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Vicaría      de Pastoral

EDITORIAL

Al hacer recuento de nuestra historia
podemos ubicar los grandes cambios y acontecimientos
que han marcado a unos y otros pueblos.
En efecto, la historia particular de cada nación
señala en el calendario tal o cual hecho
que merece el recuerdo y la celebración.
Hay un acontecimiento en donde los protagonistas son, en términos generales, dos:
Dios y el hombre.
Dios ha intervenido en nuestra historia
y ha cambiado el rumbo de todos los pueblos.
Esto es lo que celebramos en el año 2000.
Pero sería superficial restringir la participación de Dios
a lo que puede evocarnos una estampa navideña.
Dios sigue prolongando su intervención en la historia
y nos hace santos porque Él es Santo.
Dios está comprometido con la vida del hombre
y por eso Cristo se nos da como alimento.
Dios sigue dispersando nuestras tinieblas
y por eso, como Iglesia, estamos llamados a ser luz desde la parroquia y abarcando al mundo entero.

En nuestra patria estamos viviendo una fuerte etapa
de expectativas políticas y sociales
que nos han dejado en la indiferencia.
Los preparativos y las consecuencias del 2 de Julio
ciertamente nos han afectado
a los que vivimos este tiempo y en este lugar.
Pero conviene preguntarnos:
¿Verdaderamente hemos anunciado el Evangelio en nuestra historia?
¿Ha cambiado nuestra historia nacional como efecto del anuncio
que hemos hecho del amor de Dios en Jesucristo?

Con la Misión 2000 queremos aportar nuestra labor
a la historia humana en donde Dios ha puesto su mano.
Y no es vana pretensión.
Es afán por cumplir el mandato de Jesús:
"Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio".
El ritmo de la Misión 2000 sigue necesitando tu participación.
¡Anímate a ser protagonista de la historia de nuestra salvación!


SANTIDAD

 

 

 

Son santos

porque pusieron a Dios

en el centro de su vida

e hicieron de la búsqueda y extensión de su Reino

el móvil de su propia existencia;

son santos

porque sus obras siguen hablando

de su amor total al Señor y a los hermanos

dando copiosos frutos,

gracias a su fe viva en Jesucristo,

y a su compromiso de amar

como Él nos ha amado,

incluso a los enemigos.

De la homilía de su Santidad Juan Pablo II
en la misa de canonización
de los nuevos santos mexicanos,
21 de mayo del año 2000


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