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CONMEMORAR NUESTRA HISTORIA DESDE LA FE, PARA COMPROMETERNOS HOY CON NUESTRA PATRIA

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"Conmemorar Nuestra Historia desde la Fe, para Comprometernos Hoy con Nuestra Patria. CEM


II. LA IGLESIA EN LA INDEPENDENCIA

Iglesia implicada

26. Si bien la historiografía de la Independencia suele oscilar entre los elogios desmedidos y las críticas severas de los actores y sus gestas libertarias, la reflexión serena es siempre lo mejor, buscando la comprensión de los hechos, teniendo en cuenta las circunstancias del momento, el carácter de los protagonistas y los límites de las personas. Se requieren criterios objetivos históricos, culturales, filosóficos, religiosos, políticos. La Iglesia en México participó activamente en todos esos hechos de manera protagónica, ya que los más notables iniciadores y actores fueron miembros del clero y el pueblo era mayoritariamente católico.

La “Ilustración católica”

27. La Iglesia novohispana se mantuvo siempre en comunión con la Sede Apostólica de Roma, aunque mediatizada por el Patronato regio, sobre todo en tiempo de las reformas borbónicas que exacerbaron la injerencia de la Corona en asuntos estrictamente eclesiásticos. El Episcopado y la Iglesia en general fueron utilizados como instrumento de sometimiento, si bien muchos representantes de la“Ilustración católica” promovieron la reforma de las costumbres, la erudición del clero y la promoción del pueblo mediante la beneficencia social. Entre éstos se encontraban el padre Miguel Hidalgo y Costilla y otros más.

Derechos del hombre

28. A mediados del siglo XVIII se produjo un sacudimiento político, religioso y social, motivado por la invasión de ideas y costumbres procedentes de la Revolución Francesa. Lo rescatable de este movimiento fueron los principios de la Declaración de los Derechos del Hombre que, aunque secularizados, no podían desprenderse de su raigambre cristiana, “aquellos derechos que el Dios de la naturaleza concedió a todos los hombres”, como solía repetir el Padre Hidalgo. Este“derecho natural” lo llevó a la proclama de la libertad y a la supresión de la esclavitud expresada en públicomediante varios“bandos”, en los que se traslucen motivaciones de la fe católica, inspiradas sobre todo en las enseñanzas de San Pablo sobre la libertad y dignidad humana.

Sacudimiento religioso y social

29. De estas corrientes de pensamiento se hará derivar el derecho a oponerse a toda opresión hasta lograr la liberación, resistiendo a la dependencia de la Corona española. Esta doctrina contiene implícito el presupuesto de que el poder, dimanado del Autor de la naturaleza social del hombre, radica fundamentalmente en el pueblo y queéste, mediante un pacto social, lo transfiere a la autoridad pública para procurar el bien común. Es, por tanto, revocable si el pacto social no se cumple, idea muy distinta al derecho divino de los reyes.

La resistencia pacífica

30. La enseñanza evangélica sobre la tolerancia, la no resistencia al agresor, el perdón de las ofensas y la mutua caridad son, sin duda alguna, altos principios de conducta cristiana, de orden superior que no anulan, según la tradición de la Iglesia, el legítimo derecho a oponerse a la opresión y a las realidades de injusticia evidente y prolongada, que atentasen gravemente a los derechos fundamentales de la persona y dañasen peligrosamente el bien común del país20. Esta resistencia debe excluir la violencia y los sentimientos de odio, para que pueda servir de camino a la liberación integral cristiana21.

Difícil realización

31. De la altura y nobleza de esta doctrina evangélica se desprende la dificultad para conciliarla con la conducta de las personas en el campo de la vida social y política, sobre todo cuando se es responsable de una comunidad y se busca el cambio de rumbo de una nación. No debe extrañar en este terreno la existencia de opiniones diversas y acciones encontradas.

Creciente opresión y reacciones diversas

32. Ciertamente las reformas borbónicas incrementaron las cargas tributarias y la explotación; y se adoptaron por otra parte medidas restrictivas a las prácticas religiosas sobre la ya menguada libertad de la Iglesia con el consiguiente aumento no sólo del descontento sino de la pobreza del pueblo. Entre tanto, el clamor contra el“mal gobierno” iba adquiriendo mayor resonancia, exacerbado por el caos producido por la deposición del monarca español, por la insensibilidad de los gobernantes y el despotismo reinante. Ante situación tan desesperada, no es de extrañar el brote de reacciones desde las moderadas hasta las violentas. Había clérigos y laicos que apostaban por la vía pacífica y otros que la consideraban ya agotada e inoperante; había quienes buscaban la independencia absoluta de España y quienes la proponían parcial o gradual. En esto mucho tenía que ver la condición social de los actores, según fueran criollos o peninsulares, autoridades cercanas al pueblo, como lo eran los párrocos y vicarios rurales, o quienes ocupaban otros cargos de autoridad, algunos de ellos más alejados de la realidad.

“La Patrona de nuestra Libertad”

33. Al mezclarse las circunstancias sociales y políticas con las religiosas, se incrementaron las condiciones favorables para un levantamiento armado. Así, la lucha por la justicia en contra de los privilegios de castas; el anhelo de libertad enfrentado al despotismo peninsular y la defensa de la religión suscitada por la impiedad anticristiana llegada de Francia, se tornaron en parte de las motivaciones del Padre Hidalgo. No fue fortuito el que el símbolo escogido por el movimiento libertario fuera el estandarte de Santa María de Guadalupe que, años más tarde, sería proclamada por Morelos como“La Patrona de Nuestra Libertad”22. Ciertamente, sin el ingrediente religioso, este movimiento o no se hubiera producido o habría tomado otro rumbo. La última condición de legitimidad vino de la representación que obtuvieron los caudillos de la Independencia por aclamación popular, bien directamente o bien de los apoyos que pronto recibieron sus diversos comisionados esparcidos por el país. Tal reconocimiento era sancionado por los ayuntamientos de su tránsito.

Reprobación del levantamiento y excomuniones

34. La reacción contraria de miembros de la Jerarquía eclesiástica se debió, primero, a que todos ellos habían obtenido su nombramiento por el regalismo imperante, que por principio excluía la independencia de estos reinos; en segundo lugar, a que algunos, aun cuando estimaban necesarias varias reformas benéficas al país, consideraban que la vía de una insurrección violenta traería mayores males; finalmente los excesos en que cayeron algunos insurrectos confirmaron esta idea.

Acusaciones contra Miguel Hidalgo

35. En el caso de Hidalgo, desde 1800 se habían hecho denuncias por proposiciones supuestamente heterodoxas y por vida disipada en San Felipe. Sin embargo, ante la falta de pruebas y más bien testimonios muy favorables de la ortodoxia de Hidalgo, así como de un cambio de vida, se archivó el caso y los propios inquisidores reconocieron que la fama de Hidalgo era de “sabio, celoso párroco y lleno de caridad”. Sin embargo, luego del Grito de Dolores, el fiscal de la Inquisición lo acusó de hereje e Hidalgo fue citado a comparecer. Respondió algunos cargos desde Valladolid, y a todos puntualmente ya prisionero en Chihuahua, confesando suíntegra fe católica.

La excomunión de Miguel Hidalgo

36. Manuel Abad y Queipo, Obispo Electo de Valladolid, fue el primer prelado que reprobó la Insurrección y además declaró que Hidalgo y todos sus seguidores y favorecedores habían incurrido en excomunión por aprehender a personas consagradas. Esta reprobación y declaración fue refrendada luego por otros obispos. Sin embargo, el propio Abad y Queipo confesó que lo hacía por frenar a los insurrectos; los insurgentes, entre quienes pronto se sumaron doctores en teología y cánones, estimaron que tal excomunión era inválida, por varias razones, entre ellas, porque no se podía excomulgar a pueblos enteros por un levantamiento justificado, y porque aquella aprehensión de personas consagradas era efecto colateral del levantamiento. No obstante, los posteriores degüellos ocultos, sin juicio, de centenares de peninsulares civiles extraídos de sus hogares, autorizados por Hidalgo, pusieron en entredicho la justicia del levantamiento y ciertamente, al incluirse dos personas consagradas en esos crímenes, acarrearon la excomunión sobre sus autores.Hidalgo, durante los más de cuatro meses de su prisión, reconoció este exceso de su movimiento, se dolió de ello, lo confesó sacramentalmente y le fue levantada, desde entonces, tal excomunión.

Acusaciones contra José María Morelos

37. En cuanto a Morelos y otros, se les acusó de herejes por haber firmado la Constituciónde Apatzingán, la cual previamente había sido condenada por contener supuestas herejías. Sin embargo, la prioritaria declaración del decreto constitucional sobre la religión católica, excluye esa interpretación. De manera particular la Inquisición dijo que el levantamiento estaba condenado por un Concilio Ecuménico, el de Constanza. Pero eso era un abuso interpretativo, pues el Concilio lo que condena es que el pueblo a su solo capricho, sin atender a ningún derecho, ni el natural, corrija a sus gobernantes; y por otra parte también condena el tiranicidio perpetrado por una autoridad meramente privada, no pública. Finalmente, la ceremonia de degradación impuesta a Hidalgo, Morelos y otros sacerdotes insurgentes, no fue sino una formalidad para despojarlos del fuero eclesiástico y así poder ejecutarlos.

La excomunión de José María Morelos

38. José María Morelos e Ignacio López Rayón, principales caudillos continuadores de Hidalgo, se apartaron de tales crímenes. No obstante, el mismo Abad y Queipo los declaró nominalmente excomulgados, así como a otros insurgentes, porque supuestamente no reconocieron la potestad de los obispos, ya que independientemente nombraban vicarios generales que ejercían en territorio insurgente actos de jurisdicción eclesiástica y dispensaban impedimentos matrimoniales. Sin embargo, los insurgentes también consideraban inválida tal excomunión pues, sin negar la potestad de los obispos, conforme a la doctrina moral y canónica, en las circunstancias de guerra, la Iglesia suple la jurisdicción. Morelos, en manos de sus verdugos, también se reconcilió sacramentalmente varias veces, y aun cuando tuviera por inválida aquella excomunión, le fue levantada.

Mezcla y confusión

39. Todo lo dicho nos lleva a reflexionar cómo lamentablemente un sector de la Iglesia hizo que sus intereses políticos privaran sobre otro sector de la misma Iglesia. El origen de esto se hallaba principalmente en la injerencia del Estado, o mejor dicho de la Corona española sobre la Iglesia, que usando y abusando del Patronato, se servía deél para mantener la sujeción y explotación de sus dominios de Ultramar. De ahí la mezcla y confusión de motivaciones políticas con religiosas. Por ello, los insurgentes buscaban una relación directa con la Santa Sede, así como el nombramiento de obispos nacionales. De esta misma manera debemos entender la eliminación de la Inquisición, planteada por JoséMaría Morelos, quien buscaba restituir al Papa y a los Obispos su autoridad para velar por la verdadera fe23. La Iglesia reclama sin cesar la libertad como un derecho.

Búsqueda de un orden legal

40. Diversos fueron los intentos que se hicieron de codificar las normas que debían regir la vida nacional, desde la Constitución de Cádiz a la Constitución de Apatzingán, pasando por los Sentimientos de la Nación, cuyo número doce todavía está por cumplirse y reza así: “Que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto”. Por lo demás, lo que podríamos calificar desde nuestros criterios contemporáneos como intolerancia religiosa, en algunos de los postulados de losSentimientos y en la Constitución, son en realidad expresión del tiempo y la realidad social donde se implicaban mutuamente religión y política.

Represión y disolución social

41. La represión contra la Insurgencia continuó conculcando el derecho natural, el de gentes y el canónico. También continuaron los excesos de algunos insurrectos. Hubo víctimas inocentes por doquier. Proliferó el bandidaje y la lucha se volvió regional y persistente durante una década, lo cual muestra la profundidad de las heridas y lo grave de los males sociales. No es de extrañar que en este contexto numerosos clérigos y laicos clamaran por la paz, la reconciliación y el perdón. Al retomar vigencia la Constitución de Cádiz (1820), se dieron nuevas leyes que buscaban un mayor avasallamiento de la Iglesia. Por todo ello, Agustín de Iturbide, ganado para la causa independiente, propuso las tres garantías: Religión, Independencia y Unión, y los plasmó en nuestra bandera nacional.

Protagonismo de los laicos

42. En el proceso de consumación de la Independencia se ve disminuir notablemente el número de clérigos y se incrementa el protagonismo de los laicos católicos. Por lo demás, así lo exigía el mismo proceso de la lucha por la Independencia. La mayoría de los clérigos que participaron lo hicieron sobre todo en la consejería, la asesoría y el debate. La Iglesia participó en el homenaje de los caudillos insurgentes, recibiendo solemnemente los restos mortales de Miguel Hidalgo, de José María Morelos, y otros, en la Catedral Metropolitana de la Arquidiócesis de México (1823).

Nación independiente e Iglesia libre

43. Si bien el reconocimiento oficial de la Santa Sede a la Independencia fue tardío, esto se debió a las ingentes presiones de parte del gobierno español y a la insuficiente información de que disponía. El Papa León XII agradeció la carta del Presidente Guadalupe Victoria, alabándolo por su fe y por su adhesión a la Sede Apostólica, lo mismo que al pueblo mexicano (1824), sin embargo aclaró que su oficio no le permitía inmiscuirse en asuntos ajenos a la Iglesia. El Papa Pío VIII recibió la petición de Pablo Vásquez, enviado del gobierno mexicano, de cubrir las vacantes episcopales, deseo que el Papa Gregorio XVI
pudo satisfacer (1831), reconociendo además la Independencia, aun antes de que lo hiciera España. La relación entre la Iglesia en México y la Santa Sede nunca se interrumpió
sino hasta 1859, y con la Independencia Nacional la Iglesia logró, aunque no sin dificultades, también la suya, al desligarse del Patronato Regio. Así, también, la Iglesia en México dio un pequeño gran paso hacia su libertad.

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