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Vicaría      de Pastoral

Misión y límites
del Presbítero


No me eligieron ustedes a mí ,
soy yo quien los ha elegido y los he
destinado para que vayan y den fruto
Jn 15, 16

Hablar de los presbíteros es hablar de un tema candente, es hablar de un personaje importante en la Iglesia; es hablar de un singular pionero en el campo de la evangelización; y dentro de la sociedad, un tema de discusión. Alguno se ha preguntado ¿por qué? Porque la vida de un sacerdote es la vida de un hombre público, es una vida que afecta a la sociedad, es una vida que proyecta a la comunidad.

Detengámonos, pues, a reflexionar sobre este hombre-sacerdote desde las cuatro de sus facetas: su carácter de hombre, su ambiente religioso, su vocación y su labor misionera.

Su carácter de hombre

Como hombre el sacerdote no es alguien que ya está formado por el solo hecho que estudió en el Seminario o que recibió el orden sacerdotal. El sacerdote como hombre se va haciendo cada día con sus cualidades y defectos. Por lo tanto necesita de alguien que lo acompañe, de alguien que lo motive, de algún verdadero amigo que con visión de la vida y experiencia de la misma le haga ver los riesgos y lo bello de ser hombre, creado por Dios a su imagen y semejanza. Hay que confesar que necesita del afecto y del reconocimiento de los demás. Necesita ir complementando cada día su aspecto humano.

Todas las personas se mueven por interés y el sacerdote no es la excepción, por lo tanto, necesita que lo ayuden a trazar sus metas; necesita de un seguimiento humano que lo ayude a crecer como hombre, capaz de reír y llorar, pero siempre con la alegría de que entiende su naturaleza humana, la acepta y trata de perfeccionar.

El sacerdote en el ámbito religioso

Por desgracia en el ambiente religioso no se le ha dado importancia al hombre y de allí que en la línea de trabajo y de relación, el sacerdote adolece de algunas cosas elementales. Le falta motivación que le impulse a realizar su tarea con alegría y éxito. Le falta acompañamiento; uno de los problemas de la vida del sacerdote es el problema de las cero a su esfuerzo y éxito en su trabajo ministerial. El mundo astutamente le ofrece lisonjas, placeres y motivaciones. ¡Es triste escuchar a nuestra gente cómo se expresa de sus sacerdotes: "hombre de mal carácter, amargado y prepotente"! Creo que es necesario replantearse el problema de la formación permanente del presbítero, que no se cumple con llenarlos de conferencias, por muy excelentes que sean, sino de un acompañamiento personal. Por tales motivos, es importante que los que tienen la responsabilidad de ellos, les ofrezcan una y otra vez, la oportunidad de una vida digna para su realización como hombres y personas.

Su vocación sacerdotal

Como persona, el sacerdote es aquel que, por una parte, es un hombre como todos los demás y por otra, es el dispensador del amor de los dones del Señor. El sacerdote cada vez que ejercita su ministerio se queda anonadado ante el poder y el amor del Señor Jesús a favor de él y de los suyos. ¿Qué nos dice la Biblia al respecto?

La carta a los Hebreos pone de manifiesto el problema sacerdotal. Los sacerdotes viven para el templo, el templo es su razón de ser. De hecho ofrecían los sacrificios y recibían como pago una parte de los animales sacrificados.

En ese tiempo se desató una persecución contra ellos y luego Jesús, Hijo de Dios, los sustituye como el único y sumo sacerdote de la Nueva Alianza. Por tal motivo esta carta les propone que tienen mucho que esperar de la vida y que vivan de la fe como sus antepasados. Luego les exhorta a seguir a Jesús y a dejar atrás el modelo sacerdotal de Aarón y Moisés y los pone en la línea del sacerdote Melquisedec: "Todo sumo sacerdote es tomado de entre los hombres y es establecido para ser su representante ante Dios". Le corresponde presentar a Dios ofrendas y víctimas por el pecado y para eso tiene que sentirse solidario con los ignorantes y los extraviados. En realidad, a él mismo lo asedia su propia debilidad y por eso debe ofrecer sacrificios por el pecado, tanto por sí mismo como por el pueblo.

Afortunadamente, no hay duda de que Cristo Jesús es el modelo de todos los sacerdotes... pero, por eso mismo, necesitamos la ayuda de los presbíteros mayores para que nos digan cuánto debemos estimar la gracia de Dios y cómo debemos vivirla día a día para acercarnos a Jesús, el Sumo Sacerdote.

Hemos formado equipos de estudio para ser más eficaces en nuestro campo, pero no hemos formado equipos sacerdotales para defendernos del pecado y trabajar arduamente para alcanzar la perfección humana y sacerdotal.

El presbítero y la Misión

Con sana curiosidad nos preguntamos: ¿Quién es el sacerdote de la Misión?

La Misión en la Arquidiócesis de México se viene trabajando en lo que va del año en curso. ¡Está resultando interesante, difícil y agradable!, si bien con fuertes bemoles. En efecto, no es una Misión como tantas otras, las cuales se programan por un tiempo y se acaban. Esta Misión quiere ser la continuación de la Misión de Jesús y de su Iglesia.

Pretende ser el trabajo pastoral ordinario de la Arquidiócesis de la ciudad de México, pero con un espíritu marcadamente misionero. Pretende ser un trabajo pastoral de conjunto... en una perfecta armonía entre jerarquía y laicado, cada uno trabajando desde su lugar, con sus carismas puestos al servicio de la comunidad. Se intenta que las comunidades vivan la fe en pequeños grupos suficientemente evangelizados, para que a su vez ganen a otros a la misión. Y así con el dinamismo del Espíritu Santo, agente principalísimo de la misión, se llegue a los alejados del influjo del Evangelio y a grupos específicos.
Para esta magna tarea, eminentemente misionera, se requiere la presencia del sacerdote con todas sus cualidades, carismas y liderazgo espiritual, con el fin que pueda animar todo este conjunto humano. El presbítero viene a ser el alma de todo apostolado misionero. De aquí la importancia del presbítero en la misión con la debida motivación y el necesario acompañamiento.

Realidad actual en la misión

El termómetro que va marcando la línea misionera del trabajo apostólico nos dice que la misión, aquí en la ciudad, no ha tenido la fluidez deseada. Desgraciadamente el sacerdote con sus problemas y la falta de acompañamiento, no ha tomado todavía su lugar en la misión. Y sin embargo hay signos esperanzadores que nos hablan de un cambio de mentalidad y de actitudes en el presbítero y que nos dicen que en un futuro más o menos próximo, la tarea misionera de la Iglesia va a tener una notable ingerencia en nuestra ciudad con muchos frutos.

Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando
Jn 15, 14

Pbro. Profr. José Medina Montoya
Secretariado para los Laicos

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