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Vicaría      de Pastoral

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Conferencia del Episcopado Latinoamericano. CELAM


4. PASTORAL VOCACIONAL

La Pastoral Vocacional, deber de toda la Iglesia.

Validez de los Seminarios.

4.1. SITUACIÓN

850. ALGUNOS DATOS POSITIVOS

  • Mayor conciencia sobre el problema vocacional y mayor claridad teológica sobre la unidad y diversidad de la vocación cristiana.
  • Se han multiplicado con éxito cursos, encuentros, jornadas, y congresos.
  • Todo ello se ha realizado, la mayor a de las veces, mediante la colaboración entre el clero diocesano, los religiosos, las religiosas y los laicos, en conexión con la pastoral juvenil, los seminarios y las casas de formación.
  • Han sido lugares efectivos de pastoral vocacional, en muchos países, los grupos juveniles apostólicos y las comunidades eclesiales de base.
  • Existen en muchos países, con fruto visible, el plan nacional y el plan diocesano de pastoral vocacional, según la iniciativa de la Sagrada Congregación para la Educación Católica.
  • Hay en los últimos años un sensible aumento de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada aunque todavía insuficiente para las necesidades propias y el deber misionero con otras Iglesias más necesitadas.
  • En los laicos se nota también, en los últimos años, una mayor toma de conciencia de su vocación específica.

851. ALGUNOS DATOS NEGATIVOS

  • Acompañamiento insuficiente a los laicos en el descubrimiento y maduración de su propia vocación cristiana.
  • Influjo negativo del "medio" progresivamente secularista, consumista y erotizado.
  • Múltiples fallas de familia.
  • Marginación grande de las masas.
  • Falta de testimonio por parte de algunos sacerdotes y religiosos.
  • Desinterés e indiferencia de algunos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos por la pastoral vocacional.
  • Desvíos doctrinales.
  • Falta de inserción profunda de la pastoral vocacional en la pastoral familiar y educativa y en la pastoral de conjunto.

4.2. REFLEXIÓN Y CRITERIOS

VOCACIÓN HUMANA, CRISTIANA Y CRISTIANO-ESPECÍFICA

852. Dios llama a todos los hombres y a cada hombre a la fe y, por la fe, a ingresar en el Pueblo de Dios mediante el bautismo. Esta llamada por el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, a que seamos pueblo suyo, es llamada a la COMUNION Y PARTICIPACION en la misión y vida de la Iglesia y, por lo tanto, en la Evangelización del mundo.

853. No todos, sin embargo, somos enviados a servir y evangelizar desde la misma función. Unos lo hacen como ministros jerárquicos, otros como laicos y otros desde la vida consagrada. Todos, complementariamente, construimos el Reino de Dios en la tierra.

854. Todos los cristianos, según el designio divino, debemos realizarnos como hombres (VOCACIÓN HUMANA) y como cristianos, viviendo nuestro bautismo en lo que tiene de llamada a la santidad (comunión y cooperación con Dios), a ser miembros activos de la Comunidad y a dar testimonio del Reino (comunión y cooperación con los demás) (VOCACIÓN CRISTIANA), y debemos descubrir la vocación concreta (laical, de vida consagrada o ministerial jerárquica) que nos permita hacer nuestra aportación específica a la construcción del Reino (VOCACIÓN CRISTIANA ESPECÍFICA). De este modo, cumpliremos, plena y orgánicamente, nuestra misión evangelizadora.

DIVERSIDAD EN LA UNIDAD

855. El ministerio jerárquico (Obispos, Presbíteros y Diáconos) da unidad y autenticidad a todo el servicio eclesial en la gran tarea evangelizadora.

856. La Vida Consagrada, en todas sus modalidades, con mención explícita de la Contemplativa, es en sí misma, por la radicalidad de su testimonio, "un medio privilegiado de evangelización eficaz" (EN 69).

857. El laico con su función especial en el mundo y la sociedad tiene ante sí una ingente tarea evangelizadora en el presente y en futuro de nuestro continente.

858. Por otro lado, el Espíritu Santo está suscitando hoy en la Iglesia diversidad de ministerios, ejercidos también por laicos, capaces de rejuvenecer y reforzar el dinamismo evangelizador de la Iglesia (Cfr. EN 73).

859. Respecto de las vocaciones al sacerdocio y a la Vida Consagrada, en concreto, hacemos nuestras las palabras de Juan Pablo II: "En la mayoría de vuestros países, no obstante un esperanzador despertar de vocaciones, es un grave problema grave y crónico (...). Las vocaciones laicales tan indispensables, no pueden ser una compensación suficiente. Más aún, una de las pruebas del compromiso del laico es la fecundidad de las vocaciones a la vida consagrada" (Discurso inaugural IV, b. AAS LXXI, p. 204). A tal problema debe hacer frente, con optimismo y confianza en Dios, la pastoral vocacional en cada Iglesia local.

DIOS, COMUNIDAD E INDIVIDUO

860. Situarse ministerial y evangelizadoramente en la Iglesia no es algo que dependa únicamente de la iniciativa personal. Es primordialmente llamada gratuita de Dios, vocación divina, que debe percibirse, a través de un discernimiento, escuchando al Espíritu Santo y situándose ante el Padre por Cristo y frente a la Comunidad concreta e histórica a la que hay que servir. Es también fruto y expresión de la vitalidad y madurez de toda la Comunidad eclesial (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural I, 7. AAS LXXI, p. 193).

861. En consecuencia, una pastoral vocacional auténtica que quiera ayudar al hombre en tal proceso, deberá centrarse en la llamada inicial, en su maduración subsiguiente y en la perseverancia, comprometiendo en este servicio a toda la comunidad.

LA ORACIÓN EN LA PASTORAL VOCACIONAL

862 En el complejo problema vocacional es necesario, en todo momento y a todos los niveles, el recurso ininterrumpido a la oración personal y comunitaria. Es Dios quien llama; es Dios quien da eficacia a la evangelización. El mismo Cristo nos dijo: "La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad al Dueño de la mies envíe obreros a su mies" (Lc. 10,2).

PASTORAL VOCACIONAL ENCARNADA Y DIFERENCIADA

863. Porque la pastoral vocacional es una acción evangelizadora y en orden a la evangelización, misión de la Iglesia, debe ser encarnada y diferenciada. Es decir, debe responder desde la fe a los problemas concretos de cada nación y región y reflejar la unidad y variedad de funciones de ese cuerpo diversificado cuya cabeza es Cristo.

864. América Latina, empeñada hoy en superar su situación de subdesarrollo e injusticia (Cfr. Primera Parte) tentada de ideologías anticristianas y codiciada por guías extremistas y centros de poder, necesita de personas conscientes de su dignidad y responsabilidad histórica y de cristianos celosos de su identidad que, de acuerdo con su compromiso, sean constructores de un "mundo más justo, humano y habitable, que no se cierra en sí mismo, sino que se abre a Dios" (Juan Pablo II, Homilía Santo Domingo 3. AAS LXXI, p. 157). Cada uno deber hacer esto desde su puesto y función y todos en comunión y participación. Es el gran reto y servicio de la evangelización presente y futura de nuestro continente y es la gran responsabilidad de nuestra pastoral vocacional. Alabamos ya y respaldamos, sin restricciones, a cuantos trabajan con fe, esperanza y amor en esta línea.

UBICACIÓN DE LA PASTORAL VOCACIONAL Y LUGARES PRIVILEGIADOS

865. El período juvenil es período privilegiado, aunque no único, para la opción vocacional. Por ello, toda Pastoral Juvenil debe ser al mismo tiempo pastoral vocacional. "Hay que reactivar una intensa acción pastoral que, partiendo de la vocación cristiana en general, de una pastoral juvenil entusiasta, dé a la Iglesia los servidores que necesita" (Juan Pablo II, Discurso inaugural IV, b. AAS LXXI, p. 204).

866. La Pastoral Vocacional es dimensión también esencial de la Pastoral Familiar y de la Pastoral Educativa y debe ubicarse prioritariamente en la Pastoral de Conjunto.

867. Son lugares privilegiados de la Pastoral Vocacional la Iglesia particular, la parroquia, las comunidades de base, la familia, los movimientos apostólicos, los grupos y movimientos de juventud, los centros educacionales, la catequesis y las obras de vocaciones.

868. Debe prestarse igualmente especial atención a aquellos que en edad adulta perciben la llamada del Señor para una vocación cristiana específica.

4.3. SEMINARIOS

869. En la mayoría de nuestras Iglesias se ve la necesidad de asegurar una sólida formación humano-cristiana y una especial formación religiosa (OT 3) previa al Seminario Mayor.

870. El Seminario Menor, profundamente renovado, debe tratar de responder a esta necesidad y efectivamente ha sido ya en algunos lugares, una respuesta positiva a a tal problemática; en otros sitios son los centros de capacitación para el Seminario Mayor o las iniciativas afines.

871. Se debe buscar una constante en todos ellos: que los jóvenes no pierden el contacto con la realidad ni se desarraiguen de su contexto social. Cabe notar que todas estas fórmulas son parte integral de la Pastoral Vocacional Juvenil, por lo cual deben estar muy vinculadas a la familia y llevar al joven a un compromiso adecuado a su edad.

872. Finalmente, todo esto debe dar como resultado que el joven adquiera una espiritualidad sólida y haga una opción libre y madura.

873. El proceso de maduración y formación de la vocación presbiteral encuentra su ambiente más propicio en el "Seminario Mayor" o "Casa de formación", declarado por el Concilio Vaticano II como necesario para la formación sacerdotal (Cfr. OT 4).

874. En relación con los Seminarios, se descubre en América Latina un fuerte espíritu de renovación que representa una esperanza y una respuesta a la problemática de la formación. Se requieren, sin embargo, otras fórmulas que logren la formación de los seminaristas, no a manera de formas paralelas, sino de experiencias realizadas con aprobación de la Conferencia Episcopal para situaciones especiales y de acuerdo con la Santa Sede (Cfr. Circular de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, 16/7/1976).

875. El Seminario Mayor, inserto en la vida de la Iglesia y del mundo, de acuerdo con las normas y orientaciones precisas de la Santa Sede, tiene como objetivo el acompañar el pleno desarrollo de la personalidad, humana, espiritual y pastoral, es decir, integral de los futuros pastores. Estos con una fuerte experiencia de Dios y una clara visión de la realidad en que se encuentra América Latina, en íntima comunión con su Obispo, Maestro de la verdad y con los otros presbíteros, han de ser los que evangelicen, animen y coordinen los diferentes carismas del pueblo de Dios en Orden a la construcción del Reino (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural passim). La formación de pastores debe ser preocupación constante que oriente los estudios y la vida espiritual. Las actividades pastorales deben ser revisadas a la luz de la fe y con el adecuado asesoramiento de sus formadores.

876. El seminarista guiado por una buena dirección espiritual, adquirirá la experiencia de Dios viviendo constantemente la comunión con El en la oración y la Eucaristía y en una devoción sólida y filial a la Virgen María.

877. En los estudios, es necesario atender a una profunda formación doctrinal, de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia y con una adecuada visión de la realidad.

878. En los Seminarios, se deberá insistir en la austeridad, la disciplina, la responsabilidad y el espíritu de pobreza, en un clima de auténtica vida comunitaria. Se formará responsablemente a los futuros sacerdotes para el celibato. Todo ello lo exige la renuncia y entrega que se pide al presbítero.

879. Queremos acentuar el valor de los centros de formación en común para el clero diocesano y religioso de acuerdo con las normas de la Santa Sede (Cfr. Norma directiva 31) por el sentido comunitario que representan y como recurso para la integración en la pastoral de conjunto.

880. Al lamentar la falta de formadores, es nuestro deber manifestar reconocimiento y dar voz de aliento a cuantos trabajan en la formación de los futuros sacerdotes.

4.4. OPCIONES Y LÍNEAS DE ACCIÓN

881. Hay que impulsar, coordinar y ayudar la promoción y maduración de todas las vocaciones, especialmente de las sacerdotales y la vida consagrada, dando a esta tarea prioridad efectiva.

882. Hay que fomentar las campañas de oración a fin de que el pueblo tome conciencia de las necesidades existentes. La vocación es la respuesta de Dios providente a la comunidad orante.

883. Es necesario acompañar a todos los que sienten la llamada del Señor en el proceso de discernimiento y ayudarles a cultivar las disposiciones básicas para la maduración vocacional.

884. Toda pastoral vocacional debe estar encarnada en el actual momento histórico de América Latina y debe ser diferenciada, es decir, reflejar y promover la diversidad de vocaciones en la unidad de la misión y del servicio evangelizador.

885. Hay que dar a la pastoral vocacional el puesto prioritario que tiene en la pastoral de conjunto y más en concreto en la pastoral juvenil y familiar.

886. Hay que promover con particular empeño las vocaciones entre el campesinado, el mundo obrero y los grupos étnicos marginados y planificar su formación posterior que sea adecuada (Cfr. Circular de la Sagrada Congregación para la Educación Católica, 16/7/1976).

887. Al mismo tiempo hay que promover más intensamente las vocaciones presbiterales y de vida consagrada en las ciudades, en medios profesionales, universitarios, etc.

888. Es necesario llevar a la práctica con fidelidad las normas y orientaciones de la Santa Sede y de las Conferencias Episcopales respecto de los Seminarios. Estas, con las necesarias adecuaciones, han de ser observadas también por las Comunidades Religiosas en la formación de sus Presbíteros.

889. Hay que capacitar personal para dedicarlo de tiempo completo a la pastoral vocacional y señalarle que su misión principal es la de animar en este sentido toda la pastoral.

890. Hay que crear Institutos de perfeccionamiento para formadores de sacerdotes a nivel local y continental y aprovechar los Institutos internacionales de Europa, especialmente los de Roma.

891. Hay que despertar, promover y orientar vocaciones misioneras pensando ya en Centros o Seminarios especializados con esta finalidad.

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