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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Por una Nueva Cultura de la Tercera Edad. Norberto Rivera Carrera

"POR UNA NUEVA CULTURA
DE LA TERCERA EDAD"

Carta Pastoral del Cardenal Arzobispo de México,
con ocasión del 28 de Agosto de 1999,
Día Internacional de la Ancianidad

1. Saludo y Motivo de este Carta

1. A todos ustedes, hermanas y hermanos agentes de evangelización de la Arquidiócesis que se preparan para la realización de la Misión Evangelizadora 2000 en este año de la Caridad, a ustedes adultos mayores y sus familiares, amados de Dios, hermanos todos que son santos por vocación y a todas las personas de buena voluntad que quieran escuchar la voz del pastor de la Iglesia Católica que está en la Ciudad de México, gracia y paz, de parte de nuestro Padre y del Señor Jesucristo (Cfr. Rm 1, 7).

2. El día de la ancianidad(1), que celebramos el 28 de agosto de 1999, es una oportunidad muy especial para su servidor, en mi condición de Obispo, ya que debo, como pastor, anticipar los caminos por los que hemos de transitar como Pueblo de Dios (Cfr. Jn 10, 4).

3. Quiero compartir y reflexionar algunas inquietudes acerca del proyecto evangelizador de la Arquidiócesis de México que tiene hoy, entre otros desafíos, el de encarnar el Evangelio en una nueva cultura de la vejez que se está gestando, entre otras cosas, por el aumento acelerado del grupo de población representado por las personas adultas mayores(2).

4. La presencia cada vez más numerosa de los adultos mayores entre nosotros, y con ellos de sus demandas, nos debe mantener atentos y vigilantes ante el futuro y, especialmente habilitados moralmente, para asumir los retos y compromisos familiares, sociales, políticos y propiamente pastorales que se desprenden de esta nueva realidad de la vejez.

5. Me conmueve hasta las entrañas el ver continuamente la multitud de hombres y mujeres de la tercera edad que sufren el insoportable peso de la miseria, así como diversas formas de exclusión social, étnica y cultural; son personas humanas concretas e irrepetibles, que ven sus horizontes cada vez más cerrados y su dignidad desconocida.

2. Nuevas Realidades Demográficas y Culturales de la Tercera Edad en la Ciudad de México.

6. Tradicionalmente se ha dicho, y esto es una verdad incuestionable, que México y en particular su ciudad capital es una realidad social compuesta prioritariamente por niños y jóvenes.

7. La verdad es que aún cuando todavía no hemos sido del todo capaces de afrontar la problemática de los niños, ya que sabemos que existe el abandono, la desnutrición, el callejerismo entre ellos, por mencionar sólo algunos problemas, la situación de las y los ancianos en situaciones de dificultad se torna, en vistas a su futuro, todavía más preocupante que en la actualidad, por el acentuado despunte de crecimiento demográfico de este sector de la población(3).

8. El hecho es que aún cuando hoy muchos de los jóvenes en nuestra ciudad todavía carecen del apoyo social que merecen en cuanto a oportunidades educativas y laborales, los adultos mayores que carecerán de seguridad social, servicios de salud, empleo, vivienda e ingreso durante los próximos diez años(4) nos plantea la necesidad inmediata de una rectificación de rumbos en las políticas sociales y, sobre todo desde nuestra preocupación evangelizadora, del juicio ético sobre la situación de la ancianidad y del compromiso pastoral sociocaritativo, sobre todo en el seno mismo de las familias, apoyadas por la misma sociedad.

9. Así es, las personas de la tercera edad serán rápidamente más numerosas proporcionalmente a las que hay ahora en los próximos años(5); esto plantea la necesidad de hacer cultura sobre la ancianidad, ya que por una parte los mayores, sobre todo si son pobres, solos y enfermos necesitarán de mejores garantías sociales, del apoyo de los suyos, especialmente sus vecinos, amigos y conocidos y de la sociedad como tal; muchos otros, sin duda, estarán en condiciones de participar y de estar activos, de acuerdo a sus circunstancias, en la vida familiar y social y para esto ellos, sus familias, la Iglesia y la sociedad en general debemos de estar preparados(6).

10. La cultura, como nos lo recuerda el Papa, "es el hogar habitual del hombre, el rasgo que caracteriza todo su comportamiento y su forma de vivir, de cobijarse y de vestirse, la belleza que descubre, sus representaciones de la vida y de la muerte, del amor, de la familia y del compromiso, de la naturaleza, de su propia existencia, de la vida común, de los hombres y de Dios" (Lovaina 1985). Hacer más cultura sobre la tercera edad nos implica hacer un ejercicio crítico sobre nuestra cultura actual en lo que se refiere a la manera de concebir y vivir la edad avanzada.

11. Necesitamos, desde ahora, cambiar urgentemente de mentalidad e incluir a las personas mayores en todos los aspectos de la vida y en la planeación del futuro de la vida de la Ciudad.

12. En el fondo se trata de entender colectivamente, de manera vital, que la vejez forma parte de la vida humana y que así, por ejemplo, como hay en la Ciudad espacios urbanos específicamente para los niños, para los jóvenes; actividades propias para los menores, atendiendo a sus gustos y exigencias de bienestar y desarrollo humano, presencia infantil y juvenil en la familia y colectividad a través de su percepción de los problemas y participación en sus soluciones, así también las personas mayores deben estar presentes en la vida familiar, comunitaria y social para desarrollarse como tales, como personas ancianas y acceder a la participación, a la posibilidad de organizarse y a ejercer su derecho, entre otros, de afecto y seguridad social.

13. Se trata de aceptar y comprender, como experiencia cultural, el progresivo aumento de la vida, que es un signo de los tiempos muy relevante y que es necesario reconocer y evaluar en todas sus consecuencias culturales, sociales, morales y espirituales.

14. Estamos ante un ,fenómeno irreversible, porque la longevidad está vinculada con una serie de causas que continuarán influyendo, como el progreso científico que prolonga la vida y el natural envejecimiento colectivo de una población mayoritariamente joven que, dentro del devenir de la vida, tiene que llegar a la edad avanzada.

15. La condición y convivencia humana en lo social resultará por todo esto modificada, ya que será cada vez mayor el número de personas envejecientes y por la sociedad que, en su conjunto, tenderá a tener más presencia anciana, aunque pudiera permanecer silenciosa, con el riesgo de ser excluida, como si no existiese.

16. Nuestra cultura actual, vorazmente economicista, no aprecia el valor específico de esta etapa de la vida, se insiste en la productividad económica, la vida activa y eficiente, la prestancia física y, por consecuencia, se ignora el sentido de la longevidad, que por otra parte es un hecho, y a la vejez se le trata de poner al margen, bien como una etapa compuesta básicamente por enfermedades, bien como premisa anticipada de la muerte.

17. Por desgracia cada día se difunde más y más la mentalidad y las acciones contra la vida mediante campañas en favor de la eutanasia junto con otras expresiones de la anticultura de la muerte, juzgando al enfermo y al anciano como estorbo y carga para las familias y la sociedad.

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