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Vicaría      de Pastoral

Jesucristo
único Salvador del mundo,
alimento para la vida nueva

El Congreso Eucarístico Nacional y la Misión 2000

Hace apenas unos cuantos días tuvimos la oportunidad de participar en el Segundo Congreso Eucarístico Nacional, celebrado en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe y en la Catedral Metropolitana, principalmente. Fue una experiencia especial para muchos cristianos de nuestra ciudad y para muchos otros venidos de distintas partes de la República. Fue una bella ocasión para vivir la fe en Cristo presente en la Eucaristía y para preguntarse qué repercusiones tiene en la vida diaria.


La manifestación de nuestra fe vuelve,
poco a poco, a las plazas y a las calles

Campanas al vuelo

Una celebración particularmente emotiva fue la del día 6 de mayo. En efecto, varios miles de católicos se congregaron frente a la Catedral, en cuyo atrio se celebró una Misa solemne con la participación de varios cardenales, cerca de setenta obispos y alrededor de 300 sacerdotes y diáconos. Terminada la misa se realizó una procesión con el ]Santísimo Sacramento por el Zócalo y por la calle de 5 de Mayo hasta el Eje Central y la plaza del Palacio de Bellas Artes, donde se impartió la bendición con el Sacramento, culminando en el templo de San Felipe de Jesús en la calle de Madero. Un grupo muy numeroso de personas participó en la procesión a lo largo de su recorrido, y con sus cantos aplausos y entusiasmo manifestaron su fe. Por otra parte, a través de los medios de comunicación, muchos más pudieron ser testigos de este acontecimiento notable para la vida cristiana de los mexicanos.

El lema de este congreso es muy significativo, pues al afirmar que Jesucristo es el único Salvador del mundo y es alimento para la vida nueva, nos ayuda a comprender el papel esencial que Jesucristo debe realizar en nuestra vida humana y cristiana. Como es fácil de comprender, no podemos hablar de alguien como cristiano si no es a partir de Jesucristo, a quien aceptamos como el único que puede ser llamado Salvador del mundo porque nos lleva a Dios Padre y nos permite ser sus hijos, así como sabernos hermanos y actuar como tales con relación a todos los hombres. Paralelamente, la palabra y la vida de Jesucristo, al igual que la recepción de la comunión eucarística, donde nos acercamos a Él para recibirlo en alimento, hacen que lleguemos a tener una vida nueva, vida de gracia y de fe.

Ahora bien, aunque la mayoría de nosotros los mexicanos este congreso fue algo novedoso porque el anterior se realizó en nuestra patria en 1924, y sólo unos cuantos lo recuerdan y, por otra parte, algunos sólo consideren el reciente como un signo de los nuevos tiempos que vivimos, es importante que descubramos su significado profundo para nuestra vida de cristianos, tomando en cuenta que la Iglesia Católica en nuestra ciudad de México está llevando a cabo una acción particular de evangelización en la Misión 2000.

El Congreso Eucarístico y la Misión 2000

Sabemos que la Eucaristía es la fuente y la cumbre de la vida cristiana. Así lo dice con toda claridad el Concilio Vaticano II en su decreto sobre el ministerio y vida de los presbíteros: "En la santísima Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo en persona, nuestra Pascua y pan vivo que, por su Carne vivificada y que vivifica por el Espíritu Santo, da vida a los hombres que de esta forma son invitados y estimulados a ofrecerse a sí mismos, sus trabajos y todas las cosas creadas juntamente con Él. Por lo cual la Eucaristía aparece como fuente y cima de toda evangelización"; por eso "los otros sacramentos, así como los ministerios eclesiásiticos y obras de apostolado, están íntimamente relacionados con la sagrada Eucaristía y a ella se ordena" (PO 5).

Por tal razón, que está en la línea de toda la tradición de la Iglesia, no podemos considerar que la Eucaristía celebrada o adorada, sea algo independiente o ajeno a la tarea fundamental de todo cristiano, ni tampoco algo que agote toda la actividad de la Iglesia. Si la razón de ser de la Iglesia es la evangelización y nosotros nos encontramos en una etapa y forma particulares de la misma por esta Misión 2000, la celebración reciente del Congreso Eucarístico, en lugar de distraernos de nuestra tarea evangelizadora o hacer un simple paréntesis, nos debe motivar para ahondar en nuestra fe y en la razón que nos impulsa a evangelizar. No solamente podemos y debemos descubrir que la Eucaristía nos urge a llevar la Buena Noticia a los demás para que descubran que Jesucristo es el único Salvador del mundo, sino que al alimentarnos de este pan que nos da la vida nueva, queremos que algún día también la pueda proporcionar a los demás, a quienes nosotros hoy les llevamos el mensaje del Evangelio en esta misión. Cualquiera que sea nuestra acción particular, de acuerdo a nuestra propia vocación como laicos, religiosos o sacerdotes, sabemos que la gracia que necesitamos para cumplir nuestra misión deriva de manera particular de la Eucaristía. Así lo dice también e Concilio Vaticano II en su decreto sobre el apostolado de los laicos: "Son los sacramentos, y sobre todo la Eucaristía, los que comunican y alimentan en los fieles la caridad, que es como el alma de todo apostolado". (AA 3).


El presbítero y la Eucaristía son inseparables

Yo creo y actúo

En la Eucaristía
Cristo es la luz
para nuestra Ciudad

Si el cristiano es aquel que trata de seguir a Cristo para hacer que en su vida la relación con Dios, con los hombres y con el mundo se parezca en algo a lo que el mismo Cristo Jesús hizo, el descubrimiento de Jesucristo como único Salvador del mundo no es lago puramente intelectual, sino, y sobre todo, vivencial. Parte, sí, de un conocimiento de verdades acerca de Jesucristo, de su papel como enviado del Padre e inspirado por el Espíritu, pero desemboca en la fe que es fruto de la gracia de Dios y de la libertad humana que acepta al mismo Dios en su vida. Todos los diversos pasos que realiza la persona humana para llegar a la fe, mantenerse en ella y desarrollarla ampliamente, deben estar acompañados y alentados por la gracia de Dios. En otras palabras, no podemos creer si no hay una acción compartida de Dios y de nosotros mismos. Y es en esta acción compartida donde la Eucaristía ocupa un lugar clave. Porque la celebramos no por nuestra iniciativa, sino por un mandato recibido de Jesús: "Hagan esto en conmemoración mía", quien también nos ordenó comer y beber: "Tomen y coman... tomen y beban". Y es por esto que si queremos llegar a aceptar con el corazón y con la vida a Jesucristo, como el único que le puede dar sentido y valor a nuestra existencia y aspiraciones, no podemos prescindir de la Eucaristía como punto de llegada y también como punto de partida. Nuestra fe se manifiesta en la Eucaristía y se alimenta de la misma, hasta poder llegar a decir que comulgamos porque creemos y creemos porque comulgamos.

Momento intensivo de la Misión 2000

En esta Misión 2000 nuestra comunidad cristiana quiere buscar un nuevo modo de ser Iglesia y de actuar como tal. Quiere que un renovado espíritu misionero la impulse en todo y le haga salir al encuentro de los demás para llevarles la buena noticia de Jesucristo como el único salvador del mundo, que le puede dar sentido y valor a toda la vida humana. Y aquí la celebración del Congreso Eucarístico fue un momento intensivo dentro de la misión, porque no sólo nos mostró el interés que muchos tienen por la celebración de la fe, sino que nos abrió la pregunta de la importancia que tiene el desarrollo de esa fe para que desemboque en una vida mejor en cada cristiano y en su ambiente. Además, si para nosotros la Eucaristía es muy importante, la cuestión por resolver es de qué manera podríamos nosotros influir positivamente en los demás para que también lleguen ellos a descubrir, apreciar y valorar la Eucaristía, como nosotros lo queremos hacer. En otras palabras, la celebración de la Eucaristía y nuestra participación en ella es fuente de compromiso evangelizador. Y esto, evidentemente, no sólo aparece en un congreso como el que tuvimos, sino que es algo permanente, como lo afirmamos durante la misa cuando, después de la consagración, decimos solemnemente: "Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Jesús Jesús".

El Congreso no ha terminado

 

Después de haber vivido esos días podríamos preguntarnos si sería conveniente "reproducir" el congreso en nuestras parroquias y comunidades, es decir, hacer que lo que el congreso produjo en nosotros se pueda proyectar en nuestra comunidad, por medio de una catequesis más profunda de la Eucaristía, por una mejor participación en la Misa y en la comunión, y también por algunos momentos especiales de oración ante Jesús, presente en la Eucaristía, para que nos llenemos del espíritu que le impulsó para llevar la buena noticia a los demás. Así podríamos hacer que nuestra Misión 2000 no sea propaganda o publicidad, sino la consecuencia lógica de nuestra fe y de nuestra Eucaristía. Porque no excluiremos jamás de nuestro horizonte a nadie. Al contrario, al igual que Jesús serviremos a nuestros hermanos y hermanas, y la Eucaristía será alimento para nuestra propia vida y la de los demás.


Afuera del Palacio de las Bellas Artes
recibimos la bendición de Jesús
Eucaristía. Era el final de aquella
procesión que se mantiene viva
en el recuerdo de tantos cristianos

Pbro. José R. Hernández Shäfler
Secretariado de Pastoral Litúrgica

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