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CONMEMORAR NUESTRA HISTORIA DESDE LA FE, PARA COMPROMETERNOS HOY CON NUESTRA PATRIA

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"Conmemorar Nuestra Historia desde la Fe, para Comprometernos Hoy con Nuestra Patria. CEM


PARTE II

SERVIR A LA NACIÓN,
COLABORANDO A CONSTRUIR
UN PROYECTO CULTURAL DESDE LA FE

Comprender el pasado para actuar en el presente y preparar el futuro

59. La conmemoración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana no puede agotarse en un mero recuerdo de ciertos hechos que han marcado nuestro pasado. Conviene reiterar que el principal significado de nuestro itinerario histórico se descubre a la luz de la fe, cuando miramos lo que hemos sido y el modo como en este caminar se ha preparado lo que actualmente somos. Nuestra mirada hacia el pasado no es un ejercicio simplemente académico, sino principalmente un gesto de fidelidad a Jesucristo cuya presencia descubrimos en nuestra historia. Esta presencia nos convoca también a prestar atención a lo que Dios desea de nosotros en el presente y de cara al futuro.

Un camino cultural desde la experiencia de la fe

60. Como lo hemos hecho al comienzo del nuevo milenio29, reiteramos nuestra invitación a renovar nuestra identidad cristiana con ocasión de estos acontecimientos patrios; ante el clima de inseguridad y violencia que estamos viviendo, hemos urgido a todos a reencontrar caminos de paz30. En continuidad a estos esfuerzos e inspirados por las recientes enseñanzas del Papa Benedicto XVI, principalmente por su reciente encíclica social Caritas in veritate, y por la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (“Aparecida”), ahora queremos proponer y ofrecer este nuevo esfuerzo, haciendo hincapié en el tipo de cultura que los discípulos de Jesús debemos fomentar para mostrar la vitalidad de la fe y para colaborar a construir un proyecto nuevo al servicio de la Nación en el momento actual.

61. En efecto, antes de que la fe pueda reflejarse en la vida social, su itinerario natural exige pasar por elámbito de la conciencia personal, de las convicciones, de los estilos de vida que lleven a una conversión, es decir a un“cambio de mentalidad”31 que transforme e impacte la propia vida y el entorno social. Este cambio renueva el modo como vivimos y como nos responsabilizamos de la realidad que nos toca afrontar. Precisamente por ello la fe cristiana posee una esencial dimensión cultural.

62. Con la palabra“cultura” se indica“todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales”32. La cultura, así entendida, es el modo como el ser humano construye un ambiente a la altura de su dignidad y como logra transmitir sus valores de manera vital a las nuevas generaciones.

63. Cada comunidad desarrolla su propia cultura con peculiaridades que proceden de su historia, su geografía y su particular idiosincrasia. Por esto, algunas culturas pueden llamarse “cristianas”, es decir, interpeladas y modeladas en algún grado por el encuentro con el Evangelio. La Nación Mexicana, desde este punto de vista, es una realidad cultural que no puede ignorar que la fe en Jesucristo es una de sus más profundas raíces. En México, no sólo algunas obras arquitectónicas o ciertas expresiones de religiosidad popular manifiestan esta profunda herencia, sino que una buena parte de nuestro particular modo de ser como pueblo se encuentra marcado de manera directa o indirecta por los valores procedentes del cristianismo. No desconocemos que en México existen otras raíces culturales u otras presencias sociales significativas que también contribuyeron a delinear el perfil de nuestro Pueblo. Lo que deseamos señalar es que el cristianismo, como experiencia presente, ha configurado y de hecho continúa configurando una parte importante de la vida personal y comunitaria de los mexicanos33.

64. Recientemente, los Obispos mexicanos hemos dicho que la conmemoración del Bicentenario del inicio de la Independencia y del Centenario de la gesta revolucionaria en México “nos dan la ocasión para aprender que nuestra historia es algo más que el sucederse de guerras y revoluciones. Las treguas de la violencia, los momentos de paz, han sido en realidad los que han permitido realizar obras culturales duraderas”34. Especialmente debemos valorar la búsqueda de la libertad y la identidad en la Independencia; la justicia y la democracia en la Revolución Mexicana. Estamos llamados a reconocerlos, para incorporarlos a otros valores que nos permitan responder a las nuevas exigencias de esta realidad histórica que vive nuestro País, dentro de un contexto global. Un pueblo logra su auténtico desarrollo cuando actúa en fidelidad a los aspectos esenciales de su identidad cultural, que están en consonancia con los principios constitutivos de la persona y su dignidad. Justamente en este camino de desarrollo, los cristianos tenemos un aporte original que debemos ofrecer a nuestra Nación.

La Nación es anterior al Estado

65. La Nación es una realidad socio-cultural anterior al Estado. Esto quiere decir que nuestra Patria no nace a partir del poder político y sus instituciones, sino que emerge gradualmente, a partir del siglo XVI, como una realidad mestiza desde los pueblos autóctonos que eran eminentemente religiosos, desde la nueva propuesta de los pueblos europeos y desde la experiencia cristiana. La fe en Jesucristo logró que quienes se veían distantes y antagónicos, se reconocieran como hermanos. La fe en Jesucristo permitió encontrar puentes que nos acercaran y nos invitaran a privilegiar la reconciliación sobre el encono. La fe en Jesucristo ha colaborado a gestar un ambiente solidario entre los mexicanos, que hace que nuestra cultura posea un inmenso acervo de humanidad y calidez.

66. Estas consideraciones nos permiten comprender que la Nación Mexicana, entendida como una realidad cultural profunda, posee una soberanía anterior al Estado. De tal forma que acontecimientos históricos tan importantes, como la Independencia y la Revolución, deben ser interpretados en base a la continuidad del mismo pueblo que conforma esta Nación. Esto muestra que las estructuras del Estado para cumplir con su fin deben colocarse al servicio de la Nación y no viceversa. De este modo, México no necesita “un proyecto de Nación”, sino “un proyecto al servicio de la Nación”, que permita reproponer lo más valioso de lo que hemos sido para poder darle auténtico futuro a lo que actualmente somos35. En este esfuerzo, el compromiso de los cristianos y de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, es esencial. Todos somos protagonistas de nuestra historia.

Un proyecto al servicio de la Nación

67. El sustrato cultural de este proyecto al servicio de la Nación, debe privilegiar tres características, desde las que se entreteje nuestra cultura: a) el anhelo humano legítimo que busca libertad y justicia, a partir de los reclamos que brotan de la naturaleza profunda de cada persona; b) una inspiración cristiana que anima a las personas a luchar en favor de la promoción humana individual y social con una perspectiva trascendente, y c) un diálogo plural con el conjunto de ideologías que no siempre coinciden con la propuesta cristiana, pero buscan también el desarrollo humano.

68. Estas tres dimensiones se encontraban ya mezcladas en diversos grados y combinaciones en quienes impulsaron el movimiento de Independencia y la Revolución, así como en quienes se sumaron a ellas de buena fe. En la realización de toda obra humana, no siempre hay plena claridad y rectitud, por lo que podemos decir que el trigo y la cizaña aparecieron juntos al interior del corazón de las propuestas y de las realizaciones humanas, que son siempre limitadas.

La importancia del aporte cristiano

69. En este contexto, la fe cristiana ha contribuido con su inspiración, con sus valores y con su perspectiva sobrenatural a animar las luchas del pueblo mexicano a favor de la libertad y la justicia. La presencia del cristianismo en nuestro pueblo, en nuestra historia y en sus principales protagonistas atraviesa la personalidad de cada ser humano, de cada situación, de cada escenario en toda su complejidad. De este modo, podemos afirmar que la fe se ha hecho cultura en México, vivificando innumerables esfuerzos y proyectos asistenciales y de promoción humana.

70. Desde la Doctrina Social de la Iglesia podemos afirmar que nuestra fe no se identifica de manera unívoca y directa con un modelo de organización sociopolítica particular, con una lucha determinada a favor de cierta emancipación o con un gobierno de tal o cual signo. Lo esencial de nuestra fe es la realidad concreta de la Persona de Jesucristo que interpela todas las dimensiones de nuestra humanidad y les brinda un nuevo horizonte de realización que rebasa nuestras más altas expectativas. Esta interpelación motiva el surgimiento de criterios, creando las más diversas iniciativas sociales con entera libertad y bajo la responsabilidad personal de quienes las realizan.

71. La presencia real de Jesucristo entre nosotros, en nuestra historia, en nuestras búsquedas, es algo más que un esfuerzo a favor de una cierta liberación social. Jesucristo es Alguien que vence los límites del espacio y del tiempo para alcanzar el corazón de cada hombre y mujer, en cualquier rincón de nuestra Patria. Él es una presencia contemporánea a cada uno de nosotros, que nos libera del pecado y de la muerte.Él, con su sacrificio en la Cruz y con la Resurrección, nos permite decir con seguridad que todo puede ser nuevo, que todo puede ser sanado y reconstruido.

Múltiples iniciativas a partir de la experiencia de la fe

72. La vitalidad cultural de las iniciativas de inspiración cristiana en los más diversos órdenes a lo largo de la historia de México no puede ser ocultada. El más mínimo recorrido por nuestra geografía nacional nos descubre signos elocuentes de la fe que se hace cultura en el arte, la arquitectura, el lenguaje, la celebración, los estilos de vida comunitaria. Nuestra historia está cargada de testigos extraordinarios que llevaron el anuncio cristiano hasta los parajes más recónditos de nuestro País. Recordemos con orgullo la obra educativa y asistencial de la Iglesia a través de incontables instituciones a lo largo de nuestra historia. Pensemos en los miles de católicos, tanto fieles laicos como consagrados y sacerdotes, que han comprometido su vida sirviendo a todos, en especial a los más pobres y marginados, en todos los rincones de nuestra Nación. Y particularmente debemos recordar a quienes han sufrido persecución y muerte a causa de la fe. Ellos, con su sacrificio muchas veces escondido y silencioso, que ha llegado incluso al martirio, han construido y aportado como nadie al bien de la Iglesia y de la Patria.

La fe ilumina a la razón y vivifica a la cultura

73. México es un país plural marcado por un constante esfuerzo de integración no siempre bien logrado. Es preciso redescubrir nuestra historia, nuestra tradición y nuestros valores constitutivos, ya que la Nación Mexicana posee una identidad originaria que ha sido enriquecida con muy diversos aportes a lo largo del tiempo. La identidad de un pueblo está conformada por elementos esencialmente permanentes y existencialmente dinámicos, que no pueden ser reinventados por la moda ideológica o el poder político en turno.

74. La razón iluminada por la fe se expresa de una manera creativa, alegre y propositiva al hacerse cultura36. Es urgente que la buena noticia del Evangelio fecunde hoy los proyectos más diversos a favor de la dignidad humana y de los pueblos. A nuestra generación le corresponde continuar la larga tradición de trabajo a favor del desarrollo y la promoción humana, que ha caracterizado en tantas ocasiones a quienes profesamos la fe en Jesucristo.

Cambio de Época, pluralismo cultural y laicidad

75. Vivimos en una sociedad plural. La Iglesia Católica no pretende imponer un sólo modo de interpretar la realidad, sino que propone, con respeto a la libertad de cada persona, una cultura a favor de la vida y la dignidad de cada hombre y mujer que participa en la Nación Mexicana.

76. Hoy vivimos un Cambio de Época en el que los grandes referentes de la cultura y de la vida cristiana están siendo cuestionados, afectando la valoración del hombre y su relación con Dios. Estamos ante nuevas expresiones culturales que establecen sus criterios de decisión apoyados a menudo exclusivamente en respuestas científicas parciales y en visiones limitadas de la realidad, en descrédito de toda consideración religiosa.

77. La mayor amenaza a nuestra cultura está en querer eliminar toda referencia o relación con Dios. Algunos grupos identificados con un laicismo radical han buscado eliminar un horizonte trascendente de todo proyecto de futuro, provocando con ello un enorme vacío existencial, en tanto que no logran satisfacer los anhelos de realización y felicidad inscritos en lo más profundo del corazón humano: “Aquí está precisamente el gran error; quien excluye a Dios de su horizonte, falsifica el concepto de la realidad y en consecuencia sólo puede terminar en caminos equivocados y recetas destructivas”37.

78. Por eso es tan importante que la vida política de nuestra Nación esté regulada por un auténtico sentido de laicidad, es decir por la responsabilidad del Estado y de la sociedad para reconocer e impulsar el derecho de todos los ciudadanos a vivir, en lo privado y en lo público, conforme a sus convicciones de conciencia en materia religiosa, con entera libertad.

79. La religiosidad es una dimensión constitutiva del pueblo mexicano. El laicismo que se manifiesta de manera amenazante contra la religión no debe tener cabida en una sociedad respetuosa del Derecho, amante de la libertad y verdaderamente democrática. No hay enemigo más peligroso del Estado laico que el laicismo intolerante que busca disminuir libertades y restringir espacios de expresión.

80. Para avanzar en la agenda social y política de nuestro País, es preciso reconocer e implementar mecanismos que garanticen la participación activa de todos los ciudadanos, buscando en el respeto mutuo un equilibrio social. Es fundamental que estos criterios democráticos se vean reflejados en las leyes que nos rigen. Una ley que pasa por encima o no reconoce las implicaciones de la dignidad humana y la libertad de los ciudadanos, debe ser corregida.

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