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Vicaría      de Pastoral

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Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. CEM

SECCIÓN III

LA EDUCACIÓN COMO CAMINO PARA LA CONSTRUCCIÓN
DE UNA CULTURA DEMOCRÁTICA

353. Hemos mostrado que del encuentro con Cristo nace la solidaridad y cómo ésta fortalece la subjetividad de la Nación e invita a la creación de modelos de desarrollo integral que respondan a las necesidades de todos y no sólo de unos cuantos. Ahora, es necesario resaltar cómo a través de la educación es posible construir una cultura más participativa, representativa y respetuosa de la dignidad humana en todos los ámbitos, es decir, una cultura de la democracia.

354. Ante todo es preciso comprender con claridad el sentido de las nociones de "educación", "cultura" y "cultura de la democracia", ya que en ocasiones se dan equívocos importantes al momento de tratar estos temas.

La cultura y la educación

355. La cultura es todo aquello por lo que la persona humana crece en su ser, crece en humanidad. Por ello, la verdadera cultura involucra la actividad humana en su totalidad; es el estilo de vida que la persona crea como miembro de una familia y de la comunidad humana mediante símbolos, lenguajes, costumbres e instituciones, y que favorece su desarrollo integral. Más aún, la cultura es el modo como la persona se relaciona con sus semejantes, con el mundo material y con Dios.

356. La educación no es mera instrucción o capacitación; es "un proceso de comunicación y asimilación sistemática y crítica de la cultura, para la formación integral de la persona humana." Por ello, la educación no se reduce a "transmitir e interiorizar pasivamente los contenidos culturales, sino que es necesario comunicarlos en forma sistemática y asimilarlos críticamente, para que el educando los reconstruya y se los apropie de manera inteligente y creativa."

357. El propósito de la educación es la formación de la persona humana "en orden a su fin último y al bien de las sociedades de las que el hombre es miembro y en cuyas responsabilidades participará cuando llegue a ser adulto".

358. Cuando la educación se inspira y fundamenta en la antropología cristiana, debe contemplar la vertiente individual y social de la persona humana. En lo individual ha de poseer una visión humanista, una actitud creativa, una propuesta liberadora, un sano sentido crítico y conciencia de su relevancia como factor de evangelización.

359. En lo social, la educación de inspiración cristiana debe fomentar la participación, el diálogo, la inculturación, el cambio social, la inserción familiar y el cuidado del medio ambiente.

360. Por ello, la dimensión social de la persona, en todas sus variadas manifestaciones, requiere de un proceso educativo que le permita desplegarse de un modo auténticamente humano y del cual no se debe de evadir.

La democracia como fenómeno cultural

361. Los obispos mexicanos en 1997, con motivo de las elecciones, apuntamos que en otro momento abundaríamos "sobre los elementos fundamentales para que los cristianos colaboremos de modo permanente en la construcción de una cultura democrática que nos permita vivir dentro de condiciones de auténtica promoción humana, desarrollo integral y paz duradera" debido a que cada vez es más urgente "acompañar e impulsar, desde nuestra misión de pastores, el proceso democrático del país, superando el ambiente sofocante de desconfianza en las instituciones, proclamando los valores de una genuina democracia pluralista, justa y participativa, animando al pueblo hacia un real protagonismo."

362. Una auténtica cultura de la democracia es participativa y solidaria, representativa y subsidiaria, promotora de la dignidad y de los derechos humanos. Con estos elementos la democracia se hace una propuesta humana capaz de vitalizar la sociedad y sus instituciones. Sin ellos, las instituciones, por perfectas que sean, carecen de vida y se convierten con facilidad en espacios para el arribismo y el oportunismo populista en cualquier ámbito de la vida social.

363. Es preciso caer en la cuenta de que la cultura de la democracia no se restringe a lo meramente electoral, sino que implica todas las actividades sociales del hombre que requieren participación, representación y promoción humana.

364. Así entendida, la cultura de la democracia colabora a la construcción de la sociedad como sujeto de su propio destino, es decir, colabora a que el pueblo realmente ejerza el poder que le corresponde por propio derecho.

365. Todos los agentes responsables directa o indirectamente de la educación -padres de familia, maestros, autoridades civiles, pastores de las distintas Iglesias, medios de comunicación, etc.- debemos promover, a través de nuestros esfuerzos educativos, la cultura de la democracia.

366. Particularmente hemos de enfatizar a través de la educación el vínculo que existe entre derechos y obligaciones de las personas. Cuando este vínculo se disuelve o se desconoce, entonces la exigencia unilateral de los derechos inclina a la evasión de las responsabilidades correspondientes.

Fortaleza y debilidad de nuestra cultura nacional

367. La Nación mexicana aparece como una realidad plural a partir de la multitud de etnias, lenguas, tradiciones y costumbres que la integran; pero esta variedad es sostenida por un sustrato que la cohesiona mediante su historia, sus valores y sus aspiraciones comunes. A partir de la fe encontramos elementos valiosos de esta unidad e identidad nacional.

368. Sin embargo, paralelamente a toda esta riqueza, existen también anti-valores y actitudes negativas que hemos heredado de la experiencia traumática que vivió nuestro pueblo en la Conquista y en las distintas gestas a favor de la libertad y la justicia.

369. Aún cuando nuestro pueblo, de modo sincero y profundo, desde hace mucho tiempo desea un cambio que lo beneficie integralmente, las condiciones y oportunidades para que éste suceda y se consolide han resultado limitadas y escasas. Esta situación ha retroalimentado de modo negativo a nuestra cultura dando lugar a la apatía y al conformismo.

370. Por ello, es necesario que fortalezcamos, a través de múltiples procesos educativos, los espacios creadores de cultura y a los agentes más relevantes en este tema, para que a través de experiencias significativas nuestro pueblo redescubra su capacidad de participación, de representación y de promoción humana.

Espacios creadores de cultura

371. La familia, el trabajo, la escuela y la universidad, los medios de comunicación, las diversas organizaciones sociales, los partidos políticos y el Gobierno, han de colaborar con el bien común y generar cultura. En estos espacios tiene que florecer la cultura de la democracia.

372. La familia "es una comunidad de personas, la célula social más pequeña, y como tal es una institución fundamental para la vida de toda la sociedad." En su papel de base y cimiento de la sociedad, la familia debe ser reconocida y protegida en su naturaleza de sujeto social. En efecto, en la familia se vive la primera experiencia de subjetividad social, que después se integrará a la Nación.

373. La Iglesia nos enseña que la familia es "iglesia doméstica", donde se origina la primera experiencia de fe y se establecen las relaciones y experiencias fundamentales para la vida en sociedad. Allí surge el amor, elemento básico para darle sentido a la vida humana. La familia es cimiento, fuente y fin de la cultura nacional. Una Nación soberana se consolida y sustenta en familias fuertes en el amor, cuidado y educación de sus miembros.

374. En la familia se juega el destino de la Nación. Su enriquecimiento fortalece la participación, la representación y el respeto. Por ello, atentan contra la sociedad y contra la Nación quienes permiten, promueven o practican su disolución. Tal es el caso que se presenta en fenómenos como el divorcio, el aborto, el maltrato a la mujer o a los hijos, la irresponsabilidad de los varones como padres, y la pornografía. La Iglesia entiende como un aporte esencial a la Nación el cuidado y la atención pastoral que ha puesto a favor de la unidad familiar.

375. El trabajo transforma a la persona humana y la hace partícipe de la cultura. El ser humano crece en su ser trabajando, y así proyecta su humanidad en el ambiente, creando cultura. Es menester humanizar el trabajo, por lo que resulta inaplazable la reforma de las instituciones que lo protegen, de los grupos que representan tanto a los trabajadores como a los patrones, pues la injusticia laboral inhibe al trabajador y frustra su aporte cultural.

376. La nueva cultura laboral debe formar personas y comunidades ricas en valores humanos, capaces de contribuir con alegría al bien del país. Más aún, el trabajo genera solidaridades múltiples que posibilitan el que aparezcan proyectos empresariales a favor del desarrollo social de las personas y familias marginadas. Es sumamente encomiable que estas iniciativas se multipliquen y crezcan, ya que fortalecen los procesos de participación e interdependencia social.

377. La escuela y la universidad poseen una importancia capital para la generación de una cultura participativa, representativa y promotora de la dignidad humana. La educación cívica y la cultura para la democracia en el país, se articulan a través de dos áreas temáticas. La primera comprende el amor patrio, el respeto a los héroes y símbolos nacionales y la información sobre leyes e instituciones. La otra versa sobre conductas colectivas y actividades básicas de integración y convivencia, como la tolerancia y la responsabilidad.

378. Necesitamos, sin embargo, una lectura integral de nuestra historia y una tercera área temática: la moral social, basada en valores objetivos que permitan juicios críticos y una efectiva responsabilidad social de la persona. Las innumerables y crecientes conductas antisociales tienen en parte su raíz y explicación en esta deficiencia.

379. El derecho de los padres a escoger el tipo de educación que desean para sus hijos, es asunto capital. Es contrario a la justicia que sólo quienes poseen recursos económicos suficientes puedan poner en práctica este derecho fundamental. El "laicismo" educativo, supuestamente "neutral" en materia moral y religiosa, se convierte, en la práctica, en "religión laica" impuesta e intolerante. Los católicos y todos las personas de buena voluntad debemos reivindicar este derecho, nuestro derecho, y propiciar una educación diferenciada que enriquecerá la vida y la cultura de nuestro país.

380. La universidad tiene un papel clave en la construcción de una cultura democrática. Brotó "desde el corazón de la Iglesia", con ansias de saber y entender lo divino y lo humano. Su nombre apunta hacia la universalidad y hacia la unidad del saber y de las personas. La Iglesia reconoce las genuinas manifestaciones artísticas y de cultura superior que de ella brotan, las alienta y agradece. Más aún, la Universidad si es fiel a su identidad y vocación, forma la conciencia y estimula al compromiso social colaborando así con la cultura democrática del país.

381. Las universidades católicas o de inspiración cristiana hacen explícita su fe a través de su presencia en el mundo de la cultura, y preparando un laicado comprometido en la transformación de la sociedad. Para ello, es indispensable que se implementen iniciativas al interior de las universidades católicas o de inspiración cristiana que permitan la formación permanente en Doctrina Social de la Iglesia de directivos, profesores, investigadores y alumnos.

382. La Doctrina Social de la Iglesia debe estar presente de algún modo dentro del currículum universitario en las instituciones de educación superior católicas o de inspiración cristiana. Así podrá darse el aporte específico del cristianismo a la vida social y democrática del país como propuesta cultural en orden a la transformación humana de las distintas disciplinas y profesiones.

383. Los medios de comunicación cada vez poseen más relevancia social en la formación de criterios de juicio, costumbres y estilos de vida. Por ello son creadores de cultura. Son "el primer areópago del tiempo moderno", que unifica y transforma a la humanidad. Deben también colaborar en la educación para la democracia, y su responsabilidad es proporcional a la influencia que poseen.

384. Cuando los medios de comunicación exaltan la violencia, el desorden sexual o cuando colaboran unilateralmente con un solo tipo de propuesta política o económica, traicionan su compromiso con la construcción de una sociedad más plural, sanamente crítica y capaz de trabajar a favor de los cambios que necesita México.

385. Por ello, es necesario que los medios de comunicación fortalezcan aquellos valores que les permitan servir a las personas, favoreciendo sus derechos y su libertad. Así mismo, es indispensable que cuiden su independencia respecto de cualquier instancia de poder político y económico que pueda limitarlos en su imparcialidad y transparencia.

386. La presencia de los fieles laicos dentro de los medios de comunicación es urgente no sólo porque así lo reclama el deber de anunciar a Jesucristo, sino para cumplir con su vocación de afirmar en el mundo los valores del evangelio de un modo secular y con competencia profesional.

387. Las organizaciones civiles que colaboran de un modo pacífico y justo al bien común, son espacios generadores de cultura democrática para nuestra sociedad. La Iglesia viene alentando desde hace tiempo a estos "organismos intermedios" entre la persona y el Estado, como elementos esenciales para la construcción de la "subjetividad social" y la formación de ciudadanía.

388. Vale la pena reconocer que hoy en día existe una inmensa cantidad de organizaciones que inspiradas en el cristianismo promueven la dignidad de la persona en el ámbito empresarial, campesino, e indígena; en el ámbito de la promoción de las mujeres, los maestros, y el compromiso cívico-político; y, en la defensa de los derechos humanos en general, del derecho a la vida en particular, del medio ambiente y de nuestras tradiciones y culturas.

389. Es necesario que las organizaciones civiles no se conciban solamente como instancias de presión ante las autoridades, sino principalmente como instituciones que de un modo creativo y propositivo ofrecen soluciones a los acuciantes problemas de nuestra sociedad. Cuando se privilegia la presión sobre la propuesta, las organizaciones civiles devienen tarde o temprano en instancias marcadas por la reacción, por el rencor y por la desconfianza minando así su colaboración con el bien común.

390. Los partidos políticos son instituciones que, a través de una propuesta particular, buscan obtener el ejercicio del poder en el marco de las leyes que salvaguardan la práctica democrática. Sin duda su responsabilidad en la construcción de una cultura de la democracia y en el fortalecimiento de la ciudadanía como tal es muy alta.

391. Los partidos políticos se encuentran especialmente sometidos a las tensiones internas y externas que la búsqueda del poder implica. Por ello, la Iglesia no puede sino afirmar que el poder debe estar acompañado de la firme convicción a favor de la dignidad de la persona humana y de sus derechos. Cuando el poder no reconoce otra referencia más que él mismo, el pueblo tarde o temprano resulta sacrificado de una u otra manera.

392. Más aún, los partidos políticos deben hacer siempre un serio esfuerzo para representar de un modo auténtico las aspiraciones y necesidades del pueblo. Cuando este esfuerzo no se realiza con la amplitud y profundidad requeridas, la sociedad termina rebasando a las instituciones en las que podría participar y en las que también podría encontrar un camino educativo para el compromiso político.

393. El Gobierno, entendido como el conjunto de personas e instituciones que fungen como autoridades civiles para la sociedad, influye de una manera determinante en la cultura democrática de nuestro país.

394. Las distintas políticas y programas implementados por el Gobierno poseen implícita o explícitamente elementos que fortalecen o debilitan la cultura de la democracia. Cuando el Gobierno no promueve la solidaridad, la subsidiariedad, el bien común y el respeto a la persona, se generan distorsiones en la estructura del Estado que afectan gravemente el servicio que está llamado a prestar.

395. Un Gobierno que invade funciones que le corresponde a la sociedad realizar por propio derecho, o un gobierno que elude sus responsabilidades para con quienes necesitan de su protección efectiva, viola el principio de subsidiariedad y evita que la sociedad emerja como un sujeto pujante.

396. Es necesario que el gobierno facilite que la sociedad surja con toda su riqueza y potencialidad. Sólo de esa manera el gobierno y los gobernantes asumen la función que por propia naturaleza poseen: ser mandatarios, es decir, ser mandados por el pueblo al que se deben.

Algunos actores relevantes en la construcción de una cultura democrática

397. Además de los espacios constructores de cultura democrática antes señalados, es preciso apuntar que los jóvenes, los adultos y ancianos, los intelectuales, las mujeres y los pobres han de colaborar de un modo especial en la creación de una cultura participativa, representativa y respetuosa de los derechos humanos.

398. Los jóvenes son el presente y el futuro de nuestra sociedad. Por ello constituyen un desafío a la sociedad y a la Iglesia en México. En muchos ambientes juveniles se percibe un desencanto generalizado, que tiene su origen en la retórica populista, el antitestimonio de los mayores y la falta de oportunidades reales de participación y desarrollo.

399. El poder de seducción que el placer, el arribismo político y el dinero fácil ejercen sobre los jóvenes disminuye su sentido crítico y paraliza su acción. La Iglesia, presentándoles a Jesucristo y su mensaje, sin maquillajes ni reticencias, debe salir a su encuentro y brindarles la ayuda que necesitan para dar cauce a las inquietudes más profundas de su corazón.

400. ¡Cuántas veces los adultos cristianos hemos afirmado nuestra fe de una manera tal que no muestra el rostro joven y vivo de Jesucristo ante las nuevas generaciones! Es necesario que realicemos un examen de conciencia y pidamos perdón por nuestras omisiones y fallas al acercarnos a los jóvenes. Ellos esperan encontrarse, a través de nosotros, con una experiencia que los introduzca en la novedad de una vida renovada por el perdón y la misericordia del Señor.

401. Cuando los jóvenes encuentran el significado radical de su vida pueden colaborar más y mejor con el compromiso a favor de su comunidad y de su Nación. Con su inquietud y natural rebeldía hacia la injusticia y la mentira, son constructores de la cultura democrática que México hoy necesita.

402. Los adultos y los ancianos por su experiencia y sabiduría pueden y deben colaborar a la transformación de nuestro país.

403. Es indispensable que con prudencia y valor muestren con su palabra y con su testimonio de vida que el esfuerzo a favor de la verdad, del bien y de la justicia son siempre benéficos y colaboran a la consecución de la auténtica felicidad humana.

404. Es importante que el conformismo o la apatía no se adueñen de la vida de los adultos y de los ancianos. En ocasiones el cansancio y los fracasos motivan falsamente a pensar que estimular un proceso de mejora para las nuevas generaciones es un trabajo ocioso.

405. Muy por el contrario, el cansancio y las dificultades en el camino de la vida pueden mostrar a quien aprovecha su experiencia pasada que los bienes más importantes para la persona humana son los que resultan arduos y trabajosos; son los que se obtienen con la acción paciente, honesta y constante; son los que brotan de la fortaleza y la templanza personales.

406. Por ello, la responsabilidad que los adultos y los ancianos tienen para con la sociedad y para con el futuro de la misma es insoslayable. La cultura de la democracia no puede fortalecerse y consolidarse sin su aporte y participación generosa.

407. Los intelectuales que viven en México, desde los distintos ámbitos de las ciencias y las artes, tienen a través de su trabajo un impacto sustantivo en la cultura democrática de nuestra Nación. Si bien es cierto que en ocasiones su labor y trascendencia pareciera circunscrita a espacios muy restringidos, constituyen a lo largo del tiempo una buena parte de la opinión pública que ayuda a que nuestro pueblo posea una visión diferenciada y plural respecto de lo que le acontece.

408. La dimensión cultural de la actividad de los intelectuales es evidente para todos. En muchas ocasiones se les identifica como los responsables de la creación cultural de México. Por ello, es importante que comprendan que se encuentran insertos en una dinámica cultural mayor, que es la del pueblo al que pertenecen y al que muchas veces reflejan a través de sus esfuerzos y proyectos. En la medida en la que la "alta cultura" forma parte integral de la pluriforme cultura nacional, colabora al desarrollo de la subjetividad de la Nación.

409. Para ello, no es preciso que los intelectuales busquen solamente continuar una tradición dada. Lo que es indispensable, tanto en el terreno de las ciencias como de las artes, es que ambas actividades se desarrollen con una perspectiva de servicio a la persona en su situación concreta.

410. Es cierto que las ciencias y las artes en muchas ocasiones muestran su valor al cultivarse por ellas mismas. Sin embargo, su inseparable función humanista las ordena a respetar y promover a la persona humana, a sus derechos y a sus deberes correlativos. De esta manera la actividad intelectual se incorpora a los múltiples esfuerzos a favor de la cultura de la democracia.

411. Las mujeres han brindado a la Nación una contribución invaluable mediante su dedicación al matrimonio, a la familia, a los niños y a numerosas tareas de sacrificio y compromiso humano. Las mujeres han preservado y consolidado la institución familiar, apoyadas en la fe en Jesucristo y el amor a la Iglesia, que han sabido trasmitir a sus hijos. Son merecedoras del mayor reconocimiento de la comunidad eclesial y de sus pastores.

412. Así mismo, lasmujeres están convirtiéndose en agentes cada vez más importantes del cambio democrático. Ellas han introducido valores morales en la vida social, y su actuación genera siempre un proceso de humanización en la comunidad. Su papel en la sociedad y en la Iglesia nunca podrá ser juzgado como secundario o marginal.

413. Juan Pablo II ha sido sumamente enfático a este respecto: "cuando las mujeres tienen la posibilidad de transmitir plenamente sus dones a toda la comunidad, cambia positivamente el modo mismo de comprenderse y organizarse la sociedad, llegando a reflejar mejor la unidad sustancial de la familia humana. Esta es la premisa más valiosa para la consolidación de una paz auténtica. Supone, por tanto, un progreso beneficioso la creciente presencia de las mujeres en la vida social, económica y política a nivel local, nacional e internacional. Las mujeres tienen pleno derecho a insertarse activamente en todos los ámbitos públicos y su derecho debe ser afirmado y protegido incluso por medio de instrumentos legales donde se considere necesario."

414. Es de lamentar la violencia y la manipulación que todavía se ejerce contra la mujer en distintos espacios y ambientes. Los varones en México debemos aprender el respeto y gratitud que debemos a la mujer en su condición de esposa, madre, hija, hermana o amiga. Es preciso que quienes hayamos despreciado, marginado u oprimido a nuestras hermanas pidamos perdón sincero y transformemos nuestro corazón, reconociendo siempre la dignidad y el aporte que las mujeres ofrecen a la vida de la sociedad, de la democracia y de la Iglesia.

415. Los pobres son una realidad relevante en la cultura de la democracia. No son una minoría que deba tratarse bajo condiciones de excepción, sino una gran porción de nuestro pueblo que anhela y requiere condiciones dignas para su subsistencia y desarrollo.

416. Las múltiples pobrezas culturales, sociales, económicas y políticas en las que vive nuestro pueblo, son signo de la injusticia y de la falta de respeto a la persona humana y a sus derechos. Es preciso no confundir estas pobrezas con el voluntario desprendimiento de los bienes que algunos practican como signo de consagración y seguimiento a Cristo pobre.

417. Los rostros de los pobres son numerosos. Los campesinos, los obreros y los trabajadores de todo México muchas veces viven en situaciones de pobreza e injusticia que los hacen altamente vulnerables. El estado de indefensión en que algunos se encuentran de manera casi permanente, es contrario a la dignidad humana y a la voluntad de Dios que desea una vida plena para todos. Nadie debe permanecer indiferente a su sufrimiento y marginación.

418. Los niños, las mujeres, los indígenas y los migrantes pobres deben llamar también nuestra atención, ya que por su condición suelen ser doblemente marginados. Hemos de reconocer ante ellos que en muchas ocasiones los hemos olvidado y les hemos fallado. Este tipo de pecados en verdad "claman al cielo." Todos, Iglesia y sociedad, creyentes y no creyentes, debemos pedir perdón por las omisiones y faltas que hayamos cometido en contra de los más pobres entre los pobres.

419. Ahora bien, los pobres no son pobres porque quieran o merezcan serlo. La pobreza existe en nuestra Patria principalmente por la falta de oportunidades reales que estimulen el desarrollo integral de las personas. Más aún, la pobreza existe por los pecados personales que, alcanzando una dimensión estructural, configuran verdaderos "pecados sociales" que violentan la dignidad humana.

420. No obstante esto, el corazón del pobre está lleno de humanidad y de fe, de sabiduría y de fortaleza, de servicialidad y de alegría, de apertura a Cristo y a María. En muchas ocasiones los pobres son auténtico ejemplo de vivencia de valores cristianos en medio de la adversidad.

421. Las diversas formas de solidaridad que se establecen de muy variadas maneras entre los pobres para obtener de modo honesto los bienes y servicios que requieren para la manutención familiar, nos permiten reconocer que ellos vertebran nuestra sociedad de una manera sencilla y humana.

422. Esta riqueza de los pobres que se comparte a través del ejemplo, la palabra y la acción constituye un sustrato cultural del que todos somos deudores. Los pobres en muchas ocasiones dan muestras de su profunda convicción a favor de una cultura participativa, representativa y promotora de la dignidad humana.

423. Es preciso que las lamentables condiciones de marginación en las que viven muchos mexicanos, no se traduzcan en odio social, participación en la criminalidad y lucha violenta. Al contrario, la riqueza humana y cristiana de los pobres, particularmente su especial sensibilidad respecto del altísimo valor de la dignidad humana, deben evitar que sean víctimas de la tentación del rencor, el crimen y la violencia.

424. Es necesario que los pobres, junto con toda la sociedad, pongan en práctica los medios legítimos para que de modo pacífico las causas estructurales de la pobreza disminuyan y desaparezcan. Con creatividad y con la confianza de que el bien es el único capaz de vencer realmente al mal (Cf. Rm 12, 21), los pobres deben buscar siempre modos efectivos de organización y promoción de sus derechos y de sus responsabilidades, para así colaborar al fortalecimiento de la subjetividad social.

425. El reclamo de los pobres viene de años y siglos atrás, sin ser hasta ahora escuchado con atención y eficacia. Es una evidencia social e histórica que cuando los pobres son ignorados, las instituciones se debilitan, pierden credibilidad y legitimidad social. Por ello, todos debemos valorar y acoger el aporte de los pobres a la cultura de la democracia: no habrá cambio real en México sin la participación de los pobres.

426. Por estas razones y por las que brotan de nuestra adhesión a Jesucristo quien "siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza" (2 Cor 8, 9), los obispos mexicanos caminaremos con nuestro pueblo pobre en la búsqueda de vías para su liberación y promoción. El amor preferencial por los pobres es constitutivo de nuestra identidad y ministerio. Desde los pobres y con los pobres, en los que encontramos a Jesucristo vivo, hemos de construir, todos juntos, la sociedad justa y fraterna que anhelamos.

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