VISITAR SITIO WEB de ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

Ir al ÍNDICE-CONTENIDO DE: DEL ENCUENTRO CON JESUCRISTO A LA SOLIDARIDAD CON TODOS

Ir al Sitio Web de la Conferencia del Episcopado Merxicano


  Google
Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la Misión Permanente en la Arquidiócesis de México. IR A DOCUMENTOS DE LA MISIÓN

Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. CEM

SECCIÓN II

CÓMO VIVIR LA COMUNIÓN CON CRISTO
Y CON LOS HERMANOS A TRAVÉS DE UNA EXPERIENCIA ECLESIAL
MÁS PROFUNDA

1. CONTEMPLACIÓN A LA UZ DE LA FE

Vivir una eclesiología de comunión

126. El fruto de la muerte y Resurrección de Jesús y de la presencia impetuosa del Espíritu es la Iglesia, comunidad de los hermanos que anuncia, celebra y vive la comunión con Dios, Uno y Trino, para hacerla partícipe a toda la creación hasta el final de los tiempos en el que Dios será todo en todos. Por ello, en primer lugar, es necesario afirmar con Ecclesia in America, que:

«Ante un mundo roto y deseoso de unidad es necesario proclamar con gozo y fe firme que Dios es comunión, Padre, Hijo y Espíritu Santo, unidad en la distinción, el cual llama a todos los hombres a que participen de la misma comunión trinitaria. Es necesario proclamar que esta comunión es el proyecto magnífico de Dios [Padre]; que Jesucristo, que se ha hecho hombre, es el punto central de la misma comunión, y que el Espíritu Santo trabaja constantemente para crear la comunión y restaurarla cuando se hubiera roto. Es necesario proclamar que la Iglesia es signo e instrumento de la comunión querida por Dios, iniciada en el tiempo y dirigida a su perfección en la plenitud del ReinoÈ. La Iglesia es signo de comunión porque sus miembros, como sarmientos, participan de la misma vida de Cristo, la verdadera vid (Cf. Jn 15, 5). En efecto, por la comunión con Cristo, Cabeza del Cuerpo místico, entramos en comunión viva con todos los creyentes.

127. Vivir el don de la Iglesia como la comunión -koinonía- de los creyentes en Cristo "que tenían un solo corazón y una sola alma" (Hch 4,32), debe ser una prioridad pastoral permanente para nosotros. La Iglesia es y debe ser el espacio vital y natural en el que podamos encontrar, escuchar, celebrar, vivir y difundir integralmente el acontecimiento de Cristo en medio del mundo. La comunión es obra del Espíritu, pero también requiere de la participación y colaboración de todos para que, donde quiera que estemos y en todo lo que hagamos, contribuyamos a fortalecerla, superando hábitos adquiridos y criterios puramente territoriales o funcionales.

128. Esto implica la comprensión y vivencia del misterio de la Iglesia como edificación del único Cuerpo de Cristo, del cual somos miembros, cada uno con dones y carismas al servicio de todo el Cuerpo para su edificación en el amor (Cf. Ef. 4). El Apóstol siempre afirmó la primacía de la unidad y la caridad sobre los demás carismas (Cf. 1 Cor 13 y 14), pues aunque proceden del mismo Espíritu, son dones al servicio de la edificación del único Cuerpo de Cristo, el cual crece hacia su plenitud en el amor (Cf. Ef 4).

129. Elemento esencial de la Iglesia como comunión y como sacramento es su dimensión jerárquica. En la Iglesia existen diversos ministerios con unidad de misión. A los apóstoles y a sus sucesores Cristo les confirió la función de enseñar, santificar y gobernar en su propio nombre y con su autoridad.

130. Desde el comienzo de su ministerio, Jesucristo instituyó a los Doce. Elegidos juntos, también fueron enviados juntos y su unidad fraterna está al servicio de la comunión de todos los fieles. Por eso todo obispo, - sucesor de los apóstoles -, ejerce su ministerio en el seno del colegio episcopal, en comunión con el obispo de Roma, sucesor de San Pedro, jefe del colegio y fundamento visible de la unidad.

131. Los obispos han confiado legítimamente la función de su ministerio en diversos grados a diversos sujetos en la Iglesia. La función ministerial en grado subordinado fue encomendada a los presbíteros para que sean colaboradores necesarios del Orden episcopal. Por ello, los presbíteros deben ejercer su ministerio en el seno del presbiterio de la diócesis bajo la dirección de su obispo.

132. Los diáconos participan también de la dimensión jerárquica de la Iglesia ya que reciben, por la imposición de las manos, la gracia para realizar un servicio. El sacramento del Orden los marca con un sello que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo servidor de todos.

Vivir el misterio de la Iglesia universal en la Iglesia particular

133. Toda la riqueza de este misterio de la Iglesia una, santa, católica y apostólica -expresión de la comunión trinitaria en la historia-, se hace presente en la Iglesia particular o diócesis; por tanto, el misterio de la comunión se vive en la iglesia particular. El que, como católicos, comprendamos y vivamos cada vez más el misterio de la Iglesia universal, en y a través de la comunión y participación con la Iglesia particular, deberá ser una labor prioritaria de los agentes de pastoral, en especial de nosotros los obispos.

134. En este sentido, la experiencia del misterio de la koinonía de la primera comunidad cristiana, que nos relata el libro de los Hechos de los Apóstoles (Cf. Hch 2 y 4), es y será siempre el modelo de vida cristiana al que estamos llamados todos aquellos que hemos encontrado a Jesús en el camino de la vida. En dicha comunidad se vivía permanentemente:

  • La dimensión profética, atenta a la escucha de la Palabra de Dios, a través de la enseñanza de los apóstoles.
  • La dimensión litúrgica y sacramental centrada en la fracción del Pan, la pascua de Cristo.
  • La dimensión social que se expresa en la caridad, vivida como comunicación cristiana de los bienes.
  • La dimensión misionera, obedeciendo el mandato del Señor resucitado.

135. Este será siempre el modelo inspirador y rector de la Iglesia que, vivido y compartido en fraternidad por el obispo, sucesor de los apóstoles, su presbiterio y los creyentes, forma la koinonía, la iglesia local o diócesis, la cual, a su vez, en la comunión con el Vicario de Cristo y los demás sucesores de los apóstoles, forman la Iglesia universal.

2. RECONOCIMIENTO DE LA SITUACIÓN ACTUAL

Nuestra realidad eclesial

136. La riqueza doctrinal del Concilio Ecuménico Vaticano II, ampliada en posteriores documentos del Magisterio y adaptada en las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano a la realidad de nuestros países, ha generado planes, proyectos, procesos y actividades pastorales de gran riqueza espiritual, según las necesidades y capacidades de cada Iglesia particular. Se ha hecho un esfuerzo enorme por poner en práctica las enseñanzas conciliares; gran número de diócesis del país cuentan con planes de pastoral y prácticamente todas tienen comisiones pastorales referidas a los tres ministerios fundamentales.

137. No es tarea fácil comprender y describir los inmensos valores que caracterizan a la Iglesia en México. Se trata de una realidad compleja que contiene logros pastorales importantes y esperanzadores pero, por otra parte, aspectos deficientes y preocupantes. Sin embargo, la variedad de modalidades locales y regionales constituye parte de la riqueza espiritual de la Iglesia en México y funge como aporte al continente americano y a la Iglesia universal. Su raíz la constituye el multiforme misterio de Cristo, presente a través de la buena semilla de la primera evangelización y de los procesos evangelizadores posteriores.

138. En contextos distintos, la Iglesia enfrenta de maneras diversas los desafíos pastorales. Algunas de estas respuestas se circunscriben a ciertas comunidades y diócesis. Sin embargo, también se perciben desafíos pastorales comunes de las Iglesias particulares a lo largo y ancho del país.T

139. odo esto constituye los retos y los frutos de una Iglesia viva, que hace suyos los gozos y las esperanzas, las preocupaciones y las angustias de sus hijos e hijas, comprometidos con el Evangelio y con las enseñanzas del Concilio Vaticano II y del Magisterio.

La pluriformidad y la diversidad: elementos constitutivos de la comunión eclesial

140. Vista en su conjunto, la Iglesia en México es una institución que posee credibilidad por su autoridad moral, su pensamiento y sus valores. Se percibe necesaria para el progreso de la nación, especialmente por su sentido de la vida y de la esperanza, por su amor a los pobres, por su capacidad educativa y por el testimonio heroico de sus miembros en muchos ambientes. De este modo podemos valorar mejor la relevancia y la responsabilidad de ser la Iglesia con mayor número de fieles en el país, y la segunda Nación con más católicos en el mundo.

141. La variedad y riqueza de experiencias pastorales de la Iglesia en México, nos lleva a la necesidad de reconocer un hecho actual que, aunque siempre ha existido, no se había señalado con suficiente claridad como constitutivo de nuestra identidad católica en México: somos una Iglesia unida, pero múltiple en sus modos de vivir y expresar la fe. Se trata de los matices que distinguen a las comunidades en el país y por tanto, de la riqueza de la diversidad que configura la unidad y la comunión, dimensiones esenciales del misterio de la Iglesia de Cristo (Cf. 1 Cor 12,1).

142. Esas legítimas diversidades, lejos de comprometer la unidad eclesial, la enriquecen y contribuyen de manera muy valiosa a la construcción de la unidad, que no es homogeneidad, sino constatación de que "la verdad es sinfónica". Este hecho es de difícil comprensión para quien desconoce la riqueza del misterio de Cristo.

"La universalidad de la Iglesia, de una parte, comporta la más sólida unidad y, de otra, una pluralidad y una diversificación, que no obstaculizan la unidad, sino que le confieren en cambio el carácter de «comunión». Esta pluralidad se refiere sea a la diversidad de ministerios, carismas, formas de vida y de apostolado dentro de cada Iglesia particular, sea a la diversidad de tradiciones litúrgicas y culturales entre las distintas Iglesias particulares."

Construir la comunión en la unidad y la diversidad a través de diversos ministerios

143. Como obispos, responsables en primer lugar de conservar la unidad con el vínculo de la verdad en la caridad, es necesario que nos empeñemos en fortalecer nuestra comunión y colegialidad episcopal y comprendamos "la necesidad (...) de aunar fuerzas, fruto del intercambio de prudencia y experiencia dentro de la Conferencia Episcopal", ya que los obispos "a menudo no pueden desempeñar su función adecuada y eficazmente si no realizan su trabajo de mutuo acuerdo y con mayor coordinación, en unión cada vez más estrecha con otros Obispos".

144. Para ello necesitamos fortalecer las instancias nacionales de la Conferencia del Episcopado y los servicios que éstas prestan a las diócesis y regiones pastorales. Las Comisiones episcopales son organismos al servicio de la Conferencia del Episcopado, de las regiones y de las diócesis, que alientan y acompañan el trabajo pastoral nacional en diversos temas de acuerdo a las necesidades pastorales. En los últimos años ha mejorado la estructuración de los servicios a través de dichas Comisiones episcopales, pero se requiere una mejor articulación y cohesión entre las mismas de acuerdo a criterios pastorales comunes y a una visión más orgánica, profesional y convergente.

145. Agradeciendo la incansable labor de los presbíteros, como colaboradores necesarios del obispo, les invitamos a descubrir más y más su sacerdocio como don ministerial para la Iglesia universal. En cualquier lugar donde se encuentren, deben procurar discernir los carismas y las cualidades de los fieles que puedan contribuir a la animación de la comunidad, escuchándolos y dialogando con ellos, para impulsar así su participación y corresponsabilidad. Ello favorecerá una mejor distribución de las tareas que les permita "consagrarse a lo que está más estrechamente conexo con el encuentro y el anuncio de Jesucristo, de modo que signifiquen mejor, en el seno de la comunidad, la presencia de Jesús que congrega a su pueblo".

146. Así mismo, la labor de los diáconos permanentes es sumamente valiosa ya que participan de manera especial en la misión y la gracia de Cristo-Servidor, auxiliando a los obispos y a los presbíteros en la celebración de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistiendo a la celebración del matrimonio y bendiciéndolo, proclamando el Evangelio y predicando, presidiendo las exequias y la oración de la Iglesia y entregándose a los diversos servicios de la caridad.

147. Nos alegramos por la generosa presencia entre nosotros de Institutos de vida consagrada, sobre todo de mujeres, muchos de ellos fundados en México; están al servicio de la evangelización en el país y en toda clase de tareas, ambientes, culturas y lugares, comprometidos en la educación en niveles básicos y universitarios; en comunidades de inserción entre los más pobres, uniendo la evangelización a la promoción humana; en parroquias y centros diversos de evangelización y difusión de la cultura; en hospitales; en los medios de comunicación; acompañando en la formación espiritual y profesional a personas comprometidas en el mundo de la economía y de la empresa; en el arte y en las humanidades.

148. Con gozo vemos incrementarse la participación de los fieles laicos en iniciativas propias de su vocación y misión. A nivel intraeclesial, hay una presencia creciente de movimientos, grupos y asociaciones laicales nacionales e internacionales que buscan servir a la evangelización de los fieles desde la experiencia personal de encuentro con Jesucristo, hasta la renovación de los matrimonios, la vida familiar y la vida comunitaria. Las mujeres destacan en este campo por su compromiso y entrega.

149. Respecto a su vocación y misión primordial de naturaleza secular, existen ya numerosas y variadas iniciativas organizadas civilmente que están buscando, bajo su propia responsabilidad, vivir y aplicar en los diferentes ambientes de la sociedad los principios y criterios de la Doctrina Social de la Iglesia. Esta conciencia y compromiso creciente del laicado mexicano, aunque es muy prometedor, "está todavía en sus inicios" y requiere de un número mayor de fieles laicos comprometidos. Ello será si se les ofrece una formación más profunda que les permita vivir más su identidad bautismal y conocer y aplicar a su medio el pensamiento social de la Iglesia.

150. Si logramos asumir, vivir y articular mejor esta pluriformidad eclesial como constitutiva de nuestra identidad, unidad y organicidad eclesial, contribuiremos a fortalecer y embellecer el rostro de la única Esposa de Cristo, nuestra Madre la Iglesia. De este modo, la nueva evangelización será más eficaz y la presencia cultural, social y solidaria de la comunidad católica será determinante en la construcción de esa nueva unidad que buscamos como nación y como continente.

Una Iglesia que crece en sus dimensiones americanas

151. Con lentitud y no sin dificultades, sobre todo por los enormes procesos migratorios de millones de mexicanos, hemos ido cayendo en la cuenta que la relación con el norte del continente no es algo circunscrito a razones de predominio político y económico. Gracias a la iniciativa del Papa Juan Pablo II de convocarnos a un Sínodo americano, hoy percibimos mejor que en el pasado que, más allá de los factores históricos, políticos, económicos y sociales, existe una verdadera y profunda unidad fruto de una fe común en Cristo. Esta fe común contiene un enorme potencial de crecimiento en la comunión y en la solidaridad. Jesucristo está vivo, presente en la historia de América para unirnos a todos fraternalmente en torno a Él, y la Iglesia está llamada a ser el signo sacramental de esa unidad.

152. En este sentido, nos alegra ver crecer las relaciones, propuestas e intercambios pastorales entre nuestras diócesis, en particular las que viven procesos migratorios, con las diócesis del norte del continente. Esta colaboración entraña un gran desafío en el que todavía tenemos mucho por aprender.

153. Ha sido una gracia y una satisfacción haber participado en todas las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, pues sus aportes y frutos a la nueva evangelización tanto a nivel local como universal están a la vista. Sin embargo, reconocemos que es necesario estrechar los lazos con las Iglesias de América del Norte y de América Latina para responder mejor al llamado del Papa Juan Pablo II a favor de la comunión episcopal y eclesial y al incremento de la cultura de la solidaridad.

154. Se trata de todo un programa de trabajo eclesial y solidario el que nos ofrece la Exhortación Ecclesia in America. Del encuentro con Jesucristo y de la conversión y comunión que de Él nacen, "deriva para las Iglesias particulares del Continente americano el deber de la recíproca solidaridad y de compartir sus dones espirituales y los bienes materiales con que Dios las ha bendecido, favoreciendo la disponibilidad de las personas para trabajar donde sea necesario. Partiendo del Evangelio se ha de promover una cultura de la solidaridad que incentive oportunas iniciativas de ayuda a los pobres y a los marginados, de modo especial a los refugiados, los cuales se ven forzados a dejar sus pueblos y tierras para huir de la violencia".

155. Esta amplia perspectiva eclesial implica revisar mentalidades, actitudes y conductas pastorales, y ampliar los horizontes según la medida del amor de Cristo, para trabajar de una forma más creativa y participativa, con todas las Iglesias en América. Este esfuerzo lleva necesariamente a la apertura al diálogo ecuménico con los que buscan sinceramente el bien de la humanidad.

Las dificultades más sobresalientes

156. Inercias: debemos reconocer que se perciben en algunas actividades ciertos tipos de estancamiento y cansancio que no corresponden a las exigencias de la hora presente y del magisterio conciliar. Perduran formas de celebración y de conducta que se inspiran más en temores e inercias arraigadas que en los desafíos reales o en el dinamismo de la nueva evangelización. La rutina pastoral debe ser superada con la apertura sincera al dinamismo del Espíritu y la fuerza creadora y transformadora de la Palabra de Dios.

157. Formación y atención a los presbíteros: una preocupación constante de los obispos es encontrar para sus sacerdotes la formación adecuada a la vida, espiritualidad y ministerio diocesano, e irlos introduciendo, pedagógicamente, en la pastoral parroquial. Existen problemas a causa de la edad, de la formación diferente y de circunstancias adversas que afectan su vida pastoral. Preocupa también en ocasiones su inadecuada distribución dentro del territorio diocesano, la urgencia de compartirlos generosamente con otras diócesis necesitadas y la dificultad para ofrecerles la tan deseada formación permanente.

158. Falta de unidad en los criterios pastorales: en ocasiones, se resiente la carencia de unidad de criterios pastorales fundamentales entre los diversos agentes para hacer más orgánico y articulado el trabajo pastoral, y se lesiona la comunión eclesial cuando se ignoran, duplican o ponen en competencia programas y actividades.

159. Clericalismo: existe todavía un fuerte clericalismo celoso de compartir responsabilidades con el laicado, e incluso rasgos de una cultura machista que discrimina de diversas formas el ejercicio de la vocación que asiste por derecho propio a las mujeres en la comunidad eclesial.

160. Necesidad de mayor integración entre vida consagrada y pastoral diocesana: la integración de los institutos de vida consagrada, femenina y masculina, en la vida pastoral de la diócesis, presenta algunas dificultades, sobre todo cuando son numerosos y su presencia es anterior a la organización diocesana. Se requiere una eclesiología renovada y fiel a la doctrina del Concilio Vaticano II que ayude a comprender, vivir e integrar la necesaria unidad pastoral que se origina en el obispo diocesano, con la variedad de carismas que enriquecen a la iglesia local y ayuden a construir la comunión eclesial mediante la caridad. La unidad y comunión con la Iglesia universal se expresa y vive en la participación en la vida de la Iglesia local. No basta la referencia pastoral al Papa si ésta no pasa por la comunión con el pastor diocesano.

161. Carencia de conciencia secular en los laicos: si bien la vida laical emerge con mayor claridad y fuerza por todas partes, los laicos siguen siendo vistos por muchos pastores como quienes están en la Iglesia más para ejecutar órdenes que como quienes han recibido una vocación y misión propias. El aprecio que nos merecen sus actividades hacia dentro de la Iglesia, no debe hacernos olvidar que su vocación es propiamente secular, es decir, orientada a la transformación de la sociedad.

162. Autosuficiencia o marginación de los movimientos: los movimientos laicales son un nuevo don del Espíritu y una riqueza para la nueva evangelización. Debe evitarse el riesgo de que vivan aislados y al margen de la vida eclesial y de los planes diocesanos, o que lleguen incluso a despreciar otras formas de vida cristiana y hasta la misma autoridad del párroco y del obispo. También existe el peligro de los movimientos eclesiales no se vean suficientemente atendidos por los pastores o sufran algún tipo de marginación a causa de la falta de valoración de su aporte como don del Espíritu.

163. Insuficiente articulación eclesial: la riqueza de expresiones para hacer presente el Evangelio en los múltiples ambientes del mosaico mexicano, no está suficientemente articulada en los diversos niveles de la vida eclesial y comunitaria. De aquí que la riqueza y la fuerza institucional de la Iglesia en México, no se traduce en una presencia cultural lo suficientemente significativa que sea capaz de incidir en aquellas actitudes, decisiones y conductas que más determinan nuestra vida. El riesgo de los caminos paralelos o dispares entre los agentes activos en la evangelización, es muy delicado y exige humildad y un gran esfuerzo de renovación y corrección.

164. Estructuras precarias de intercambio: muy unida a esta desarticulación interna se encuentra la precariedad de estructuras y mecanismos que favorezcan y faciliten los intercambios de agentes, la formación y respuesta conjunta por regiones o zonas pastorales, las diversas formas de ayuda entre iglesias con recursos suficientes y las que carecen de lo más elemental. Todos experimentamos la dificultad que tenemos de llevar a cabo a nivel nacional iniciativas más organizadas como respuesta a las diversas necesidades pastorales, de caridad ordinaria y de solidaridad en situaciones de emergencia.

165. Debilitamiento del sentido de comunión: entre los mexicanos, existe una conciencia más o menos clara de la institucionalidad de la Iglesia, sean creyentes o no. Sin embargo, tenemos que reconocer que se ha debilitado el sentido vital de la Iglesia particular como comunión que se hace presente en la comunidad profética, litúrgica y social. El compartir juntos la vida, la ayuda mutua y el servicio, en una palabra, el valor fundamental del amor cristiano entre los hermanos, no se perciben con suficiente claridad como el signo principal de credibilidad de acuerdo con las palabras de Jesús (Cf. Jn 13, 34-35).

166. Falta de una mayor conciencia y compromiso misioneros: finalmente, si bien todas las expresiones de vida eclesial que hemos descrito son un testimonio vivo del despertar del sentido misionero católico, tenemos que reconocer que todavía existe la mentalidad de que, misioneros son sólo aquellos que han sido enviados ad gentes, y que sólo nos toca orar por ellos y ayudar económicamente a su extraordinaria labor. No existe todavía una conciencia profunda y un compromiso arraigado de que todos los creyentes en Cristo, por naturaleza, somos misioneros enviados a anunciar y dar testimonio del Evangelio en todos los ambientes en los que nos encontramos.

3. PLANTEAMIENTO DE DESAFÍOS PASTORALES

167. Ecclesia in America nos ha ayudado a percibir con mayor claridad los cambios culturales que estamos viviendo los católicos, en particular la secularidad y el secularismo; cómo éstos afectan significativamente la fe y la experiencia religiosa y, la urgente necesidad que tenemos de anunciar e inculturar el Evangelio utilizando nuevos métodos, nuevas formas y nuevo ardor.

168. Las diócesis no son homogéneas, sino que están matizadas por etnias, culturas, ambientes que piden respuestas distintas y creatividad pastoral diferente. Entre las exigencias más significativas para nosotros, están:

  • Las comunidades y pueblos indígenas que, marginados en muchas ocasiones por las sociedades urbanas, buscan vivir su fe, reivindicar sus derechos, afirmar su identidad cultural y disfrutar de sus tierras.
  • Personas y comunidades que viven una cultura rural-semiurbana en la que la fe y las tradiciones católicas tienen todavía fuerte raigambre, con expresiones valiosas de religiosidad popular, pero que no han adquirido un sentido eclesial más profundo, incluso misionero y evangelizador, de manera que la fe se vive, sí, como una serie de tradiciones y celebraciones cíclicas, pero ya no es capaz de responder a los nuevos desafíos.
  • La mayoría de los católicos mexicanos viven en una cultura urbana, en la que las diversas informaciones y propuestas y, sobre todo, la permanente movilidad de la vida moderna, cuestionan los espacios tradicionales de pertenencia, vivencia y celebración de la fe.
  • La pérdida paulatina y hasta la destrucción sistemática del sentido comunitario de la vida, que comienza con la misma familia y abarca todas las demás dimensiones de la realidad social. La sociedad moderna enfatiza al individuo libre y solitario y a su capacidad ilimitada de consumo y búsqueda de satisfactores. En este contexto, la religión se torna una alternativa más dentro de las diferentes opciones que ofrece el mercado para satisfacer la búsqueda de sentido. Esta tendencia lleva muchas veces a intentar alcanzar una cierta relación con un Cristo que responda a las aspiraciones meramente subjetivas, sin tener relación con la Iglesia e incluso con el Evangelio.

169. Es preciso encaminar a todos estos hermanos y hermanas hacia un encuentro con la persona y el misterio de Cristo en todas las circunstancias de la vida moderna, a través de una experiencias de vida cristiana comunitaria que sea capaz de transformar su vida personal, familiar y social.

170. Necesitamos comprender los retos que nos plantea la cultura urbana y tecnologizada, a la luz de la Palabra, la Tradición, la teología y, con la ayuda de las diversas ciencias, mejorar nuestros modelos de pastoral urbana, a veces demasiado centralizados en los servicios y actividades en los templos.

171. Esta conciencia de la realidad acerca de dónde y cómo están nuestras hermanas y hermanos en la fe, nos llevará, necesariamente, a replantearnos los métodos de evangelización y, en su caso, a buscar nuevos caminos y nuevas expresiones. Especialmente, el percibir y conocer mejor nuestra realidad nos invita a salir en búsqueda de todos aquellos que, siendo católicos, por diversas razones se han ido distanciando de su comunidad, sobre todo de su parroquia.

La parroquia, lugar privilegiado de la experiencia concreta de la Iglesia

172. En preciso comprender la parroquia como la expresión concreta de la comunión que viven las personas que creen y esperan en Cristo, y el templo debe conservar su valor central y simbólico de casa común de la Asamblea cristiana; pero es necesario redescubrir su sentido misionero a nivel intraeclesial, como una de las mayores exigencias pastorales de la Iglesia en México, propiciando espacios y lugares accesibles de oración, meditación de la Palabra, encuentro y servicio fraterno. Sin esta red solidaria se seguirá acrecentando entre los fieles el vacío que suelen llenar grupos religiosos proselitistas.

173. Las parroquias insertas en comunidades rurales e indígenas poseen retos particulares que exigen una respuesta pastoral inculturada. Es necesario promover en ellas los métodos de evangelización que, anunciando integralmente a Cristo, permitan fortalecer los lazos fraternos la comunidad. Es necesario evitar la repetición mecánica de soluciones que, si bien pueden haber sido eficaces en el pasado, en el presente exigen renovarse para seguir prestando el servicio que deben.

174. De manera particular, hay que poner atención a los desafíos que tienen las parroquias urbanas "donde las dificultades son tan grandes que las estructuras pastorales normales resultan inadecuadas y las posibilidades de acción apostólica notablemente reducidas. No obstante, la institución parroquial conserva su importancia y se ha de mantener. Para lograr este objetivo hay que continuar la búsqueda de medios con los que la parroquia y sus estructuras pastorales lleguen a ser más eficaces en los espacios urbanos".

175. La parroquia, a pesar de todas las dificultades que presenta la vida moderna, "es un lugar privilegiado en que los fieles pueden tener una experiencia concreta de la Iglesia". Es absolutamente indispensable que llevemos a cabo una reflexión sobre la situación que viven las parroquias en nuestra nación y hagamos todo lo posible para que sean efectivamente la presencia comunitaria de Cristo más cercana a la casa y a la sociedad ("paroikía"); la comunidad de comunidades, que abraza y acompaña todas las legítimas expresiones de la vida cristiana y que anima a la formación de comunidades vivas y dinámicas. Se trata del llamado a una verdadera renovación "partiendo del principio fundamental de que la parroquia tiene que seguir siendo primariamente comunidad eucarística".

176. Todo esto implica revisar hasta dónde las parroquias son, para los miembros de la comunidad, espacios y lugares:

  • Proféticos de anuncio y denuncia evangélica, promotores y coordinadores de la iniciación cristiana, de la educación, formación y estudio de la fe y de la Doctrina Social de la Iglesia.
  • De celebración sacramental de todo el don de la vida y de la historia, centrados en el misterio de la Pascua del Señor, cuya fuente y culmen es la Eucaristía.
  • De testimonio de fraternidad cristiana donde el mundo puede descubrir el modo como nos amamos los que creemos en Cristo y como estamos abiertos y servimos solidariamente a todos, de manera especial a los más pobres, a través de iniciativas organizadas a la luz de la comunicación cristiana de los bienes.
  • Abiertos y promotores de la diversidad de carismas, servicios y ministerios e integradores de los institutos de vida consagrada y de los movimientos de apostolado ya existentes.
  • De escucha y discernimiento de los signos de los tiempos y con capacidad de comprender y responder a la diversidad socio-cultural de sus miembros.
  • Integrados a las estructuras, propuestas y proyectos pastorales diocesanos y a realidades más amplias de la vida eclesial.

177. Es importante señalar que las parroquias, al tiempo que poseen los elementos necesarios para hacer presente la salvación de Cristo a los fieles, son células del cuerpo eclesial diocesano; por tanto, deben estar unidas entre sí, con el presbiterio y con la cabeza, el obispo, su pastor. El plan pastoral parroquial debe reflejar, al mismo tiempo, la concretización del plan diocesano y la respuesta a las exigencias propias de la comunidad.

Otras expresiones fundamentales de la comunidad

178. Como lo habíamos expresado en las conferencias de Puebla y Santo Domingo, es urgente seguir profundizando en el don de la familia como primera comunidad humana y cristiana; en las comunidades vivas y dinámicas, y en los movimientos, asociaciones y grupos, como espacios privilegiados de evangelización, de comunión y participación, que hacen presente el misterio de Jesucristo a personas en los más diversos ambientes y circunstancias. Los animamos a continuar su labor, dentro del espíritu de comunión eclesial que hemos señalado.

179. Las comunidades eclesiales de base deben continuar viviendo una "decidida proyección universalista y misionera que les infunda un renovado dinamismo apostólico." Son células vivas de las parroquias que están llamadas a vivir como comunidades de fe, de culto y de amor, evitando siempre cualquier parcialización ideológica en el servicio que prestan a la sociedad y a la Iglesia.

Nuevas actitudes y conductas hacia algunos miembros de la Comunidad eclesial

180. Los fieles laicos: nos parece importante resaltar la necesidad de revisar las relaciones de los pastores con los fieles laicos al interior de la Iglesia porque, como lo mencionamos anteriormente, sin ellos no será posible la renovación de la Iglesia.

181. Queremos asumir lo que nos propone Ecclesia in America sobre los fieles laicos, profundizando más aquellos aspectos que tienen que ver con nuestra realidad mexicana, como la necesidad de superar el clericalismo, la falta de formación en la vocación secular y social de su fe, la creación de espacios de participación e incluso de decisión en los diferentes niveles de la vida comunitaria: "La Iglesia del Nuevo Milenio debe mostrar un rostro laical".

182. La mujer: también necesitamos revisar nuestras actitudes y conductas hacia las mujeres dentro de la Iglesia. Como nos lo ha recordado el Santo Padre en Ecclesia in America: "Merece una especial atención la vocación de la mujer (...) ya que el futuro de la nueva evangelización (...) es impensable sin una renovada aportación de las mujeres, especialmente de las mujeres consagradas por su aportación específica (...) al progreso de la humanidad".

  • Además, debemos profundizar en la antropología cristiana que afirma el misterio de la persona como imagen de Dios: varón y mujer y, por tanto, criaturas con igual dignidad y derechos, diversos en cualidades y riquezas y llamados a la santidad a través de la unidad complementaria en el amor y la vida.
  • Profundizar en el don de la mujer, en su vocación y misión en la Iglesia y en el mundo a la luz de la Revelación, de la Tradición y del Magisterio, así como de la teología y experiencia en la historia de la Iglesia y de la sociedad.
  • Comprender mejor, dentro del don de la familia, la misión de la mujer como persona igual en dignidad y derechos que el varón; como esposa, compañera y madre, así como su particular forma de aportar y enriquecer, desde su diversidad, la vida familiar, de manera que se superen todas las formas de machismo, marginación y subyugación intrafamiliar.
Ir a la página anterior  
Ir a la página siguiente
loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loansloans loans loans loans loans loans loans insurance insurance mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage insurance insurance insurance insurance insuranceinsurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insuranceinsurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance