CONCLUSIÓN

101. Como Obispos hemos decidido, en palabras del Papa Juan Pablo II, “remar mar adentro” 31 en búsqueda de iniciativas comunes que promuevan la solidaridad entre nuestros pueblos y entre los católicos de ambos países. Estamos comprometidos con la nueva evangelización de nuestro Continente y con la búsqueda de nuevos caminos por los cuales guiar a nuestros pueblos hacia un “encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversión, la comunión y la solidaridad”. 32

 

102. A lo largo de nuestra historia, y más en la actualidad, reconocemos en el fenómeno de las migraciones un auténtico signo de los tiempos. En nuestros dos países lo identificamos a través del sufrimiento de aquellos que se han visto forzados a emigrar por diversas razones. Es necesario responder a este signo de manera creativa, coordinada y conjunta, para fortalecer la fe, la esperanza y la caridad de los migrantes y de todo el pueblo de Dios. Tal signo es también un llamado a la transformación de estructuras sociales, económicas y políticas, nacionales e internacionales, para que provean las condiciones necesarias para el desarrollo de todos, sin excluir ni discriminar a ninguna persona en ninguna circunstancia.

 

103. Dado que la Iglesia es en Cristo: “signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano“ (LG, 1), los Obispos de los Estados Unidos y de México, en comunión con el Santo Padre, en su Mensaje para la Jornada Mundial del Migrante de 1995, afirmamos que: “en la Iglesia nadie es extranjero, y la Iglesia no es extranjera para ningún hombre y en ningún lugar. Como sacramento de unidad y por tanto, como signo y fuerza de agregación de todo el género humano, la Iglesia es el lugar donde también los emigrantes indocumentados son reconocidos y acogidos como hermanos. Corresponde a las diversas diócesis movilizarse para que esas personas, obligadas a vivir fuera de la red de protección de la sociedad civil, encuentren un sentido de fraternidad en la comunidad cristiana. La solidaridad es asunción de responsabilidad ante quien se encuentra en dificultad”. Así pues, la Iglesia debe acoger a toda persona de cualquier raza, cultura, lengua y nación, con alegría, caridad y esperanza, recibiendo con especial cuidado a aquellos que se encuentran en situación de pobreza, discriminación, marginación o exclusión.

 

104. Exhortamos a nuestros Presidentes a continuar las negociaciones sobre los asuntos migratorios, para lograr un sistema de migración más generoso, justo y humano entre nuestros países. Igualmente hacemos un llamado a las Legislaturas de ambas naciones, para poner en marcha una revisión consciente de las leyes migratorias y establecer así un sistema binacional que acepte los flujos migratorios, garantizando la dignidad y los derechos humanos del migrante. Invitamos a las autoridades que en ambas naciones se encargan de hacer cumplir, implementar y aplicar las leyes migratorias, a que revisen las políticas nacionales y locales de migración, y a que con su legítima autoridad erradiquen conceptos erróneos acerca de ella. Pedimos a las autoridades que procesan las solicitudes legales y definen la situación jurídica de los migrantes, que creen un entorno de acogida en la que no peligre la confianza y la seguridad del migrante. Exhortamos a los medios de comunicación a que promuevan en la sociedad una actitud abierta de acogida y buen trato a los migrantes.

 

105. Nosotros, los Obispos católicos de los Estados Unidos y de México, nos comprometemos a defender al migrante, y a favorecer, entre nuestras dos naciones, la creación de condiciones que les hagan posible a todos gozar del fruto de su trabajo y en la vida en sus comunidades de origen, si así lo desean.

 

106. Así mismo nos hacemos solidarios con ustedes, hermanos y hermanas migrantes, y continuaremos abogando en su favor para que haya políticas de migración favorables y justas. Nos comprometemos, como comunidades de discípulos de Cristo en ambos lados de la frontera, a acompañarlos en su caminar, para que éste sea realmente un viaje de esperanza y no de desaliento, y que en el lugar al que lleguen sepan que ya no son extranjeros, sino miembros de la familia de Dios. Pedimos que donde quiera que vayan sean siempre conscientes de su dignidad como seres humanos, y de su llamado a llevar la Buena Nueva de Jesucristo, quien vino para que tengamos vida y ésta la tengamos en abundancia (cfr. Jn 10,10). A quienes se ven forzados a emigrar, les invitamos a que conserven la comunicación con su lugar de origen y en particular la fidelidad a su familia, a que cuiden sus valores culturales y el don de la fe, para ser portadores de riqueza en el lugar al que llegan.

 

107. La aparición de Nuestra Señora de Guadalupe a San Juan Diego, manifiesta la presencia compasiva de Dios a través de María para hacerse solidario y dar esperanza al pueblo que sufre. En este mismo espíritu, nosotros los Obispos Católicos de los Estados Unidos de América, y de los Estados Unidos Mexicanos, entregamos esta Carta Pastoral para dar esperanza a los migrantes que sufren. Pedimos a Dios que en su camino experimenten la misma esperanza que inspiró a San Pablo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?...Dios que nos ama, hará que salgamos victoriosos de todas estas pruebas. Porque estoy seguro de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni otras fuerzas sobrenaturales, ni lo presente, ni lo futuro, ni poderes de cualquier clase, ni lo de arriba, ni lo de abajo, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 8, 35-39).

 

108. Que las bendiciones de Dios desciendan sobre ustedes y los conserven siempre; la bendición de Dios Padre que les ama con eterno amor, la bendición de Dios Hijo que fue llamado del exilio en Egipto para ser nuestro Salvador, y la bendición de Dios Espíritu Santo que les guía para extender el Reinado de Jesucristo dondequiera que estén. Que María de Guadalupe, nuestra Madre, los lleve seguros a su hogar.

 

Dado en México, D.F., y Washington, D.C.,
el día 23 de enero del año 2003,
cuarto aniversario de la entrega
de “Ecclesia in America”.


GLOSARIO

Asilado: Ver Refugiado. En el caso de los Estados Unidos la definición es similar a la de refugiado, salvo que difiere el lugar en el que la persona solicita asilo; el asilado es quien solicita asilo en territorio estadounidense, mientras que el refugiado es quien lo solicita en territorio de su país natal (fuente: Servicio de Inmigración y Naturalización de los Estados Unidos).  En el caso de México un asilado lo es por razones políticas, y es el extranjero que se interna en territorio nacional para proteger su vida de persecuciones políticas en su país de origen (fuente: Instituto Nacional de Migración de México).

 

Emigrante: Toda persona que sale de su país natal para vivir en otro en forma permanente.

 

Globalización: El proceso mundial por medio del cual las comunicaciones, los bienes y los pueblos, logran una mayor integración, y son más accesibles e interdependientes.

 

Inmigrante: Toda persona que ingresa de otro país a territorio nacional con el objetivo de transitar por o establecerse en él.

 

Inmigrante indocumentado: Una persona que se encuentra en territorio nacional sin la autorización del Gobierno federal. Suele llamarse a estas personas “indocumentados” porque no cuentan con los documentos necesarios para comprobar su legal estancia en el país.

 

Inmigrante legal: En el caso de los Estados Unidos una persona que ha sido admitida para residir y trabajar de forma permanente en territorio nacional; la admisión se fundamenta normalmente en la reunificación familiar o en razones laborales. En el caso de México es el extranjero que se interna legalmente en el país con el propósito de radicarse en él; la admisión también se otorga normalmente por vínculos familiares o razones laborales y de inversión.

 

Migrante: Una persona en tránsito, en movimiento (voluntario o forzado) dentro de su propio país, internacionalmente, o ambos. A diferencia de los refugiados, los migrantes tienen la capacidad de regresar a su país de origen cuando así lo deseen ya que sus vidas no peligran en él.

 

Refugiado: Cualquier persona que por un miedo fundamentado de persecución a causa de: raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social en particular, u opiniones políticas; se encuentra fuera de su país de su nacionalidad y es incapaz de recibir la protección de ese país; o que por encontrarse fuera de su país de residencia habitual como resultado de tales eventos, no pueda o no desee por su miedo fundamentado regresar a él. (Fuente: ONU).  En el caso de México esta calidad migratoria se puede extender una vez que se encuentre en territorio nacional. En la legislación mexicana, refugiado es el extranjero que se interna al país para proteger su vida, seguridad o libertad cuando hayan sido amenazadas por violencia generalizada, agresión extranjera, conflictos internos, violación masiva de derechos humanos, u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público en su país de origen, que lo hayan obligado a partir a otro país. No son refugiados quienes sufran persecución política (ver definición de asilados). (Fuente: Instituto Nacional de Migración de México).

 

+ Luis Morales Reyes
Arzo
bispo de San Luis Potosí
Presidente de la
Conferencia del
Episcopado Mexicano

+ Wilton D. Gregory
Obispo de Belleville
Presidente de
los Obispos Católicos
de Estados Unidos


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