Conferencia
del Episcopado Mexicano
Carta
Pastoral
"DEL
ENCUENTRO CON JESUCRISTO
A LA SOLIDARIDAD CON TODOS"
El
encuentro con Jesucristo,
camino de conversión, comunión,
solidaridad y misión en México
en el umbral del tercer milenio

PRESENTACIÓN
En
el marco de las celebraciones del Gran Jubileo de la Encarnación
y como una necesaria proyección de la Exhortación Apostólica
Ecclesia in America, los Obispos de México hemos querido
elaborar un documento orientador para nuestro pueblo en este momento
en que todos atravesamos el umbral del tercer milenio.
Ante
los desafíos que enfrenta la Nación y la Iglesia, los
Obispos de la Iglesia católica en México sentimos la necesidad
de decir, desde la misión espiritual y moral que nos es propia,
nuestra palabra de Pastores a todos nuestros hermanos y hermanas mexicanos.
Sentimos
el apremio pastoral de hablar para dar razón de nuestra fe y
esperanza, ofrecer certezas en un tiempo de confusiones y enriquecer
la reflexión y acción de los hombres y mujeres de buena
voluntad. Queremos servir a México con la fuerza de Cristo, apoyados
en nuestra colegialidad episcopal y en la comunión con el Papa
Juan Pablo II, Sucesor de Pedro.
Lo
hacemos en consonancia con el objetivo de nuestro Proyecto pastoral
1996-2000 titulado Jesucristo, Vida y Esperanza de México.
En él nos marcamos como objetivo para este período: proclamar
a Jesucristo, Vida y Esperanza de México, comprometiéndonos
a trabajar en el espíritu de la Nueva Evangelización y
del Jubileo del Año 2000 por una Iglesia más evangelizada
y misionera, una sociedad mexicana más justa y solidaria y una
cultura de la vida y de la esperanza.
El
título de la Carta Pastoral Del encuentro con Jesucristo a
la solidaridad con todos, junto con el subtítulo que lo acompaña:
El Encuentro con Jesucristo, camino de conversión, comunión,
solidaridad y misión en México en el Umbral del tercer
Milenio, expresan la idea central de nuestra reflexión.
Estamos
convencidos y tenemos la firme esperanza de que el encuentro con Jesucristo
vivo, presente entre nosotros, en la historia y en la Iglesia, será
un camino permanente para obrar nuestra conversión, para afianzar
la comunión eclesial y propiciar la solidaridad y la misión
en todos los bautizados, para contribuir a la transformación
de nuestra Nación.
La
finalidad de esta Carta Pastoral consiste en que, revisando nuestra
historia, la vida eclesial y la situación del país en
sus principales desafíos, podamos ofrecer nuestra aportación
para encontrar caminos nuevos y crecer en un clima de reconciliación,
de justicia y de paz.
Queremos
participar en reforzar la identidad y la unidad de nuestra Nación,
resaltando lo que nos une como mexicanos y descubriendo los referentes
comunes que nos permitan delinear el país que todos queremos.
El
presente documento parte de una amplia consulta a sectores y grupos
representativos tanto de la comunidad eclesial como de la sociedad civil
y de una larga reflexión y diálogo entre nosotros los
Obispos.
Ahora
lo entregamos a todo el pueblo de México como un mensaje de aliento
y de esperanza y como un signo de amor y compromiso hacia nuestra Patria.
Lo hacemos a los pies de Santa María de Guadalupe, a quien lo
encomendamos para que tenga fruto. Lo publicamos en la Solemnidad de
la Anunciación, cuando celebramos el anuncio de la Encarnación
de Nuestro Señor Jesucristo, como un augurio de salvación
y vida nueva para nuestro País.
México,
D.F. a 25 de marzo del 2000, Solemnidad de la Anunciación del
Señor.
|
+
Mons. Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí
Presidente
de la CEM |
+
Mons. Abelardo Alvarado A.
Obispo Auxiliar de México
Secretario
General de la CEM |
INTRODUCCIÓN
"El
Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ha ungido.
Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena
Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos
y la vista a los ciegos, para dar libertad
a los oprimidos y proclamar un año de
gracia del Señor."
Lc 4,18-19
Hermanos
presbíteros y diáconos
Hermanas y hermanos consagrados
Hermanas y hermanos fieles laicos
Hermanas y hermanos mexicanos
1.
Los saludamos con el gozo jubilar del aniversario de la celebración
del acontecimiento central de la historia: la encarnación del
Hijo de Dios en el seno de la Virgen María, "luz para todos
los pueblos" (Lc 2,32), deseando que la Buena Nueva del Reino alegre
sus corazones y que la paz que sólo El nos puede dar los fortalezca
hasta el día definitivo de su gloriosa manifestación.
2.
El año 2000 ha despertado numerosas inquietudes y nuevas esperanzas
de cambio y crecimiento material y espiritual en todo el mundo. Para
nosotros los católicos y para muchos otros hermanos cristianos,
el Gran Jubileo de la Encarnación del Hijo de Dios, convocado
por el Papa Juan Pablo II, nos introduce en un tiempo propicio de gracia,
de conversión, de reconciliación y de paz.
3.
Los obispos de la Iglesia católica que peregrina en tierras mexicanas,
sentimos la necesidad de decirles una palabra de pastores, revisando
nuestra historia y vida eclesial y aportando, desde la misión
espiritual y moral que nos es propia, los valores que deberán
sostener el llamado que nos ha hecho el Sucesor de Pedro a emprender
la nueva evangelización con nuevo ardor, con nuevos métodos
y con nueva expresión, y a colaborar en la construcción
de la civilización del amor en nuestra Patria y en todo el Continente.
4.
Queremos dar gracias a Dios por el don de la fe que está presente
desde el origen de nuestra Nación y asumir con particular empeño
las enseñanzas del Santo Padre en la Exhortación Apostólica
Postsinodal Ecclesia in America, de manera que el encuentro
con Jesucristo vivo, presente particularmente en su Palabra, en la celebración
Litúrgica y en todos, - especialmente en los hermanos más
pobres -, se convierta en un camino permanente a la conversión,
para reafirmar la comunión eclesial y para propiciar la
solidaridad y la misión, de manera que podamos responder
a los desafíos actuales que enfrentan la Nación y la Iglesia
en México.
5.
Por eso siguiendo este camino deseamos pronunciar nuestra palabra,
después de haber encontrado y escuchado con atención y
respeto a representantes de nuestra comunidad eclesial -presbíteros,
consagrados y consagradas y fieles laicos-, así como a algunos
grupos y personas cualificadas representantes de organizaciones e instituciones
de diversas creencias y tendencias a lo largo y ancho del país.
6.
En ellos hemos descubierto numerosas inquietudes por la situación
actual del país, así como propuestas y sugerencias que
reflejan con particular agudeza los desafíos que presenta la
variada y rica realidad eclesial y nacional. A todos ellos agradecemos
su colaboración generosa y sus valiosas aportaciones.
7.
Es ahora nuestro deseo compartir con ustedes, hermanas y hermanos, los
frutos de esta rica experiencia, iluminada siempre con la Palabra de
Dios y profundizada y esclarecida por el Magisterio de la Iglesia. Queremos
ofrecerles con sencillez el servicio de nuestro ministerio episcopal
como servidores de la verdad; como signos y constructores de la unidad
y reconciliación de la Iglesia y de la comunidad humana; y como
defensores y promotores de la dignidad trascendente de la persona humana,
desde que es concebida hasta su encuentro definitivo con el Señor.
8.
Los contenidos de este documento pretenden ir más allá
de una iluminación coyuntural y buscan comprender e iluminar
los problemas y desafíos que consideramos más profundos
e importantes tanto a nivel eclesial como nacional. Ello explica
su extensión, estructura y lenguaje y, sobre todo, algunos conceptos
que, a primera vista, podrían parecer difíciles de comprender.
Por ello buscaremos otras formas de presentación que hagan posible
una lectura más accesible. Los expondremos en las siguientes
partes:
I.
El encuentro con Jesucristo en los orígenes, conformación
y futuro de nuestra Nación.
II.
Del encuentro con Jesucristo a la conversión, la comunión
eclesial y el diálogo y servicio evangélico al mundo.
III.
Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad como respuesta a los
desafíos de nuestra Nación.
9.
En el umbral del tercer milenio de la encarnación del Hijo de
Dios, que se abre como tiempo de gracia Jubilar, queremos levantar nuestra
mirada agradecida hacia la Santa Trinidad, origen del camino de fe y
su término último, cuando al final nuestros ojos contemplarán
eternamente el rostro de Dios, fijando nuestra atención reverente
en el sacramento de la Eucaristía: Sacramento de piedad, signo
de unidad, vínculo de caridad en el que se contiene todo el bien
espiritual de la Iglesia, principio y origen de nuestra comunión
eclesial.
10.
Hacemos un llamado a todos a renovar nuestro encuentro con Dios, si
ya lo conocemos; a buscarlo con todo el corazón, si nos sentimos
alejados de Él o si lo conocemos confusamente; a encontrarnos
con los demás, especialmente con los más pobres, como
hermanas y hermanos; y a relacionarnos de una nueva manera con la creación,
como don y como tarea a cultivar, a través de caminos de perdón
y de reconciliación.
11.
Hacemos este llamado con la plena certeza que nos da la esperanza cristiana
de que el decurso y el final de los tiempos están en las manos
del Padre, que sólo Él conoce (Cf. Mc 13,32), y que participaremos
de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, si lo seguimos
y damos testimonio de Él en todas partes y hacemos el bien a
los hermanos necesitados (Cf. Mt 25). Confiadamente y sin temor les
decimos que "la entrada en el nuevo milenio alienta a la comunidad
cristiana a extender su mirada de fe hacia nuevos horizontes en el anuncio
del Reino de Dios".