Visitar Sitio Web de ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

Logo de MISIÓN PERMANENTE, Arquidiócesis de México

Ir a Índice de CAMINANDO JUNTOS 6



  Google
Vicaría      de Pastoral

LA PAJA en el ojo ajeno

¿En qué se parecen las indulgencias al bono sexenal? Fue ésta la pregunta malévola que me hizo mi bien intencionado párroco el domingo pasado. Ciertamente sacamos algunas semejanzas, pero fueron las diferencias las que más relucieron en el peculiar diálogo salpicado de suspicacia.

El resonado bono ha sido fruto de un repetido chantaje político, y por donde se le quiera ver, está fuera de todo marco legal. Ha servido como paliativo de situaciones que nunca debieron darse en un sistema que se ha preciado de justo, legal, democrático, civilizado. Si en otro tiempo el bono sirvió para aplacar temporalmente la incomodidad social, ahora sirve para que salgan las incongruencias de un sistema político que debe cambiar. Hoy por hoy lo reclamado por los burócratas es una papa caliente que el gobierno quiere enfriar a toda costa. Y quienes terminamos pagando los platos rotos somos los que contribuimos con impuestos al sostenimiento del Estado.

En el diálogo con mi párroco, él me siguió ilustrando con datos históricos sobre el tópico de las indulgencias. Y si bien el tema me resultó espinoso, pude entenderlo en su contexto. Ahora veo, una vez más, que la doctrina de las indulgencias tiene su base fundamental en la gratuidad de la misericordia de Dios, en la comunión de los santos y en el servicio de la Iglesia como administradora de los tesoros de la gracia.

Gratuidad, comunión y servicio: aquí hay tres grandes y bellas diferencias que mi párroco me ayudó a entender con su capcioso cuestionamiento en torno al bono sexenal.

En este Año Jubilar de la Encarnación, todo el pueblo de Dios está invitado a ganar la indulgencia plenaria cumpliendo los consabidos requisitos: confesión, comunión, y oración. ¡Qué bueno sería que los cristianos nos acercáramos a aprovechar el tesoro de la gracia administrado por la Iglesia con la prestancia de los burócratas al exigir en las calles la dádiva política!

Pedro Ortiz

LA VIGA en el propio ojo

Soy un joven que se ha sumado a la Misión 2000 por las varias invitaciones que me hizo la señora que fue mi catequista cuando era niño. Nunca me he alejado de Dios pero ahora participo más en mi parroquia. Y la verdad que me entusiasmé mucho cuando vi en la televisión los anuncios de la Arquidiócesis de México en que se invitaba a toda la gente a acercarse a Dios. Pero esos anuncios ya no los he visto. Yo pensé que la Iglesia se estaba renovando al utilizar los medios de comunicación social. Sé que esos anuncios son caros, pero valen la pena porque somos muchos los que no nos acercamos a la Iglesia porque pensamos que solo es rezar y rezar.

Ahora que hubo mucho debate por lo del aborto yo me imaginé que la Iglesia podría sacar algunos mensajes en la televisión pero no fue así. Entiendo que no es fácil, pero la situación es tan grave que no deberíamos desaprovechar ahora que los medios se están abriendo. Es más: me he enterado que va a realizarse una marcha en favor de la vida, pero de eso no han avisado ni dicho nada en mi parroquia. ¿Qué como Iglesia no deberíamos apoyar más esas iniciativas?

Platiqué con un sacerdote sobre estas cosas y me dijo que hay muchas personas que ya están trabajando en favor de la vida. Me dijo que en las escuelas católicas se habla del respeto a la vida, que hay muchos movimientos que se dedican a eso... pero mi pregunta se hace más grande: entonces ¿por qué no apoyar con más entusiasmo esas iniciativas? Sigo considerando que en las escuelas hay grupos de 30 ó 40 jóvenes, pero en la televisión pueden ver el mensaje de la Iglesia incluso los que no van a escuelas católicas.

Ahora que estoy en la Misión 2000, se me ha ocurrido que además de hablar del amor de Dios en el visiteo también puedo hablarles del don de la vida... debo decir que no sé mucho del tema, pero estoy convencido que debo hacerlo. Y no estaría de más que siguieran los anuncios en la televisión y, si se puede, hablaran también del respeto a la vida humana.

Rogelio Arredondo

Ir a la página anterior  
Ir a la página siguiente
loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loansloans loans loans loans loans loans loans insurance insurance mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage insurance insurance insurance insurance insuranceinsurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insuranceinsurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance