FORO DE MEDIOS


IR AL ÍNDICE DEL SUBSIDIO: CONSULTA SOBRE LOS MEDIOS DE EVANGELIZACIÓN

II. LOS MEDIOS DE EVANGELIZACIÓN EN LA REFLEXIÓN POSTSINODAL

A. Las etapas del Proceso Evangelizador y los Medios de Evangelización

“La evangelización, hemos dicho, es un paso complejo, con elementos variados: renovación de la humanidad, testimonio, anuncio explícito, adhesión del corazón, entrada en la comunidad, acogida de los signos, iniciativas de apostolado”

Evangelii Nuntiandi 24

31. “La evangelización es un proceso, “una realidad unitaria pero compleja que se desarrolla de diversas maneras” (RM 41) porque debe atender al caminar propio de las personas y de las comunidades; este proceso, para ser progresivo y eficaz, necesita los medios oportunos y adecuados” (ECUCIM 2769).

32. Para que podamos adecuar los Medios de la Evangelización, necesitaremos hacer un continuo esfuerzo de verdadera inculturación, “proceso profundo y global que abarca tanto el mensaje cristiano como la reflexión y la praxis de la Iglesia” (Ibídem 2770).

33. Al proceso anteriormente descrito le hemos llamado en nuestra Arquidiócesis “Proceso Evangelizador con sentido misionero” y consta de las siguientes etapas:

  1. La etapa misionera: constituida por el primer anuncio o kerigma y la reiniciación cristiana, que tienen como finalidad poner los cimientos de la fe.
  2. La catequesis: cuyo objetivo es ofrecer un camino de crecimiento integral, gradual y sistemático de la fe, encaminado a que el bautizado pueda dar razón de su fe y vivir el seguimiento de Jesús.
  3. 3. El apostolado: que nace de la alegría de haber encontrado a Cristo y que impulsa al discípulo a poner todo lo que es y lo que tiene al servicio del Reino (La Misión permanente en nuestra Iglesia Local 51).

B. Los medios de Evangelización en el II Sínodo y en la Reflexión Postsinodal

a) El Testimonio

34. “El testimonio con obras y el diálogo se mueve en el ámbito de la acción, del amor operativo y real, y no solo en el de los propósitos o de las buenas intenciones, va acompañado de un diálogo de valores y de una relación caritativa y empática con los demás. Esto es previo al anuncio cristiano. Esto no necesita de mayor explicación pues bien sabemos que los hechos son más elocuentes y eficaces que las palabras; además la Iglesia debe ser sacramento de Cristo y esto se logra solamente por sus hechos, actitudes y la vida misma de la comunidad” (ECUCIM 2730).

Reflexión Postsinodal

35. “El testimonio de lo que se cree y se vive es la maduración de la vocación bautismal en el cristiano. El servicio es la expresión natural de su fe. Por esto podemos decir que el testimonio de la caridad forma parte primera y principal del trabajo evangelizador de la Iglesia” (Misión Permanente en Nuestra Iglesia Local 75).

36. “El testimonio es servicio caritativo en sus más variadas expresiones: beneficencia, educación, cultura, promoción humana, etc. La praxis cristiana debe ser entendida sobre todo como servicio de la caridad” (Ibídem 80).

Desafío

37. Hacer creíble el mensaje de Cristo mediante una vida coherente en el servicio y el amor operativo a los más necesitados.

b) La Religiosidad Popular y Hecho Guadalupano

38. “La religiosidad popular es la forma o existencia cultural que la religión adopta en un pueblo determinado; está penetrada de hondo sentido de trascendencia y, a la vez, de la cercanía de Dios; es vivida preferentemente por los pobres y sencillos; contiene diversidades múltiples y tiene capacidad de congregar multitudes; es una forma con la cual el pueblo se evangeliza continuamente; puede proporcionar a la liturgia un dinamismo creador; debe ser reinterpretada por la Iglesia (Cf. DP 444, 413, 447, 449, 450, 396, 465, 469). Es muy natural que en este II Sínodo atendamos con interés y revaloremos esta religiosidad tan arraigada en la gente y tan necesitada de encauzamiento evangélico” (ECUCIM 2731).

Reflexión Postsinodal

39. “Teniendo en cuenta las aportaciones de la VII Asamblea Diocesana, en primer lugar quiero ratificar lo que ya se expone, respecto a la piedad y religiosidad popular, en el Decreto General del II Sínodo” (Consolidar el Proceso Misionero 95).

40. “Motivar a los agentes —obispos, presbíteros, religiosos, religiosas y laicos— para que, valorando la religiosidad popular como un don de Dios que acrecienta la fe, se esfuercen por dinamizar y purificar las manifestaciones de piedad estimadas por la generalidad de los fieles: las bendiciones de casas, de imágenes y de autos, las procesiones y peregrinaciones, los juramentos y promesas, las plegarias por los difuntos etc., de manera que lleguen a ser medios de auténtica evangelización [DG 136]” (Ibídem 96).

41. “Aprovechar las grandes multitudes congregadas por motivos de fiestas y celebraciones ‐especialmente en los santuarios y también en los demás templos‐ para enriquecer, con el evangelio y con mensajes de tipo catequético, las valiosas expresiones de la fe del pueblo, y suscitar así la coherencia entre la fe y la vida, en verdadero sentido comunitario y el compromiso cristiano [DG 137]” (Ibídem 97).

42. “Respaldar la acción y la formación de los líderes natos que intervienen, de una u otra forma, en la religiosidad popular, para que puedan ser verdaderos agentes de evangelización; poner especial atención a los llamados fiscales o mayordomos, donde todavía existen [DG 138]” (Ibídem 98).

43. “Propiciar que las manifestaciones colectivas de religiosidad popular estén organizadas de modo que terminen en una acción litúrgica en que, de acuerdo a las normas de la Iglesia, se integren signos que ayuden a los fieles a valorar su propia vida [DG 139]” (Ibídem 99).

Desafío

44. “Para responder de forma concreta a estas líneas de acción, encomiendo a las instancias diocesanas que, con actitud creativa, diseñen programas con los que puedan ser subsidiadas las diversas comunidades pastorales en sus actividades de evangelización. Particularmente pido a las comisiones de piedad y religiosidad popular, de liturgia, de música sacra y de catequesis que atiendan esta necesidad. Es necesario tomar muy en cuenta el calendario religioso del pueblo, de tal manera que sus celebraciones, en los diversos niveles, sean asumidas en el proceso pastoral desde la liturgia y otros medios de evangelización, especialmente la catequesis. Ante estos datos, los agentes de pastoral, principalmente los pastores, aprovechen los encuentros con los alejados, que a veces asisten a las celebraciones, para explicarles las exigencias del seguimiento de Jesús y de su pertenencia a la Iglesia católica, animándolos a una opción más definida por la auténtica fe cristiana. Es necesario asimismo que los agentes de pastoral conozcan más a fondo las diversas prácticas de religiosidad y piedad popular, su origen, tradición y contenido, de tal forma que ellos puedan fomentar y transmitir su riqueza cristiana” (Ibídem 100‐105).

45. “Para que la presencia providencial de santa María de Guadalupe ‐clarísimo ejemplo de inculturación del Evangelio desde los inicios de la evangelización y la principal expresión de la religiosidad popular en Méxicosiga siendo medio eficaz de evangelización, es necesario tener un conocimiento profundo de la misión de María en la historia de la salvación, así como del significado y de la pedagogía del mensaje y del hecho guadalupano”.(ECUCIM 2898)

c) El Anuncio (Kerigma)

46. “El testimonio con palabras explícitas: primer anuncio, o Kerigma pertenece al ámbito de la expresión verbal. Como tal tiene un tiempo, una oportunidad y unos contenidos propios (primer anuncio). Es el anuncio fundamental de la salvación: “que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; y que fue sepultado; y que resucitó al tercer día” (1 Cor 15, 3‐4). “El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Hermanos queridos, si Dios nos amó así, también nosotros debemos amarnos unos a otros” (1 Jn 4, 10-11; Misión Permanente en Nuestra Iglesia Local 52).

47. “El primer anuncio se centra en la proclamación de que el reino de Dios se ha hecho presente en el misterio de la vida de Jesús: el tiempo nuevo de la salvación comenzó con las palabras y las obras del nazareno (Cf. Lc 7, 22s), especialmente a favor de los más alejados (pobres y pecadores). En nuestro contexto tendremos que aplicarlo al anuncio que hacen los misioneros y misioneras del amor misericordioso de Dios para con cada uno de nosotros, de la invitación a reconocer nuestra condición de pecadores delante de Dios y a comprometernos en vivir nuestro bautismo como miembros de la Iglesia” (Consolidar el proceso misionero 48).

Reflexión Postsinodal

48. “Esta proclamación conlleva una interpelación para aceptar a Jesús como Salvador y Señor, cuyo fruto será la conversión inicial que continuará profundizándose y haciéndose más consciente y comprometedora a lo largo de la vida, meditando y asimilando el mensaje central de la fe. El testimonio personal y el de la comunidad eclesial es su fundamento [EN 21. 41. 76. 80; Rm 42‐43]” (Misión Permanente en Nuestra Iglesia Local 53).

49. “Los medios para realizarlo son variados en su forma y su adaptación para los diversos ambientes y clases de personas. Todas requieren el contacto personal y el testimonio. Nuestro camino misionero señala el visiteo evangelizador para los territorios y el interés por los alejados en todos los ambientes y sectores” (Ibídem 55).

50. “Exige a quienes lo proclaman haber experimentado primero el encuentro con Cristo y la conversión al Señor, a su Iglesia, a todas las expresiones de bondad, vengan de donde vengan, y a la solidaridad con todos, especialmente para con los más pobres” (Ibídem 56).

51. “Cuando hay el interés y la oportunidad, este anuncio fundamental debe hacerse más explícito, aun permaneciendo en su esencialidad. Esto es lo que hemos propuesto en nuestro camino misionero, con los doce pregones agrupados bajo el título Dios camina con nosotros en la ciudad” (Ibídem 57).

Desafío

52. Dar fuerza y eficacia al primer anuncio o Kerigma renovándolo y adaptándolo a los diversos ambientes y tipos de personas.

53. “Hay que recordar asimismo que “el hecho de que la catequesis, en un primer momento, asuma estas tareas misioneras, no dispensa a una Iglesia particular de promover una intervención institucionalizada del primer anuncio, como la actuación más directa del mandato misionero de Jesús. La renovación catequética debe cimentarse sobre esta evangelización misionera previa” (DGC 62). Es por ello que habremos de intensificar la práctica ya iniciada de promover en nuestras comunidades periodos de “acción misionera intensiva” [Cf. MP 169]” (La catequesis, crecimiento en la fe 65).

d) La Catequesis

54. “La catequesis de iniciación o de reiniciación cristiana es un período transitorio: tiene su principio y su fin. Lo que es
permanente es la maduración de la fe, que se lleva a cabo a través de la catequesis permanente y otras formas de acción pastoral como el estudio de la Sagrada Escritura, la lectura orante de la Biblia (“lectio divina”); la interpretación cristiana de los acontecimientos (indispensable para la doctrina social de la Iglesia y su vocación misionera), la catequesis litúrgica, las iniciativas de formación espiritual, la profundización sistemática del mensaje cristiano (Cf. DGC 71) y el estudio de la teología, que desarrolla la inteligencia de la fe” (La catequesis, crecimiento en la fe 41).

55. “Es formación orgánica y sistemática de la fe que lleva a conformar toda la vida bajo la inspiración de Cristo. Es un camino educativo que se propone iniciar y desarrollar progresivamente el conocimiento y la acogida de la fe, que se alimenta de la Palabra de Dios, se abre a la celebración sacramental y se pone al servicio de la comunidad [Cf. Sínodo de 1977, Mensaje al Pueblo de Dios, 11]” (Misión Permanente en Nuestra Iglesia Local 65).

Reflexión Postsinodal

56. “Un especial interés, en nuestros ambientes de alejamiento del Evangelio tendrá la catequesis kerigmática con el fin de afianzar y ahondar los contenidos del primer anuncio; deésta manera, para la mayoría de los cristianos esa será la puerta para un camino de formación propiamente catequística. Nuestra situación de nueva evangelización hace que “el primer anuncio y una catequesis fundante constituyan una opción prioritaria” [DGC 58c] (La catequesis, crecimiento en la fe 64).

Desafío

57. “Así pues, dado que los ambientes son tan variados como variadas son las realidades de la Arquidiócesis, invito a todos los agentes de pastoral para que en su programación evangelizadora sean integrados dichos ambientes en los que debemos hacer presencia con una catequesis dosificada y diversificada, según la realidad del destinatario” (La catequesis, crecimiento en la fe 66).

58. “Los métodos de catequesis deben tener contenidos claros, completos y vivenciales; diversificados para las distintas etapas de la vida y para los diversos ambientes y sectores; con referencias ricas a la Palabra de Dios, a la Liturgia y a la vida concreta” (Misión Permanente en Nuestra Iglesia Local 66).

59. “En relación con los catequistas, los necesitamos en mayor número y mejor preparados para las diversas comunidades, poniendo énfasis en que sean capaces de asegurar la catequesis de los adultos. En cuanto a la catequesis de niños se debe propiciar que los padres de familia sean los principales responsables de su educación en la fe, y los catequistas se constituyan en un apoyo para ellos” (La catequesis, crecimiento en la fe 67).

60. “Ha sido una preocupación personal desde mi llegada a esta Arquidiócesis, que la catequesis y sus instrumentos tengan esta orientación. En este momento contamos ya con algunos catecismos muy valiosos y nuestro propósito es cubrir todas las etapas de la vida” (Ibídem 68).

e) La Educación

61. “La “educación”, como proceso formativo de la persona y de la comunidad —en su diversidad de expresiones complementarias entre sí— es quizá la necesidad más sentida de la mayoría de la población en la Ciudad” (ECUCIM 2758).

Reflexión Postsinodal

62. “La Iglesia siempre ha visto en la educación uno de los campos más importantes de su acción apostólica. Sabe que el fin de esta labor educativa debe centrarse principalmente en la formación humana, cristiana y apostólica de los individuos; meta por la cual la Iglesia se esfuerza proponiendo el camino y los medios que son indispensables para la consecución de este anhelado desenlace de la vida personal y social. Como una buena madre que sabe lo que le conviene a sus hijos. La Iglesia, sin embargo, no quiere ocultar las sombras que podrían impedir esta obra educativa. A su vez, anima a quienes se dedican a esta importante labor, aleccionándolos sabiamente acerca de los signos de esperanza que también asoman en el entorno humano. Por eso deseo poner a su consideración, en este momento, algunas “luces y sombras” que influyen enérgicamente en dicha misión” (Instrucción Pastoral sobre la Educación 2).

63. “Todos estos son motivos de esperanza que nos deben impulsar a preparar una sociedad más humana. Es a partir de estas inquietudes y certezas como se puede propiciar en el educando una formación de la conciencia, para que aprenda a discernir la verdad del error, el bien del mal. Educar no será, ciertamente, reducir la enseñanza a un conjunto de métodos o técnicas pedagógicas y realizarlas en los que se presten. Implica, sobre todo, enseñar a pensar, ayudar a dilatar el sentido de Dios en la propia existencia a través de la oración, ofrecer una amistad sencilla pero total al educando y formarlo en el sentido del esfuerzo que conlleva grandes satisfacciones en cualquier opción vocacional que se elija. Si es así, el sujeto de la educación sabrá afrontar las dificultades de la duda, del cansancio, del sufrimiento moral y físico y, sobre todo, del propio egoísmo, saliendo victorioso en la lucha contra sí mismo y contra el ambiente” (Ibídem 16).

Desafío

64. “Como estrategia inmediata, hay que elaborar y poner en operación los programas que sean necesarios para impulsar la formación de formadores de agentes de pastoral. Para que se dé una pastoral verdaderamente incisiva y eficaz hay que desarrollar la formación de los formadores, poniendo en funcionamiento los cursos oportunos o escuelas para tal fin. Formar a los que, a su vez, deberán empeñarse en la formación de los fieles laicos, constituye una exigencia primaria para asegurar la formación general y capilar de todos los fieles laicos” [ChL 63] (Formarnos para continuar la misión en la ciudad 89).

f) La Liturgia

65. “Otra forma muy intensa e inequívoca del anuncio de Jesucristo y del Reino es la acción sacramental de la Iglesia en la liturgia, especialmente en la Eucaristía. Es el momento cumbre de la vida de la Iglesia; en ella se realiza en su grado supremo el anuncio de Jesucristo y debe ser considerada como el momento más intenso de misión” (Misión Permanente en Nuestra Iglesia Local 69).

Reflexión Postsinodal

66. “La Liturgia, en cuanto celebración de la fe, debe acompañar al creyente en todas las etapas de la vida, la niñez, la adolescencia, la juventud, la edad adulta, la ancianidad; también en todos los momentos por los que avanza el crecimiento cristiano, como converso, como iniciado, como catecúmeno, como fiel, como discípulo, como apóstol” (Ibídem 70).

67. “En la situación que vivimos, la mayoría de nuestro pueblo sigue siendo de bautizados, por tanto, tienen el derecho, la necesidad y la responsabilidad de celebrar su fe. Los pastores deben aprovechar esta gracia realizando su servicio litúrgico con un sentido pedagógico, catequético y misionero, de tal manera que favorezca en los fieles una participación más consciente, activa y fructuosa. Con este propósito los sacerdotes deben ser muy cuidadosos en la celebración de las misas dominicales a las que un gran número de fieles asiste con regularidad” (Ibídem 71).

68. “Los signos litúrgicos han de ser sencillos, auténticos y, siempre, revestidos de arte y belleza a fin de que con facilidad hagan transparentes las realidades trascendentes que simbolizan” (Ibídem 72).

Desafío

69. “Pido a todos los agentes, especialmente a los párrocos, cuiden esmeradamente la catequesis presacramental de la iniciación cristiana, tanto en sus contenidos como en el clima del que estén rodeados los momentos preparatorios a la celebración sacramental, de tal manera que todo ello propicie un crecimiento, o tal vez un despertar de la fe de las personas y de las familias que acceden a tales celebraciones” (La parroquia comunidad para todos 100).

70. “Será muy beneficioso, para el fortalecimiento de la fe en nuestras comunidades, el que la catequesis y la celebración de los primeros sacramentos de la vida cristiana, estén decididamente bajo la irradiación del proceso catecumenal, tal como nos lo presenta el Ritual para la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA) y el Directorio General para la Catequesis. Esto, además, reforzará el enfoque de pastoral misionera en el que nos hemos empeñado desde hace varios años a partir del II Sínodo Diocesano” (Ibídem).

71. “Para quienes se acercan al bautismo y por tanto a los otros dos sacramentos de la iniciación cristiana siendo ya jóvenes o adultos, será necesario que vayamos ofreciendo un catecumenado cada vez más serio y formal que responda a las exigencias de un catecumenado en sentido estricto” (Ibídem 101).

g) Sacramentos de Iniciación Cristiana

72. “Prevalece una visión fragmentaria, —con frecuencia superficial, tradicional, cultural y social— del significado de los sacramentos de la iniciación cristiana: bautismo, confirmación y Eucaristía. La Nueva Evangelización exige que estas celebraciones sean asumidas no como término sino como un proceso de desarrollo que se complemente con el testimonio de la vida, con la catequesis, con la misma práctica sacramental, así como con las actividades de servicio y de apostolado” (ECUCIM 3111).

73. Es necesario “impulsar con mayor énfasis la convicción de que el bautismo, la confirmación y la Eucaristía —bajo los aspectos de la liturgia y de la pastoral— forman una unidad que, al mismo tiempo, debe constituir un proceso gradual de las diversas dimensiones de la fe y que, por tanto, estos sacramentos, para los adultos, exigen el catecumenado” (Ibídem 3126).

h) Los Otros Sacramentos

“La celebración de la Eucaristía, centro de todos los sacramentos y, por tanto, de toda la vida cristiana, seguirá siendo un momento excelente de evangelización sólo si le damos pleno sentido comunitario y el carácter celebrativo de la vida humana en el misterio de Cristo Esto nos exige superar la rutina y la improvisación, así como empeñarnos en una verdadera catequesis litúrgica” (Ibídem 3136).

“Descubrir la dimensión penitencial de la vida cristiana ordinaria —dimensión no de castigo y dolor, sino de purificación y respuesta— y valorar las limitaciones humanas, espirituales y corporales, presenta un vasto horizonte al mensaje que la Iglesia debe dar en diversas formas, pero especialmente a través de la celebración de los sacramentos de la reconciliación y de la unción de los enfermos” (Ibídem 3156).

“La grave y creciente desintegración de las familias y la controversia actual sobre el matrimonio cristiano sacramental exigen que éste sea vivido por las parejas cristianas y propuesto por los Pastores y demás fieles de la Iglesia como medio privilegiado de santificación, de promoción de la vida y del amor, valores fundamentales de la persona humana. Para ello necesitamos que toda la comunidad arquidiocesana participe, eficaz y diferenciadamente en la preparación, celebración litúrgica y acompañamiento de la pareja” (Ibídem 3180).

i) La Oración

74. “La oración implica necesariamente un encuentro del hombre con Dios, un Dios que llama hablando a través de la conciencia, de la Sagrada Escritura, de la Tradición de la Iglesia o del Magisterio, y un ser humano que responde con su afectividad, sus emociones, su inteligencia y, sobre todo, con su libre voluntad. Orar es llamar y responder. Es llamar a Dios y es responder a sus invitaciones. Es un diálogo con el Amor, con el Ser que por amor ha creado todo y que por amor nos ha redimido y nos ha hecho sus hijos abriéndonos las puertas de la vida eterna en su compañía. Como decía Santa Teresa de Jesús, orar es tratar de amor con quien sabemos que nos ama (Libro de la Vida, Cap. 8). La oración es un encuentro real con Dios que se hace presente en el hombre por la acción del Espíritu Santo, una acción oculta, muchas veces callada, pero siempre eficaz y transformante, cuando se la acoge con generosidad y se responde a ella” (Instrucción pastoral sobre la Oración Cristiana 1).

75. “Una y otra vez, los evangelios nos refieren que Jesucristo oraba frecuentemente (Marcos 1, 35; 14, 35; Lucas 3, 21; 6, 12; 22, 44). También la Iglesia, desde sus inicios, hizo de la oración una actividad central en su vida (Hechos 1, 14; 4, 31). Se convirtió en la primera obligación de los apóstoles junto al ministerio de la palabra (Hechos 6, 4). En ella encontraban consuelo cuando sufrían los efectos de la persecución (Hechos 16, 25). La veían como signo de auténtica caridad (Romanos 12, 12) y de vigilancia (Efesios 6, 18). La oración santifica a la Iglesia (1 Timoteo 4, 5). Tiene un poder sobrenatural (Santiago 5, 15). Los apóstoles dejaron a la Iglesia una clara y profunda convicción: Dios siempre escucha la oración de los justos" [1 Pedro 3, 12] (Ibídem).

76. “En el Evangelio encontramos múltiples referencias a las características de la verdadera oración. Forman parte de una catequesis que Jesucristo desarrolló con sus discípulos a través de la cual buscaba acercarlos al conocimiento y amor del Padre. De entre todas ellas vamos a entresacar algunas para reflexionar juntos acerca de las enseñanzas que Jesucristo nos deja sobre cómo debe ser la oración del cristiano” (Ibídem).


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