FORO DE DESTINATARIOS


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DESTINATARIOS PRIORITARIOS

JÓVENES

En la consideración pastoral el II Sínodo resalta que el joven está definido por encontrarse de una manera decisiva en un "trance" de formación, para llegar a asumir los derechos y las obligaciones de la vida adulta y su realidad se presenta con los siguientes rasgos (468):

1470 En búsqueda de expresiones nuevas de los valores humanos como son la libertad, la justicia, la dignidad, la autorrealización, están en crisis de crecimiento y en ello está reflejada la crisis generalizada de la sociedad actual.

1471 Se necesita una intervención pastoral en la situación crítica del contexto de los jóvenes, así como en la atención a sus problemas personales.

1472 Es necesario impulsar de una manera decidida la Pastoral Juvenil que parece tener hoy día tres ejes importantes:

Educación: La Pastoral Juvenil entendida como pastoral educativa, es decir, como proceso de acompañamiento. Es preciso insistir en una educación no sólo de los jóvenes, sino de los adultos en relación con los jóvenes y, de éstos en relación con los adultos 1473.

Proceso de Educación en la Fe: Los jóvenes necesitan procesos de educación en la fe que les permitan un verdadero seguimiento de Jesús 1474.

Pastoral Juvenil diferenciada o de ambientes específicos, tales como: ambientes estudiantiles; ambientes laborales; ambientes de esparcimiento y de tiempo libre; ambientes de barrio, colonia o espacio vecinal; ambientes de la llamada juventud en situaciones críticas (1476). Todos estos ambientes, en la medida en que sean evangelizados, significarán el esfuerzo de la Nueva Evangelización entendida como evangelización de la cultura 1478.

ALGUNOS HECHOS

La problemática juvenil es creciente y pide, ante todo, una intervención pastoral en la situación y contexto de los jóvenes, así como en la atención a sus problemas personales. Es todavía muy poco lo que se ha hecho en el campo pastoral en favor de los jóvenes que se encuentran en situaciones críticas 1490.

Los métodos y fórmulas ordinarias de la Pastoral Juvenil están ya prácticamente rebasados por la realidad de la juventud de hoy. Los programas y subsidios para esta pastoral son escasos, poco difundidos y, con frecuencia, inadecuados; además de que los movimientos más conocidos de la Pastoral Juvenil motivan a los jóvenes, pero no les suelen ofrecer cauces de acción ni de formación continua (1491 y 1494).

Existe gran distancia entre las estructuras pastorales ordinarias y los ambientes cotidianos de la adolescencia y de la juventud, por lo que los condicionamientos propios de los ambientes juveniles y las distintas exigencias frente al proceso evangelizador piden una pastoral específica (1495 y 1508)

DESAFÍO
(ECUCIM 1479)

La actual crisis socio-cultural ha generado en los jóvenes y adolescentes actitudes de desilusión y rechazo hacia las instituciones, incluida la Iglesia, la familia y los valores que éstas representan. Los síntomas más severos de esta situación conflictiva y de sus consiguientes conductas antisociales son el alcoholismo, la drogadicción, el hedonismo, la codicia, la violencia el vandalismo, la prostitución, la prepotencia, el consumismo. Por ello, la comunidad arquidiocesana debe ofrecer a los adolescentes y a los jóvenes —principalmente a través de ellos mismos— nuevas expresiones de los valores, tanto de la persona humana como de los explícitamente evangélicos, por medio de una Pastoral Juvenil que:

Integre, en forma sistematizada, diversos modelos y métodos de educación en la fe, para lograr la formación de su conciencia individual y colectiva y llevarlos a vivir de manera coherente con esos valores.

Confíe en los adolescentes y los jóvenes y los considere como Agentes aptos para formarse como hombres nuevos que acepten, promuevan, construyan y vivan la civilización del amor.

Pueda realizarse, debidamente diferenciada, en los medios ambientes específicos donde estudian, trabajan, se divierten y conviven los adolescentes y los jóvenes.

LÍNEAS DE ACCIÓN
(ECUCIM 1514-1529)

Enseñar a los adultos, a través del diálogo, a superar la visión errónea que en muchos casos tienen acerca del fenómeno juvenil y de sus manifestaciones de legítimas búsquedas e inquietudes.

Buscar una mayor confianza de los jóvenes hacia la Iglesia, mediante el diálogo con ellos en diversas expresiones: lenguaje y mentalidad, gustos e intereses, anhelos e inquietudes.

Proponer a los responsables de la sociedad unirse en un gran esfuerzo encaminado a la promoción juvenil en diversos campos.

Dar una gran atención a la prevención primaria —mejoramiento de las relaciones ordinarias de la familia, escuela, trabajo—, a fin de ir erradicando las causas de los problemas que llevan a los jóvenes a asumir conductas antisociales.

Impulsar la prevención secundaria —intervención en las situaciones de riesgo como son la desintegración de la familia, las crisis emocionales, la marginación— a través de programas y medios que sirvan de ayuda en situaciones de emergencia.

Iniciar el proceso que lleve a la creación de la pastoral de adolescentes integrada convenientemente con las otras instancias pastorales, conociendo y valorando las experiencias que ya se tienen.

Elaborar diversos modelos de crecimiento de la fe de los adolescentes y jóvenes de acuerdo a circunstancias psicosociales y culturales diversas, según el espíritu de una pastoral catecumenal entendida como un acompañamiento por etapas.

Organizar efectivamente la pastoral arquidiocesana no sólo con criterios territoriales, sino con base en las exigencias de los principales ambientes —asalariados, estudiantes, desempleados, subempleados etc.—

Apoyar y estimular las experiencias significativas de la Pastoral Juvenil diferenciada o de ambientes específicos.

Estimular el establecimiento de centros culturales, deportivos, de diversión y esparcimiento en donde los jóvenes puedan satisfacer sanamente sus inquietudes.

Elaborar manuales y subsidios que permitan a los padres de familia brindar a los jóvenes una sana educación en la sexualidad, en las relaciones humanas y en el uso de los bienes materiales.

TRABAJO EN GRUPOS:

Desde estas líneas de acción, ¿conoces alguna experiencia significativa en el trabajo de la pastoral juvenil?

¿Consideras que a veinte años de haberse celebrado el II Sínodo, han cambiado los desafíos para la pastoral juvenil? Si es así, ¿en que?

¿Consideras que hay nuevos desafíos?

En nuestra praxis pastoral y respecto a la pastoral de atención a jóvenes, ¿crees que se deben seguir teniendo en cuenta las líneas de acción que nos ha propuesto el II Sínodo o es necesario modificarlas?

¿Crees que nuestra praxis pastoral de atención a los jóvenes ha tenido algún impacto en la vida social de nuestra Ciudad? ¿A que se debe?

LOS ALEJADOS DEL INFLUJO EVANGELIZADOR DE LA IGLESIA
(ECUCIM 1341-1351)

Existe una variada tipología de Alejados:

Bautizados no practicantes ni creyentes, ciudadanos de un mundo secularizado, indiferentes ante lo religioso y lo trascendente.

Bautizados creyentes pero no practicantes, de fe meramente interior, individual; estiman que la relación con Dios es un hecho puramente interior y privado.

Bautizados practicantes pero no iniciados en la fe, cuya falta de formación les impide recibir en sus vidas el influjo vital del Evangelio.

Es debido a esto que la Nueva Evangelización en la Ciudad reclama un planteamiento profundo de su tarea pastoral.

Renovar esta pastoral y darle un marcado acento misionero es una de las exigencias más fuertes para los Agentes de la evangelización, por lo que es necesario revisar el modo de insertarse en una situación humana concreta para llegar a la persona y a la comunidad, hecho que exige un proceso por etapas y que implica la aceptación respetuosa de los valores de una cultura, un discernimiento para purificar cuanto sea verdadero a la luz del Evangelio y una elevación de los valores culturales hasta su perfección (1345-1347).

Además, no hay que perder de vista que las condiciones de vida de la Ciudad imponen a sus habitantes modelos culturales que favorecen o desfavorecen una calidad de vida más digna y, por lo tanto, más cristiana y que la cultura prevaleciente en la Ciudad de México se caracteriza, entre otras cosas, por los fenómenos de la masificación y la secularización, fenómenos globales y de gran repercusión en los estilos de vida de las personas (1348-1349).

En esta realidad, la masificación es despersonalizante, propicia el individualismo, el anonimato, la soledad, la agitación cotidiana etc. (1350).

La secularización implica una serie de características (1351):

Positivas: La seguridad del hombre ante sí mismo, el progreso científico y técnico, la superación de tabúes etc.

Negativas: La pérdida del sentido de la trascendencia, las ideologías materialistas y ateas etc.

Sin embargo, este proyecto evangelizador no se puede llevar a cabo sin una verdadera actitud de diálogo que supone sintonizar y compartir con las personas, en sus preocupaciones y en su ambiente concreto, en un clima de amistad y servicio, de respeto a la verdad y a la persona del hermano (1347).

ALGUNOS HECHOS

La indiferencia y el individualismo han provocado que muchos creyentes hayan perdido su fe, su capacidad de relación humana o que hayan decaído en los valores, por lo que la debilidad y la incapacidad de relaciones profundas han provocado una religiosidad superficial, con grandes deficiencias y carente de compromiso fraterno (1358-1359).

La organización pastoral de la Iglesia arquidiocesana no está estructurada para afrontar la situación de los Alejados; no hay conciencia suficiente acerca de esta problemática: se trata de conservar, con frecuencia, los modelos de evangelización ya existentes, pero falta mayor ímpetu misionero (1361).

Debido a lo anterior, urge reconstruir, a escala de calle, de barrio o de gran conjunto, el tejido social dentro del cual el hombre puede dar satisfacción a las exigencias justas de su personalidad. Hay que crear o fomentar centros de interés y de cultura a nivel de comunidades y de Parroquias, en sus diversas formas de asociación: círculos recreativos, lugares de reuniones espirituales, ambientes comunitarios, donde —escapando al aislamiento de las multitudes modernas— cada uno pueda crearse nuevamente relaciones fraternales (OA 11).

DESAFÍO

El hombre de la Ciudad de México, caracterizado por la multiplicidad de culturas, está gravemente influenciado por el secularismo y el materialismo, que propician, entre otras cosas (1354):

El alejamiento progresivo del influjo de la evangelización.

La falta del sentido de pertenencia a una comunidad de fe.

La masificación despersonalizante.

Un creciente empobrecimiento de las mayorías.

La degradación de la vida social.

Por eso la Iglesia arquidiocesana, a fin de inculturar el Evangelio en los ambientes de la Ciudad, necesita urgentemente:

Examinar con humildad todas sus actitudes, para vivir evangelizándose y evangelizando.

Asumir un espíritu misionero que la lleve a revisar, renovar o crear nuevas expresiones y métodos evangelizadores.

Impulsar la dignificación de las personas y favorecer el proceso comunitario cristiano.

LÍNEAS DE ACCIÓN
(ECUCIM 1372- 1378)

Crear nuevas formas de presencia evangelizadora entre las Mayorías Alejadas de la Iglesia, privilegiando los medios testimoniales, los de carácter misionero y de auténtica promoción humana.

Fomentar una actitud más sencilla, humilde y autocrítica en la Iglesia, como condición para una nueva disposición de diálogo y para un decidido compromiso común por la defensa y promoción de los derechos humanos y la fraternidad entre los hombres y los pueblos.

Propiciar todas aquellas acciones humanizantes que favorecen el trabajo en común con todas las personas de buena voluntad.

Encontrar nuevas formas de presencia de la Iglesia en medio de las comunidades naturales, a fin de que cada cristiano se sienta parte de una comunidad en la que crezca como persona y madure en una fe que se proyecta en la vida.

Promover liderazgos laicales, masculinos y femeninos, auténticos promotores de la fe de sus hermanos en los diferentes ámbitos de la actividad social.

Impulsar cada vez más una práctica pastoral que tenga en cuenta la defensa de los derechos humanos, especialmente de las personas más empobrecidas.

TRABAJO EN GRUPOS:

Desde estas líneas de acción, ¿conoces alguna experiencia significativa en el trabajo de la pastoral de alejados?

¿Consideras que a veinte años de haberse celebrado el II Sínodo, han cambiado los desafíos para la pastoral de alejados? Si es así, ¿en que?

¿Consideras que hay nuevos desafíos?

En nuestra praxis pastoral y respecto a la pastoral de alejados, ¿crees que se deben seguir teniendo en cuenta las líneas de acción que nos ha propuesto el II Sínodo o es necesario modificarlas?

¿Crees que nuestra praxis pastoral de atención a los alejados ha tenido algún impacto en la vida social de nuestra Ciudad? ¿A que se debe?


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