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Vicaría      de Pastoral

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Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. CEM

PARTE I

EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO EN LOS ORÍGENES,
CONFORMACIÓN Y FUTURO DE NUESTRA NACIÓN

"Muchas veces y de muchas maneras
habló Dios antiguamente a nuestros antepasados
por medio de los profetas, ahora en este momento final
nos ha hablado por medio del Hijo, a quien constituyó
heredero de todas las cosas y por quien hizo
también el universo"

Heb 1, 1-2


12. "Jesús de Nazaret, revelador del Padre, ha llevado a cumplimiento el deseo escondido en el corazón de cada hombre de conocer a Dios". En la persona de Jesucristo y en su mensaje cada ser humano descubre y conoce su plena dignidad y vocación. Como Iglesia y como Nación tenemos el deber de descubrir y comprender las diversas maneras como Dios, en su providencia, ha ido manifestando su designio de salvación en Cristo en estas tierras a lo largo de la historia, para alabarlo agradeciendo sus bendiciones y favores (Cf. Ef 1, 3-5. 9s), pedirle perdón por las ofensas cometidas y escudriñar los "signos de los tiempos nuevos" para ser fermento y alma de una sociedad renovada y transformada en familia de Dios.

Las semillas del Verbo y la integración de culturas en el acontecimiento guadalupano

13. Los pueblos, cuando tratan de comprender su identidad cultural, recurren necesariamente a sus orígenes fundacionales en búsqueda de algún acontecimiento significativo de la presencia divina que, trascendiéndolos, les marca su vocación y destino. México es heredero de ricas tradiciones y culturas indígenas que, "junto a otros aspectos necesitados de purificación", contienen valores que testimonian la conciencia de una presencia "creadora, providente y salvadora de Dios". Son verdaderas "semillas del Verbo" presentes en el hondo sentido religioso de estos pueblos, abiertas y expectantes del fecundo rocío del Espíritu que disponían los corazones a una más pronta y lúcida recepción del Evangelio.

14. El encuentro complejo entre los pueblos y culturas europeas con las mesoamericanas en el inicio de la modernidad, provocó en ambos transformaciones profundas en sus cosmovisiones, dentro de un proceso marcado por luces y sombras, como ha sido casi ley de la historia en el nacimiento de pueblos y civilizaciones.

15. Entre nosotros revistió particular dramatismo porque se encontraron intereses disímbolos y hasta opuestos. Por una parte: la expansión del reinado de España con el poderío militar de la conquista y la colonia, y la evangelización de los nativos con la fuerza del amor y del servicio del Evangelio. Por otra: la confianza frustrada que los aztecas habían puesto en los advenedizos imaginando que cumplirían sus antiguas profecías; y la oportunidad, por parte de otros pueblos indígenas, de salir de formas de dominio y subyugación a las que eran sometidos.

16. Así, en los inicios de nuestra historia, encontramos tanto procesos de colonización y sometimiento, como modelos evangelizadores basados en "una incansable predicación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, la catequesis, el culto mariano, la práctica de las obras de misericordia, la denuncia de las injusticias, la defensa de los pobres y la especial solicitud por la educación y la promoción humana". Fue decisivo el testimonio de santidad de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, fieles laicos y de los mismos indígenas bautizados durante aquellos años. Así mismo, conviene insistir en que fue también importante una primera e incipiente difusión de la devoción mariana bajo diferentes advocaciones.

17. En el inicio de este complicado proceso de encuentro de mundos igualmente religiosos y fieles a sus creencias, como desiguales en cosmovisión, recursos y cultura, en algunas ocasiones no sólo prosperó el abuso y maltrato hacia los conquistados, sino también un marcado rechazo hacia las culturas indígenas e incomprensión de sus profundos valores. Se originó así, también por parte de algunos indígenas, una resistencia y hasta rechazo a la evangelización, según testimonio de los cronistas. En esta difícil y contradictoria situación no faltaron insignes defensores de la dignidad y los derechos humanos de todos.

18. Sin embargo, lo que desde el punto de vista humano parecería conducir a una forma más de colonización y sometimiento, gracias al acontecimiento guadalupano, es decir, a las apariciones de Santa María de Guadalupe al indio Juan Diego, a la milagrosa imagen, a su mensaje y a su repercusión a través del tiempo, se transforma en una realidad cualitativamente nueva, fruto de una gracia que asume, purifica y plenifica el drama de la historia, de tal manera que:

"La aparición de María al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el año 1531, tuvo una repercusión decisiva para la evangelización. Este influjo va más allá de los confines de la Nación mexicana, alcanzando todo el Continente. Y América, que históricamente ha sido crisol de pueblos, ha reconocido Îen el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, [...] en Santa María de Guadalupe, [...] un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada".

"En el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, se resume el gran principio de la inculturación: la íntima transformación de los auténticos valores culturales mediante la integración en el cristianismo y el enraizamiento del cristianismo en las varias culturas".

19. No fue la violencia de la espada ni la conversión forzada, sino la misteriosa atracción de María de Guadalupe la que llevó a ambos pueblos y culturas, españoles e indios, a una nueva manera de comprenderse y relacionarse desde la fe en Jesucristo ya presente en la naciente Iglesia de este Continente. Lo hizo uniendo, en una sola imagen y mensaje, la fe y la devoción católicas en la "siempre Virgen Santa María", y la religiosidad y cultura indígenas en la "Madre del verdaderísimo Dios por Quien se vive."

20. La "Señora del cielo" manifestó a Juan Diego el deseo de que se le construyera "una Casita" en la que pudiera mostrarnos su amor y protección al darnos al Evangelio de Dios que llevó en su seno, y acoger maternalmente tanto a los que "están cerca" como a los que "están lejos", para que todos lleguemos a ser uno en Cristo. Este deseo expresa el misterio de la Iglesia, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu, que congrega a hombres y mujeres de toda raza, pueblo y Nación para alabar, celebrar y dar testimonio del Verbo de la Vida, y para responder al llamado permanente de construir desde la fe, la dignidad común en la diversidad de expresiones culturales.

La etapa colonial

21. Simultáneamente y por todas partes, bajo un sólo impulso misionero, diversas órdenes religiosas e iniciativas diocesanas, llevaban a cabo otras maneras de hacer presente el Evangelio y de suscitar el encuentro con Jesucristo a través de la profundización de su misterio redentor; de diversas advocaciones de la Virgen María; del ejemplo e intercesión de santas y santos que con su ejemplo servían de modelos de vida cristiana y dieron nombre, protección y celebraciones a tantos pueblos.

22. En todos estos procesos evangelizadores inspiradores de modelos de pastoral profética, litúrgica y social y de pensamiento teológico, filosófico, científico y artístico, participaban españoles, criollos, mestizos e indios. De ese modo contribuían, al mismo tiempo, a construir la unidad desde la fe y la lengua y a favorecer la diversidad de expresiones religiosas y culturales dando origen a lo que hoy reconocemos como el mosaico de la Nación mexicana.

23. El pensamiento, obra y testimonio de Bartolomé de Las Casas, Tata Vasco, Toribio de Benavente "Motolinía", Junípero Serra, Julián Garcés, Pedro de Gante, Francisco Clavijero, Francisco de Vitoria, Juana Inés de la Cruz y muchos otros aquí en nuestras tierras y desde España, contribuyeron enormemente no sólo a la creación de propuestas integrales de liberación y promoción cristianas, sino a la integración de pueblos y culturas en una nueva comprensión del mundo y de su historia bajo un novedoso derecho internacional que asumía como principio fundacional la dignidad y los derechos de todos como personas, en cualquier parte del mundo, el reconocimiento internacional del valor de cada pueblo y de su cultura, bajo una forma de autoridad mundial que diera origen a leyes justas y convenientes para todos.

24. Con todas estas diversas expresiones de la primera evangelización, se estaba llevando a cabo la fundación religiosa y cultural de la Nación mexicana, la cual, tratando de superar la etapa de destrucción de las raíces y particularidades culturales propias de los pueblos indígenas, buscaba integrar ambas culturas desde la fe. Por ello, no se puede negar que una realidad que nos ha marcado como Nación mexicana y que pertenece a los rasgos fundamentales que nos definen y nos dan identidad, ha sido el hecho del encuentro con Jesucristo, por la mediación de Santa María y de la Iglesia católica a través de sus miembros.

25. Este hecho, aunque diversamente valorado, subsiste y todos lo vivimos y de algún modo participamos de él. Nacimos a la vida como Nación a partir del difícil encuentro entre varias etnias, culturas y pueblos, en el marco de un proceso complejo de conquista, colonización y evangelización integral, en el molde de la cristiandad católica y de la lengua castellana. Todo ello fue iluminado misteriosamente desde el inicio por María de Guadalupe, cuyo resplandor ilumina cada vez más nuestra identidad y nuestro destino, convirtiéndonos por el don de la fe, en un pueblo que es síntesis de pueblos, donde incluso otras culturas, como la africana, encuentran su lugar.

26. Es necesario decir que el tiempo de la Colonia y del Virreinato, a pesar de los estudios más serenos y objetivos, es una etapa todavía difícil de comprender ya que en no pocas ocasiones ha dado pie a diversas interpretaciones, unas a favor y otras en contra, más ideológicas que históricas. En la Colonia y el Virreinato es preciso reconocer que graves errores y problemas coexistieron con grandes aciertos.

27. Por ello, además de la necesidad de comprender mejor y aceptar lo que dicha etapa significa para la conformación de nuestra identidad, es preciso reconocer que también fue una época en la que germinaron nuevas búsquedas y se configuraron nuevos cambios imposibles de explicar si rompemos con el pasado.

La racionalidad moderna a favor de la independencia y la libertad políticas

28. A los complejos acontecimientos de la primera evangelización y colonización de estas tierras, se fueron agregando e imponiendo los postulados de la racionalidad moderna, que buscaba una independencia que condujera a la autonomía de España y de cualquier otra Nación extranjera.

29. Esta nueva etapa compleja hunde también sus raíces en procesos y aspiraciones que se gestaron durante la colonia y cuyos pensadores eran católicos, quienes encontraban en su fe en Cristo y en María de Guadalupe, la inspiración de aquella libertad, independencia y justicia que anhelaba el pueblo mexicano. Aún cuando sabemos que existen aspectos difíciles de comprender y aceptar, la parcialización de esta realidad histórica ha llevado a relecturas que no sólo no corresponden a lo sucedido, sino que deforman la conciencia de la conformación de nuestra identidad como Nación. Hidalgo y Morelos, y muchos otros, eran sacerdotes que a pesar de sus limitaciones y debilidades humanas, por su fe en Cristo, su devoción a María de Guadalupe y sus ideas teológicas y políticas, lucharon por la Independencia de México. Por ello los reconocemos no sólo como próceres, sino como colaboradores fundamentales en el proceso de construcción de la Nación.

30. Sin embargo, el predominio de ciertos procesos fue llevando a la configuración y organización de un Estado laico, más cercano a los modelos liberales francés y estadounidense, que a la realidad cultural de la Nación. Así llegó a consolidarse, en medio de muchas tensiones y polarizaciones, un Estado autónomo cuyo eje central pareciera ser el de la separación y supremacía respecto a la Iglesia, entonces ampliamente presente en la organización y gestión de las realidades temporales. Se originó así la confrontación entre dos formas irreductibles de comprender la identidad de la Nación, y de buscar el bien de la sociedad.

El dilema de la identidad

31 De este modo emerge la paradoja que nos ha caracterizado durante muchos años: en el contexto de un pueblo mayoritariamente católico, las relaciones institucionales entre la Iglesia católica y los diversos representantes del Estado Mexicano fueron de tensión y, en ocasiones, hasta de rechazo mutuo. Esta situación llegó a su momento más álgido con el desconocimiento de la Iglesia por parte de la Asamblea constituyente de 1917, con la persecución religiosa y el movimiento cristero (1926-1929). Conflictos y tensiones que se prolongaron no sólo por diferentes posiciones, sino también por acontecimientos que actualmente están siendo mejor comprendidos pero que requieren de una explicación al pueblo de México.

32. Estos procesos de emancipación política, al mismo tiempo que fueron dando fisonomía a un Estado soberano e independiente y separado de la Iglesia en los asuntos públicos, generaron duras controversias y luchas fratricidas que nos acompañaron hasta la primera mitad del siglo XX. Se fue así formando la impresión de que nunca podríamos convivir entre iguales, y que para alcanzar la justicia y la libertad, un bando tendría que someter violentamente o eliminar a los que no compartieran sus convicciones.

33. Al reconsiderar esta etapa de la historia nacional y después de ponderar mejor los logros y los fracasos, aclaramos que lo que más lamentamos no es la desamortización de los bienes, la secularización de algunas de las instituciones o la separación de funciones -procesos que, en sí mismos, pueden ser positivos y hasta necesarios-, sino las formas en las que se llevaron a cabo y, sobre todo, esa herida inferida en el corazón de los mexicanos, en su mayoría católicos, que los ha obligado desde hace tantos años a vivir dos lealtades aparentemente contradictorias y excluyentes: a Dios y a la Iglesia por un lado,y al Estado y a sus gobernantes por otro.

34. Así, desde entonces se ha vivido una visión dualista y contrapuesta de la identidad nacional. La expresión más dramática de esta situación la ha vivido el pueblo en general, pero también muchos de los ciudadanos católicos que participan en la administración pública y en el ejército, pues se han visto obligados a acallar o negar una convicción para poder ser fieles a la otra.

Una "primera mirada" a nuestra historia durante el siglo XX

35 Los primeros decenios del siglo XX, con la conflictividad interna y la influencia creciente de ideologías de otros países más poderosos, llevarán a una revolución y a diferentes luchas y reivindicaciones por la justicia social y el reconocimiento de derechos individuales, sociales, políticos, económicos y religiosos. Aunado a ello, se irá articulando la organización y consolidación de un sistema político fundado en la hegemonía del Estado, que otorgaba garantías individuales y ofrecía responder a todas las aspiraciones sociales bajo la guía de un único partido.

36. Eran también los años de la cuestión obrera analizada e iluminada por la primera gran Encíclica social del Papa León XIII, la Rerum Novarum, dando con ello origen a la expresión moderna de la Doctrina Social de la Iglesia, la cual contribuyó de manera significativa a que los obispos mexicanos y muchos católicos de aquella época iluminaran las situaciones campesina, obrera y urbana, y se comprometieran con la evangelización y transformación de esas realidades.

37. Expresiones de ello son las Semanas sociales, las Dietas y los Congresos católicos, así como el desarrollo de un fecundo pensamiento social cristiano que llegó a influir incluso en la elaboración de la legislación constitucional en materia laboral, y a inspirar diversas formas de presencia cultural y política de muchos católicos.

Marginación de la Iglesia a la esfera privada

38. Sin embargo, la Iglesia llegó a ser vista como el principal obstáculo de la identidad, de la soberanía y del desarrollo de la Nación, y se pensó que su eliminación del escenario público, o al menos su marginación y reducción a la esfera privada, traería una mayor afirmación de la identidad de los mexicanos. No fue así en los hechos sino que, al reducirse gravemente la identidad nacional a comprensiones materialistas, ateas y pragmáticas, los mexicanos, a pesar de compartir la misma fe, lucharon entre sí como enemigos, dejando una profunda herida que todavía hace falta sanar con el perdón y la reconciliación.

39. Con la persecución religiosa, la Iglesia vio nacer al martirio a muchos de sus miembros, quienes muriendo por su fe en Cristo Rey y en la Virgen de Guadalupe y por su amor a la Iglesia y a la Patria, ofrendaron su vida por el derecho a la libertad religiosa. La comprensión del significado integral de esta etapa a la luz de la fe, está siendo cada vez más esclarecida. El hecho es que, a partir de ella, la adoración a Cristo Rey y la celebración universal de su fiesta, la devoción eucarística, la consagración de México al Espíritu Santo, el amor a María de Guadalupe y al Papa, serán una parte esencial de nuestra identidad religiosa y nacional.

La difícil etapa de la "simulación forzada"

40. Sin embargo y a pesar del cese de la violencia armada, que si se alargaba traería consecuencias nefastas para todos, los llamados "arreglos" de 1929 no sentaron las condiciones para una nueva relación basada en una auténtica reconciliación nacional, cimentada en la justicia y el derecho. Por el contrario, con fundamento en acuerdos verbales que daban por terminado el conflicto y no sus causas, permanecieron en la Constitución leyes abiertamente hostiles a la libertad de expresión, de asociación y de religión. Así se originó la anticultura de la simulación forzada que no sólo devaluaba el sentido de las leyes, obligando a componendas o a vivir al margen de ellas o a ignorarlas, sino al deterioro mismo del sentido de la ley justa, del papel de la autoridad y de las formas en las que la sociedad debe vivir y organizarse dentro de un orden jurídico.

41. Durante estos años, la Acción Católica dio un valeroso testimonio y continuó ö aún en medio de las dificultades ö con su acción apostólica. Así mismo, es preciso reconocer que a raíz de la persecución las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa aumentaron en algunas zonas.

42. A partir de entonces, con métodos menos violentos pero no menos presionantes, la presencia institucional de la Iglesia fue cada vez más marginada de los espacios sociales en los que antes participaba activamente, con el consecuente detrimento en la formación de los valores, de la conciencia y del compromiso social de sus miembros. Lo más lamentable de esta etapa no fue tanto que marginaran a la Iglesia quienes detentaban el poder político, sino la paulatina automarginación de muchos católicos del mundo de la política, de la economía y de la cultura en general.

Logros y reivindicaciones a partir de la mitad del siglo veinte

43. De fines de los años treinta a los sesenta ya no se volvieron a dar conflictos armados de grandes magnitudes. El desarrollo industrial y urbano del país logró algunos avances importantes. Una relativa paz creó un mejor clima de inversiones públicas en diferentes aspectos, como la consolidación de sistemas nacionales de salud, de educación, la inversión en el desarrollo de infraestructura, sobre todo en el petróleo.

44. Sin embargo, por el excesivo centralismo y control del poder, a nivel nacional no se dieron avances significativos en la democratización de los procesos políticos y, en diversas regiones del territorio, los sectores más pobres no encontraron en la reforma agraria y en los nuevos sindicatos y corporaciones, un mejoramiento profundo y amplio en su calidad de vida y sí control político y económico.

45. Así, de 1960 en adelante creció el descontento por falta de participación plural y realmente democrática en la vida social y política del país. A esto se le sumaría un creciente malestar causado por el inicio de crisis, que después serán recurrentes en la economía, la falta de oportunidades en el mundo del trabajo y el aumento de la pobreza y de la marginación de grupos indígenas, campesinos y obreros. Incluso aquellos que antes se encontraban socioeconómicamente satisfechos en las ciudades más importantes, ahora comenzaban a ver reducidos sus índices de bienestar.

46. Con ello se incrementaron las huelgas obreras y las manifestaciones de protesta de profesionistas en diversas partes del país. A ellas se les unieron los reclamos universitarios exigiendo justicia social y democracia. Aunque todavía no tenemos datos suficientes y objetivos de lo ocurrido en los conflictos de 1968, todos sabemos que el descontento y, sobre todo, los anhelos de cambio y transformación del país, no encontraron un camino a través del diálogo, sino que terminaron en una tragedia sangrienta que todavía apela a nuestra conciencia.

47. En esa misma época, también en México se vivían los años marcados por el acontecimiento eclesial más importante del siglo veinte: el Concilio Vaticano II. Las Iglesias particulares de Latinoamérica buscaban la manera de aplicarlo a sus diferentes realidades. Partiendo de la lectura de los signos de los tiempos, se trataba de responder a la necesidad de transformar las estructuras económicas y políticas a la luz de la fe y justicia evangélicas, por medio de una eclesiología en diálogo con el mundo y particularmente sensible a la realidad de la pobreza.

48. Poco a poco, gracias al aporte de numerosos cristianos y, sobre todo, al Magisterio del Papa Juan XXIII, de Paulo VI , de Juan Pablo I y de Juan Pablo II, se fueron esclareciendo los temas sobre los que giraban las cuestiones y los desafíos más importantes para la Iglesia: su misión fundamental de evangelizar y su relación con la promoción humana; el significado de la liberación integral y de la opción por los pobres y, sobre todo, la necesidad creciente de una nueva evangelización para todo el Continente.

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