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CONMEMORAR NUESTRA HISTORIA DESDE LA FE, PARA COMPROMETERNOS HOY CON NUESTRA PATRIA

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"Conmemorar Nuestra Historia desde la Fe, para Comprometernos Hoy con Nuestra Patria. CEM


IV. SENTIDO CRISTIANO DE LA HISTORIA

Nuestro horizonte

52. Queremos ahora, en este breve apartado, ofrecer a los fieles y también a los posibles lectores que no comparten nuestra fe católica, la visión u horizonte hermenéutico desde donde nos situamos, a fin de que con sabiduría yánimo abierto consideren posible y legítima otra mirada distinta a la suya, de acercarse a los hechos que, queramos o no, compartimos y necesariamente inciden en el presente y señalan el porvenir. Ofrecemos, pues, una breve y concentrada visión cristiana de la historia.

Cristo: centro, clave y fin de la historia

53. Cristo, el Verbo Encarnado, mediante su Misterio Pascual, ha sido constituido Señor absoluto de la historia humana. Todo cuanto sucede, sin excepción alguna, se encuentra orientado hacia su acción salvífica, pues“la clave, el centro y el fin de toda la historia humana se halla en su Señor y Maestro”24.Él tiene yÉl pronunciará la última palabra de la historia en el juicio universal. Palabra salvífica, no catastrófica, que manifestará todo su esplendor en la Jerusalén Celeste. Se trata de la victoria final del amor redentor. Aunque todavía no cumplida en su totalidad, la historia humana necesita recorrer el mismo camino que su Señor, el camino de la cruz; por eso todavía no aparece en su total esplendor. Hemos sido salvados en la esperanza y el Espíritu de Dios que está presente en todos los acontecimientos la llevará a su cumplimiento, no sin nosotros. Como lo señaló San Agustín: “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.

Iglesia solidaria con el género humano

54. La Iglesia de Jesucristo es la Iglesia del Verbo Encarnado, del Hijo de Dios que entra en la historia humana, la comparte, le da sentido y la lleva a su pleno desarrollo en el tiempo y en el espacio hasta su consumación en la eternidad; así, la Iglesia prolonga y actualiza en cierto modo el misterio de la Encarnación25 y “se sienteíntima y realmente solidaria del género humano y de su historia”26. La presencia en el mundo y la participación en el acontecer humano no es sólo pretensión legítima de los discípulos de Jesucristo, sino exigencia ineludible de su misión, pues“lo que no es asumido no es redimido”, en palabras de San Ireneo.

Fe probada y vencedora

55. Jesús resucitado es el Señor de la Iglesia, y mientras ésta cumple su misión en este mundo se hace presente en las diversas culturas, recorriendo con el Evangelio el camino de la salvación. La Iglesia, y la humanidad, no están exentas de enfrentar la fuerza del Maligno, que despliega su poder, oponiéndose al Plan Salvífico de Dios, oprimiendo a los hombres y naciones y persiguiendo a los discípulos. Su poder, aunque grande, es limitado y el juicio divino señalará para siempre su derrota. La manifestación del mal y su aparente victoria en algunos momentos de la historia, es ocasión propicia para que los creyentes aquilaten su fe y rindan testimonio ante el mundo de fidelidad y amor a Jesucristo, así como su compromiso por el hombre.

Fortaleza en la debilidad

56. La historia humana no será nunca un sosegado y apacible estar en la indiferencia, sino que es una exigencia de optar siempre entre la participación o no en el Proyecto de Salvación. Es aquí en donde se juega su destino eterno, feliz o desdichado. Este mundo será siempre imperfecto y no se verá libre por completo del mal, ni la Iglesia en su camino dejará de padecer y tropezar. Es innata su debilidad; la victoria es obra espléndida de la misericordia divina y no de la autosuficiencia humana. Es y será siempre la Iglesia santa que abarca en su seno a los pecadores, y pecadora ella misma en sus miembros se confía a la misericordia de Dios. Será dichoso quien no se escandalice de ello y persevere en su seno hasta el final, en la fe y en el bien. Puesto que la historia humana es el lugar y el instrumento de la acción salvadora de Dios, será siempre, a partir de la fe, desde donde se emita el juicio definitivo y certero del actuar de los hombres. Es así como el creyente y el que busque comprender el actuar de la Iglesia en el mundo, debe juzgar la historia universal y la historia nacional y personal.

“Yo estoy con ustedes”

57. En el fragor de esta lucha Jesús está presente en el interior de la historia como su Señor, y así, cada uno en su momento, tiene la oportunidad de encontrarse con Él y de confesarle como a su Dios para encontrar el sentido y el significado de la vida y la realización plena27.Él no rechaza a nadie, pero cada hombre, en uso de su libertad, deberá reconocerlo o rechazarlo como Señor y Salvador. Cada hombre debe decidirse, a su favor o en su contra, mediante la aceptación de su voluntad expresada en sus mandamientos, en especial sobre el mandamiento del amor.

Universo transformado en Gloria

58. Los creyentes en Cristo sabemos que a todos los que permanezcan fieles en la lucha por el bien, se les reserva la victoria con Cristo. Todos tenemos que comparecer ante el tribunal de Cristo y la misma Iglesia está sujeta al juicio de Dios. Quienes hayan superado la prueba estarán siempre con el Señor: “Al vencedor lo sentaré en mi trono, junto a Mí” (Ap. 3, 21). De esta manera, el discípulo reproduce en su vida los pasos y sentimientos de Cristo y, así como la naturaleza de Cristo fue transformada y renovada por el Misterio de su Resurrección, así, al final de nuestra vida volveremos a encontrar todos los frutos excelentes de la naturaleza y del esfuerzo humano, limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue el Reino al Padre28. Nada se perderá de todo el esfuerzo humano realizado en favor de lo bueno, lo verdadero y lo hermoso por el discípulo del Señor. De esta verdad gozamos ya en anticipo en los santos sacramentos, en especial en la Eucaristía, “prenda de nuestra gloria futura”.

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