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Vicaría      de Pastoral

El reto de la Misión
y sus exigencias

Estas son algunas reflexiones propuestas
por la Comisión Central de la Misión 2000
que ahora te sugerimos utilizar en tu equipo misionero.
Puedes proponer una o dos para fomentar el diálogo,
para desarrollar el tema de reflexión grupal,
o para tu meditación personal.
En fin, son herramientas
que podrás utilizar en el objetivo común:
La Misión 2000.

 
El Camino Diocesano

1. El itinerario pastoral de la Misión 2000 es un nuevo llamado a continuar el camino de evangelización para la Ciudad de México. Las actitudes básicas del evangelizador son la cercanía con todos, la apertura al diálogo y el testimonio de vida.

2. Sin titubeos ni miedo debemos reconocer nuestras deficiencias y lentitud para responder al Espíritu.

3. Debemos afianzar la pastoral diocesana encauzando la pluralidad hacia el conjunto, impulsando la participación eclesial, dando su lugar a los laicos.

4. Caminamos Juntos en la Misión 2000 cuando el Arzobispo y sus Vicarios dan prioridad a su labor pastoral y se ponen al frente de la marcha diocesana.

5. Se logra tener dinamismo pastoral cuando el decano se involucra en los proyectos de colaboración interparroquial, animándolos, acompañándolos y evaluándolos.

6. El proceso evangelizador diocesano debe dar fuerza a los equipos pastorales decanales y parroquiales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
La Evangelización como proceso

7. Nuestra Arquidiócesis necesita lograr que sus comunidades creyentes sean capaces de evangelizar, acompañando a las personas en su encuentro con Jesucristo y en su crecimiento en la fe hasta el apostolado.

8. Para reestructurar el funcionamiento parroquial y evitar una práctica de acciones pastorales aisladas hemos de perseverar en el camino actual.

9. El énfasis kerigmático en nuestras acciones eclesiales debe despertar una primera adhesión a Cristo y la decisión de conversión.

10. El sentido de la Nueva Evangelización pide especializarnos en el acompañamiento de la reiniciación cristiana teniendo en cuenta las características de nuestra ciudad.

11. La evangelización como proceso implica que se multipliquen los ministerios con verdadero sentido misionero a la comunidad urbana.

 

 
El sentido Misionero

12. La catequesis tiene como desafío llegar a ser un proceso de crecimiento en la fe que se ofrezca a todas las etapas de la vida.

13. La opción prioritaria son los alejados del influjo del Evangelio. Habrá que superar todas las actitudes que nos llevan a conservar una pastoral estacionaria.

14. La exigencia mayor en la misión es el testimonio de vida: por tanto, hay que reiterar continuamente y a todos los niveles el llamado a la conversión.

15. La actitud de servicio y sencillez es promotora de la misión, especialmente en quienes tienen mayor responsabilidad en la Iglesia.

16. Para poder descubrir y entender las semillas del Espíritu en nuestro medio urbano debemos aumentar la actitud de diálogo y apertura hacia todos los que trabajan por el bien común en nuestra sociedad.

17. Los Equipos Misioneros deben ser apoyados para que realicen su labor promotora y capacitadora con la seguridad de que son reconocidos como fermento en nuestra Iglesia Arquidiocesana. Es indispensable asegurar su continuidad.

18. Los fieles pueden participar en la misión a distintos niveles y con distintas funciones. Habrá que motivar ese espíritu en todos para que el ambiente de su formación en la fe sea el servicio misionero.

19. La Misión 2000 debe tener siempre presente su horizonte de proyección: el estado de misión permanente, para que planes y acciones lleven el Evangelio a quienes no conocen a Jesucristo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
El llamado a la comunión

20. El proceso misionero diocesano no excluye a nadie; todos son llamados por el Señor a construir su Iglesia. Es el proceso de la propia comunidad lo que marca el ritmo de su integración al conjunto.

21. Es el tiempo de los laicos y la comunión tendrá como parámetro su verdadera inserción a la tarea pastoral.

22. Todos los carismas deben servir a la comunidad. Es indispensable acercarnos a los movimientos apostólicos y a las comunidades religiosas para integrarlos en el camino diocesano, y a partir de esa base común, dar pasos de enriquecimiento.

23. Para avanzar en la comunión debemos ser más capaces de realizar la misión que Jesús nos encomienda. La unidad es el signo de que Jesús está con nosotros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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