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Vicaría      de Pastoral

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Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. CEM

México ante sus desafíos internos y el proceso creciente de globalización

49. En la década de los ochenta, a las exigencias internas de justicia social y democratización de la sociedad mexicana, se le añadirán las crecientes presiones de un mundo cada vez más globalizado en lo económico, pero también plural en lo cultural y más democratizado en lo político.

50. Se le dio prioridad a la globalización, entendida sobre todo como fenómeno fundamentalmente económico, por medio de una rápida reforma económica, y se buscaron tratados comerciales internacionales que permitieran el libre intercambio de los productos, con la marginación de otros aspectos, especialmente el de un tratado sobre el derecho al trabajo bajo condiciones internacionales, y la indiferencia ante el problema creciente de la destrucción de los recursos naturales y la contaminación del medio ambiente.

51. En 1992 se llevaron a cabo algunas reformas constitucionales en otros ámbitos que beneficiaron parcialmente a la Nación. Los obispos mexicanos reconocimos en su momento que los cambios en los artículos 3, 5, 24, 27 y 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en materia de libertad religiosa y la ley reglamentaria correspondiente, abrían el camino "para terminar con la hostilidad y con la imposibilidad práctica de cumplir con los preceptos anteriores". Reconocimos también que aunque se había dado un "avance cualitativo", todavía falta "mucho camino por recorrer para vivir una cultura de la libertad religiosa".

52. Los cambios motivados por la globalización no han estado acompañados por la necesaria reforma política y social que requiere la Nación. De este modo en la última década del siglo veinte, los mexicanos entramos a una época en la que se dieron fuertes tensiones que demandaban una mayor participación política de la sociedad, una reforma electoral que superara definitivamente el fraude y diera igualdad de oportunidades a otros partidos que tuvieran posibilidades reales de buscar soluciones diferentes a los problemas del país.

La "primacía" de la macroeconomía

53. Nos encontramos en un momento de nuestra historia en el que el dinamismo más importante del desarrollo económico resulta determinado, principalmente, por una economía financiera mundial marcadamente especulativa y por tratados comerciales internacionales que marchan a un ritmo acelerado y asimétrico respecto de las necesidades de trabajo y desarrollo interno de la mayoría de la población, en especial de la más pobre y marginada. Más aún, el peso de la deuda externa aún condiciona el camino hacia el desarrollo de nuestro país.

54. La reforma económica que experimentó México en los últimos años ha tenido resultados positivos en el nivel de la macroeconomía. Sin embargo, desde el punto de vista del desarrollo integral que necesitan las personas y los pueblos, tenemos que reconocer que existen deficiencias importantes. Es evidente a todos que existen muchas personas y comunidades que encuentran dificultades relevantes para participar de modo competitivo en la nueva dinámica económica a causa de su marginación y exclusión. Hasta ahora, la economía globalizada ha beneficiado de modo significativo y concreto en México sólo a algunas personas y grupos muy particulares.

Crisis del papel social del Estado y deterioro de la economía interna

55. Con la crisis de los estatismos y la imposición de las propuestas neoliberales de reducir el deber social del Estado, entramos a una incertidumbre acerca del papel que ha de jugar éste en la construcción del bien común y, por ende, a dificultades para definir una sólida política social que consolide los procesos estructurales tendientes a la superación de la pobreza y a la creación de condiciones y oportunidades de desarrollo, a través de una justa y adecuada distribución de la riqueza.

56. En cambio, el deterioro de la capacidad adquisitiva de la mayoría de las personas; la falta de empleos y condiciones favorables para la micro, pequeña y mediana empresa; la caída en la calidad de vida especialmente de las clases medias y su paulatina disolución como grupo social; y el acelerado enriquecimiento y concentración de la riqueza de unos cuantos, ponen en evidencia uno de los más graves problemas de nuestro tiempo y hacen de México uno de los países con mayor desigualdad en la distribución de la riqueza en el mundo.

La pobreza y la violencia

57. La pobreza ha crecido en los últimos 20 años. Nos referimos no sólo a las formas de pobreza tradicional y de injusticia social que ya teníamos, sino que han surgido nuevas maneras de empobrecimiento en el campo y las ciudades, de marginación y hasta de exclusión de grandes grupos sociales, especialmente de campesinos e indígenas.

58. En el campo, aunque las reformas legislativas permitieron nuevos modelos de organización e inversiones para facilitar la exportación, por la falta de acompañamiento en la integración de los campesinos a estos nuevos procesos, se ha paralizado la agricultura tradicional en muchas partes, afectando principalmente a los jóvenes que al no estar preparados ni educativa ni técnicamente, se han visto desplazados, sin opciones reales de trabajo, incrementándose así los procesos migratorios dentro y fuera del país, y aumentando de manera importante la llamada economía informal.

59. La inseguridad a causa del aumento del crimen en los centros urbanos es un hecho constatado por todos. Los asesinatos de diversos personajes de la vida pública de México en la última década del siglo veinte, entre los que se incluye el lamentable deceso del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, son parte del contexto de violencia que ha aparecido en nuestra Nación.

60. También han surgido nuevas formas de violencia y criminalidad: en algunas zonas indígenas y campesinas existe creciente inseguridad y diversas actividades deshonestas acompañadas de enriquecimiento ilícito, por ejemplo, cuando se vinculan con las redes del narcotráfico. Incluso se han hecho visibles movimientos armados, que pensábamos superados en nuestras tierras, y a los que no se debe restar importancia debido a que con facilidad se introducen en la espiral de la violencia, que siempre resulta difícil detener.

61. A este respecto, reconocemos la ardua tarea de las fuerzas armadas en nuestro país ya que atienden, como misión propia, algunas situaciones que ponen en riesgo la seguridad nacional. Pero por otro lado, en ocasiones introducen un clima social inadecuado para proteger a través de la vigencia de la ley los derechos, las libertades y las obligaciones de todos por igual.

62. Por ello es preciso atender en sus causas los nuevos fenómenos de pobreza, violencia y criminalidad, para de esta manera evitar en lo posible la ejecución de medidas de fuerza como solución a los graves problemas sociales de México.

Tratando de comprender los "nuevos signos de los tiempos"

63. El año de 1994, con la aprobación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte, que nos asocia a dos de las economías más poderosas del mundo, y el levantamiento armado en Chiapas, representa precisamente el drama que caracteriza en la actualidad a nuestra Nación: la tensión entre dos mundos distantes y contrastantes, en la que uno pretende imponerse y absorber al otro, cuando se requiere urgentemente una integración e interrelación fundadas en la justicia y en el reconocimiento de los derechos de las personas, de la diversidad de las etnias y de las culturas, y el respeto al medio ambiente.

64. No sin dificultades externas e incluso con tensiones internas, la Iglesia ha estado presente en ambos mundos y ha tratado de responder a los desafíos que implica una situación tan compleja y difícil. La historia nos dirá hasta dónde supimos responder al llamado que el Señor nos hacía.

65. Por otro lado, desde mediados de la década de los ochenta se iniciaron una serie de difíciles pero importantes transformaciones en las instituciones representativas del país, que hablan de un proceso de maduración política en nuestra Nación. Con el fortalecimiento de los partidos y contiendas electorales más transparentes y legítimas, comenzamos a constatar que es posible el cambio del poder político, e incluso la alternancia, sin que prevalezca siempre la anticultura del fraude electoral.

66. Vivimos como Nación una situación de cambio profundo y complejo en todos los aspectos de la vida social y en todos los rincones del país, que da origen a una nueva cultura y a un nuevo estilo de vida caracterizados por los siguientes aspectos fundamentales:

  • Ante la crisis del modelo de Estado centralizado y homogéneo, la sociedad mexicana emerge como una realidad plural, más abierta y exigente en búsqueda de espacios de reconocimiento y participación de todos en todas partes, de acuerdo a sus derechos y obligaciones y a sus diversidades regionales y culturales.
  • Ante estructuras antidemocráticas y fraudulentas, obsoletas e injustas, deterioradas por la corrupción, la impunidad y el autoritarismo, la sociedad mexicana quiere superar definitivamente la anticultura del fraude, de la llamada mordida, de los privilegios de unos cuantos, y consolidar procesos e instituciones que permitan la representación de toda la sociedad a través métodos transparentes y de autoridades legítimamente elegidas, a las que se les pueda pedir cuentas de su actuar periódicamente.
  • Ante la incapacidad del modelo de desarrollo actual para responder a todas las exigencias fundamentales para una vida digna en materia de trabajo, salario, seguridad, educación, salud, etc. se percibe un clamor por buscar la superación de las causas estructurales de la pobreza y de la exclusión, a través de un modelo de desarrollo integral fundado en la justicia social.
  • Ante el creciente deterioro del medio ambiente natural -que cada vez provoca más desastres- y el deterioro de la vida urbana, sobre todo en las grandes ciudades, la sociedad mexicana quiere un desarrollo sustentable que, cuidando la riqueza y el equilibrio de nuestro patrimonio natural, sea capaz de integrar los avances técnicos y las inversiones en una visión auténticamente humana de la calidad de vida y del medio ambiente para todos los mexicanos.
  • Ante un proceso globalizador preponderantemente económico que afecta todos los aspectos de la vida, la sociedad mexicana quiere ser sujeto de su propio destino de acuerdo a toda su riqueza humana, material, cultural y espiritual.

67. Se trata de un profundo anhelo de millones de mexicanos deseosos de crecer al interior de una cultura de la vida que fortalezca instituciones democráticas y participativas, fundadas en el reconocimiento de los derechos humanos y en los valores culturales y trascendentes de nuestro pueblo. Cultura e instituciones construidas con la participación solidaria de todos, que sean salvaguardadas por las organizaciones representativas y subsidiarias llamadas a crear las condiciones reales que permitan una vida digna para todos. Esto supone una educación integral basada en el respeto a la persona humana y a la cultura, que incremente la responsabilidad y participación ciudadanas.

El servicio que la Iglesia puede prestar ante los desafíos que vive nuestra Nación

68. Haciendo una lectura serena de nuestra historia, creemos que nos encontramos en el tiempo oportuno para reconocer y asumir que la Nación está integrada por algunas realidades que en ocasiones se han contrapuesto o ignorado. Estas realidades requieren de una integración adecuada que consolide la justicia y la paz social y nos permita responder a los desafíos del nuevo milenio. El Papa Juan Pablo II las señaló con precisión durante su cuarta visita pastoral:

"Llego a un país cuya historia recorren, como ríos a veces ocultos y siempre caudalosos, tres realidades que unas veces se encuentran y otras revelan sus diferencias complementarias, sin jamás confundirse del todo: la antigua y rica sensibilidad de los pueblos indígenas que amaron Juan de Zumárraga y Vasco de Quiroga, a quienes muchos de estos pueblos siguen llamando padres; el cristianismo arraigado en el alma de los mexicanos; y la moderna racionalidad de corte europeo que tanto ha querido enaltecer la independencia y la libertad".

69. Para superar la permanente tentación de la confrontación y la violencia, que nos ha marcado en algunos momentos de nuestra historia, y para abrir caminos nuevos en los que todos podamos participar para construir el futuro de la Nación, es necesario crear espacios de encuentro, de diálogo y de reflexión en los que, partiendo de la realidad y de la identidad de nuestra Nación, debemos revisar qué es lo que nos une como mexicanos, cuáles son nuestros referentes comunes y dónde están los principales problemas que nos han contrapuesto, de manera que podamos encontrar los caminos para crecer en un clima de reconciliación, de justicia y de paz.

70. Esta revisión, como lo expresamos anteriormente, podrá ayudarnos a:

"Conseguir los consensos que nos permitan la unidad en los grandes criterios iluminadores que nos lleven a alcanzar el país que queremos para todos. poner los cimientos sólidos que nos lleven a conseguir la unidad dentro de la legítima diversidad".

71. Como parte constitutiva de la historia de México y de la identidad nacional, y conscientes de la realidad que vivimos y de la necesidad de contribuir a reforzar la unidad y la reconciliación nacional, los obispos escribimos en noviembre de 1998 que la Iglesia en su conjunto debe de participar activamente en el momento actual:

"¿Podría la Iglesia ser marginada en este momento histórico, como lo ha sido tradicionalmente en nuestro país? Más aún, ¿podría la Iglesia automarginarse y permanecer pasiva como simple espectador que ve pasar desde la ventana el desfile de los acontecimientos que hoy están construyendo la historia? Consideramos que nos toca ofrecer nuestra aportación desde la misión que nos es propia, es decir, desde el anuncio evangelizador, que asume la verdad de Dios, que es amor y la verdad del hombre, llamado al amor y a la plenitud de la vida".

72. Creemos que llegó la hora en que esos tres ríos, "a veces ocultos y siempre caudalosos" de ricas realidades que nos constituyen, puedan confluir libremente hacia un gran océano, en el que, creciendo en nuestras propias riquezas particulares a nivel personal y comunitario, podamos compartir, sin odios ni violencias, una humanidad y un destino común, aportando complementariamente cada uno lo suyo.

Importancia de la memoria histórica

73. Es también la hora de que la verdad histórica integral de México brille con mucha mayor claridad, desde sus mismos orígenes pasando por todas las etapas de nuestro caminar hasta el día de hoy, superando prejuicios y descalificaciones, dualismos y reduccionismos.

74. A los católicos mexicanos nos ha hecho falta cultivar y esclarecer la memoria histórica de nuestra fe. Sabemos muy bien que sin ella, se debilita la identidad y el sentido del presente y del futuro de todo el pueblo.

75. Es necesario reflexionar y comprender mejor el significado de estos quinientos años de evangelización, especialmente en lo que se refiere a los esfuerzos de elaboración del pensamiento teológico, filosófico, científico, cultural y artístico, a las ricas y diversas experiencias que han buscado inculturar el Evangelio en los diversos ambientes y lugares de nuestras iglesias particulares y en el país.

76. Agradecemos a todos los historiadores que nos han ayudado a comprendernos mejor como Iglesia en México. Así mismo agradecemos el aporte del Papa Juan Pablo II que, desde el inicio de su pontificado y especialmente en esta preparación al Gran Jubileo, nos ha alentado a los católicos a conocer, aceptar y amar nuestra historia a luz de la fe. Le agradecemos el que nos haya impulsado a buscar en el pasado, no sólo remoto sino reciente, las huellas y los rostros de Cristo en tantos mexicanos que ofrendaron sus vidas y derramaron su sangre por la fe y, desde ésta, por la libertad, la justicia y la paz en nuestra Patria.

77. Nuestra historia como Nación no es ya solamente una historia modelada por héroes valerosos, sino también por santos y beatos, mártires y confesores: niños, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, clérigos, consagradas, consagrados y fieles laicos que, amando a Jesucristo y a su Iglesia, amaron también a México. En este Año de Gracia del Señor, celebraremos con júbilo la beatificación y canonización de algunos de nuestros hermanos y hermanas, gloria de nuestra Iglesia.

Año de Gracia, del perdón y de la reconciliación

78. El año Jubilar es año de gracia, de perdón de las deudas y de reconciliación. Por lo tanto, en nombre de todos los miembros de la Iglesia de Cristo en México,pedimos perdón a Dios y a nuestros hermanos por todo aquello que a lo largo de nuestra historia lo ha ofendido a Él y a cualquier persona; por los daños que han causado nuestros pecados personales y sociales; por todas aquellas acciones, omisiones o retrasos que no han contribuido a la evangelización, a la dignificación de las personas y al bien de la comunidad nacional.

79. La fe católica nos hermana en el amor del mismo Padre. La pertenencia a la Iglesia, Cuerpo de Cristo, nos ayuda a reconocer y vivir la solidaridad que une a todos los seres humanos en una misma condición, origen y destino, en la única redención de Cristo y en la comunión de los santos, con el anhelo de servir mejor a todos los que formamos parte de esta Nación.

80. Es urgente que demos un paso hacia delante en una mejor comprensión de nuestra historia, de modo que no seamos prisioneros del pasado sino que, emprendiendo el camino del perdón y de la purificación de la memoria, los males de antaño no nutran el odio ni sigan lastimando y, sobre todo, no se vuelvan a repetir.

81. No debemos olvidar que quienes vivieron etapas difíciles de confrontación no tuvieron los elementos con los que hoy contamos para comprender el significado del proceso de autonomía de las realidades temporales, y del nuevo tipo de relaciones que tendrían que establecerse entre la Iglesia y el Estado.

82. Pero indudablemente a nosotros nos toca hoy poner en práctica las profundas y certeras enseñanzas del Concilio Vaticano II acerca de esos temas del papel de la Iglesia como institución en los diversos campos, del derecho a la libertad religiosa y del protagonismo indispensable de los laicos en la transformación de las estructuras del mundo según Cristo.

83. Inspirándose en el Magisterio de la Iglesia, principalmente del Concilio Vaticano II, y buscando respuestas directas a los enormes desafíos pastorales que presentaba el Continente latinoamericano, los obispos reunidos en Medellín, Puebla y Santo Domingo durante el último tercio del siglo XX, son el testimonio vivo de cuánto interés ha puesto la Iglesia en comprender y vivir el impulso conciliar y las enseñanzas pontificias de los Papas Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II.

84. La conciencia de la realidad, los retos que nos presentan las diferentes etapas y situaciones, sobre todo el dolor y el sufrimiento de nuestras hermanas y hermanos más pobres, y las múltiples respuestas pastorales que surgieron, han marcado definitivamente la historia pastoral de todas las Iglesias de América Latina, incluyendo la nuestra.

Todos llamados a redescubrirnos y a comprender los nuevos desafíos

85. Si en el corazón de la Iglesia de Cristo hace eco todo lo humano: las alegrías y las tristezas, los gozos y las esperanzas de todas las personas, especialmente de quienes son más pobres, es perfectamente entendible que la Iglesia participe, viva y sufra los cambios en nuestra historia.

86. Como preparación a la celebración del gran Jubileo y en el umbral del nuevo milenio, el Santo Padre nos ha llamado a revisar nuestra vida eclesial a la luz de la asimilación que hemos hecho de las riquezas del Concilio. Nos toca discernir los nuevos signos de los tiempos y comprender cómo ellos afectan, positiva y negativamente, a la fe, a la esperanza y a la caridad de los miembros de la comunidad eclesial.

87. En particular, para nosotros mexicanos, las cuatro visitas pastorales que Su Santidad Juan Pablo II ha realizado a nuestra Patria han sidoverdaderos acontecimientos de gracia que, sobre todo, nos han ayudado a redescubrirnos como pueblo fundamentalmente creyente en Cristo y devoto de María de Guadalupe. Así mismo han colaborado a aumentar nuestra conciencia respecto de la riqueza que representa nuestra fe, nuestra propia historia y nuestra cultura. Estamos ciertos que si logramos superar el miedo y la apatía como pueblo, seremos capaces de transformar nuestra realidad para bien y nos convertiremos en una Nación más cristiana, más humana y más sujeto de su propio destino.

88. En la Exhortación apostólica Ecclesia in America, el Papa Juan Pablo II ha llamado a tomar conciencia de la unidad y potencial de fe de todo el Continente Americano, en orden a buscar un encuentro más profundo con Jesucristo que lleve a la conversión, a la comunión y a la solidaridad como respuesta a los desafíos que presentan la nueva evangelización y la globalización en el Continente Americano.

89. Como Iglesia misionera estamos llamados a comprender los desafíos que la crisis de la modernidad y la propuesta cultural de la postmodernidad, con su redespertar religioso, presentan a la nueva evangelización de América en un complejo proceso de globalización. El trabajo realizado por el CELAM acerca de las megatendencias que se presentan actualmente en nuestros pueblos es un auténtico aporte para nuestra reflexión y compromiso.

90. Este contexto de globalización, con los desafíos que implica para la Nación y para la Iglesia, nos ha abierto posibilidades nuevas en la comprensión del significado del acontecimiento guadalupano y de la beatificación de Juan Diego. Sentimos más imperiosa la necesidad de anunciar el Evangelio, salvaguardando la dignidad de las personas, la riqueza de las culturas y colaborando en la construcción de una cultura globalizada de la solidaridad. El Papa Juan Pablo II nos ha hecho ver cómo Santa María de Guadalupe y el testimonio martirial de la Iglesia en México deben empeñarnos con mayor ánimo en la evangelización de todo el Continente.

91. Pasado y presente están en las manos de Dios y en la conciencia y responsabilidad de la actual generación, a quien se le brinda la oportunidad de visualizar mejor el futuro, por el cambio de siglo y de milenio que le ha tocado vivir. Para este futuro que nosotros inauguramos con la celebración del Gran Jubileo, queremos presentar estas reflexiones sobre la necesidad de fortalecer la comunión y la solidaridad entre los mexicanos.

92. Este mensaje quiere ser de esperanza y de confianza, sin exclusiones ni olvidos. Hay, seguramente, grandes retos y desafíos, y nuestras necesidades y carencias son casi incontables. Pero conocemos el pueblo que Dios nos ha encomendado y lo amamos con el gran amor que le tuvieron los padres y misioneros del principio. Sabemos que los mexicanos somos un pueblo que ama la vida y que tiene una admirable fe en la Providencia de Dios, del que nunca ha renegado, y un profundo amor filial a Santa María de Guadalupe, cuya protección tampoco ha dejado nunca de experimentar y agradecer.

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