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ITINERARIO DE LA MISIÓN:
ETAPAS SUGERIDAS PARA SU REALIZACIÓN


Es breve la explicación del itinerario de la Misión en nuestro folleto anterior31. Por eso, deseamos profundizar esta propuesta, siempre a modo de sugerencia.

La misión puede tener cuatro etapas básicas que se proyectan al futuro en una misión permanente. Éstas estarán precedidas por un tiempo de preparación o sensibilización, dedicado a acoger y profundizar el mensaje de Aparecida.

Aunque preferimos hablar de etapas más que de años, éstas también se pueden realizar de manera más cronológica, pero cuidando que las iniciativas más valiosas se prolonguen en el tiempo para que nos ponga en misión permanente. Así por ejemplo:

a. Un tiempo de preparación y sensibilización de agen­tes pastorales.

b. Una etapa destinada a la formación y al reencantamiento de los agentes pastorales y evangelizadores (año 2009 y siguientes);

c. Una etapa para profundizar la experiencia cristiana con grupos prioritarios en la pastoral de la Iglesia (año 2010 y siguientes);

d. Una etapa destinada a las misiones sectoriales o ambientales (año 2011 y siguientes);

e. Una etapa dedicada a la Misión territorial (año 2012 y siguientes).

Los misioneros que se vayan formando en cada etapa se deberían sumar a las etapas sucesivas de la misión. Por otra parte, mientras se vive una etapa se debe ir preparando la siguiente. Insistimos en que no hay fechas de término sino procesos que maduran en el tiempo, como quien encuentra una veta y la sigue hasta agotarla. Así por ejemplo, la renovación de los agentes pastorales tiene un comienzo en 2009 pero una proyección ilimitada como todo proceso de conversión a la santidad. O bien, la Lectio divina: se enfatiza en los primeros tiempos, en el marco del Sínodo de la Palabra, y hay que cultivarla sin tiempo deseando que madure en nosotros esa forma de encontrarnos con el Señor y sus caminos.

6.1. TIEMPO DE PREPARACIÓN Y SENSIBILIZACIÓN DE AGENTES PASTORALES

Este tiempo de preparación comenzó con el envío misionero realizado en Quito, el 17 de agosto de 2008 y, en cada país, en las fechas elegidas por las Conferen­cias Episcopales. Éste tiene por objeto:

a. difundir, conocer, profundizar y familiarizarse con el Documento de Aparecida;

b. despertar en todos nosotros el anhelo de encontrarnos más profundamente con el Señor;

c. difundir el tríptico del Cristo del envío con su correspondiente catequesis;

d. aprovechar los materiales publicados tanto en el CELAM —Colección “A la luz de Aparecida”— como en otras diócesis y Conferencias Episcopales;

e. celebrar encuentros diocesanos para interiorizarnos de la Misión Continental y planificar en conjunto lo que queremos realizar;

f. formar Comisiones diocesanas y una Comisión Nacional, para promover y acompañar la Misión Continental.

6.2. MISIÓN CON AGENTES PASTORALES Y EVANGELIZADORES

Se trata de convocar a todas las personas responsables de la pastoral (sacerdotes, religiosas, diáconos permanentes, laicos), dando el primer paso de la Misión Continental para vivir a fondo la experiencia de un encuentro personal con el Señor que se proyecte en un discipulado misionero.

Es una etapa destinada a una formación y renovación profundas de nuestra vida cristiana inspirados por la figura de Van Pablo (año paulino) y por los resultados del Sínodo de la Palabra. Es deseable que esta experiencia se de, en consecuencia, en torno a la Lectio divina.

El objetivo de esta etapa es que los pastores, los diáconos permanentes, los consagrados y las consagradas, los que ejercen servicios confiados a los laicos, los consejos pastorales de las Parroquias y la dirigencia de los movimientos seamos los primeros en asumir este camino del discipulado misionero y en profundizar nuestra conversión personal y pastoral.

No es, por lo tanto, en primer lugar, una etapa “para los demás” sino que nos incumbe a todos en la misma proporción de nuestras responsabilidades pastorales: a mayor responsabilidad mayor necesidad de renovación espiritual. Es una etapa clave para el desarrollo posterior de la Misión Continental, un paso esencial para tener una Iglesia efectivamente misionera.

A la vez, como en todas las etapas, es conveniente que haya una actividad misionera más masiva para evitar la tentación de encerrarnos en nuestra renovación espiritual, ya que seguimos siendo pastores y responsables de la pastoral. Por otra parte, la gente escucha hablar de “Misión Continental” y es importante que ésta llegue a su casa personalmente antes que por los medios de comunicación.

6.2.1. Para esta etapa se propone:

a. Dar prioridad al reencantamiento y conversión de los que tenemos responsabilidades pastorales, obispo incluido. Se comienza en esta etapa y se continúa en las siguientes:

  • Dar mayor énfasis a la Lectio Divina, para fundamentar el discipulado misionero, en el espíritu del año paulino y en continuidad con el Sínodo de la Palabra;

  • Realizar jornadas, retiros y encuentros eclesiales, es decir, que no sean sólo de sacerdotes, sólo de religiosos, sólo de laicos, para profundizar en conjunto nuestra vocación discipular y misionera.

  • Dar importancia al acompañamiento personal de cada una de estas personas;

b. Visita casa a casa. Proponerse visitar y bendecir a las casas y las familias, dejando en los hogares el tríptico del Cristo del Envío o simplemente la oración de la Misión. Es un signo que habla de “salir”, de visitar a los “alejados”, de dar a conocer la Misión Continental y de ser un pequeño gesto misionero que no debe faltar en cada etapa de la Misión.

c. Profundizar en la Pastoral ordinaria los “lugares” de encuentro (cf. DA 246-265) con el Señor. Es importante considerar estos “lugares” de encuentro como lo que son, es decir, como el itinerario de fe del encuentro con el Señor. Esta íntima relación hay que elaborarla para que “los lugares de encuentro” no aparezcan como experiencias aisladas.

d. Vivir este proceso discipular y misionero en la Escuela de María (DA 266-272), y con especial énfasis en las fiestas de la Encarnación, la Ascensión, Pentecostés, la Virgen de Aparecida, la Inmaculada Concepción, nuestra Señora de Guadalupe.

e. Elaborar itinerarios de iniciación cristiana de adultos y de renovación de la Catequesis familiar de la iniciación a la Vida eucarística con toda la riqueza que ello implica.

f. Darle la debida importancia a la preparación de las celebraciones de Bautismos, Confirmaciones y Matrimonios, en las que suelen participar muchas personas que habitualmente no lo hacen, a fin de que sean momentos acogedores, gratos, participativos y de anuncio explícito de la Buena Noticia del amor de Dios por Jesucristo su Hijo en el Espíritu.

6.2.2. Preparación de los misioneros para las etapas siguientes

a. Considerar la formación de discípulos misioneros como el eje de apoyo del plan pastoral diocesano, teniendo como prioridad la formación y participación de más bautizados laicos. Hay que dar especial atención a la formación permanente de los Ministros ordenados y mantener apertura, intercambio y esfuerzo de integración con los agentes de Vida Consagrada para que participen plenamente en la vida diocesana.

b. Hacer un programa de contenidos que desarrollen la espiritualidad misionera para utilizarlo en las reuniones ordinarias de los distintos agentes evangelizadores.

c. Preparar encuentros por grupos de agentes (ministros ordenados, religiosos, religiosas y laicos) para que, a la luz de la Palabra de Dios, se revise la forma en que están viviendo la propia vocación bautismal y el envío que hemos recibido.

d. Programar encuentros eclesiales, convocando a los diferentes carismas presentes en la Iglesia local, para reflexionar sobre la comunidad que debemos construir para responder a la misión que hemos recibido de Jesús: qué Iglesia somos y qué Iglesia nos pide el Espíritu ser.

e. Reorientar y fortalecer el trabajo de la pastoral vocacional, con la finalidad que en los distintos ámbitos pastorales exista una orientación clara para apoyar el desarrollo de la vocación cristiana de todos los bautizados.

f. A partir del capítulo sexto del Documento de Aparecida, que las instancias encargadas de la formación de los distintos agentes revisen el itinerario y los contenidos de formación que están ofreciendo, con la finalidad de renovarlos y hacerlos compatibles con un plan de pastoral misionera.

g. De manera especial, cuidar la formación de los discípulos misioneros en los dos primeros momentos del proceso evangelizador: el momento misionero, sobre todo en las diversas modalidades para proclamar el primer anuncio o kerigma; y también, en el momento catequético, en especial, la iniciación o la reiniciación cristiana, según sea el caso.

h. Elaborar los subsidios que se consideren necesarios para acompañar el itinerario de formación de los bautizados, primero como discípulos y luego como misioneros de Jesucristo.

i. Que la organización diocesana, decanal y parroquial prepare y capacite nuevos cuadros de laicos formadores de otros laicos para los distintos momentos del proceso evangelizador.

j. Elaborar el programa de formación permanente del clero en consonancia con la Misión Continental.

k. Organizar los encuentros necesarios con los Religiosos y Religiosas que se incorporen a la Diócesis, para compartirles el proceso pastoral.

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