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Vicaría      de Pastoral

Intervenciones libres
en la VI Asamblea

La Misión 2000
en Colegios
y Universidades

El R.P. Nicolás Gómez, que nos coordina en la II Vicaría Episcopal, "Cristo Rey", nos ha dado luz verde para convocar a los 37 colegios, institutos y universidades de esta vicaría. Este trabajo está dirigido por el P. José Fernando Díaz, encargado de la pastoral familiar y educativa en nuestra zona.

Nos hemos propuesto tres objetivos:

  1. Convocar a los directores y encargados de la pastoral de los 37 colegios, institutos y universidades a la oración, reflexión y meditación sobre la Misión 2000.
  2. Vincular las distintas actividades pastorales de las instituciones mencionadas con la pastoral educativa de la Misión 2000 en nuestra vicaría.
  3. Unificar estrategias acordes a la pastoral habitual de la Arquidiócesis de México (Misión 2000) para un número de 30,000 alumnos.

La experiencia educativa del P. José Fernando Díaz y de su servidor nos ha llevado a poner en práctica los trabajos de la Misión 2000. Cada uno en nuestro terreno tenemos un campo de acción, y hemos adaptado la estructura de la Misión 2000 en cuanto la organización. Realizamos los retiros de preparación, involucramos a los padres de familia y maestros; ahora debemos seguir proyectando este trabajo para que habitualmente se esté predicando a Cristo en nuestros colegios y universidades.

Carlos H. Díaz
II Vicaría

La Misión
y los medios
de comunicación

Quiero llamar su atención sobre los medios de comunicación y la Misión 2000, en donde el mensaje de Cristo parece no haber llegado.

Hablar de Cristo en los medios de comunicación y en ambiente empresarial resulta sumamente difícil; todo lo que huele a Dios y a su Palabra produce urticaria a empresarios y comunicadores. Es preciso llegar a ellos con un lenguaje más actualizado y dinámico. Los empresarios y hombres de negocios deben ser evangelizados de una manera sumamente atractiva y actualizada, de lo contrario, no escucharán el mensaje de Cristo. Si sumamos su fuerza al trabajo evangelizador muchas almas y recursos estarán al servicio de Cristo y de nuestra Iglesia.

Es preciso estar muy atentos a los medios de comunicación, ya que son ellos los que dan la pauta de los negocios, de la educación, del lenguaje, del entretenimiento, del comercio, en fin, de todo el quehacer humano; si no incursionamos en la televisión, en la radio, en internet y en la prensa, corremos el riesgo de vivir inmersos en la superficialidad y el materialismo del que una vez que se está dentro es muy difícil salir.

Una de las señoras que participó en mi grupo, nos habló de la página electrónica de la Misión 2000. Nos dijo que la página era muy pobre. ¿No podríamos entre todos pagar el costo de una página de internet que sea evangelizadora de todos los que por error, curiosidad o malicia, se metan en ella? Me parece que no sólo hay que tocar las puertas de las casas, también hay que llamar a la puerta de las computadoras, de los cines, de la televisión, de la radio, de la prensa, en fin de todo lo que implique comunicación.

En lo personal he tratado con algunos artistas y comunicadores. Me he dado cuenta que hay figuras que pueden ser evangelizadas si nos lo proponemos. Estos líderes son "peces gordos" que de ser evangelizados transformarían a multitudes. Les planteo el caso de Pedro Ferriz de Con: uno de esos días que estuve afuera de la Iglesia de San Agustín (Polanco) pidiendo donativos para mi apostolado, llegó él con su esposa, me acerqué para decirles cuánto los ama Cristo. Ellos me contestaron que son católicos, que son practicantes. ¿Entonces por qué no nos acercamos a ellos para pedirles su colaboración en la tarea de evangelización de nuestro México? Dentro del grupo del trabajo en el que participé, el sacerdote que estuvo con nosotros nos dijo algo muy importante: que lo que él hacía evangelizando, se lo tiraba el comentarista en el noticiero. Qué, ¿no podremos evangelizar y transformar para Cristo a esos "peces gordos"?

Los comunicadores son grandes líderes de nuestro tiempo que tienen que ser evangelizados, ya que la mayoría de la población no solo los escucha sino que los sigue en todas sus opiniones.

Para terminar, es preciso que organicemos una Misión 2000 especializada en los diferentes sectores y con más medios al alcance de todos. El Evangelio debe llegar de nuevo a todos, y si el camino, para muchos, es la empresa y los medios de comunicación, debemos pensar en estrategias, planes, programas y formas adecuadas, actualizadas y eficaces para reevangelizar a nuestra sociedad.

Cecilia Valderrama
II Vicaría

La Parroquia
debe situarse
en la calle

El camino de la fe en nuestras ciudades y colonias nunca empieza desde las definiciones, las proclamaciones, sino, como el de Emaús, desde las preguntas: "¿De qué estaban hablando en el camino?" El lugar para enfrentar y plantear el camino de la fe es la calle de la ciudad, de la colonia popular, que son tierras donde brotan preguntas serias y profundas, que nacen a menudo afuera de los templos, en las calles o en los hogares: allá donde hay un nacimiento, una enfermedad, una muerte, allá donde uno se enamora o se casa, allá donde se percibe una luz en los ojos de los hijos o el barranco de un malestar, el vacío de la desilusión o de la droga, allá donde cada día hay la fatiga de vivir de cara a uno mismo y al mundo.

Por todo esto es importante regresar a la calle, al lado de las personas, comprometiéndonos a que también nuestra parroquia se vuelva otra vez calle porque queremos que la parroquia se vuelva un lugar buscado, donde puedes entrar sin sentirte censurado en tu pregunta o en tu grito, sin sentirte asediado por curiosidades clericales. Se tiene que poner la parroquia como una tienda de campaña en la colonia.

La calle es un observatorio fundamental que nos permite entender las instancias y las necesidades de los pobres. Todo esto pide que vayamos desarrollando una espiritualidad de la calle.

La calle como empuje de una continua y permanente búsqueda interior, como personas que caminan siempre con su ropa de trabajo y su tienda de campaña, imitando al gran itinerante que hace dos mil años, en el polvo de Palestina dijo "parábolas de la calle" como la de un cierto Samaritano... La calle como lugar donde los estudiantes, los trabajadores, los oprimidos, recogen piedras para echarlas en contra del "sistema" bien metido en sus palacios. La calle, el barrio: el lugar donde la Iglesia quiere regresar después de siglos de separación. Una Iglesia que quiere dejar sus conventos, sus bellos templos y sacristías para ponerse y vivir en medio del pueblo, de la gente. La calle: lugar de encuentro de las culturas populares.

Para todo esto, se necesitan ciertas actitudes entre las que destacan: una fe bien fundamentada, que sea sólida como la roca, un estímulo continuo, una búsqueda de la persona, que le impida sentarse e instalarse; una sincera solidaridad con las personas de cualquier clase y condición, privilegiando a los marginados; una búsqueda y promoción de la vida y de la justicia.

Delfina Galván
VII Vicaría

Los CEFALAES
en la Misión

Es la primera vez que participo en una asamblea diocesana. Por vocación soy esposo de una maravillosa mujer, juntos tenemos la misión de esforzarnos para que nuestros cuatro hijos crezcan en conocimiento, sabiduría y espíritu, como lo hicieron María y José con Jesús cuando estaba pequeño.

Lo que quiero decir en esta VI Asamblea Diocesana, lo hago con humildad, sencillez y alegría. Desde hace varios años me esfuerzo por ser evangelizador y misionero en esta Iglesia; no ha sido fácil, ha habido y hay muchos obstáculos, también grandes logros, por los que doy gracias al Dios de la vida.

Tengo la conciencia clara de que mi misión la realizo por ser bautizado y lo que ello implica, es decir, que he sido configurado en Cristo Rey, Profeta y Sacerdote; como todos los que están aquí, trato de cumplir esta consagración.

La realización del II Sínodo Diocesano de México y sus asambleas han sido impulsadas por el Espíritu de Dios; también el hecho de que nosotros estemos aquí es cosa del Espíritu, que de manera especial se ha manifestado en los que participaron compartiendo sus experiencias, para hacer de nuestra comunidad una instancia más misionera.

Nuestra Iglesia que ahora es animada y guiada con la fuerza y juventud de nuestro Cardenal Norberto Rivera, ciertamente tiene logros como los que constatamos durante esta Asamblea. Podemos decir que nuestra Iglesia redescubre su ser misionero y a esto ha contribuido mucho a la Misión 2000, sin duda, en donde varios Vicarios Episcopales le han echado ganas, como muchos decanos, presbíteros, y no se diga de los laicos.

Pero creo que no fue suficiente; aún cuando las condiciones estaban dadas, faltó en muchos casos el espíritu misionero, la convicción de nuestra misión, la confianza en el Espíritu Santo que garantiza la marcha de nuestra Iglesia. Nos falta llenarnos de la Palabra de Dios que ilumina nuestro camino, nos falta poner en práctica las orientaciones del Magisterio de la Iglesia, nos falta ser más profetas, portadores de la Buena Noticia. Nos falta ver para evaluar de forma crítica los desafíos, criterios y líneas de acción que se dieron como resultado del II Sínodo. Creo que éste debe ser un punto de referencia necesario.

Me parece que nos hace falta también un lenguaje más valiente, profético y crítico al momento de hacer nuestro análisis de la realidad, para tener una pastoral social más eficaz. Es bueno recurrir a los números y porcentajes, pero no basta. Como Iglesia también nosotros hemos abandonado a hombres y mujeres a sus sufrimientos y miserias; así como nos indignamos ante la legalización del aborto, debemos indignarnos ante la legislación de los abortos sociales que produce miles de niños de la calle, los ancianos que sólo son valorados cuando producen; indígenas y emigrantes permanentemente abortados por todos.

También quiero decir que los CEFALAES han sido y serán lugares privilegiados de formación para los agentes de la misión de nuestra Iglesia. A muchos nos consta que nuestro Cardenal esta convencido de esto y muchos laicos también. Pero son todavía muchos los decanos y párrocos que no terminan de ver la importancia de los CEFALAES para hacer de nuestra Iglesia una comunidad más renovada; por eso, Señor Cardenal y Vicarios Episcopales, les pido que animen, convenzan, transmitan el espíritu misionero a sus decanos y párrocos que todavía no impulsan estos centros. Los laicos estamos sedientos de formación cristiana, y por tanto, de participación en esta Iglesia que quiere y va siendo poco a poco más misionera.

Juan Carlos Rea Campos
Director de CEFALAES

La Misión
reto de cada día

La Misión 2000 nos reta cada día más a un cambio profundo de actitud, en nuestra forma de ser Iglesia y en sus métodos evangelizadores.

Es necesario que tanto Obispos, sacerdotes y laicos demos más testimonio de amor y solidaridad en esta ciudad que ya no confía en nada ni en nadie; hablamos y programamos mucho, pero actuamos poco y a veces incongruentemente.

Los grupos y movimientos de laicos no debemos ver la Misión 2000 como un peligro para el trabajo que veníamos desempeñando, al contrario, debemos alegrarnos de que la Iglesia Arquidiocesana quiere despertar y volverse más dinámica. Lógicamente, este proceso nos exige modificar nuestras viejas estructuras de trabajo, que han dado escasos resultados.

Tanto nuestros pastores como nosotros los laicos debemos asumir entera y verdaderamente nuestro compromiso bautismal de acuerdo a la vocación a la que Dios nos ha llamado. Sólo de esta manera nuestros planes y proyectos pastorales tendrán mayor efecto en las diferentes culturas y ambientes de esta gran ciudad.

Irma Meza Garfias
VII Vicaría, VI Decanato


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