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CONMEMORAR NUESTRA HISTORIA DESDE LA FE, PARA COMPROMETERNOS HOY CON NUESTRA PATRIA

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"Conmemorar Nuestra Historia desde la Fe, para Comprometernos Hoy con Nuestra Patria. CEM


PARTE I

UNA MIRADA A LA PROPIA HISTORIA DESDE LA FE

PREÁMBULO DE LA PRIMERA PARTE

Un proceso nunca acabado

8. Los pueblos suelen volver la mirada a los acontecimientos fundantes y significativos de su historia para comprender su identidad, asumir objetivamente su pasado y proyectar hacia nuevos rumbos su porvenir. Los creyentes, además de hacer una revisión desde la razón, que el mismo Ser Supremo nos ha dado como una antorcha que nos guía y nos ilumina7, estamos llamados a hacer una lectura desde la fe, con el fin de reconocer la presencia divina que fecunda la historia humana con el suave rocío del Espíritu. La gestación y el crecimiento de una nación es un proceso siempre prolongado y nunca totalmente acabado, con luces y sombras que hay que acoger con espíritu generoso y también agradecidohacia quienes contribuyeron a su realización.

La Iglesia en medio del mundo y de la historia

9. La Iglesia Católica estuvo presente de diversas maneras y en distintos grados en el Movimiento de Independencia Nacional y en la Revolución Mexicana. La Iglesia, especialmente los obispos, nos sentimos llamados, al igual que muchos otros sectores de la sociedad, a buscar el significado y el alcance de estos acontecimientos. La fe católicano puede desentenderse de la vida cotidiana de los fieles y de su contexto histórico. Los obispos de México en repetidas ocasiones hemos hecho hincapié en que la Iglesia “está en el mundo, sin ser del mundo”, y por ello está llamada a participar, iluminando con la Palabra los diversos sucesos que configuran y dan sentido a nuestra Nación. Al inicio del presente milenio escribimos una Carta Pastoral, que desde su título, señala cómo el encuentro con Jesucristo, es decir, cómo nuestra fe en Él, nos lleva necesariamente a la solidaridad con todos. En este mismo año, hemos publicado una Exhortación Pastoral sobre la difícil situación de violencia por la que atraviesa nuestro País, haciendo ver que en Cristo, nuestra paz, México puede alcanzar una vida digna. No podemos despreocuparnos del hombre real y concreto, a quien debemos servir “desde nuestra misión religiosa que es, por lo mismo, plenamente humana”8. Es también deber incontestable nuestro buscar con una perspectiva histórica amplia y con un sosegado estudio de las fuentes, una mayor y mejor comprensión de estos dos sucesos históricos de nuestra Patria.

Desarrollo de la Primera Parte

10. Haremos, en primer lugar, una reflexión desde nuestra fe católica, sobre el significado de algunos hechos fundamentales que conmemoramos, bajo el título Mirada Panorámica dela Historia. Ofreceremos, posteriormente, algunas acentuaciones que se refieren a la participación que tuvo la Iglesia en el período de la Independencia; luego tocaremos las que corresponden al de la Revolución (1910-1917); cerraremos esta Primera Parte con una visión sobre el Sentido Cristiano de la Historia. Para un creyente la historia humana es y será siempre una historia de salvación. Éste es nuestro punto de vista como hombres de fe y como pastores de la Iglesia Católica, desde el cual queremos hablar, y desde el cual desearíamos ser escuchados. Recogemos, pues, en esta Carta Pastoral los hechos más significativos del pasado que queremos conmemorar, e invitamos al diálogo sereno y objetivo con el fin de alcanzar un mayor esclarecimiento de estos sucesos que nos atañen a todos, y de los cuales somos de una u otra manera herederos. Los acontecimientos históricos están ahí y nadie debe negarlos o desvirtuarlos. Es preciso reconocerlos, esclarecerlos, juzgarlos con criterios objetivos, para comprendernos mejor. Queremos ofrecer la mirada que sobre las realidades terrenas tenemos los católicos, que no siempre coincide con otros sistemas de pensamiento o ideologías presentes en el México actual.

I. MIRADA PANORÁMICA DE LA HISTORIA

Evangelización y “Acontecimiento Guadalupano”

11. Es bien sabido cómo la fe católica se propagó en estas tierras en medio de acontecimientos novedosos y a veces dramáticos, y cómo la labor de los evangelizadores fue abriéndose paso entre graves dificultades, pero nunca sin el auxilio divino. La labor evangelizadora y el ingenio pedagógico de los misioneros estuvieron siempre acompañados por la acción de la gracia, a través de la presencia suave y vigorosa de María, la Madre del Redentor.“En nuestros pueblos, el Evangelio ha sido anunciado presentando a la Virgen María como su realización más alta”9. Múltiples devociones marianas han fecundado la labor de los evangelizadores a lo largo y ancho del País. Sin embargo, fue el Acontecimiento Guadalupano, el encuentro y diálogo de Santa María con el indígena Juan Diego, el que obtuvo un eco más profundo en el alma del pueblo naciente, cualitativamente nuevo, fruto de la gracia que asume, purifica y plenifica el devenir de la historia. El lenguaje utilizado en el encuentro del Tepeyac, como vehículo de inculturación del Evangelio, constituyó un itinerario espiritual, al conjugar palabras y gestos, acción y contemplación, imágenes y símbolos. Todos estos elementos enriquecieron la capacidad de esta cultura sobre su experiencia de Dios, facilitando la aceptación gozosa del mensaje salvador. Se actualizó así, desde el Tepeyac, esa novedad propia del Evangelio que reconcilia y crea la comunión, que dignifica a la mujer, que convierte al macehual en hijo y a todos nos hace hermanos. Esta nueva fraternidad propició un crecimiento en humanidad, de manera que este germen, sembrado por Santa María de Guadalupe en el alma del pueblo creyente, se ha ido desarrollando poco a poco, haciéndose presente especialmente en los momentos más significativos y dramáticos de nuestra historia. Es un acontecimiento fundante de nuestra identidad nacional.

La fe, elemento dinamizador

12. No podemos dejar de reconocer que en los anhelos más profundos del corazón humano están el ideal de la justicia y de la libertad para todos los hombres. Además de este dato antropológico, no debemos ignorar que desde laépoca virreinal encontramos antecedentes de esta promoción humana en los grandes evangelizadores y pensadores, que sin duda forjaron y alentaron en muchos hombres estos anhelos. En este marco histórico complejo, interpelados además por las graves circunstancias sociales, políticas y económicas de esa época previa a la Independencia, se fueron conformando las condiciones de un movimiento libertario, vinculado a la identidad nacional y en ella al Acontecimiento Guadalupano. Todos estos elementos fueron sumándose y traduciéndose en una búsqueda colectiva para instaurar la justicia y la libertad en una sociedad mestiza. Muchos miembros de la Iglesia acogieron y alimentaron con entrega generosa estos anhelos, aunque con los excesos que toda lucha armada suele llevar consigo. Tampoco faltaron resistencias de eclesiásticos y laicos, convencidos de la importancia de conservar lo que ellos consideraban legítimo, incluidos los privilegios que la Corona propiciaba, y que pensaban eran indispensables para su misión. Hoy, lo que la Iglesia celebra es el don de la libertad, lo agradece y se esfuerza por preservarlo y enriquecerlo. Dentro de la visión cristiana de la historia, los sufrimientos y dolores, máxime si son en beneficio de la comunidad, adquieren un significado profundo de lucha interior que ayuda al creyente a reafirmarse en el bien. Para acercarnos a la comprensión de la conciencia histórica de nuestra Patria, debemos tener en cuenta que la fe católica fue un elemento presente y dinamizador en la construcción gradual de nuestra identidad como Nación.

Catolicismo renovado y pensamiento ilustrado

13. Para interpretar los acontecimientos históricos, debemos afirmar que los reduccionismos ideológicos y las tendencias homogeneizantes no ayudan, sino que pervierten y dañan. En cambio, la pluralidad razonada suele ser elemento que enriquece y serena. En cuanto al Movimiento de Independencia, es necesario reconocer que el pensamiento del iusnaturalismo teológico de Francisco de Vitoria y de Francisco Suárez, así como tradiciones de autonomismo hispano, fueron sustrato de algunos intentos libertarios. Junto con los postulados de la racionalidad ilustrada moderna, dieron por resultado una tensión ideológica que aún perdura y que exige diálogo y comprensión, no excluida la paciencia. Desde estos caudales de nuevos pensamientos y contextos, emerge la figura del Cura Miguel Hidalgo, quien al enarbolar el estandarte guadalupano, no sólo presentó a Santa María de Guadalupe como protectora de una nación mestiza, sino que también la convirtió en forjadora de un país independiente, conciencia que se encarna en el corazón mismo del ideario de José María Morelos y en el cambio de nombre del primer presidente, Guadalupe Victoria.

Tres antecedentes de la Independencia

14. Por lo anteriormente dicho, debemos decir que hay tres antecedentes que influyen fuertemente en los precursores e iniciadores del Movimiento de Independencia: a) los anhelos de libertad y autodeterminación, siempre presentes en el corazón humano, buscando la igualdad y aboliendo privilegios y castas, tal como lo expresó el Cura José María Morelos: “sólo distinguiendo a unos de otros el vicio y la virtud”10; b) la pluralidad de nuestro pueblo, marcada por una difícil situación política, económica, social, llegó a la madurez cultural necesaria para la búsqueda de su autogobierno y goce de libertad, capaz de construir una nación independiente, justa y fraterna; y c) la identificación religiosa en torno a Santa María de Guadalupe alentó a los distintos sectores de la población a conquistar el perfil de la nueva Nación11.

Reconocimiento de la libertad conquistada

15. Desde el primer sermón de Acción de Gracias pronunciado en el Santuario de Guadalupe12, una vez consumada la Independencia, y otros que le siguieron, se reconoció que numerosos católicos, como fieles discípulos de Jesucristo, empeñaron su vida en la conquista de esta libertad. Miguel Hidalgo, José María Morelos y muchos otros fueron sacerdotes, quienes, más allá de sus cualidades y limitaciones humanas sirvieron de instrumento a la Providencia para iniciar la Independencia Nacional y favorecer así la constitución de la nueva Patria Mexicana. Como creyentes, en aquellas circunstancias específicas, lucharon por los valores de la libertad y la igualdad, y dieron voz al reclamo de justicia de un pueblo sumido en la pobreza y la opresión, largamente padecida. Su ministerio sacerdotal, del cual nunca renegaron, los acercó a los dolores de este pueblo y los movió a promover sus derechos, incluso tomando las armas, camino que no siempre se justifica, menos en nuestros tiempos en los que contamos con múltiples instituciones e instrumentos jurídicos para resolver los conflictos en diálogo y caminos de paz.

16. Somos conscientes de que el Episcopado de entonces reprobó el movimiento libertario como sedición, usando incluso del anatema. La Inquisición por su parte lo declaró como herejía. La razón última de esto estribaba en la sujeción de la Iglesia a la Corona española. A pesar de ello, el proceso de Independencia fue un movimiento político y social con profunda raigambre religiosa católica que, dentro del dramatismo de los hechos y sus excesos, es una herencia noble y rescatable que debemos agradecer.

Celebrar el don de la libertad

17. Comprendemos así muy bien la felicitación que el Papa San Pío X envió al pueblo de México y al Episcopado en la Conmemoración del Primer Centenario de la Independencia13, en la que paternalmente exhorta a conservar este don del cielo, fundando instituciones apropiadas de cultura y de caridad, mejorando el estilo de vida y costumbres dentro del marco de la fe, centrada en el culto a la Eucaristía y en la devoción a Santa María de Guadalupe. Es, pues, para un católico, no sólo legítimo sino necesario dar gracias a Dios por el don precioso de la libertad.

Postindependencia

18. La Nación inició su vida independiente en un ambiente internacional marcado por el liberalismo, que configuró nuevos y radicales escenarios. En las primeras décadas de nuestra Patria independiente, significó un período de debilitamiento cultural, institucional y eclesial, cuya expresión más dramática fue la pérdida de la mitad del territorio nacional y la división de la sociedad. Los grupos dominantes que se fueron sucediendo, al distanciarse de los valores católicos, llegaron a constituir la fisonomía de un pueblo artificial, ajena a la sensibilidad propia del pueblo mexicano. Y a base de grupos influenciados por la nueva ideología del liberalismo, por intereses individualistas, a contrapelo de la realidad y del sentir general, sembraron un nuevo conflicto social. Ésta es una de las raíces del maniqueísmo y la desconfianza mutua que todavía padecemos, ante dos proyectos contrapuestos para comprender la identidad de la Nación y el bien de la sociedad14, con el agravante de una fortísima desigualdad social de la mayoría y la población sumida en la pobreza.

Paradoja nacional

19. La paradoja, que nos ha caracterizado durante muchos años, es la de un pueblo mayoritariamente católico al que se le trata de impedir su expresión más profunda. Por eso,“las relaciones institucionales entre la Iglesia Católica y los diversos representantes del Estado Mexicano fueron de tensión y de mutuo rechazo. Su momento cimero tuvo lugar con el desconocimiento de la Iglesia por parte de la Asamblea Constituyente de1917, la persecución religiosa y el movimiento cristero de 1926 a 1929”15. Es evidente que laIglesia, en este caso la Jerarquía Católica, no podía dar su asentimiento a este nuevo conflicto social, y menos a un instrumento legislativo que no sólo la marginaba, sino que le negaba toda personalidad jurídica, impidiendo, con una visión reduccionista, su derecho a participar en la vida pública. La reciente reforma constitucional en materia religiosa de 1992 ha venido a mejorar esta situación; sin embargo, no se ha superado todavía el laicismo intolerante.

Presencia del “catolicismo social”

20. A finales del siglo XIX tuvo lugar un vigoroso renacimiento del catolicismo de impronta social, cuya expresión singular fueron las numerosas reuniones sociales, inspiradas en las enseñanzas del Papa León XIII, principalmente por la encíclica Rerum Novarum, cuya influencia se manifestó incluso en la redacción del artículo 123 de la Constitución de 1917. A la luz de esta doctrina, se configuran diversas prácticas sociales, tanto en las diócesis como en las parroquias, con las que los católicos participaron activamente en la búsqueda de una sociedad más justa y democrática. Si bien la Carta Magna buscó dar unidad y coherencia a la Nación, la ideologización de un buen número de sus postulados propició un distanciamiento entre el pueblo creyente y la autoridad civil, lo que impidió dar su verdadero sentido a la legítima separación entre la Iglesia y el Estado.

Búsqueda de justicia y democracia

21. La Revolución Mexicana intentó configurar un pueblo democrático y más justo. Como todo movimiento armado, generó zozobra, sufrimientos y penas en el pueblo pobre, a quien se intentaba beneficiar. La guerra postrevolucionaria atrajo violencia singular y a la Iglesia Católica una persecución originada por la ideología liberal y atea de algunos que la impulsaron. La constatación de estos hechos dolorosos queda inscrita en los anales de la gesta revolucionaria, y el martirio sufrido por muchos cristianos permanecerá como testimonio de los acontecimientos. En la mirada creyente de la historia, los mártires y los santos son sus verdaderos intérpretes y sus jueces autorizados.

En búsqueda de la “laicidad positiva”

22. La verdad histórica nos exige situar a las personas y a los acontecimientos en sucontexto, considerando que entonces no era del dominio común la doctrina de la legítima autonomía de las realidades terrenas que, a partir del Concilio Vaticano II, comienza a regir saludablemente las relaciones entre la Iglesia y los Estados modernos mediante lo que hoy llamamos“laicidad positiva”, a la cual se refirieron en singular diálogo el Papa Benedicto XVI y el actual Presidente de Francia16. Tampoco se tenían los nuevos espacios que ahora la omnipresente globalización abre para la evangelización desde la plataforma común de la dignidad de la persona y del respeto a los auténticos derechos humanos.

Diferencias complementarias

23. El presente es siempre tiempo de gracia y oportunidad para integrar realidades que aparecen contrapuestas en nuestra historia, buscando consolidar la justicia y la paz social con miras a un futuro mejor. El Papa Juan Pablo II nos dejó un diagnóstico certero y una propuesta de superación que es bueno recordar, porque estas fiestas conmemorativas tienen que ser ocasión privilegiada de crecimiento y maduración como pueblo y como nación. Decía el Papa:“Llego a un país cuya historia recorren, como ríos a veces ocultos y siempre caudalosos, tres realidades que unas veces se encuentran y otras revelan sus diferencias complementarias, sin jamás confundirse del todo: la antigua y rica sensibilidad de los pueblos indígenas…, el cristianismo arraigado en el alma de los mexicanos y la moderna racionalidad de corte europeo que tanto ha querido enaltecer la independencia y la libertad”17.

La gramática de Dios

24. La visión cristiana de la historia parte del misterio de la Encarnación del Verbo por el cual “el tiempo es ya una dimensión de Dios18, y toda historia humana es una historia de salvación. Por eso, más allá de los hechos mismos, hemos de saber leer la gramática de Dios y descubrir su mano providente que rige la vida de los hombres y el caminar de la Iglesia al unísono de nuestra Nación.

El progreso como “vocación”

25. Valorar los logros, asumir los errores, discernirlos y transformarlos en sabiduría y oportunidades es condición de todo ser humano que aspire a la madurez y al progreso. Como nos recuerda el Papa Benedicto XVI, el progreso ha de entenderse no mecánicamente, sino como vocación. Esto es lo que legitima la presencia y contribución de la Iglesia en el mejoramiento de las realidades temporales, pues la vocación requiere de hombres libres y responsables, amantes de la verdad, porque “la verdad del desarrollo consiste en su totalidad: si no es de todo el hombre y de todos los hombres, no es verdadero desarrollo”19; por eso, todo desarrollo verdadero se centra en Cristo y tiene como expresión propia la caridad.

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