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Vicaría      de Pastoral

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1
EL DESAFÍO DE UNA CONCIENCIA SOCIAL
DESLIGADA DE LA FE

...estamos llamados a asumir una actitud
de permanente conversión pastoral,
que implica escuchar con atención
y discernir
"lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias" (Ap 2, 29)
a través de los signos de los tiempos
en los que Dios se manifiesta
(DA n. 366).

Desde el ambiente eclesial es común que se descalifique a quienes se expresan críticamente de la Iglesia y su tarea. Cuando eso pasa se está renunciando de antemano al diálogo con quienes tienen una visión diferente del mundo, de la sociedad y de la fe. Una Iglesia misionera no puede deslindarse de ese reto. Su respuesta ha de ser afrontarlo.

Hay que aceptar que las condiciones sociales han cambiado. No sirve refugiarse en la negación de lo exterior y reafirmar un proceder que parece comprender la evangelización como preocupación sólo por la doctrina, la disciplina o la moral. Es inútil levantar las barricadas en "defensa" de la Iglesia, entendiendo la misión como una guerra santa.

Las preguntas que nos hace el Espíritu en nuestros hermanos bautizados que se alejan de la Iglesia, en la voz de los críticos e indiferentes son: ¿Qué tan capaces somos de comprender a quienes están alejados? ¿Descubrir los valores que los mueven y motivan y que son semillas del Verbo sembradas en nuestro tiempo? ¿Somos capaces de salir a buscar la oveja perdida? ¿Somos capaces de ser discípulos? ¿De madurar como misioneros? ¿Somos signos creíbles por nuestra fraternidad y caridad?

Y es que tenemos enfrente un gran desafío que nos pide actitudes evangélicas y abandonar la tentación apologética a ultranza.

Observemos cómo entre las nuevas generaciones que están lejanas de la fe suelen valorarse más los caminos que las respuestas; más el creer que en lo que se cree; más el descubrir por uno mismo que la mera transmisión de contenidos. Se pide encontrar a Dios en lo profano de la vida cotidiana, un Dios que responda a las inquietudes más profundas, un Dios cercano, de justicia y de amor.

No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva (Benedicto XVI, Encíclica "Dios es amor", n. 1).

Debemos dar el paso de maduración para colocarnos en esa clave de reflexión.

1.1. ABANDONO DE LA FE Y DE LA IGLESIA

La conversión pastoral nos llama a una gran comprensión con las personas que se han alejado de la Iglesia (cfr. DA 225) e incluso experimentan pérdida de su fe. Entre más se profundiza en la necesidad de renovación pastoral menos espacio hay para juzgar. Va creciendo la conciencia de que nunca es tarde para reencontrarse con Jesucristo. Para ser instrumento de esa posibilidad debemos revisar si estamos dispuestos a mantener nuestra puerta siempre abierta para todos.

1.2. FE INFANTIL QUE HA QUEDADO CORTA

Una de las grandes limitaciones de nuestra vida eclesial es la deficiente educación en la fe de las comunidades cristianas. Más que procesos de maduración del don recibido, hemos circunscrito nuestro objetivo a mantener una atención pastoral que mide su eficacia en lo cuantitativo: cuántos bautismos realizados, cuántas confirmaciones administradas, cuántas primeras comuniones celebradas, cuántos matrimonios... Números que hacen olvidar las consecuencias de un proceder pastoral que se conforma con el corto plazo, quizá porque nunca aprendió otro camino. Miles y miles de creyentes que han recibido los sacramentos pero que no han podido personalizar su fe ni la han descubierto como el tesoro de su vida.

No deja de ser sorprendente cuánto tiempo se lleva hablando de esta situación y sin embargo, como si nada pasara, mantenemos inalterable el esquema pseudoevangelizador de catequesis presacramental y administración de los sacramentos, e incluso nos esforzamos por perfeccionarlo en sus detalles.

Mientras tanto, todos estos creyentes se debaten en el limbo de una fe inmadura que navega sin rumbo claro en el mar de las creencias, del sincretismo y la superstición, y, muchas veces se convierten en consumidores acríticos de ese mercado.

1.3. DUREZA DE LA VIDA QUE HA DEJADO HERIDAS DOLOROSAS

La reacción ante los golpes de la vida puede ser ya no creer en nada. Lo vivido ha impactado fuertemente el interior, logrando que un ambiente de incertidumbre endurezca las actitudes personales y no se está dispuesto a abrir la puerta. Es difícil encontrar la comprensión de un amigo porque sentimos que nadie ha vivido lo mismo que nosotros. Instintivamente el corazón se cierra porque no quiere recibir más daño.

1.4. DECEPCIONADOS POR LA IGLESIA, AÚN POR SU JERARQUÍA

La voz y la presencia de la Iglesia decepcionan. Aparece con actitudes anacrónicas, poco tolerantes y prepotentes, tan lejos del Evangelio en tantas cosas. ¿Cómo sentirse parte de una Iglesia que parece estar más pendiente de ella misma que del Reino de Dios? No hay ánimo para acercarse y menos para sentirse parte de ella. Es necesario que por algún lado aparezca un rostro diferente que transparente evangelio. Sólo así se podrá pasar del rechazo al descubrimiento del Espíritu presente en el seno de la comunidad de los creyentes.

1.5. FE REPRIMIDA EN MEDIO DE LA PRESIÓN SOCIAL

El ambiente social que se respira puede ser un factor que induce a dejarse llevar por lo que todos hacen. Se acallan los interrogantes y anhelos que se llevan dentro y se pasa a engrosar el número de los no practicantes. Hará falta proporcionar el incentivo para salir de la pasividad de ir con la corriente.

1.6. DESORIENTADOS, SIN META NI CAMINO

Es una gran multitud que va como ovejas sin pastor. Caminar desorientado siempre tiene el riesgo de provocar un alejamiento mayor, no sólo de la fe, sino de sí mismo. Esta experiencia suele llevar de la mano una gran soledad interior. Los testigos de una fe comprome­tida pasan a ser verdaderas señales en el camino que pueden reorientar los pasos hacia el Camino.


Separación entre fe y cultura

Lejanos de la fe

Ya no sé si creo o en qué creo

Lejanos de la Iglesia

Creo en Dios
pero no en la Iglesia

Con una fe inmadura

No sé dar razón de mi fe

Afectados por la dureza
de la vida

Dios no se interesa
por nosotros

Decepcionados por antitestimonios

Yo por eso me alejé

Siguiendo la corriente social

No me complico

Desorientados

No sé qué quiero
ni a dónde voy

Análisis de los modelos culturales
en los que está inmerso el contenido evangelizador
y cómo son recibidos por la cultura de hoy


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