PRESENTACIÓN
Tengo el agrado de presentar el documento Compendio
de la Doctrina social de la Iglesia, elaborado, según el encargo
recibido del Santo Padre Juan Pablo II, para exponer de manera sintética,
pero exhaustiva, la enseñanza social de la Iglesia.
Transformar la realidad social con la fuerza del Evangelio,
testimoniada por mujeres y hombres fieles a Jesucristo, ha sido siempre
un desafío y lo es aún, al inicio del tercer milenio de la era cristiana.
El anuncio de Jesucristo, “buena nueva” de salvación , de amor, de
justicia y de paz, no encuentra fácil acogida en el mundo de hoy,
todavía devastado por guerras, miseria e injusticias; es precisamente
por esto que el hombre de nuestro tiempo tiene más que nunca necesidad
del Evangelio: de la fe que salva, de la esperanza que ilumina, de
la caridad que ama.
La Iglesia,
experta en humanidad, en una espera confiada y al mismo tiempo laboriosa,
continúa mirando hacia los “nuevos cielos” y la “nueva tierra” (2
P 3, 13), e indicándoseles a cada hombre, para ayudarle a vivir su
vida en la dimensión del sentido auténtico. “Gloria Dei vivens
homo”: el hombre que vive en plenitud de su dignidad de gloria
a Dios, que se ha donado.
La lectura de estas páginas se propone ante todo para
sostener y animar la acción de los cristianos en campo social, especialmente
de los fieles laicos, de los cuales esta ámbito es propio; toda su
vida debe calificarse como una obra fecunda de evangelización. Cada
creyente debe aprender ante todo a obedecer al Señor con la fortaleza
de la fe, a ejemplo de San Pedro: “Maestro hemos estado bregando toda
la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las
redes” (Lc 5, 5). Todo lector de “buena voluntad” podrá conocer los
motivos que impulsan a la Iglesia a intervenir con una doctrina en
campo social, a primera vista fuera de su competencia, y a las razones
para un encuentro, un diálogo, una colaboración al servicio del bien
común.
Mi predecesor, el llorado y venerado Cardenal Francois-Xavier
Nguyèn Van Thuàn, guió sabiamente, con constancia y clarividencia,
la compleja fase preparatoria de este documento; la enfermedad le
impidió concluirla con la publicación. Esta obra a mí confiada, y
ahora ofrecida a los lectores, lleva por tanto el sello de un gran
testigo de la Cruz, fuerte en la fe durante los años oscuros
y terribles del Vièt Nam. Él sabrá acoger nuestra gratitud por todo
su precioso trabajo, realizado con amor y dedicación, y bendecir a
todos aquellos que se detendrán a reflexionar sobre estas páginas.
Invoco la intercesión de San José, Custodio del Redentor
y Esposo de la Siempre Virgen María, Patrono de la Iglesia Universal
y del trabajo, para que este texto pueda dar frutos abundantes en
la vida social como instrumento de anuncio evangélico, de justicia
y de paz.
Ciudad del Vaticano, 2 de abril de 2004, Memoria de
San Francisco de Paula.
Renato Raffaele Card. Martino
Presidente
+ Giampaolo Crepaldi
Secretario