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Vicaría      de Pastoral

Monseñor

Jonás

Guerrero

Corona

— Padre Jonás, el motivo de la visita es para entrevistarlo con ocasión de su ordenación episcopal, el 15 de agosto. Nos gustaría nos hablara un poco de Usted

Mi nombre completo es Jonás Guerrero Corona. Soy del Municipio de Autlán, Jalisco. Mi pueblo se llama El Chalte, es de ascendencia náhuatl, prehispánico. Soy miembro de una familia de 11 hermanos, soy el último. Mis padres ya fallecieron, vivimos 9 hermanos.

Desde chico tuve inclinación a la vida sacerdotal. Fui acólito durante unos 8 años; a los 12 años de edad me fui al seminario; fundamentalmente lo viví en Guadalajara y en el seminario de Montezuma, Nuevo México, que se construyó después de la revolución cristera; esta institución se trasladó posteriormente a Tula, Hidalgo. De modo que hice 2 años de teología en Montezuma y 2 años en Tula, con la misma institución. Me ordené presbítero en mi pueblo, el 6 de julio de 1974, tengo 27 años de sacerdote.

— Una vez ordenado, ¿cuál fue su primer servicio pastoral?

Estuve como vicario en un lugar de turismo, nuestra diócesis tiene 300 kilómetros de costa, tenemos las playas más bellas de Jalisco, se trata de Melaque, Jalisco. Luego estuve como administrador durante 5 años en la parroquia siguiente; posteriormente me fui a Roma a estudiar Teología Litúrgica, con los benedictinos, en San Anselmo.

Regresé y me encomendaron la Vicaría Episcopal de Pastoral, misma que llevé por 12 años; durante 18 años fui profesor en el seminario, y de esos 18 años, fui rector 7 años. Siendo rector, el Sr. Cardenal Norberto Rivera me invitó a colaborar aquí, en la Basílica, como encargado de la pastoral litúrgica. Es lo que he venido haciendo en estos últimos 20 meses de mi vida sacerdotal.

— Mientras era Vicario, ¿qué vio en cuanto a las necesidades que tenemos los laicos, de qué manera podemos comprometernos más con la Iglesia?

Me tocó iniciar con el primer plan de pastoral de mi diócesis, y precisamente lo hicimos arrancar desde los laicos. Estoy convencido de que cuando los laicos asumen el compromiso pastoral, los programas funcionan; cuando quedan en manos de sacerdotes y religiosas, funcionan a medias o en parte.

En ese tiempo, durante 12 años, me tocó promover al laicado, tanto en su formación como en su información, porque había que convocar, había que invertir mucho tiempo para convencer al laico de lo que le toca, porque hemos vivido en una Iglesia piramidal, clericalizada, y sobre todo en nuestra región. Pero gracias a Dios, tenemos muchas vocaciones, nosotros tenemos poblaciones de 500 habitantes con sacerdote al frente. Es una zona privilegiada en cuanto a vocaciones sacerdotales, entonces el laico queda un poquito excluido por esa causa, por el clericalismo.

En la diócesis nos costó mucho impulsar al laicado, sobre todo porque necesitan de una espiritualidad bien formada, profunda, porque tenían que abrir brecha; también teníamos que conjuntar los pocos movimientos que hay en la diócesis; logramos hacer una casa propia para la formación de los laicos, le llamamos: La Casa de la Iglesia.

Eso ayudó mucho, porque todos los movimientos tenían espacio para sus retiros, su formación, sus asambleas...

— Sabemos que Usted ha trabajado con matrimonios...

Yo vine a México hace 20 meses. He estado viniendo a México, porque he colaborado durante 24 años con el movimiento Encuentro Matrimonial. Fui coordinador nacional, coordinador latinoamericano y coordinador internacional, hasta la semana pasada, que entregamos ese asunto en Washington, hace 8 días. Terminaba mi periodo de 3 años.

— ¿Alguna experiencia significativa de antes que lo enviaran a Roma?

Mis primeros años fueron muy difíciles, porque yo venía del seminario con la impostación de una Iglesia nueva, el Concilio se empezaba a estabilizar, fui alumno de los jesuitas; tuve profesores extraordinarios que lograron ubicarnos para poner los pies sobre la tierra; nos iniciaron en la actividad pastoral, que en esa época era novedad, en los años ‘70 y con muchos recursos para visualizar que la Iglesia tiene que evangelizar todas las realidades.

Los jesuitas tienen como ese carisma, el ir como pioneros, por eso se meten en muchos problemas, muchas veces no los entienden. Ellos nos lanzaron con una visión muy clara de Iglesia, que para mí fue lo fundamental. Desde ahí cambió la visión, es decir, no soy sólo el sacerdote, ni sólo el laico, ni sólo las religiosas, somos el pueblo de Dios; somos coresponsables y vamos a crecer juntos.

Se tiene la visión de una Iglesia tipo comercial, donde voy y pido servicios: necesito bendiciones, me las dan; necesito que me escuchen, voy; necesito que me hagan… me acerco, pero no somos cogestores de la evangelización. Ese es uno de los grandes problemas de la Iglesia Católica en México.

— ¿Cuáles son las resistencias fundamentales con las que se encontró al principio de esta pastoral?

La más fuerte la tuve en mi párroco, porque éramos dos mentalidades distintas, dos eclesiologías distintas, dos cristologías distintas; había un choque muy fuerte. Precisamente los jesuitas nos enseñaron: Por la rendija que te dejen trabajar, ahí trabaja, porque donde estés, habrá mucho qué hacer, jamás escudados en que no me dejan, no me permiten, me regañan. Sé sacerdote donde estás; eso se lo debo a los jesuitas.

— ¿Cuál ha sido la respuesta de los laicos?

He estado en la costa de Jalisco, y el laicado prácticamente era nulo, sólo había catequistas de niños; aún ahí, lo que había, lo promovimos. Me encontré con lugares que ni catequesis para niños había y llegué a tener un equipo fabuloso de catequistas, con la motivación, la espiritualidad, la visión de laico como corresponsable, que en su espacio tiene que desarrollar su bautismo, los dones del Espíritu.

— ¿Qué es lo que piensa impulsar para poder llegar a nosotros o a la parte del pueblo que no seguimos profundizando en nuestra fe?

Me va a corresponder la VI Vicaría, lo inmediato será conocer, escuchar, dialogar, meterme en el proceso pastoral, que está a tono con toda la Arquidiócesis; aunque yo he estado aquí durante 20 meses, pero nada más desde el ángulo de la Basílica, conozco bastante el plan de pastoral, estoy convencido de él, pero lo inmediato será conocer. O sea, dejar que la Vicaría me evangelice, tengo que escuchar amplia y profundamente a los sacerdotes, tengo que visitarlos, tengo que abrir espacio.

Los sacerdotes van a tener prioridad en mi servicio, especialmente los ancianos, los más necesitados; tengo que acercarme a los que no se acerquen, y evidentemente, al hablar de sacerdotes, no podemos entenderlos sin sus laicos. Estaré atento a los grupos apostólicos, a los movimientos...

En mis 27 años de sacerdocio he sido marcado por dos acentos de la vida de la Iglesia: la Pastoral Familiar y la vida sacerdotal que siempre me tocó animar, fomentar, impulsar, por esos 12 años que estuve en la Vicaría de Pastoral, y por los 7 años que fui rector del seminario. Eso no significa que nada más eso voy a hacer, sino que te comparto que estoy marcado por ello, o sea, que tal vez es de lo que más sé.

Me preparé en Teología Litúrgica, por eso vine a la Basílica, porque me encomendaron esta pastoral; tengo maestría en Teología Litúrgica.

— Dentro de la complejidad de esta ciudad, ¿cómo dar a conocer la enseñanza del Papa y de la Iglesia?

Precisamente la estructura que el Sr. Cardenal ha impulsado, que es la de las Vicarías y los Decanatos, es en orden a la eficacia de la pastoral, para hacer llegar eso que tú propones.

Ahora bien, el punto es que los agentes de pastoral: religiosos, religiosas, sacerdotes, laicos… tomemos opciones, porque es obvio que el Papa tiene la opción de la familia, él dice: La salvación pasa por la familia. Las opciones pastorales no se dan por decretos, tienen que ir desde la base. Tiene que ir convenciendo todos los niveles de corresponsabilidad pastoral, o de que vamos a la familia o la Iglesia no tiene futuro, porque la Iglesia se compone de familias.

Por eso, con mucha visión, desde el siglo IV se hablaba de la Iglesia, familia grande, y la familia concreta, con apellidos, era conocida como pequeña iglesia, la iglesia familiar, la iglesia doméstica. Pero eso requiere de opciones: Al tener un grupo juvenil, tengo que involucrar a los papás, de alguna manera tengo que ir a los papás de los muchachos. Que tengo un grupo de adolescentes, pues debo ir a los papás, no puedo quedarme en el grupo de adolescentes…

Ahora Juan Pablo II está insistiendo en el domingo, día del Señor, pero es el día del Señor en la familia. Como proponía el señor cardenal en lo de la Misión 2000, ir a tocar a las puertas, ir a las familias. Pero se requiere la opción, porque te hace cambiar de mentalidad, entonces tienes que cambiar tu horario.

— La respuesta Usted ha visto por parte de los laicos, ¿ha sido de compromiso real con la Iglesia?

En mi experiencia, siempre que a los laicos les das su lugar, los valoras, los motivas, siempre que sepas dar el perfil del laico, él se lanza. Por eso digo que cuando un plan de pastoral no está en manos de laicos, no está aseguro; donde quiera, en la iglesia más modesta, en el pueblo más sencillo y con menos recursos, vas a encontrar siempre a algunos que quieren colaborar, que quieren compartir el gozo de la fe con otros.

La Iglesia tiene que evangelizar, si lo hace auténticamente con el Evangelio, aparece el laico, estará disponible, abierto, generoso; conozco laicos con una espiritualidad a veces mucho más profunda que la nuestra, sacerdotal; con una generosidad a toda prueba. El Evangelio nos tiene que llevar al centro, que es Jesús.

— ¿Cómo llegar a todas las personas en esta ciudad en la que a veces nos olvidamos de Cristo?

Juan Pablo II nos ha invitado a un aspecto que no abunda en la Iglesia Católica y que es la audacia; tenemos un Papa audaz, que a sus más de 80 años, hace cantidad de cosas audazmente, y es lo que le ha faltado a la Iglesia, nos da miedo, nos da vergüenza.

No olvidemos que el liberalismo configuró a la Iglesia en México, porque nuestra Constitución está hecha para que la Iglesia esté en la sacristía; por eso, ahora cualquier opinión de un obispo la malinterpretan, diciendo que se está metiendo en política. Los elementos de la "res publica", que es la política, el bien común, se meten a nuestro campo, que es distinto. No es que nos metamos, ellos se meten en nuestro campo, que es diferente.

Incluso el pueblo no está acostumbrado a oír de sus obispos, de sus pastores, que defiendan la verdad auténtica, al hombre íntegro, los valores humanos; es la Iglesia amordazada medio estamos saliendo y va a costar mucho. Como Iglesia, tenemos que aprender a ocupar nuestro lugar; ningún obispo va a cometer la tontería de promoverse a diputado, a senador, ni nos interesa; los masones creen que eso es lo que buscamos, por eso las críticas de tipo masónico, de tipo izquierdizante van a decir: "se están metiendo en política, se están metiendo en lo que nos toca".

Hay que estar conscientes de que somos fruto de una historia; la misma Historia de México no se conoce, la hicieron los ganadoress y los pseudo-héroes son héroes; los auténticos héroes están olvidados o sellados con que ellos son los malvados, y ahí empieza nuestra dificultad. Entonces, lograron que la Iglesia perdiera audacia.

Por ejemplo, la cristiada fue una acción audaz, con muchos defectos, pero fue audaz; ¿qué pasaría si no hubiera existiera la cristiada? Quién sabe, hay que dejárselo a nuestros auténticos historiadores, que ellos nos digan sus posibles conclusiones de lo que hubiera sucedido. Fue la única resistencia que se opuso al proyecto comunista de Lázaro Cárdenas a Calles; los únicos que le respondieron fueron los cristeros, nadie más.

Desde la escuela aprendimos que la religión es para la familia, para el interior de la casa; pero es la Iglesia la que va dando su aporte, que es la evangelización, o sea, dignificar al hombre, elevar las estructuras, darle trascendencia. ¿Qué es lo que está pasando en los medios de comunicación? Todo es inmediato, se asesinan valores… comercian con nuestras miserias humanas, y la Iglesia no va a permitir eso, va a impulsar al hombre, a buscar su integridad; lógico que va a chocar.

— ¿Algún mensaje que quiera mandar a los agentes de pastoral?

Acentuar esto que hemos tratado es fundamental para mí, en esta ciudad o en cualquier ángulo del país. A los laicos quiero decir: No tengan miedo, sean audaces. Los papás que sean audaces, que hablen a los hijos de castidad, de autonomía, de diálogo, de que amen la verdad, porque también tenemos papás muy miedosos, no quieren tocar al hijo. El Evangelio siempre es desafiante. No hay que tener miedo.

Pienso que mi aporte como obispo en la Ciudad de México tiene que ser de un episcopado audaz, sin miedos, porque ese es el camino de la evangelización. ¿Qué hicieron Pablo, Pedro, los evangelizadores fundantes, aquí en México? No conocían la lengua, el clima, las enfermedades. Fueron audaces, se lanzaron y llegaron hasta Sonora. Tenemos que salir de nuestro ambiente y conquistar otros espacios que la historia nos ha negado, que son legítimos. No estamos pidiendo poder, estamos pidiendo espacios de evangelización, a los que el pueblo tiene derecho. Tenemos que caminar. No tengas miedo, es la frase más repetida en la Biblia, la que más aparece.

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