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Documento No hay democracia verdadera y estable sin participación ciudadana y justicia social en PDF

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Vicaría      de Pastoral

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Que en Cristo Nuestra Paz, México tenga vida digna. CEM


4. CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ

4.1 Impulsar el desarrollo humano integral

217. En medio de la situación de inseguridad y violencia que venimos considerando y al contemplar el panorama de millones de mexicanos que se han empobrecido, nos preguntamos: ¿puede existir la paz cuando hay hombres, mujeres y niños que no pueden vivir según las exigencias de la plena dignidad humana? ¿Puede existir una paz duradera en un mundo donde imperan relaciones —sociales, económicas y políticas— inequitativas, que favorecen a un grupo a costa de otro?¿Puede establecerse una paz genuina sin el reconocimiento efectivo de la sublime verdad de que todos somos iguales en dignidad, porque todos hemos sido creados a imagen de Dios, que es nuestro Padre?173

218. La Doctrina Social de la Iglesia señala con claridad que la pobreza se superará sólo mediante las acciones que sigan una justa concepción del desarrollo humano integral y con una decidida voluntad de actuar en todos los planos de la vida social para lograrlo.

Nos comprometemos a:

a) Invitar a los legisladores y a la ciudadanía responsable a impulsar un marco jurídico eficaz para la economía, con incentivos para crear instituciones eficientes y participativas y ayudas para promover una cultura de la legalidad174. La autoridad pública no debe abdicar de la dirección superior del proceso económico para movilizar las fuerzas de la nación, para sanar ciertas deficiencias características de las economías en desarrollo y de su responsabilidad final con vistas al bien común de la sociedad entera175. No se debe perder de vista que separar la gestión económica, a la que corresponde producir riqueza, de la acción política, que tiene la tarea de la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios176. Por otra parte, debe asegurarse que por ningún motivo se pretenda corregir la pobreza a través de soluciones que privilegien medios que atenten contra los derechos humanos177.

b) Promover el estudio de la enseñanza social de la Iglesia sobre el desarrollo humano integral. Particularmente, el estudio de la encíclica Caritas in veritate, sobre el desarrollo humano integral, publicada por Su Santidad Benedicto XVI para conmemorar el 40º aniversario de la encíclica Populorum progressio de Pablo VI.

c) Desarrollar iniciativas que coadyuven a la atención de la grave situación de desempleo y subempleo. Toca a las instancias públicas y a la sociedad responsable desarrollar e implementar políticas de reducción del desempleo y la creación de nuevas fuentes de trabajo a las que se debe dar una prioridad indiscutible. El desempleo y el subempleo deterioran en las personas la conciencia de su dignidad humana. En un esfuerzo conjunto, sociedad y gobierno, debemos asegurar a toda persona el acceso al derecho deber fundamental de trabajar. El trabajo estable y justamente remunerado es la solución al círculo vicioso de la pobreza178.

d) Colaborar con las instancias de servicio público correspondientes y con la sociedad civil responsable en la atención a la emergencia nacional provocada por el empobrecimiento de millones de mexicanos. Urge el encuentro, el diálogo y la concertación de esfuerzos. Ofrecemos como insumo para este diálogo las reflexiones del libro «Los pobres no pueden esperar», publicado con esa finalidad por Caritas Mexicana, que es una instancia de servicio de nuestra conferencia episcopal.

e) Hacer conciencia de la relación estrecha que existe entre el cuidado de la creación y la construcción de la paz. Consideramos oportuno difundir la reflexión que nos ofrece el Santo Padre en su mensaje para la jornada mundial de la paz de este año y desarrollar acciones significativas en este campo.

f) Impulsar iniciativas que capaciten a los más pobres para empleos de mayor incidencia económica. No hay trabajo, si no hay educación. Ésta contribuye a que surja una sólida conciencia de respeto a los derechos y a la dignidad de la persona. La educación es la única vía que convierte a las personas en protagonistas de su destino en la sociedad.

g) Convocar a los economistas, creyentes o no creyentes, con vocación humanista, a ofrecer, de cara al pueblo de México, sus estudios y reflexiones sobre la situación de la economía nacional. La ciudadanía de una sociedad responsable debe estar informada y atenta a la regulación del sector financiero. La democracia debe llegar a la economía. Las leyes del mercado no deben regir nuestro destino.

h) Proponer un diálogo constructivo sobre la economía nacional, en el que participen académicos, expertos, actores de la sociedad civil, empresarios y los responsables de las instancias de decisión en el campo financiero. La economía de nuestro país debe buscar salvaguardar a los sujetos más débiles y buscar nuevas formas de finanzas destinadas a favorecer proyectos de desarrollo humano integral.

i) Impulsar experiencias de economía solidaria que incorporen el principio de gratuidad y de cooperación en la actividad económica y reforzar la experiencia de la microfinanciamiento que puede proteger a los sectores más vulnerables de la usura y la desesperación179.

j) Impulsar la organización de los consumidores que pueden y deben hacer escuchar su voz, pues tienen una responsabilidad social específica que se añade a la responsabilidad social de la empresa. Los consumidores deben educarse constantemente180. En el campo de las compras se pueden alentar formas de cooperación como son las cooperativas de consumo.

k) Favorecer nuevas formas de comercialización de productos provenientes de áreas deprimidas para garantizar una retribución decente a los productores, con tal de que se trate de un mercado transparente y que junto a la ganancia los productores reciban mayor formación, profesionalidad y tecnología. Estas experiencias de economía para el desarrollo no pueden estar condicionadas por visiones ideológicas partidistas181.

l) Proponer a todos los organismos de ayuda para la superación de la pobreza a incentivar la asistencia social en los casos de emergencia, es decir, en los que la vida está en peligro, sin olvidar que las políticas asistencialistas están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los pobres. El verdadero proyecto, a medio y largo plazo está en invertir en la formación de personas y en desarrollar de manera integrada una cultura de la iniciativa182. En los esfuerzos por superar la pobreza "es necesario no sólo aliviar las necesidades más graves, sino que se ha de ir a sus raíces, proponiendo medidas que den a las estructuras sociales, políticas y económicas una configuración más ecuánime y solidaria"183.

4.2 Promover los derechos y deberes humanos

219. La paz es un don de Dios que debemos compartir con los demás. Construir la paz exige el respeto de la dignidad de todas las personas y de los pueblos y el esfuerzo de vivir la fraternidad184. La responsabilidad de proteger los derechos humanos y de asegurar condiciones para que todos puedan cumplir con sus respectivos deberes, recae principalmente sobre el Estado. Sin embargo, los derechos humanos han de ser respetados en las relaciones de todos con todos, como expresión de justicia y de fraternidad, y no simplemente porque pueden hacerse respetar mediante la buena voluntad de las autoridades.

Nos comprometemos a:

a) Promover la profundización de la dimensión antropológica, ética y jurídica de los derechos humanos, con el fin de asegurar su pleno respeto185. Cuando los derechos y deberes humanos son vistos desde la legalidad y no desde la cultura, la cual contribuyen a humanizar, se convierten en proposiciones frágiles, separadas de la dimensión ética y racional, que es su fundamento y su fin186.

b) Impulsar la gran tarea de que «que todo cristiano se sienta comprometido a ser un trabajador incansable a favor de la paz y un valiente defensor de la dignidad de la persona humana y de sus derechos inalienables"187.

c) Impulsar, mediante la formación de conciencia social y moral188, la colaboración de los ciudadanos para erradicar la impunidad y la corrupción que socavan el desarrollo social y político de nuestro pueblo, se burlan de la ley e ignoran las normas fundamentales de justicia y de verdad.

d) Promover la presencia activa de los miembros de la Iglesia como constructores de la paz. Los cristianos no creemos que con el endurecimiento de las penas disminuya la violencia. «Los métodos incruentos de represión y castigo son preferibles, ya que corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y con más conformes con la dignidad humana"189.

4.3 Impulsar la reconciliación social

220. El pueblo mexicano necesita recorrer el camino de reconciliación social. Hablar de reconciliación social despierta resistencias que tienen su origen en una deficiente comprensión de la reconciliación. Creemos que es necesario detenernos a reflexionar en qué consiste esta experiencia, que sin duda alguna es necesaria y urgente para sanar los efectos de la violencia y para prevenirla.

221. La reconciliación social no consiste en enfrentar la historia como si nada de lo acontecido hubiera pasado; es un proceso por el que, en cualquier orden de la vida, las partes que viven situaciones de confrontación deponen una forma de relación destructiva y sin salida, y asumen una forma constructiva de reparar el pasado, edificar el presente y preparar el futuro.

222. Reparar el pasado no es olvidarlo, sino recordarlo de otra manera. Comporta autocrítica, si hemos sido injustos, y empatía para con los otros, reconociendo su punto de vista y su sufrimiento. Edificar el presente es aceptar, mental y vitalmente, que nunca más debemos llegar a una confrontación destructiva. Preparar el futuro es adoptar las actitudes y los medios que impidan el retorno a conductas violentas del pasado. En pocas palabras: es reconocernos como semejantes y aceptarnos como diferentes.

223. La reconciliación social tiene vínculos estrechos con la verdad. No omite, sino exige la verdad acerca de los derechos humanos violados. El mal causado debe ser conocido y reconocido. La disposición a la reconciliación ayuda a superar la obsesión insaciable de la búsqueda de la verdad que nos hace prisioneros del pasado.

224. La reconciliación social no está en conflicto con la justicia, sino que la reclama necesariamente. Las víctimas, todas las víctimas, tienen derecho a que se les haga justicia por la autoridad competente. La impunidad desacredita el orden moral e invita a nuevas transgresiones. La justicia sin la reconciliación es inhumana. La justicia pura y dura tiene el riesgo de degenerar en una mera reivindicación. Si el fin inmediato de la justicia es una sociedad justa, su fin supremo es una sociedad reconciliada.

225. También existen vínculos entre reconciliación y petición o concesión de perdón. En un contexto de violencia generalizada, el perdón es una propuesta especialmente cargada de sospechas. La reconciliación se realiza en plenitud cuando se entrelazan el perdón que se pide y el perdón otorgado.

226. El perdón encierra un gran valor antropológico. Es una decisión personal, libre, proactiva; implica el riesgo de no encontrar respuesta o de ser perseguido; expresa la madurez de la fe, que lleva a la gratitud, por la esperanza en el Reino. Pedir perdón nos reconcilia con nosotros mismos, nos permite aceptarnos como somos, nos despoja de un falso sentimiento de inocencia. Perdonar nos libera profundamente: nos libera del rencor y de nuestra fijación en el pasado y nos capacita para asumir la responsabilidad de crear en nueva manera las relaciones interpersonales y sociales.

227. Para los cristianos, el perdón pertenece a la entraña del mensaje de Jesús y al núcleo de la imagen y experiencia que Él tiene de Dios Padre, misericordioso con los que sufren y con los pecadores. Al perdonar en la Cruz a sus verdugos, Jesús rompió el círculo perverso que pesaba sobre la humanidad: agravio por agravio, insulto por insulto, crimen por crimen. Los creyentes sabemos que con su fuerza podemos tener la generosidad de perdonar y la humildad de pedir perdón.

228. No podemos ser ingenuos ante el perdón. No se lo puede pedir sin más; sería desconocer las profundidades del corazón humano, el sentido del duelo, la necesidad humana de expresar los sentimientos de rebeldía y de odio, para poder liberarse progresivamente de ellos. Nadie puede exigir a las víctimas sin más el perdón. Simplemente podemos ayudar a que en los corazones desolados surja un perdón difícil, pero liberador.

229. Es más fácil exigir a quienes agreden que pidan perdón; sin embargo, estas personas con frecuencia están cegadas por un erróneo sentimiento de inocencia, por la convicción de la necesidad de su agresión, por las razones que supuestamente la justificaron. Para la reconciliación no basta con que se pida perdón sólo por trámite, es necesario el reconocimiento de la culpa y el ofrecimiento de cambiar la conducta agresora. El perdón conduce a la reconciliación y la reconciliación a la paz.

4.4 La misión reconciliadora de la Iglesia

230. La Iglesia tiene una vocación a la reconciliación. Es encomendada especialmente a los ministros del Evangelio (Cf. 2 Co 5, 18-20); sin embargo,«todo bautizado debe sentirse ministro de la reconciliación"190. Cuando hay conflictos o enfrentamiento entre grupos de la sociedad, partidos, o entre la sociedad y el gobierno, quienes se enfrentan piden adhesiones absolutas y reclaman reprobaciones sin ningún matiz. Esta posición no la podemos asumir los ministros de la Iglesia, ni quienes actúen en nombre del Evangelio. Debe desenmascararse el mal, atender a los que sufren e invitar a la conversión a los que han equivocado el camino. Y todo ello, lleva generalmente al amargo sabor de la incomprensión. Comprendidos o incomprendidos, todos los discípulos de Jesucristo hemos de estar disponibles siempre para ofrecer el ministerio de la reconciliación.

Nos comprometemos a:

a) Anunciar el mensaje cristiano de la Reconciliación y celebrarla sacramentalmente y curar las heridas de los que sufren con el aceite y el vino de la misericordia. Para cumplir con fidelidad nuestro ministerio de reconciliación tenemos que ser una comunidad cada vez más reconciliada entre nosotros y con la sociedad.

b) Preocuparnos para que todas las familias de las víctimas fatales de la violencia reciban un trato pastoral adecuado y esos momentos sean aprovechados para la oración, la reflexión y acciones de solidaridad a favor de la paz.

c) Fortalecer la acción caritativa de la Iglesia, para que no falte la cercanía fraterna ni la atención personal a quienes más sufren por causa de la violencia. En estos casos, el servicio del amor no es superfluo. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo191.

d) Promover, como parte de nuestra misión, que la cultura de la paz gane terreno a la cultura de la confrontación violenta.

e) Promover en nuestros seminarios y presbiterios, entre los consagrados y laicos comprometidos la capacitación para el servicio de la mediación en situaciones de conflicto.

f) Dar seguimiento, desde la Comisión Episcopal para la Pastoral Social, a las acciones diocesanas y provinciales para la construcción de la paz, para propiciar el intercambio y sistematización de experiencias para que se compartan con quienes se interesen en participar en estas acciones.

4.5 Ecumenismo por la paz

231. En el imaginario colectivo hay quienes atribuyen responsabilidad a las religiones en el desarrollo de conflictos sociales y la imposibilidad de un diálogo entre creyentes de distintos credos. Nosotros creemos y sabemos que es posible un diálogo respetuoso con todas las demás religiones, que favorezca la convivencia de todos los pueblos y credos y fortalezca la libertad religiosa y la paz de toda la familia humana. Esto tiene su fundamento en la concepción de Dios como origen y dador de la paz, a las personas y a los pueblos.

232. Para contribuir a la construcción de la paz, los católicos debemos desarrollar una conciencia ecuménica y un compromiso por la unidad, teniendo como uno de sus medios, la búsqueda del bien común y la promoción de iniciativas sociales de paz y desarrollo social192. El diálogo interreligioso a su vez ayuda a la construcción de la nueva humanidad, especialmente en los aspectos de la colaboración en el bien común, la superación de la violencia por causas religiosas fundamentalistas, la educación para la paz y la convivencia ciudadana193.

4.6 Orar por la paz

233. En las situaciones difíciles como las que vivimos en México, la Iglesia no deja de exhortar a sus hijos e hijas a mantenerse unidos en la esperanza. Creemos en un Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo y «sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto"194.

234. La esperanza en el futuro es confianza en el presente del hombre; por ello, la esperanza en el discípulo de Jesucristo, se transforma en compromiso con el prójimo. La esperanza cristiana no es pasividad ni indiferencia, tampoco enajenación y menos «huida del mundo», sino una actitud decidida para la transformación de esta historia de iniquidad. La confianza en Dios es confianza en la posibilidad humana de alcanzar la redención porque: «Dios quiere que todos los hombres se salven» (1Tim 2,4).

235. Por ello, no debemos cejar en nuestro empeño de construir la paz también con la oración, que abre el corazón a una profunda relación con Dios y al encuentro con el prójimo, inspirado por los sentimientos de respeto, confianza, comprensión, estima y amor. La oración infunde valor y sostiene a los verdaderos amigos de la paz195.

236. La oración a partir de la Escritura, con la Lectio Divina, nos abre a la voluntad de Dios y es el mejor sostén para la paz. Quien ora de verdad no es violento, sino fermento de reconciliación y de paz comunitaria. La oración nos hace ver al otro, como lo ve Dios. Tan importante como la oración personal, es la oración litúrgica; en ella, que es la "cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza"196, nos unimos a la oración de toda la Iglesia que no cesa de implorar a Dios el don de la paz.

237. Hacemos oración por la paz orando con los salmos en la Liturgia de la Horas. Esta oración nos empapa con la sabiduría del pueblo de Dios que sabe que Dios es fiel y hace justicia197 y nos ayuda, además, a evitar el orgullo de nuestros éxitos y el desaliento de los fracasos198. Hacemos oración por la paz cada vez que celebramos la Eucaristía; ésta inicia con un saludo de paz y cantando el Gloria pide este don para todo el pueblo de Dios; en el rito de la comunión pide al Señor que nos dé «la paz en nuestros días» y recuerda el don de Cristo, invocando «la paz y la unidad» de su Reino. La asamblea eucarística ora también para que el Cordero de Dios quite los pecados del mundo y nos "dé la paz"; intercambia el saludo de paz y se despide en "la paz de Cristo"199. Destacar oportunamente cada uno de estos momentos de la celebración eucarística alimentaría la conciencia de los discípulos de Cristo de ser mensajeros de la paz.

238. Oramos también por la paz con la devota oración del Rosario de la Virgen María, a quien invocamos como Reina de la Paz; Ella, fortalece los vínculos fraternos, alienta a la reconciliación y al perdón200. Nuestra Señora nos enseña a decir SÍ ante las interpelaciones de Dios en nuestra historia. Es María de Guadalupe, nuestra dulce y tierna Madre, que desde el origen mismo de nuestra nación hizo fecunda nuestra cultura haciéndonos propicio el encuentro con su Hijo, el verdadero Dios por quien se vive.

239. En esta hora de dolor y de incertidumbre por la inseguridad y la violencia, nos llenamos de consuelo al recordar y hacer nuestras sus dulces palabras al Santo Juan Diego: "No temas, […] ¿no estoy aquí yo, que soy tu madre?, ¿no estás bajo mi sombra y mi resguardo?, ¿no soy yo la fuente de tu alegría?, ¿no estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?, ¿tienes necesidad de alguna otra cosa?"201

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