima su estilo de consagración a Dios y su "secularidad" como un medio especialmente valioso para llevar la presencia y el mensaje de Cristo a toda clase de ambientes humanos.

725. El conjunto de la Vida Religiosa constituye el modo específico de evangelizar propio del religioso. Por eso, al señalar estos aspectos, recogemos el aporte de los religiosos a la Evangelización. Descubrimos especialmente las siguientes tendencias:

a) EXPERIENCIA DE DIOS

726. Hay ciertos signos que expresan un deseo de interiorización y de profundización en la vivencia de la fe al comprobar que, sin el contacto con el Señor, no se da una Evangelización convincente y perseverante.

727. Se intenta que la oración llegue a convertirse en actitud de vida, de modo que oración y vida se enriquezcan mutuamente: oración que conduzca a comprometerse en la vida real y vivencia de la realidad que exija momentos fuertes de oración. Además de buscar la oración íntima, se tiende de modo especial a la oración comunitaria, con comunicación de la experiencia de fe, con discernimiento sobre la realidad, orando juntamente con el pueblo.

728. Oración que ha de ser visible y estimulante. También se está encontrando de nuevo el sentido de la gran tradición de la Iglesia de orar con salmos y textos litúrgicos, sobre todo en la Eucaristía participada. Lo mismo sucede con otras devociones tradicionales como el Rosario.

729. Hay que reconocer que algunos religiosos no han logrado la integración entre vida y oración, especialmente si están absorbidos por la actividad, si en la inserción faltan espacios de intimidad o si viven una falsa espiritualidad.

b) COMUNIDAD FRATERNA

730. Se busca poner énfasis en las relaciones fraternas: interpersonales en que se valora la amistad, la sinceridad, la madurez, como base humana indispensable para la convivencia; con dimensión de fe, pues es el Señor quien llama: con un estilo de vida más sencillo y acogedor; con diálogo y participación.

731. Se dan diversos estilos de vida comunitaria. Para ciertas obras y de acuerdo con los diversos carismas fundacionales, existen comunidades numerosas. También surgen "pequeñas comunidades" que nacen generalmente del deseo de insertarse en barrios modestos o en el campo, o de una misión evangelizadora particular. La experiencia muestra que estas pequeñas comunidades deben asegurar ciertas condiciones para tener éxito: motivación evangélica, comunicación personal, oración comunitaria, trabajo apostólico, evaluaciones, integración en el Instituto y la Diócesis a través del servicio indispensable de la autoridad.

732. Se experimentan hoy especiales dificultades por la cercanía personal y la diversidad de mentalidades, cuando disminuye el sentido de fe o cuando no se respeta el debido pluralismo.

c) OPCIÓN PREFERENCIAL POR LOS POBRES

733. La apertura pastoral de las obras y la opción preferencial por los pobres es la tendencia más notable de la vida religiosa latinoamericana. De hecho, cada vez más, los religiosos se encuentran en zonas marginadas y difíciles, en misiones entre indígenas, en labor callada y humilde. Esta opción no supone exclusión de nadie, pero sí una preferencia y un acercamiento al pobre.

734. Esto ha llevado a la revisión de obras tradicionales para responder mejor a las exigencias de la evangelización. Asimismo ha puesto en una luz más clara su relación con la pobreza de los marginados, que ya no supone sólo el desprendimiento interior y la austeridad comunitaria, sino también el solidarizarse, compartir y —en algunos casos— convivir con el pobre.

735. Con todo, esta opción trae efectos negativos cuando falta la preparación adecuada, el apoyo comunitario, la madurez personal o la motivación evangélica. En no pocas ocasiones, esta opción ha supuesto correr el riesgo de ser mal interpretado.

d) INSERCIÓN EN LA VIDA DE LA IGLESIA PARTICULAR

736. Se comprueba un volver a descubrir y una vivencia del misterio de la Iglesia Particular; un creciente deseo de participación, con el aporte de la riqueza del propio carisma vocacional. Esto conduce a mayor integración en la pastoral de conjunto y a mayor participación en los organismos y obras diocesanas o supradiocesanas.

737. Sin embargo, se dan tensiones. A veces dentro de las comunidades; a veces, entre éstas y los Obispos. Puede perderse de vista la misión pastoral del Obispo o el carisma propio del Instituto; puede faltar el diálogo y el discernimiento conjunto, cuando se trata de revisar obras o de cambio de personal al servicio de la Diócesis. Nos preocupa el abandono inconsulto de obras que tradicionalmente han estado en manos de comunidades religiosas, como colegios, hospitales, etc.

738. Las comunidades contemplativas constituyen como el corazón de la vida religiosa. Animan y estimulan a todos a intensificar el sentido trascendente de la vida cristiana. Son también ellas mismas evangelizadoras, pues, "el ser contemplativa no supone cortar radicalmente con el mundo, con el apostolado. La contemplativa tiene que encontrar su modo específico de entender el Reino de Dios" (Juan Pablo II, Alocución a las Religiosas de Guadalajara, 2. AAS, p. 226).

2.2. CRITERIOS

a) EL DESIGNIO DE DIOS

739. La Vida Consagrada, arraigada desde antiguo en los pueblos de América Latina, es un don que el Espíritu concede sin cesar a su Iglesia como "un medio privilegiado de evangelización eficaz" (EN 69).

740. El Padre, al proponerse liberar nuestra historia del pecado, germen de indignidad y muerte, elige en su Hijo, mediante el Espíritu, a mujeres y hombres bautizados para un seguimiento radical de Jesucristo, dentro de la Iglesia.

741. Y como la Iglesia Universal se realiza en las Iglesias Particulares (Cfr. CD 11), en éstas se hace concreta para la Vida Consagrada la relación de comunidad vital y de compromiso eclesial evangelizador. Con ellas, los consagrados comparten las fatigas, los sufrimientos, las alegrías y esperanzas de la construcción del Reino y en ellas vuelcan las riquezas de sus carismas particulares, como don del Espíritu evangelizador. En las Iglesias particulares encuentran a sus hermanos presididos por el Obispo, a quien "compete el ministerio de discernir y armonizar" (MR 6).

b) LLAMADOS AL SEGUIMIENTO RADICAL DE CRISTO

742. Llamados por el Señor (Cfr. Mt. 4, 18-21), se comprometen a seguirlo radicalmente, identificándose con El "desde las bienaventuranzas, como lo ha señalado el Papa: No olviden nunca que para mantener un concepto claro del valor de nuestra vida consagrada necesitaréis una profunda visión de fe que se alimenta y mantiene con la oración (Cfr. PC 6). La misma que os hará superar toda incertidumbre acerca de vuestra identidad propia, que os mantendrá fieles a esa dimensión vertical que os es esencial para identificarlos con Cristo desde la Bienaventuranzas y ser testigos auténticos del Reino de Dios para los hombres del mundo actual" (Juan Pablo II, Alocución a las Religiosas, 4. AAS LXXI, p. 178).

743. Por su consagración aceptan gozosamente, desde la comunión con el Padre, el misterio del anonadamiento y de la exaltación pascual (Cfr. Flp. 2, 3-11). Negándose, pues, radicalmente a sí mismo, aceptan como propia la cruz del Señor (Cfr. Mt. 16, 24), cargada sobre ellos y acompañan a los que sufren por la injusticia, por la carencia del sentido profundo de la existencia humana y por el hambre de paz, verdad y vida. De este modo, compartiendo su muerte, resucitan gozosamente con ellos a la novedad de vida y, haciéndose todo para todos, tienen como privilegiados a los pobres, predilectos del Señor.

744. Son especialmente llamados a vivir en comunión intensa con el Padre, quien los llena de su Espíritu, urgiéndolos a construir la comunión siempre renovada entre los hombres. La Vida Consagrada es, así, una afirmación profética del valor supremo de la comunión con Dios y entre los hombres (Cfr. ET 53) y un "eximio testimonio de que el mundo no puede ser transfigurado ni ofrecido a Dios sin el espíritu de las Bienaventuranzas" (LG 31).

745. Teniendo a María como modelo de consagración y como intercesora, los consagrados encarnarán la Palabra en su vida, y, como Ella y con Ella, la ofrecerán a los hombres en una continua evangelización.

746. Su consagración radical a Dios amado sobre todas las cosas y por consiguiente al servicio de los hombres se expresa y realiza por los consejos evangélicos, asumidos mediante votos u otros vínculos sagrados que los "unen especialmente con la Iglesia y con su misterio" (LG 44).

747. Así, viviendo pobremente como el Señor y sabiendo que el único Absoluto es Dios, comparten sus bienes; anuncian la gratuidad de Dios y de sus dones; inauguran, de esta manera, la nueva justicia y proclaman "de un modo especial, la elevación del Reino de Dios sobre todo lo terreno y sus exigencias supremas"(LG 44); con su testimonio son una denuncia evangélica de quienes sirven al dinero y al poder, reservándose egoístamente para sí los bienes que Dios otorga al hombre para beneficio de toda la comunidad.

748. Su obediencia consagrada, vivida con abnegación y fortaleza "como sacrificio de sí mismo" (PC 14) será expresión de comunión con la voluntad salvífica de Dios y denuncia de todo proyecto histórico que apartándose del plan divino, no haga creer al hombre en su dignidad de hijo de Dios.

749. En un mundo en que el amor está siendo vaciado de su plenitud, donde la desunión acrecienta distancias por doquier y el placer se erige como ídolo, los que pertenecen a Dios en Cristo por la castidad consagrada serán testimonio de la alianza liberadora de Dios con el hombre en el seno de su Iglesia particular, serán presencia del amor con el que "Cristo amó a la Iglesia y se entregó a Sí mismo por ella" (Ef. 5,25). Serán, finalmente, para todos un signo luminoso de la liberación escatológica vivida en la entrega a Dios y en la nueva y universal solidaridad con los hombres.

750. De este modo, "este testimonio silencioso de pobreza y de desprendimiento, de pureza y de transparencia, de abandono en la obediencia puede ser a la vez que una interpelación al mundo y a la Iglesia misma, una predicación elocuente, capaz de tocar incluso a nos no cristianos de buena voluntad, sensibles a ciertos valores" (EN 69).

751. En una vida de continua oración son llamados a mostrar a sus hermanos el valor supremo y la eficacia apostólica de la unión con el Padre (Cfr. Juan Pablo II, Discurso a los Superiores Mayores, 24/11/78).

752. La comunión fraterna vivida con todas sus exigencias, a la que están convocados los consagrados, es el signo del amor transformador que el Espíritu infunde en sus corazones, más fuerte que los lazos de la carne y de la sangre.

753. Personas diversas, a veces de distinta nacionalidad, participan de la misma vida y misión, en íntima fraternidad. Se esfuerzan de este modo, por su testimonio elocuente de la vida de Dios Trino en su Iglesia, de la misma comunión eclesial y actúan como fermento de comunión entre los hombres y de coparticipación en los bienes de Dios.

754. Si todos los bautizados han sido llamados a participar de la misión de Cristo, a abrirse a sus hermanos y a trabajar por la unidad (Cfr. Gál. 3, 26-28), dentro y fuera de la comunidad eclesial, mucho más aún los que Dios ha consagrado para sí. Estos son invitados a vivir el mandamiento nuevo en una donación gratuita a todos los hombres "con un amor que no es partidista, que a nadie excluye, aunque se dirija con preferencia al más pobre". Juan Pablo II, Alocución Sacerdotes 7. AAS LXXI, p.181).

755. Surgen así los servicios suscitados por el Espíritu, como expresión salvífica de Jesucristo (Cfr. 1 Cor. 12, 4-14; Ef. 4,10; Rom. 12, 4) que, aunque realizados individualmente, son asumidos por toda la comunidad. Urgidos por el amor de Cristo, son fermento de conciencia misionera dentro de la comunidad eclesial, al mostrarse disponibles para ser enviados a lugares y situaciones donde la Iglesia necesita una mayor y generosa ayuda (Cfr. EN 69).

756. La riqueza del Espíritu se manifiesta en los carismas de los fundadores que brotan en su Iglesia a través de todos los tiempos, como expresión de la fuerza de su amor que responde solícitamente a las necesidades de los hombres (Cfr. LG 46).

757. La fidelidad al propio carisma es, pues, una forma concreta de obediencia a la gracia salvadora de Cristo y de santificación con El para redimir a sus hermanos, ya sea desde la perspectiva del área educacional, del servicio de la salud o social, del ministerio parroquial, o desde la perspectiva de la cultura, el arte, etc. De este modo se hace presente el Espíritu Santo que evangeliza a los hombres con su multiforme riqueza.

2.3. OPCIONES HACIA UNA VIDA CONSAGRADA MÁS EVANGELIZADORA

758. Orientados por las enseñanzas de las Exhortaciones Apostólicas "Evangelii Nuntiandi", "Evangelica Testificatio" y por el Documento "Mutuae Relationes", nos comprometemos a colaborar con los Superiores Mayores para llevar a cabo las siguientes opciones:

a) Consagración más profunda

759. Acrecentar por los medios más convenientes la vivencia de la consagración total y radical a Dios que comporta dos aspectos inseparables y complementarios: entrega y reserva a Dios generosa y total y servicio a la Iglesia y a todos los hombres.

760. Favorecer la actitud de oración y contemplación que nace de la Palabra del Señor, escuchada y vivida en las circunstancias concretas de nuestra historia.

761. Valorar el testimonio evangelizador de la Vida Consagrada como expresión vital de los valores evangélicos anunciados en las Bienaventuranzas.

762. Revitalizar la vida consagrada mediante la fidelidad al propio carisma y al espíritu de los Fundadores, respondiendo a las nuevas necesidades del Pueblo de Dios.

763. Alentar una selección vocacional que permita la decisión plena y consciente y capacite para un servicio evangelizador adecuado en el presente y futuro de América Latina. Favorecer, para ello, una seria formación inicial y permanente, adaptada a las circunstancias peculiares y cambiantes de nuestra realidad.

b) Consagración como expresión de comunión

764. Acrecentar la fraternidad en las comunidades, en su interior favoreciendo las relaciones interpersonales que permitan la integración y conduzcan a mayor comunión y mejor colaboración en la misión. Estimular la apertura a relaciones intercongregacionales en las que, respetando el pluralismo de carismas particulares y las disposiciones de la Santa Sede, crezca la unidad.

765. Crear en las diócesis un clima tal de comunión eclesial orgánica y espiritual alrededor del Obispo que permita a las comunidades religiosas vivir su pertenencia peculiar a la familia diocesana y, de manera especial, lleve a los religiosos presbíteros a descubrir que son cooperadores del orden episcopal y, en cierto modo, pertenecen al clero de la diócesis (Cfr. CD 34). Para ello, estudiar conjuntamente los documentos eclesiales, particularmente el de "Relaciones entre los Obispos y los Religiosos en la Iglesia".

766. Promover la plena adhesión al magisterio de la Iglesia, evitando cualquier actitud doctrinal o pastoral que se aparte de sus orientaciones (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural I, 7. AAS LXXI, p. 193).

767. Fomentar el conocimiento de la teología de la Iglesia Particular entre los religiosos y el de la teología de la vida religiosa entre el clero diocesano, con miras al fortalecimiento de una auténtica pastoral orgánica, a nivel de diócesis y de Conferencia Episcopal (Cfr. MR 36-37).

768. Establecer relaciones institucionalizadas entre las Conferencias Episcopales y otros organismos eclesiales con las Conferencias Nacionales de Superiores Religiosos y otros organismos de religiosos, de acuerdo con los criterios de la Santa Sede para las relaciones entre los Obispos y Religiosos en la Iglesia.

c) Misión más comprometida

769. Alentar a los religiosos a que asuman un compromiso preferencial por los pobres, teniendo en cuenta lo que dijo Juan Pablo II: "Sois sacerdotes y religiosos; no sois dirigentes sociales, líderes políticos o funcionarios de un poder temporal. Por eso os repito: no nos hagamos la ilusión de servir al Evangelio si tratamos de "diluir" nuestro carisma a través de un interés exagerado hacia el amplio campo de los problemas temporales" (Juan Pablo II, Alocución Sacerdotes, 8. AAS LXXI, p. 182).

770. Estimular a los religiosos y las religiosas a que con su acción evangelizadora lleguen a los ámbitos de la cultura, del arte, de la comunicación social y de la promoción humana, a fin de ofrecer su aporte evangélico específico, acorde con su vocación y su peculiar situación en la Iglesia.

771. Despertar la disponibilidad de los consagrados para asumir, dentro de la Iglesia Particular, los puestos de vanguardia evangelizadora (Cfr. EN 69) en comunión fiel con sus Pastores y con su comunidad y en fidelidad al carisma de su fundación.

772. Estimular la fidelidad al carisma original y su actualización y adaptación a las necesidades del Pueblo de Dios, para que las obras logren mayor fuerza evangelizadora.

773. Renovar la vitalidad misionera de los religiosas y la actitud de generosa disponibilidad que los lleve a dar respuestas eficaces y concretas al problema de la desigual distribución actual de las fuerzas evangelizadoras.

2.4. INSTITUTOS SECULARES

774. En lo que toca específicamente a los Institutos Seculares, es importante recordar que su carisma propio busca responder de modo directo al gran desafío que los actuales cambios culturales están planteando a la Iglesia: dar un paso hacia las formas de vida secularizadas que el mundo urbano-industrial exige, pero evitando que la secularidad se convierta en secularismo.

775. El Espíritu ha suscitado en nuestro tiempo este nuevo modo de vida consagrada, que representan los Institutos Seculares, para ayudar de alguna manera, a través de ellos, a resolver la tensión entre apertura real a los valores del mundo moderno (auténtica secularidad cristiana) y la plena y profunda entrega de corazón a Dios (espíritu de la consagración). Al situarse en pleno foco del Conflicto, dichos Institutos pueden significar un valioso aporte pastoral para el futuro y ayudar a abrir caminos nuevos de general validez para el Pueblo de Dios.

776. Por otro lado, la misma problemática que intentan abordar y su falta de arraigo en una tradición ya probada, los expone más que las otras formas de vida consagrada a las crisis de nuestro tiempo y al contagio del secularismo. Esta esperanza y los riesgos que su modo de vida conlleva, deberán mover al Episcopado latinoamericano a promover y apoyar con especial solicitud se desarrollo.

3. LAICOS

Participación del laico en la vida de la Iglesia y en la misión de ésta en el mundo.

LOS LAICOS

3.1. SITUACIÓN

777. Reconociendo en el seno de la Iglesia latinoamericana una toma de conciencia creciente de la necesidad de la presencia de los laicos en la misión evangelizadora, estimulamos a tantos laicos, que mediante su testimonio de entrega cristiana, contribuyen al cumplimiento de la tarea evangelizadora y a presentar el rostro de una Iglesia comprometida en la promoción de la justicia en nuestros pueblos.

778. En la actual situación del continente, interpela particularmente a los laicos la configuración que van tomando los sistemas y estructuras que, a consecuencia del proceso desigual de industrialización, urbanización y transformación cultural, ahondan las diferencias socio-económicas, afectando principalmente a las masas populares, con fenómenos de opresión y marginación creciente.

779. La Iglesia de América Latina después del Concilio y Medellín, en el esfuerzo de aceptar los desafíos, en su conjunto, ha tenido experiencias positivas y avances según lo dijimos en el N_ 10 y ss. y ha sufrido dificultades y crisis, véase N. 16-27.

780. Hay crisis que han afectado, naturalmente, al laicado latinoamericano y, en especial, al laicado organizado que sufrió no sólo los embates de la conflictividad de la propia sociedad —represiones de los grupos de poder— sino también los producidos por una fuerte ideologización, por desconfianzas mutuas y en las instituciones que llevaron, incluso, a dolorosas rupturas de los movimientos laicos entre sí y con los pastores.

781. Hoy, sin embargo, vemos otro aspecto de la crisis en sus consecuencias positivas: la progresiva ganancia en serenidad, madurez y realismo que se manifiesta en confesadas aspiraciones por promover en la Iglesia estructuras de diálogo, de participación y de acción pastoral de conjunto, expresiones de una mayor conciencia de pertenencia a la Iglesia.

782. Este optimismo, creciente en los movimientos laicos, no desconoce, por otra parte, las tensiones que persisten, tanto a nivel de la comprensión del sentido del compromiso del laico hoy en América Latina, como de una apropiada inserción en la acción eclesial.

783. Mientras estas tensiones afectan principalmente a quienes participan en movimientos laicos, grandes sectores del laicado latinoamericano no han tomado conciencia plena de su pertenencia a la Iglesia y viven afectados por la incoherencia entre la fe que dicen profesar y practicar y el compromiso real que asumen en la sociedad. Divorcio entre fe y vida agudizado por el secularismo y por un sistema que antepone el tener más al ser más.

784. Asimismo, la efectiva promoción del laicado se ve impedida muchas veces por la persistencia de cierta mentalidad clerical en numerosos agentes pastorales, clérigos e incluso laicos.

785. Este contexto social y eclesial, así descrito, ha dificultado la participación activa y responsable de los laicos en campos tan importantes como el político, el social y el cultural, particularmente en los sectores obreros y campesinos.

3.2. REFLEXIÓN DOCTRINAL

EL LAICO EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO

786. La misión del laico encuentra su raíz y significación en su ser más profundo que el Concilio Vaticano II se preocupó de subrayar, en algunos de sus documentos:

  • El bautismo y la confirmación lo incorporan a Cristo y lo hacen miembro de la Iglesia.
  • Participa, a su modo, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo y la ejerce en su condición propia.
  • La fidelidad y la coherencia con las riquezas y exigencias de su ser le dan su identidad de hombre de Iglesia en el corazón del mundo y de hombre del mundo en el corazón de la Iglesia (Cfr. LG Cap. IV).

787. En efecto, el laico se ubica, por su vocación, en la Iglesia y en el mundo. Miembro de la Iglesia, fiel a Cristo, está comprometido en la construcción del Reino en su dimensión temporal.

788. En profunda comunicación con sus hermanos laicos y con los Pastores, en los cuales ve a sus maestros en la fe, el laico contribuye a construir la Iglesia como comunidad de fe, de oración, de caridad fraterna y lo hace por la catequesis, por la vida sacramental, por la ayuda a los hermanos. De allí la multiplicidad de formas de apostolado, cada una de las cuales pone énfasis en algunos de los aspectos mencionados.

789. Pero es en el mundo donde el laico encuentra su campo específico de acción (Cfr. EN 73). Por el testimonio de su vida, por su palabra oportuna y por su acción concreta, el laico tiene la responsabilidad de ordenar las realidades temporales para ponerlas al servicio de la instauración del Reino de Dios.

790. En el vasto y complicado mundo de las realidades temporales, algunas exigen especial atención de los laicos: la familia, la educación, las comunicaciones sociales.

791. Entre estas realidades temporales no se puede dejar de subrayar con especial énfasis la actividad política (Cfr. AA II, 5). Esta abarca un amplio campo, desde la acción de votar, pasando por la militancia y el liderazgo en algún partido político, hasta el ejercicio de cargos públicos en distintos niveles.

792. En todos los casos, el laico deberá buscar y promover el bien común en la defensa de la dignidad del hombre y de sus derechos inalienables en la protección de los más débiles y necesitados, en la construcción de la paz, de la libertad, de la justicia; en la creación de estructuras más justas y fraternas.

793. En consecuencia, en nuestro continente latinoamericano, marcado por agudos problemas de injusticia que se han agravado, los laicos no pueden eximirse de un serio compromiso en la promoción de la justicia y del bien común (Cfr. AA 14), iluminados siempre por la fe y guiados por el Evangelio y por la Doctrina Social de la Iglesia, pero orientados a la vez por la inteligencia y la aptitud para la acción eficaz. "Para el cristiano no basta la denuncia de las injusticias, a él se le pide ser en verdad testigo y agente de la justicia" (Juan Pablo II, Alocución Obreros Guadalajara 2. AAS LXXI, p. 223).

794. En la medida en que crece la participación de los laicos en la vida de la Iglesia y en la misión de ésta en el mundo, se hace también más urgente la necesidad de su sólida formación humana en general, formación doctrinal, social, apostólica. Los laicos tienen el derecho de recibirla primordialmente en sus mismos movimientos y asociaciones pero también en institutos adecuados y en el contacto con sus Pastores.

795. Por otra parte, el laico debe aportar al conjunto de la Iglesia su experiencia de participación en los problemas, desafíos y urgencias de su "mundo secular" —de personas, familias, grupos sociales y pueblos— para que la Evangelización eclesial arraigue con vigor. En ese sentido, será aporte precioso del laico por su experiencia de vida, su competencia profesional, científica y laboral, su inteligencia cristiana, cuanto pueda contribuir para el desarrollo, estudio e investigación de la Enseñanza Social de la Iglesia.

796. Un aspecto importante de esta formación es el que concierne a la profundización en una espiritualidad más apropiada a su condición de laico. Dimensiones esenciales de esta espiritualidad son, entre otras, las siguientes:

797. - Que el laico no huya de las realidades temporales para buscar a Dios sino persevere, presente y activo, en medio de ellas y allí encuentre al Señor.

- Dé a tal presencia y actividad una inspiración de fe y un sentido de caridad cristiana.

- Por la luz de la fe, descubra en esa realidad la presencia del Señor.

798. - En medio de su misión, a menudo conflictiva y llena de tensiones para su fe, busque renovar su identidad cristiana en el contacto con la Palabra de Dios, en la intimidad con el Señor por la Eucaristía, en los Sacramentos y en la oración.

799. Tal espiritualidad deberá ser capaz de dar a la Iglesia y al mundo "cristianos con vocación de santidad, sólidos en su fe, seguros en la doctrina propuesta por el Magisterio auténtico, firmes y activos en la Iglesia, cimentados en una densa vida espiritual...perseverantes en el testimonio y acción evangélica, coherentes y valientes en sus compromisos temporales, constantes promotores de paz y justicia contra toda violencia u opresión, agudos en el discernimiento crítico de las situaciones e ideologías a la luz de las enseñanzas sociales de la Iglesia, confiados en la esperanza en el Señor" (Juan Pablo II, Alocución Laicos, 6. AAS LXXI, p. 216).

EL LAICADO ORGANIZADO

800. Expresamos nuestra confianza y estímulo decidido a las formas organizadas del apostolado de los laicos porque:

801. La organización es signo de comunión y participación en la vida de la Iglesia; permite la transmisión y crecimiento de las experiencias y la permanente formación y capacitación de sus miembros.

802. El apostolado exige muchas veces una acción común, tanto en las comunidades de la Iglesia como en los diversos ambientes.

803. En una sociedad que se estructura y planifica cada vez más la eficacia de la actividad apostólica depende también de la organización.

MINISTERIOS DIVERSIFICADOS

804. Para el cumplimiento de su misión, la Iglesia cuenta con diversidad de ministerios (Cfr. AA 21). Al lado de los ministerios jerárquicos, la Iglesia reconoce un puesto a ministerios sin orden sagrado. Por tanto, también los laicos pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores en el servicio a la comunidad eclesial, para el crecimiento y vida de ésta, ejerciendo ministerios diversos según la gracia y los carismas que el Señor quiere concederles (Cfr. EN 73).

805. Los ministerios que pueden conferirse a laicos son aquellos servicios referentes a aspectos realmente importantes de la vida eclesial (v. gr. en el plano de la Palabra, de la Liturgia o de la conducción de la comunidad), ejercidos por laicos con estabilidad y que han sido reconocidos públicamente y confiados por quien tiene la responsabilidad en la Iglesia.

3.3. CRITERIOS PASTORALES

CRITERIOS QUE ORIENTAN AL LAICADO ORGANIZADO EN LA PASTORAL DE CONJUNTO

806. Una renovada pastoral del laicado organizada exige:

a) vitalidad misionera para descubrir con iniciativa y audacia nuevos campos para la acción evangelizadora de la Iglesia;

b) apertura para la coordinación con organizaciones y movimientos, teniendo en cuenta que ninguno de ellos posee la exclusividad de la acción de la Iglesia;

c) canales permanentes y sistemáticos de formación doctrinal y espiritual con actualización de contenidos y pedagogía adecuada.

807. La diversidad de formas organizadas del apostolado seglar exige su presencia y participación en la pastoral de conjunto, tanto por la naturaleza misma de la Iglesia, misterio de comunión de diversos miembros y ministerios, como por la eficacia de la acción pastoral con la participación coordinada de todos.

808. Se requiere la participación del laicado no sólo en la fase de ejecución de la pastoral de conjunto, sino también en la planificación y en los mismos organismos de decisión.

809. Su inserción en la pastoral de conjunto asegurará la necesaria referencia de las formas organizadas de apostolado laical a la pastoral dirigida a las grandes masas del Pueblo de Dios.

810. Las formas organizadas de apostolado laico deben dar a sus miembros ayuda, aliento e iluminación para su compromiso político. Se reconocen, sin embargo, dificultades, a nivel de dirigentes cuando pertenecen a movimientos apostólicos y simultáneamente militan en partidos políticos; dificultades que deberán resolverse con prudencia pastoral teniendo en cuenta el criterio de evitar comprometer su movimiento apostólico con un partido político determinado.

CRITERIOS PASTORALES SOBRE LOS MINISTERIOS

Características de los miembros que pueden recibir los laicos son las siguientes:

811. - No clericalizan; quienes los reciben siguen siendo laicos con su misión fundamental de presencia en el mundo.

812. - Se requiere una vocación o aptitud ratificada por los pastores.

813. - Se orientan a la vida y al crecimiento de la comunidad eclesial, sin perder de vista el servicio que ésta debe prestar en el mundo.

814. - Son variados y diversos de acuerdo con los carismas de quienes son llamados y las necesidades de la comunidad; pero esta diversidad debe coordinar por su relación al ministerio jerárquico.

Conviene evitar los siguientes peligros en el ejercicio de los ministerios:

815. a) La tendencia a la clericalización de los laicos o la de reducir el compromiso laical a aquellos que reciben ministerios, dejando de lado la misión fundamental del laico, que es su inserción en las realidades temporales y en sus responsabilidades familiares.

816. b) No deben promoverse tales ministerios como estímulo puramente individual fuera de un contexto comunitario.

817. c) El ejercicio de ministerios por parte de unos laicos no puede disminuir la participación activa de los demás.

3.4. EVALUACIÓN

818. Para analizar y evaluar la situación actual y las perspectivas del laicado, es necesario, por una parte, detectar la realidad de la presencia activa en los distintos lugares que configuran la dinámica social y, por otra, hacer manifiesta la "calidad" de dicha presencia. Para este fin, se utiliza un marco de referencia que tiene doble dimensión:

819. La primera, que nos permite cuantificar la presencia del laicado, es el crecimiento de los ámbitos funcionales (mundo de la cultura, del trabajo, etc.) frente a los ámbitos territoriales (el barrio, la parroquia, etc.) como consecuencia del proceso de industrialización y urbanización.

820. La segunda nos permite calificar la presencia En este caso, el signo es cómo se comprende la realidad social, el ser y la misión de la Iglesia.

821. - En el espacio de la "vecindad" (parroquia, barrios), la existencia de numerosos laicos y movimientos de laicos.

822. - En el espacio de "apoyo pastoral" (entendido como tal el que reúne los servicios de formación doctrinal del laicado, invitación al compromiso, espiritualidad, etc.) hay una presencia apreciable, pero con deficiencias en los servicios de formación.

823. - En el espacio de "construcción de la sociedad" (obreros, campesinos, empresarios, técnicos, políticos, etc.) la presencia es muy débil; casi total la ausencia en el espacio de creación y difusión cultural (intelectuales, artistas, educadores, estudiantes y comunicadores sociales).

Bajo la segunda dimensión se observa:

824. - La persistencia de laicos y movimientos laicales que no han asumido suficientemente la dimensión social de su compromiso, tanto por aferrarse a sus intereses económicos y de poder, como por una deficiente comprensión y aceptación de la enseñanza social de la Iglesia. Se percibe también otros laicos y movimientos de laicos que por exagerada politización de su compromiso, han vaciado su apostolado de esenciales dimensiones evangelizadoras.

825. - La existencia de movimientos laicos que se distorsionan por una excesiva dependencia de las iniciativas de la jerarquía y también de los que confieren a su autonomía un grado tal, que se desprenden de la comunidad eclesial.

826. Finalmente, resulta de particular gravedad el hecho de un insuficiente esfuerzo en el discernimiento de las causas y condicionamientos de la realidad social y en especial sobre los instrumentos y medios para una transformación de la sociedad. Esto es necesario como iluminación de la acción de los cristianos para evitar, tanto la asimilación acrítica de ideologías como un espiritualismo de evasión. Además, así se hace factible, descubrir caminos para la acción, superada la mera denuncia.

3.5. CONCLUSIONES

827. Hacemos un llamado urgente a los laicos a comprometerse en la misión evangelizadora de la Iglesia, en la que la promoción de la justicia es parte integrante e indispensable y la que más directamente corresponde al quehacer laical, siempre en comunión con los pastores.

828. Exhortamos a una presencia organizada del laicado en los diversos espacios pastorales, lo cual supone la integración y coordinación de los distintos movimientos y servicios dentro de un plan de pastoral orgánica del sector laico.

829. Invitamos a tener en especial consideración al laicado organizado en orden a la acción eclesial, prestándole la adecuada atención pastoral y el debido aprecio de su papel en la pastoral global de la Iglesia.

830. En particular adquiere especial importancia la constitución o dinamización de los departamentos diocesanos y nacionales de laicos o de otros órganos de animación y coordinación. Asimismo urge el fortalecimiento de los organismos latinoamericanos de los movimientos laicos con apoyo a la labor que en este sentido viene realizando el Departamento de laicos del CELAM.

831. Igualmente, hacemos resaltar el importante lugar que pueden ocupar los laicos individualmente convocadas a prestar servicios en instituciones de Iglesia, particularmente las educativas, los organismos de promoción humana y social y las actividades en zonas de misión.

832. Pedimos que se fomenten centros o servicios de formación integral de laicos que pongan adecuado énfasis en una pedagogía activa, complementada por una formación sistemática en los fundamentos de la fe y de la enseñanza social de la Iglesia. Asimismo, consideramos los movimientos organizados como instrumentos de formación con sus proyectos, experiencias, planes de trabajo y evaluaciones.

833. En América Latina, sobre todo en aquellas regiones donde los ministerios jerárquicos no están suficientemente provistos, foméntense bajo la responsabilidad de la Jerarquía también una especial creatividad en el establecimiento de ministerios o servicios que pueden ser ejercidos por laicos, de acuerdo con las necesidades de la evangelización. Especial cuidado debe ponerse en la formación adecuada de los candidatos.

3.6. LA MUJER

Aunque en varias partes del Documento se habla de la mujer, como religiosa, en el hogar, etc., aquí la consideramos en su aporte concreto a la evangelización en el presente y en el futuro de América Latina.

SITUACIÓN

834. A la conocida marginación de la mujer como consecuencia de atavismos culturales (prepotencia del varón, salarios desiguales, educación deficiente, etc.) que se manifiesta en su ausencia casi total de la vida política, económica y cultural, se agregan nuevas formas de marginación en una sociedad consumista y hedonista. Así se llega al extremo de transformarla en objeto de consumo, disfrazando su explotación bajo pretexto de evolución de los tiempos (por la publicidad, el erotismo, la pornografía, etc.).

835. En muchos de nuestros países, sea por la situación económica agobiante, sea por la crisis moral acentuada, la prostitución femenina se ha incrementado.

836. En el sector laboral se comprueba el incumplimiento o la evasión de las leyes que protegen a la mujer. Frente a esta situación, las mujeres no siempre están organizadas para exigir el respeto a sus derechos.

837. En las familias, la mujer se ve recargada además de las tareas domésticas por el trabajo profesional y en no pocos casos debe asumir todas las responsabilidades, por abandono del hogar por parte del varón.

838. También se debe considerar la situación lamentable de las empleadas domésticas, por el maltrato y la explotación que sufren con frecuencia de parte de sus patronos.

839. En la misma Iglesia, a veces se ha dado una insuficiente valorización de la mujer y una escasa participación suya a nivel de las iniciativas pastorales.

840. Sin embargo, deben destacarse, como signos positivos, el lento pero creciente ingreso de la mujer en tareas de la construcción de la sociedad, el resurgimiento de organizaciones femeninas que trabajan por lograr la promoción e incorporación de la mujer en todos los ámbitos.

REFLEXIÓN

IGUALDAD Y DIGNIDAD DE LA MUJER

841. La mujer como el hombre es imagen de Dios. "Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó" (Gén. 1,27). La tarea de dominar el mundo, de continuar con la obra de la creación, de ser con Dios co-creadores, corresponde pues, a la mujer tanto como al hombre.

MISIÓN DE LA MUJER EN LA IGLESIA

842. Ya en el Antiguo Testamento encontramos mujeres que tuvieron papeles relevantes en el Pueblo de Dios, como María la hermana de Moisés, Ana, las profetisas Débora y Juldá (Cfr. 2 Rey, 22,14), Ruth, Judith y otras.

843. En la Iglesia, la mujer participa de los dones de Cristo y difunde su testimonio por la vida de fe y de caridad, como la samaritana (Cfr. Jn. 4); como las mujeres que acompañaron y sirvieron con sus bienes al Señor (Cfr. Lc. 8,2); las mujeres presentes en el Calvario (Cfr. Jn. 19,25); como las mujeres que, enviadas por el Señor mismo anuncian a los Apóstoles que El había resucitado (Cfr. Jn. 20,17); como las mujeres en las primeras comunidades cristianas (Cfr. He. 1,14).

844. Pero, sobre todo, como María en la Anunciación, aceptando incondicionalmente la Palabra de Dios (Cfr. Lc. 1, 26ss.); en la Visitación, sirviendo y anunciando la presencia del Señor (Cfr. Lc. 2, 39-45); en el Magnificat, cantando proféticamente la libertad de los hijos de Dios y el cumplimiento de la promesa (Cfr. Lc. 2, 46ss); en la Natividad, dando a luz al Verbo de Dios y ofreciéndolo a la adoración de todos los que lo buscan, sean sencillos pastores o sabios venidos de tierras lejanas (Cfr. Lc. 2, 1-8); en la huida a Egipto, aceptando las consecuencias de la sospecha y de la persecución de que es objeto el Hijo de Dios (Cfr. Mt. 2, 13-15); ante el comportamiento misterioso y adorable del Señor, guardando todo en su corazón (Cfr. Lc. 2,52); en una presencia atenta a las necesidades de los hombres, provocando el "signo mesiánico", propiciando la fiesta (Cfr. Jn. 2, 1-11); en la cruz, fuerte, fiel y abierta a la acogida maternal universal; en la espera, ardiente con toda la Iglesia, de la plenitud del Espíritu (Cfr. He. 1-2); en la Asunción, celebrada en la Liturgia por la Mujer, símbolo de la Iglesia del Apocalipsis (Cfr. Ap. 12).

845. La mujer con sus aptitudes propias debe contribuir eficazmente a la misión de la Iglesia, participando en organismos de planificación y coordinación pastoral, catequesis (Cfr. MR 49-50), etc. La posibilidad de confiar a las mujeres ministerios no ordenados le abrirá nuevos caminos de participación en la vida y misión de la Iglesia.

846. Subrayamos el papel fundamental de la mujer como madre, defensora de la vida y educadora del hogar.

LA MISIÓN DE LA MUJER EN EL MUNDO (comunión y participación, tarea común).

847. - Las aspiraciones de liberación en nuestros pueblos incorporan la promoción humana de la mujer como auténtico "signo de los tiempos" que se fortalece en la concepción bíblica del señorío del hombre creado "varón y mujer".

848. - La mujer debe estar presente en las realidades temporales, aportando su ser propio de mujer para participar con el hombre en la transformación de la sociedad; el valor del trabajo de la mujer no debe ser solamente satisfacción de necesidades económicas, sino instrumento de personalización y construcción de la nueva sociedad.

CONCLUSIÓN

849. La Iglesia está llamada a contribuir en la promoción humana y cristiana de la mujer ayudándole así a salir de situaciones de marginación en que puede encontrarse y capacitándola para su misión en la comunidad eclesial y en el mundo.

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