CapÍtulo I

 

AMÉRICA: Una historia COMÚN
de MIGRACIÓN y una fe

compartida en Jesucristo

 

13. América es un continente que nace de pueblos migrantes que vinieron a habitar estas tierras, y que de norte a sur dieron luz a nuevas civilizaciones. A lo largo de la historia, el continente ha sufrido la llegada de otros pueblos que vinieron a conquistar y a colonizar estas tierras, desplazando y eliminando a poblaciones enteras, e incluso, forzando a un sinnúmero de personas y de familias a venir como esclavos desde África.

 

14. Fue precisamente dentro de los procesos históricos de estos movimientos forzados y voluntarios como la fe en Cristo entró en estas tierras y se extendió por todo el continente: “Es la fisonomía religiosa americana, impregnada de los valores morales que, si bien no siempre se han vivido coherentemente y en ocasiones se han puesto en discusión, pueden considerarse en cierto modo patrimonio de todos los habitantes de América, incluso de quienes no se identifican con ellos” (EA, 14).

 

15. Nuestro Continente americano ha recibido en forma constante a migrantes, refugiados, exiliados y perseguidos venidos de otras tierras. Huyendo de la injusticia y la opresión, buscando la libertad y la oportunidad para alcanzar una vida mejor;  muchos han encontrado trabajo, casa, seguridad, libertad y crecimiento para sí mismos y sus familias. Nuestros países comparten esta experiencia del migrante, aunque en distintos grados y expresiones.

 

16. Desde sus orígenes la historia de México ha estado marcada por encuentros entre pueblos que, provenientes de distintas tierras, la han transformado y enriquecido. Fue el encuentro entre españoles y los naturales de esta tierra lo que dio origen a la nación mexicana, en un nacimiento que estuvo pleno del sufrimiento y del gozo que conlleva la lucha por la vida.  Además, inmigrantes procedentes de todos los continentes han participado en la formación de México, continúan haciéndolo hoy día, y seguirán haciéndolo en el futuro.  México no es solamente un país de emigrantes, también es un país de inmigrantes que vienen a rehacer sus vidas.  Es importante recordar la dura experiencia que tantos de nuestros hermanos y hermanas han tenido por ser extranjeros en una tierra nueva, y darles la bienvenida a quienes vienen a estar entre nosotros.

 

17. Desde su fundación hasta el día de hoy, los Estados Unidos han recibido a inmigrantes provenientes de todo el mundo, que han encontrado oportunidad y refugio en tierras nuevas. El trabajo, los valores y las creencias de los inmigrantes procedentes de todas las partes del mundo, han transformado a los Estados Unidos, que han pasado de ser un grupo frágil de colonias a una de las democracias destacadas del mundo de hoy.  Desde su fundación hasta la actualidad, los Estados Unidos de América continúan siendo una nación de inmigrantes, firme en la creencia de que los recién llegados ofrecen energía, esperanza y diversidad cultural.

 

18. En la época contemporánea, queda clara la interdependencia e integración que han alcanzado  nuestros dos pueblos. Según estadísticas del Gobierno estadounidense, alrededor de 800,000 mexicanos ingresan diariamente a los Estados Unidos. 3 En años recientes las inversiones bilaterales han alcanzado niveles sin precedente. Más aún, cada año los Estados Unidos admiten entre 150,000 y 200,000 mexicanos al país como residentes permanentes legales, representando así casi el 20 por ciento del total de los residentes permanentes legales admitidos anualmente. 4 Además, un número significativo de estadounidenses vive, trabaja y se jubila en México.  Sumada a esta interdependencia vigente, México y los Estados Unidos han quedado vinculados por lazos históricos y espirituales.

 

19.  Nuestra fe común en Jesucristo, nos mueve a buscar maneras de favorecer el espíritu de solidaridad.  Es una fe que trasciende las fronteras y nos pide eliminar toda forma de discriminación y de violencia, para construir relaciones de justicia y de amor.

 

20. A la luz de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe al más pequeño de sus hijos, quien era tan débil como la mayoría de los migrantes lo son hoy, el pasado y el presente de nuestro continente reciben un nuevo significado. Fue a San Juan Diego a quien nuestra Madre pidió le construyera un templo, en el que pudiese mostrar su amor, compasión, auxilio y defensa a todos sus hijos, especialmente a los más pequeños. 5 Desde entonces, en su Basílica y más allá de sus muros, ella reúne a todos los pueblos de América a celebrar en la mesa del Señor, en donde todos sus hijos podemos compartir y disfrutar de la unidad del continente en la diversidad de sus pueblos, lenguas y culturas (EA,11).

 

21. Hacemos nuestras las palabras del Papa Juan Pablo II: “El Continente americano ha conocido en su historia muchos movimientos de inmigración, que llevaron multitud de hombres y mujeres a las diversas regiones con la esperanza de un futuro mejor.  El fenómeno continúa también hoy y afecta concretamente a numerosas personas y familias procedentes de Naciones latinoamericanas del Continente, que se han instalado en las regiones del Norte, constituyendo en algunos casos una parte considerable de la población.  A menudo llevan consigo un patrimonio cultural y religioso, rico de significativos elementos cristianos. La Iglesia es consciente de los problemas provocados por esta situación y se esfuerza en desarrollar una verdadera atención pastoral entre dichos inmigrantes, para favorecer su asentamiento en el territorio y para suscitar, al mismo tiempo, una actitud de acogida por parte de las poblaciones locales, convencida de que la mutua apertura será un enriquecimiento para todos”  (EA, 65).

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