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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Por una Nueva Cultura de la Tercera Edad. Norberto Rivera Carrera

ANEXO

Elaboró: Lic. Ernesto Padilla Nieto
Director Cáritas Bienestar del Adulto Mayor, IAP

(1)Aproximación al concepto vejez

A pesar de que no existe suficiente acuerdo acerca del momento en el que "inicia" la etapa de la vida conocida como vejez, un amplio número de especialistas refiere por población de la tercera edad al conjunto de personas con 60 y más años, o bien a aquellas con 65 años y más. La elección de la edad de incorporación a la vejez (60 ó 65 años) considera los incrementos en la esperanza de vida al nacer y las mejoras en las condiciones de salud.

Generalmente, cuando los indicadores de estas dos condiciones son más elevados, como ocurre en los denominados países desarrollados, se toma como base de ingreso a la vejez los 65 años, mientras que en los llamados países en desarrollo, donde dichos indicadores aún no alcanzan a los de los primeros, el inicio a la vejez se toma a partir de los 60 años.

La organización Mundial de la Salud (OMS) ha asignado a los sesenta años como el inicio oficial de la vejez, edad reconocida como tal en muchas partes del mundo. Para el caso de México, el Instituto Nacional de la Senectud (INSEN) considera a los 60 años cumplidos requisito indispensable para que una persona pueda disfrutar los servicios proporcionados por dicha institución.

La vejez es un fenómeno complejo que incluye aspectos de orden individual, social, cultural, físico, y psicológico, no depende sólo de la edad de las personas, no puede estudiarse sólo en función de criterios de orden cronológico. En términos muy generales la vejez se ha definido como pérdida de autonomía ante obsolescencias e incapacidades físicas, mentales y sociales, lo que conlleva a pensar en la dependencia de las personas de edad avanzada con respecto a la familia, la economía y la sociedad en general. Un claro ejemplo de obsolescencia se manifiesta en el ámbito laboral donde se integran con mayor rapidez los avances tecnológicos. Esto último deja fuera a la población envejecida que va perdiendo su capacidad de adaptación a los cambios, además de que no cuenta con el tipo de conocimientos que las nuevas técnicas demandan (DDF, Alianza a favor de la Tercera edad en el Distrito Federal, México, 1996).

(2)Envejecimiento demográfico en México

De 1960 a la fecha se observan cambios significativos en la composición por edades de la población. Entre 1970 y 1999, la participación de la población menor de 15 años en el total bajó de 47.5 por ciento a 33.9 por ciento, mientras la de la población en edades laborales (15 a 64 años) subió de 48.1 a 61.5 por ciento y la de las personas de la tercera edad (60 y más años) de 4.4 a 4.7 por ciento (CONAPO, La situación demográfica de México en 1999. CONAPO; México, 1999).

Para el caso del grupo de población que nos ocupa, las estadísticas nos muestran un fenómeno cuantitativo interesante: mientras que en 1985 la población mayor de 60 años de edad no llegaba a 280 mil personas, en 1930 casi había alcanzado la cifra del medio millón; en 1960, se estableció en 1 millón 195 mil; en 1980 la cifra ascendió a 2 millones 645 mil; en 1990, 3 millones 412 mil y hacia 1996 se estima que el número de personas de edad avanzó hasta ser de casi cinco millones de personas (Padilla Nieto, Ernesto. Los rostros de la pobreza: el debate, Universidad Iberoamericana ITESO, México, 1998).

El acelerado crecimiento de la población de la tercera edad lleva a suponer que entre 1995 y el 2014 duplicará su tamaño al pasar de 4.7 millones a 8.1 millones; prácticamente se habrá quintuplicado en el 2034, al llegar a ser 20.2 millones de personas y se habrá multiplicado hasta ocho veces al final del 2050, cuando su monto supere 32 millones (CONAPO, op. cit., p.57).

(3)Situación sociodemográfica de los y las ancianas

a) Población económicamente activa e inactiva

La población de 60 años y más, económicamente activa en 1990, es de 1.4 millones de personas que representan al 28.6 por ciento de la población en edad de trabajar. En cuanto a la población económicamente inactiva, para el caso de las mujeres, destaca el grupo de quehaceres del hogar, con 87.4% mientras que en los hombres las mayores proporciones corresponden a los jubilados y pensionados, así como a los incapacitados permanentemente para trabajar, con 39.1% y 14.2% respectivamente (Los rostros de la pobreza, op. cit. p. 358).

Mención especial merece la población masculina que no especifica su inactividad, la cual representa 40.7% del conjunto; a este grupo pertenecen los ancianos inactivos por decisión propia o familiar, y que sin estar incapacitados para trabajar son dependientes económicamente de otros miembros del hogar.

b) Ingreso económico

Considerando los ingresos por trabajo en múltiplos de salario mínimo (SM), hasta marzo de 1995, se observa que 56.8% del total de personas ocupadas de 60 y más años, recibieron dos o menos SM; 15.1% declararon no recibir ingresos, y 6.3% percibieron más de 5 SM. Proporcionalmente, es mayor el número de hombres que no reciben ingresos (16.1%) que el de mujeres {7.6%). Por el contrario, son las mujeres quienes reciben menos de 1 SM en mayor proporción que los hombres.

c) Pensiones y jubilaciones

Por lo que se refiere a pensiones por vejez y retiro, de los 5 millones 7 mil personas existentes en 1997, se estima que solamente 375 mil tienen algún tipo de pensión por parte del IMSS. Un 92 por ciento de estos pensionados obtuvieron una pensión equivalente a 90% del salario mínimo (esto último debido a la inflación y la falta de revaloración de las pensiones). Otros 229 mil cuentan con jubilación directa otorgada por el propio IMSS. En el sector público hay 196 mil pensionados, con una pensión promedio de apenas 1.5 veces el salario mínimo; asimismo, existen 66 mil pensionados de las denominadas empresas paraestatales.

En total, se estima que la cifra de pensionados de 60 y más años, se mantuvo en aproximadamente 888 mil, lo que deja una diferencia de poco más de 4 millones de personas de 60 o más años sin pensiones para la vejez (Ham Chande, Roberto. Salud y bienestar frente al proceso de envejecimiento, Centro de Estudios en Población y Salud SSA, México, 1994).

(4)Situación social

La situación social de las personas de la tercera edad es altamente preocupante. Actualmente predomina la familia que tiende a una conformación de modelo nuclear (padres e hijos exclusivamente); se estima que entre 55 y 65% de las familias mexicanas observan esta forma. En este tipo de familia, se excluye de su seno a los abuelos, o se les acepta pero de manera problemática.

En materia de escolaridad, se tiene conocimiento que del total de este grupo de población aproximadamente 2.0 millones son analfabetas. Del total de personas con 60 y más años, 1.6 millones no terminaron la primaria, 662 mil la concluyeron y poco más de medio millón cuentan con estudios post primarios.

a) Vivienda

Un problema que enfrentan con particular preocupación las personas de edad es el alojamiento, el cual,. se agudiza sobre todo porque existe ruptura de la célula familiar, una progresiva urbanización de la sociedad y los recursos de los ancianos se consideran cada vez más insuficientes contribuyendo a esta situación no tener empleo (jubilación) y contar con pensiones reducidas.

Otro problema es el de la falta de créditos hipotecarios para aquellas personas que no disponen de un bien inmueble que les permita mantener su privacidad, pero sobre todo de un techo. Una demanda importante de los ancianos es la de contar con un espacio propio en virtud de que cuando cohabitan con familiares, una parte importante de los conflictos es ocasionado por la falta de privacidad, tanto del anciano como de los demás miembros de la familia.

Por otra parte, el descenso de la fecundidad y el alargamiento de la supervivencia traerán consigo también cambios trascendentes en la composición de las familias: la sociedad tendrá que acostumbrarse cada vez más a compartir el hogar con adultos y ancianos y en menor medida con niños y jóvenes.

En los años por venir, las demandas en materia de suministro de agua potable, energía eléctrica y por supuesto vivienda representarán un reto de grandes proporciones.

b) La salud

Las tres principales causas de muerte en el grupo de edad representado por las personas adultas mayores son las enfermedades del corazón (511 por cada 100 mil), los tumores malignos (424 por 100 mil) y la diabetes mellitus (322 por 100 mil). La suma de estas tres causas representa alrededor de 50% de las defunciones de este grupo de edad y en la mitad restante se encuentran las infecciones (8%), las lesiones accidentales e intencionales (6%), la cirrosis hepática (5%) y los padecimientos renales (4%).

El envejecimiento de la población está directamente ligado a lo que se conoce como transición epidemiológica, en la cual los cuadros de morbilidad dejan de ser preponderantemente las enfermedades agudas y parasitarias, que afectan a poblaciones jóvenes, para cobrar mayor relevancia los padecimientos crónicos y degenerativos, propios de la población envejecida.

En esta etapa de la vida uno de los problemas de salud más apremiantes es la incapacidad para desempeñar actividades de la vida cotidiana. La mayor incidencia de incapacidad se presenta en los hombres.

(5)Ancianidad en el Distrito Federal

Durante un encuentro sobre vejez, Estado y sociedad organizado por la Comisión de Grupos Vulnerables de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y diversos organismos civiles, en julio de 1998, coincidieron al señalar que la mayor parte de los casi setecientos mil ancianos y ancianas que habitan en el Distrito Federal viven en condiciones de desempleo, marginación, abandono, discriminación y enfermedad física y mental, sin que hasta la fecha hayan sido suficientes los programas puestos en marcha para asistirlos.

En materia de salud, se indicó que una proporción importante de la población adulta mayor padece problemas de desnutrición, mentales, crónico degenerativos y transmisibles, así como accidentes y lesiones.

En el mismo Distrito Federal, según los estudios realizados por diversos especialistas, se indica que poco más de 580 mil personas mayores de 60 años viven en condiciones de abandono familiar, desempleo, maltrato, enfermedad o indigencia. De los casi 13 mil indigentes censados en el Distrito Federal, se calcula que un 40% son ancianos (as) (Los rostros de la pobreza, op. cit. pp. 354-355).

Para la atención de ancianos (as) en el Distrito Federal se dispone de aproximadamente 67 asilos privados, 80 clubes de la tercera edad (INSEN), dos casas hogar del DIF, un albergue del Gobierno del Distrito Federal y un centro de atención geriátrica en la Delegación Política Gustavo A. Madero.

La población de este sector, que para el año 2000 llegará al millón de personas en el Distrito Federal, sigue participando significativamente en el mercado de trabajo de la capital del país y generalmente en actividades no asalariadas. Se estima que un 60 por ciento de los ancianos de sexo masculino se encuentran inactivos, mientras que 86.5 por ciento de las mujeres están desocupadas.

(6)La Vejez en el Futuro

La actual situación de la vejez en México permite prever que en los próximos años se incrementará la desigualdad social y disminuirán las oportunidades de tipo económico, social, cultural para este grupo de población. El número de personas de 60 y más años continuará creciendo y con ellos la satisfacción a sus demandas. Se prevé que hacia el año 2030 el total de ancianos y ancianas en el país llegará a representar poco más de la tercera parte de la población total del país, ante lo cual se requiere disponer de suficientes y adecuadas medidas en materia de política económica y social con objeto de poder responder apropiadamente a las demandas provenientes por este grupo de población.

Mientras en los países industrializados tuvieron tiempo suficiente para programas, la satisfacción de las demandas derivadas del paulatino envejecimiento de la población, el nuestro aún no se prepara suficientemente en materia de diseño, operación y evaluación, con cierta celeridad, para formular políticas y acciones destinadas a satisfacer las demandas de la población que emanan de las transformaciones que conlleva el proceso de envejecimiento.

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