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BENEDICTO XVI ~ MENSAJERO DE ESPERANZA ~ VIAJE APOSTÓLICO 2012 en PDF


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VI. LA SAGRADA ESCRITURA PARA BENEDICTO XVI

La comunidad eclesial, enseña el Papa, debe renovarse siempre y rejuvenecer. La Palabra de Dios, que no envejece ni se agota, es el medio privilegiado para conseguir este objetivo. De hecho, la Palabra de Dios, a través del Espíritu Santo, nos guía siempre de nuevo hacia la verdad plena (Cfr. Jn 16, 13). "La Iglesia no vive de sí misma, sino del Evangelio y encuentra siempre y de nuevo su orientación en él para su camino.

Es algo que tiene que tener en cuenta cada cristiano y aplicarse a sí mismo, sólo quien escucha la Palabra puede convertirse después en su anunciador. No debe enseñar su propia sabiduría, sino la sabiduría de Dios, que con frecuencia parece necedad a los ojos del mundo (Cfr. 1 Cor 1, 23)" 1.

La verdadera lectura de la Sagrada Escritura, la exégesis, no es solamente un fenómeno literario, no es sólo la lectura de un texto. Es el movimiento de mi existencia. Es moverse hacia la Palabra de Dios en las palabras humanas. Sólo cuando nos conformamos al misterio de Dios, al Señor que es la Palabra, podemos entrar en el interior de la Palabra, podemos encontrar verdaderamente en palabras humanas la Palabra de Dios. Recordemos las palabras de Jesús que sigue esas palabras del Salmo: "Los cielos y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará jamás". "La Palabra de Dios es como una escalera con la que podemos subir y, con Cristo, también bajar a la profundidad de su amor. Es una escalera para llegar a la Palabra en las palabras" 2.

En distintas ocasiones y foros le han preguntado lo que significa, para él, la Palabra de Dios y cómo hay que adentrase en el océano de las Escrituras. He aquí alguna de sus respuestas:

  • En primer lugar, es preciso leer la Biblia no como un libro histórico o literario cualquiera, por importantes, hermosos o relevantes que sean sus contenidos y su autor. La Biblia hay que leerla como Palabra de Dios, es decir, entablando una conversación con Dios, que me habla y me llama a través de su Palabra. Hay que llamar a esta puerta, como afirmaba San Agustín, "he llamado a la puerta de la Palabra para encontrar finalmente lo que el Señor me quiere decir", con alma orante, con espíritu humilde, con disposición del corazón, con apertura de la mente.
  • En segundo lugar, la Sagrada Escritura nos introduce en la comunión con la familia de Dios. Por ello, no se puede leer a ráfagas y a ventoleras. No basta con una lectura individual, menos aún con una búsqueda y sensibilidad fundamentalista. Hay que dejarse ayudar por los grandes maestros de la Palabra de Dios que tienen experiencia de la fe, que han penetrado en el sentido de la Sagrada Escritura, y por
    los miembros de nuestras propias comunidades. Por supuesto, que es precisa una lectura personal de la Biblia. Pero lectura personal no significa hacerlo fuera de la comunión de la Iglesia.
  • La comunión eclesial es la tercera clave para una lectura y una vivencia fecundas de la Palabra de Dios. La Sagrada Escritura tiene dos sujetos: el sujeto divino —Dios que habla y quiere implicar al hombre en su Palabra— y un sujeto permanente que es su Pueblo, su Iglesia y que nos muestra y nos reparte esta Palabra de salvación a través de la Liturgia y del Magisterio. Dios nos habla personalmente con su Palabra y lo hace a través de su Iglesia.

1. El discurso que dirigió un viernes Benedicto XVI en el patrio de la residencia pontificia de Castel Gandolfo a los de 400 participantes en el congreso internacional "La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia", que se celebró en Roma del 14 al 18 de septiembre de 2005 con la participación más de 400 expertos de 98 países, entre ellos un centenar de obispos. La iniciativa recuerda los cuarente años de la promulgación de la constitución dogmática sobre la Revelación divina "Dei Verbum" del Concilio Vaticano II en 1965.
2. Meditación del Santo Padre Benedicto XVI, al inicio del Sínodo, durante la celebración de la hora tercia en el Aula Sinodal en el 2009. Cd. del Vaticano.

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