CONCLUSIÓN
257. Vivimos tiempos difíciles, pero tenemos la certeza de que Cristo venció
a la muerte y en Él hemos puesto nuestra confianza (Cf. 2 Tim 1,12).
La historia de nuestro pueblo no ha sido fácil, pero siempre ha contado
con la nobleza de sus hombres y de sus mujeres. Hoy no puede ser distinto,
pero debemos reconciliarnos, debemos reconstituir la unidad nacional
en la riqueza de la pluralidad de sus culturas y de la sociedad. Debemos
unirnos en la construcción de la paz y en el impulso del desarrollo
humano integral y solidario de cada mexicano y de todos los mexicanos.
258. Con esta Exhortación Pastoral, nos ponemos al servicio de la reconciliación,
ofreciendo no sólo nuestra reflexión, sino nuestra disposición a caminar
con todos los católicos y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad
en la búsqueda del cielo nuevo y tierra nueva que todos anhelamos.
Confiamos este momento de la vida nacional al amparo de Santa María de
Guadalupe. Nos acogemos a su regazo para que nos muestre a Jesucristo, el
Sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra
de muerte y guíe nuestros pasos por el camino de la paz (Cf. Lc 1,79);
e imploramos sobre todo el pueblo de México la bendición de Dios por su
maternal intercesión, para que «en su casa, que es toda nuestra patria, logremos
reconocernos hermanos y vivir en fraternidad"206.
«Padre de misericordia,
que has puesto a este pueblo tuyo
bajo la especial protección
de la siempre Virgen María de Guadalupe, Madre de tu Hijo
concédenos por su intercesión,
profundizar en nuestra fe
y buscar el progreso de nuestra patria
por caminos de justicia y de paz.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".207
México, D.F. 15 de febrero de 2009
Por los Obispos de México
+ Carlos Aguiar Retes
Arzobispo de Tlalnepantla
Presidente de la CEM |
+ Víctor René Rodríguez Gómez
Obispo auxiliar de Texcoco
Secretario General de la CEM |
ORACIÓN POR LA PAZ
Señor Jesús, Tú eres nuestra paz,
mira nuestra Patria dañada por la violencia
y dispersa por el miedo y la inseguridad.
Consuela el dolor de quienes sufren.
Da acierto a las decisiones de quienes nos gobiernan.
Toca el corazón de quienes olvidan que somos hermanos
y provocan sufrimiento y muerte.
Dales el don de la conversión.
Protege a las familias,
a nuestros niños, adolescentes y jóvenes.
a nuestros pueblos y comunidades.
Que como discipulos misioneros tuyos,
ciudadanos responsables,
sepamos ser promotores de justicia y de paz,
para que en Ti, nuestro pueblo tenga vida digna. AMEN.
María, Reina de la paz, ruega por nosotros
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