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CONMEMORAR NUESTRA HISTORIA DESDE LA FE, PARA COMPROMETERNOS HOY CON NUESTRA PATRIA

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"Conmemorar Nuestra Historia desde la Fe, para Comprometernos Hoy con Nuestra Patria. CEM


Combate a la pobreza

119. No debemos acostumbrarnos nunca a un escenario de desigualdad social y a una pobreza creciente, como si se tratara de un fatalismo insuperable o un determinismo sin salida. El problema de fondo está “en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos”53, señalaba con sabiduría Pablo VI; por ello debemos implementar programas y estrategias que partan de un autentico sentido de fraternidad: “lograr esta meta es tan importante que exige tomarla en consideración para comprenderla a fondo y movilizarse concretamente con el ‘corazón’, con el fin de hacer cambiar los procesos económicos y sociales hacia metas plenamente humanas”54. La pobreza y la falta de recursos comienzan a superarse cuando nos encontramos en un escenario de fraternidad, solidaridad y conciencia social.

120. Debemos reconocer la importancia que tiene la llamada estabilidad macroeconómica, que nuestro país ha alcanzado en losúltimos años, para dar certidumbre a las inversiones que generan el desarrollo. También debemos señalar con la misma claridad que hace falta generar condiciones de justicia social para producir mayores empleos de calidad, que permitan un salario justo para una vida digna como personas, familias y sociedad. Esto implica no sólo una modernización de las estructuras productivas, sino también una serie de reformas legales que lo favorezcan y garanticen, una serie de acuerdos políticos que estén a la altura de lo que necesita la Nación mexicana y no sólo de los intereses limitados de algunos grupos políticos o gremiales. Hacemos también un fuerte llamado a los empresarios para que asuman la verdadera responsabilidad social que corresponde a laética de sus actividades económicas55.

121. La superación de la pobreza debe incluir programas para el desarrollo integral de las personas y de las comunidades, a fin de queéstas tomen la responsabilidad de su propio desarrollo. No bastan los programas sociales asistencialistas, y tampoco las acciones de gobierno que sólo se concentran a dar respuesta a situaciones de emergencia o meramente circunstanciales. Las soluciones que México requiere, y que responden a su cultura, han de ser construidas desde la comunidad, contando con el apoyo subsidiario de otras dimensiones de la vida social y del Estado.

122. De manera especial deben ser atendidos los espacios deprimidos por la miseria urbana o rural, dado que allí está la primera exigencia de solidaridad y el primer foco de desestabilización social. Una sociedad que está marcada por la desigualdad no puede crecer con armonía. Allí donde imperan la miseria y la desigualdad, crecerá siempre el rencor y la tentación de caminos equivocados para el desarrollo personal y social. Es allí donde el crimen organizado puede encontrar mucho más fácilmente manos desesperadas dispuestas para la violencia. Es allí donde la manipulación política y hasta religiosa pasa por encima de la dignidad de las personas para ganar adeptos. Es allí donde se pueden generar estallidos sociales.

123. Debemos impulsar políticas públicas integrales, abiertas a la participación de todos los sectores, que permitan a toda la población el acceso a los servicios de salud, alimentación, educación, vivienda y seguridad social. Esto conlleva el desarrollo de una política económica que genere oportunidades de inversión y trabajo con libertad y justicia, con reglas claras y exigencias básicas. Una política económica que permita empleos productivos y el crecimiento del capital humano mediante la capacitación y el crecimiento en sus derechos sociales. No se trata de exigir un Estado asistencialista, sino una sociedad fraterna, corresponsable y solidaria mediante el desarrollo de las actividades productivas, generación de empleos dignos, el crecimiento del mercado interno y las exigencias de las contribuciones fiscales justas y generales.

Educación integral y de calidad para todos

124. Nuestro sistema educativo, tal como hoy se presenta, deja mucho que desear en cuanto a su calidad y resultados. Lo observamos agobiado por los problemas de preparación magisterial y por los lastres de algunas prácticas viciosas del modelo sindical que se apoya en el control corporativo. También nos preocupa la corrupción que consume enormes cantidades de recursos públicos que no llegan a rendir sus beneficios en los centros escolares. A nuestro parecer, lo más grave de estas dinámicas de corrupción es que se contamina la noble tarea de educar, que debería llevarnos a “cultivar” personas íntegras y generosas, capaces de responder y vivir alegremente el sentido y el significado de su existencia.

125. Por otra parte, en un aspecto igualmente delicado, debemos decir que nuestro sistema educativo está marcado por un laicismo mal entendido, que deja de lado los valores humanos universales como si se tratara de aspectos confesionales. Esta realidad tiene implicaciones graves, pues si no es capaz de reconocer valores universales, mucho menos tiene la posibilidad de comprender las realidades trascendentes del hombre, proyectadas en la cultura que nos caracteriza, y en concordancia con la trayectoria familiar de muchos de nuestros estudiantes. El sistema educativo mexicano ha convertido al laicismo en un instrumento ideológico que pasa por encima del derecho de los padres a la educación de sus hijos y no respeta las raíces culturales más nobles de nuestro pueblo. Es necesario que la educación laica se convierta en una verdadera escuela de respeto y valoración a las diferencias culturales y religiosas que nos caracterizan.

126. Debemos hacer de la educación no sólo la herramienta del desarrollo que llegue a todos, mejorando los conocimientos y habilidades, sino también el espacio de respeto y libertad para difundir los valores que engrandecen a la persona y la llevan a reconocer su dignidad y a vivir sus convicciones. Sin negar que la educación nos prepara para el trabajo, la dignidad humana exige primariamente que la educación sea concebida como el desarrollo integral de las personas, que posibilita vivir plena y responsablemente la totalidad de las situaciones que constituyen nuestra vida individual y social. Si la educación no forma antes que nada personasíntegras que amen el bien, la belleza, la verdad y la justicia, todo lo demás queda fincado en un terreno frágil y superficial56.

127. La educación católica ha sido y sigue siendo impartida en numerosos centros de educación básica, media y superior, a cargo de comunidades religiosas o laicos comprometidos con su fe. Creemos que partiendo de su identidad cristiana, deben ser verdaderos espacios para el desarrollo de un diálogo vigoroso entre la fe y la ciencia, que forme con seriedad y excelencia académica, con rigor científico y metodológico, conética educativa y eficiencia profesional. Pero, sobre todo, deben ser verdaderos centros educativos que ofrezcan con claridad lo que les es propio, la transmisión de una cultura desde la cosmovisión y la experiencia cristiana, en apertura respetuosa a todas las mentalidades.

128. Son muchos los maestros y maestras de extraordinaria calidad humana que, en los distintos centros educativos públicos y privados, están engrandeciendo el alma de los niños y jóvenes mexicanos, no sólo por los conocimientos que imparten, sino por el ejemplo de vida con que forjan la conciencia de las nuevas generaciones. Son muchos los maestros y maestras que, sostenidos por su fe en Jesucristo y en un profundo respeto a la conciencia de sus alumnos, dan testimonio de amor a la vida y amor a Dios, de su compromiso con la Patria y con la dignidad de cada persona. Se convierten por eso mismo en los grandes evangelizadores, por su sola actividad educativa honesta y comprometida. La Iglesia agradece su testimonio, y nosotros expresamos nuestro compromiso como pastores de la comunidad cristiana para seguir acompañándolos en la formación de su fe y promover su presencia organizada en la sociedad.

Reconciliación nacional

129. Una de las grandes tareas pendientes en nuestra historia es la reconciliación entre todos los que formamos esta gran Nación. Reconciliación con nuestro pasado, aceptando nuestras raíces indígenas y europeas, especialmente españolas, todas vigentes y actuales. Reconciliación con cada una de nuestras etapas valiosas e importantes en la conformación de nuestra cultura: el Virreinato, la Independencia, la Reforma, la Revolución, el Sistema Político Posrevolucionario y la actual experiencia de paulatina transición democrática.

130. Reconciliación entre las distintas formas de pensar, erradicando los fundamentalismos laicistas o las intolerancias religiosas de cualquier signo. Reconciliación de las distintas clases sociales, superando el desprecio y la desconfianza de unos y otros para buscar el desarrollo de todos, sin injusticias ni discriminaciones. Uno de los tropiezos más graves después del movimiento de Independencia fue el enfrentamiento ideológico que dividió al País y nos llevó a rencores casi insuperables. Detrás de la Revolución Mexicana hay también una serie de desencuentros y desprecios que nos han llevado a ver como nemigos a quienes deberíamos ver como conciudadanos, compatriotas y hermanos. Ahora, al dar pasos firmes hacia la consolidación democrática y la legítima alternancia en el poder político, vuelve a resurgir la discordia que paraliza los caminos de progreso y desarrollo, por la intolerancia ideológica de unos y la falta de compromiso de otros. Nuestra clase política debe crecer hacia una madurez intelectual que la lleve a una altura de miras, para nteponer el bien superior de la Nación a los intereses personales, partidistas y de poder. Sin una reconciliación política basada en el diálogo, el reconocimiento de los adversarios ideológicos y el respeto de las instituciones, no hay progreso posible.

131. Los Obispos mexicanos señalamos con claridad que los motivos de conmemoraciónpor
haber alcanzado la Independencia, o por haber buscado caminos de justicia en la Revolución Mexicana, no nos deben hacer olvidar que la violencia, el derramamiento de sangre, la ruptura de procesos sociales, los odios engendrados entre grupos distintos, no pueden ser jamás el camino adecuado para buscar la superación de los problemas y alcanzar mejores condiciones sociales de un pueblo. De nueva cuenta llamamos a todos los actores sociales a cerrar las puertas a cualquier tentación de emprender caminos violentos, que sólo provocan muerte, atraso y destrucción. Hoy debemos buscar caminos no violentos para avanzar juntos y superar nuestros problemas. La manifestación de nuestros desacuerdos, la insatisfacción por nuestras carencias, la crítica legítima a la situación que vivimos deben convertirse hoy en propuestas creativas, positivas y viables, que construyan corresponsablemente una sociedad más digna, más solidaria.

132. Reconocemos que los verdaderos motivos para celebrar estos acontecimientos históricos están fincados en la vida de miles y miles de mexicanos que, con su labor y entrega diarias, y sus grandes virtudes, han ido forjando la libertad y la renovación de nuestra Patria.

133. Los católicos tenemos el compromiso de colaborar en la construcción de esta gran Nación Mexicana; no queremos ser excluidos, ni mucho menos pretendemos autoexcluirnos; al contrario, nos sabemos identificados con este pueblo y esta cultura tan nítidamente expresada en el rostro mestizo de Santa María de Guadalupe. Por ello la Iglesia quiere ofrecer, con humildad y convicción, su servicio y su aporte en el camino de la reconciliación y el desarrollo, como lo hemos expresado, entre otros, en nuestro más reciente documento colegial que ofrece propuestas para la construcción de la paz y la vida digna del pueblo mexicano57.

134. Ante aquellos que hoy buscan sembrar un estado de miedo y de muerte, mediante actividades ilícitas y delincuenciales, poniendo en riesgo todo lo que hemos alcanzado en nuestro camino histórico, como es la libertad y las instituciones democráticas que hemos construido juntos, debemos decir que la auténtica sociedad mexicana los repudia y la Iglesia los llama a una conversión que los haga reencontrar los caminos de bien y de justicia.

135. Finalmente, insistimos a los miembros de nuestras comunidades que, en nuestros proyectos pastorales y en los programas de catequesis, debemos incluir la cultura de la reconciliación como uno de los elementos propios de la vida cristiana. Debemos promover la reconciliación al interior de las familias mediante el respeto y el perdón; difundir la reconciliación como una virtud de la experiencia comunitaria en nuestras parroquias y demás centros y organizaciones de nuestra actividad eclesial. La reconciliación debe ser un servicio de la Iglesia en medio de nuestra sociedad, a través del testimonio del respeto, del perdón y de la valoración de los demás, aun cuando haya grandes o graves diferencias. La Iglesia tiene como misión en el mundo extender el Reino de la Paz fundado en Cristo.

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