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Vicaría      de Pastoral

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6.3. MISIÓN CON GRUPOS PRIORITARIOS: AÑO DEL BICENTENARIO

Es posible que en varios países esta etapa coincida con el Año del Bicentenario, además coincide con el Año Sacerdotal. En ese caso habrá que proponer algunas acciones misioneras, suficientemente potentes, para que ocupen su lugar en un año que estará jalonado por muchas y diversas iniciativas.

La tarea de un bicentenario, desde una perspectiva eclesial, es reforzar en cada uno de nuestros países la dignidad de reconocernos como una familia, lo cual implica una experiencia singular de proximidad, fraternidad y solidaridad. No somos un mero país, apenas un hecho geográfico o una suma de pueblos y de etnias que se yuxtaponen. Uno y plural, cada país es la casa común, la gran patria de hermanas y hermanos32.

También debemos esforzarnos por el encuentro, la comunión y la reconciliación de nuestros pueblos, los cuales tienen una definida vocación a la integración latinoamericana.

En la nueva situación cultural afirmamos que el proyecto del Reino está presente y es posible, y por ello aspiramos a una América Latina y Caribeña unida, reconciliada e integrada. Esta casa común está habitada por un complejo mestizaje y una pluralidad étnica y cultural, “en el que el Evangelio se ha transformado (...) en el elemento clave de una síntesis dinámica que, con matices diversos según las naciones, expresa de todas formas la identidad de los pueblos latinoamericanos”33 (DA 520).

Por lo mismo, se presta para que sea una etapa en que podemos destacar el encuentro con Jesucristo, el Señor de la Historia, que se nos ofrece especialmente en la Palabra de Vida y en la Eucaristía.

Un objetivo de este tiempo de misión será profundizar la experiencia del Señor con grupos prioritarios para cada diócesis o para el país.

Entendemos por ‘grupos prioritarios’, aquellos grupos de agentes pastorales y/o de laicos comprometidos que trabajan en áreas de especial relevancia en la obra evangelizadora. Por ejemplo, profesores de religión, catequistas, periodistas católicos, agentes de pastoral juvenil etc.

Grupos prioritarios pueden ser también ambientes que interesan de manera especial a la Iglesia, para despertar en sus actores el anhelo del encuentro con Cristo, para poner a sus instituciones en estado de misión permanente. Así quisiéramos ofrecer al país un testimonio de lo que la Iglesia ha hecho a lo largo de estos doscientos años, lo que realiza actualmente y lo que hará en esos campos, como la educación, solidaridad, pastoral rural, servicio público, etc… Esto es especialmente importante en tiempos en que algunos quisieran escribir la histo­ria prescindiendo de la Iglesia.

Para esta etapa se propone:

  • Impulsar la vida y el compromiso de fe de todos los bautizados comprometidos en algún servicio pastoral.

  • Fortalecer la pastoral de conjunto entre los agentes evangelizadores de las distintas áreas de servicio.

  • Preparar un programa de renovación misionera dirigido a los agentes de pastoral integrados en alguna área de pastoral (profética, litúrgica y sociocaritativa) o en algún servicio ambiental (por ejemplo: pastoral educativa, penitenciaria, de la tercera edad, etc.), para que estos agentes de evangelización puedan ser los animadores de la Misión Continental en sus ámbitos de servicio.

  • Programar reuniones de coordinación y evaluación para que se acuerden acciones conjuntas de pastoral y se revise su resultado. De tal manera que la acción eclesial de anuncio no quede desvinculada de lo celebrativo festivo y, ambas estén unidas al testimonio de caridad.

  • Que sea una etapa dedicada al día del Señor, lugar de encuentro con Cristo y fortalecimiento de la comunidad:

    • Catequizar sobre el sentido del Domingo;

    • Dar especial importancia a las fiestas eucarísticas: Jueves Santo, Corpus Christi…

    • Breves catequesis sobre la Eucaristía y sus partes, al comenzar la Misa dominical;

    • Mejoramiento y renovación de las celebraciones eucarísticas, del ministerio de los enfermos e impedidos, y de aquellas celebraciones sin sacerdote;

    • Catequizar también la Eucaristía como “proyecto de solidaridad34 y su necesaria proyección social;

  • Dar especial importancia a la pastoral familiar (grupo prioritario) para fortalecer el núcleo básico de la sociedad. El rostro sufriente de Cristo podemos encontrarlo en las familias monoparentales, las que están trizadas y separadas, las uniones matrimoniales de cristianos divorciados, etc., que merecen un especial cuidado de nuestra parte;

  • Visita casa a casa: para invitar a la Eucaristía dominical, y para promover la bendición de los alimentos en las comidas, dando especial atención a enfermos e impedidos.

  • Asumir desde una perspectiva evangelizadora y misionera las otras actividades que se planifiquen en la Iglesia local;

  • Seguir con las prioridades de la etapa anterior (misión permanente…) y formar misioneros para la que viene;

6.4. MISIÓN SECTORIAL O AMBIENTAL

Cuando hablamos de Misiones sectoriales o ambien­tales, hacemos referencia a sectores de la sociedad, no ligados a un territorio en que, por su condición, relevancia social u otra razón válida, se estime pertinente hacer presente en ellos la labor evangelizadora de la Iglesia. Por ejemplo: los jóvenes, los educadores y el mundo de la educación, los trabajadores de la salud, el mundo carcelario, los dirigentes sociales, políticos, empresarios, comunicadores sociales, organizaciones medioambientales etc. O tal vez, un sector más amplio formado por un conjunto de actores sociales ligados a un tema relevante, como podría ser la familia, la droga­dicción, o la equidad social.

Esta forma de evangelizar responde a lo que la Iglesia ha venido madurando desde Gaudium et Spes, reconociendo las semillas del Verbo en la actividad humana, en el trabajo y ejercicio de las profesiones, en la transformación de la sociedad, en la política, la empresa, etc.

Se debería tener presente en esta etapa lo que Apare­cida propone para el anuncio de Cristo, como Señor de la Vida (integral - DA 353-364) y lo que nos enseña sobre la promoción humana (también integral).

Para esta etapa se propone:

  • Clarificar cuáles ambientes culturales son prioritarios para la tarea evangelizadora y discernir a nivel diocesano, y en algunos casos a nivel nacional, cuáles son las misiones sectoriales en que debemos concentrarnos, para no perdernos en un sin fin de actividades, por ejemplo: los jóvenes (en perspectiva del Encuentro Mundial de Jóvenes en Madrid en el año 2011); los Comunicadores Sociales; empresarios y trabajadores, etc;

  • Preparar discípulos misioneros que puedan hacer una presencia específica en los ambientes más alejados del Evangelio.

  • Convocar reuniones por ambientes específicos, donde se confronte con líderes de esos sectores el itinerario de presencia misionera que se puede llevar a cabo.

  • En la preparación de la Misión territorial:

    • hacer mapa humano y el mapa institucional de cada Parroquia, y poner al día los datos del censo,

    • Definir el itinerario de formación para los agentes específicos y formar a los misioneros y visitadores en el sentido de la misión;

    • los jóvenes pueden preparar una página web o blog de cada parroquia y animar estas plataformas de servicio a la comunidad.

  • Visita casa a casa: para buscar nuevos misioneros como también nuevos apóstoles en el mundo y en el corazón de la Iglesia;

  • Continuar dando importancia al acompañamiento de quienes tienen responsabilidades pastorales, a la Lectio Divina y a la pastoral del Domingo y la participación del Domingo (misión permanente).

6.5. MISIÓN TERRITORIAL: ACTIVIDADES DE LA MISIÓN

La misión territorial supone haber trabajado la pastoral parroquial para tener parroquias acogedoras, participativas, misioneras, solidarias, en que no se centre la actividad en la sede parroquial sino en los barrios y en los mismos hogares de los parroquianos. ¡Hay que salir!

La alegría de ser discípulos y misioneros se percibe de manera especial donde hacemos comu­nidad fraterna. Estamos llamados a ser Iglesia de brazos abiertos, que sabe acoger y valorar a cada uno de sus miembros. Por eso, alentamos los esfuerzos que se hacen en las parroquias para ser “casa y escuela de comunión”, animando y formando pequeñas comunidades y comunidades eclesiales de base, así como también en las asociaciones de laicos, movimientos eclesiales y nuevas comunidades. Nos proponemos reforzar nuestra presencia y cercanía (Mensaje final n. 33).

La misión parroquial debiese dar énfasis a los rasgos constitutivos de la Iglesia: la Palabra, la Santificación (especialmente Perdón y Eucaristía), la Caridad (solidaridad) y la Comunidad.

Hay que estar atentos al estudio cuidadoso y a la puesta en práctica de la Exhortación postsinodal sobre la Palabra de Dios. Por ello, proponemos una misión territorial basada fundamentalmente en la Lectio Divina que nos lleve a la Eucaristía y a la Caridad, por ejemplo, con el siguiente desarrollo:

El comienzo de año, incluido el tiempo de Cuaresma, se dedica a la formación de los misioneros en los textos bíblicos fundamentales que expresan las tres dimensiones esenciales de la Iglesia: la Palabra (el Sembrador), la Santificación (Emaús), la Caridad (el Buen Samaritano)… Además de las visitas domiciliarias y la organización de grupos de Lectio, germen de nuevas comunidades, se propondrán actividades litúrgicas y pastorales correspondientes a cada uno de ellos.

Para esta etapa proponemos lo siguiente:

a. Realizar un análisis pastoral para poder sectorizar territorial y ambientalmente la acción parroquial.

b. De acuerdo al proyecto de la Misión Continental, integrar equipos misioneros en cada parroquia, como animadores y formadores de otros discípulos misioneros.

c. Elaborar el itinerario de la misión de acuerdo a la realidad de la parroquia. Las acciones misioneras en los sectores territoriales y ambientales se extenderán en la medida en que se cuente con más misioneros.

d. Formar misioneros capaces de hacer la Lectio y dirigir la Lectio, especialmente, con los textos bíblicos elegidos.

e. En seguida, se prepara un primer tiempo de misión que puede comenzar en Pascua de Resurrección y que está dedicado a las personas que habitualmente participan en la Misa dominical y en la vida parroquial, con el texto de Emaús, reconociendo al Señor en la fracción del pan. Esto es coherente con todo el ciclo pascual y con la presencia de María, mujer eucarística.

f. Un segundo tiempo de la misión se puede realizar a partir de Pentecostés y consiste en salir a compartir la experiencia del Señor y anunciar el Evangelio en todos los lugares públicos de cada diócesis y parro­quia, animados por el texto del Sembrador. Es decir, dar a conocer cómo el Señor realiza hoy la siembra de su presencia en el corazón de las personas. Lo hacemos junto a la Virgen María, “memoria de la Iglesia” que ha encarnado la Palabra en su corazón, en su vientre y en sus obras.

g. El tercer tiempo se realiza hacia el mes de septiembre, centrado en la parábola del Buen Samaritano que da vida a todos los dolientes, para llegar a tener una Iglesia y un país samaritanos. Lo hacemos junto a la Virgen María mujer atenta y servicial, maestra de un discipulado misionero y solidario, Madre de su Hijo y de sus hijos, especialmente junto a la Cruz.

h. La visita domiciliaria tiene por objeto formar grupos de Lectio, comunidades cristianas de discípulos misioneros, etc.

i. Es importante también que nuestra presencia pública, ojalá en la calle, pueda hacer frente a temas cotidianos amenazantes como el consumo de drogas, la violencia intrafamiliar y social, la delincuencia, etc.

j. Junto a los hogares hay que visitar absolutamente todos los lugares en que la gente trabaje en el sector: empresas, oficinas, cuarteles, negocios, almacenes, etc. Y realizar actividades coloridas y de convocación en las plazas y esquinas más connotadas del sector, poniendo afiches, pintando murales, y aprovechando otras formas de expresión artística callejera y popular.

k. El rostro sufriente de Cristo que podemos destacar durante el año es el rostro de los migrantes, los desplazados, los enfermos, los encarcelados o los tóxicodependientes, por ser realidades que afectan siempre el núcleo de sus familias. Como parte de la acción misionera se preparen signos de solidaridad caritativa con los más necesitados de la parroquia.

l. No hay que olvidar en esta etapa darle especial atención a la juventud. Con creatividad, se debe preparar el anuncio kerigmático dirigido a los jóvenes y darle continuidad mediante encuentros sucesivos.

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