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Vicaría      de Pastoral

Oración

Padre Bueno

te damos gracias porque estás entregándonos los dones que necesitamos

para renovarnos como Iglesia:

en verdad somos la casa que Tú edificas.

Nos has dejado oír tu voz en tu Hijo muy amado,

en las necesidades de la Ciudad, y en los anhelos de todos los que la habitan.

Jesucristo vive entre nosotros y nos recuerda tus deseos;

quieres que seamos una casa siempre abierta para recibir a cada uno

y nos quieres dispuestos a salir al encuentro de todos.

Delante de las exigencias de la Misión nuestras fuerzas no alcanzan.

Gracias porque nos has permitido ver nuestras limitaciones

y lo necesitados que estamos de convertirnos para ser tus misioneros.

Estás infundiendo en nuestros corazones tu Espíritu divino,

que nos hace vivir la alegría de haber sido escogidos

para testimoniar la Buena Noticia;

tu Hijo es la Buena Noticia que alegra nuestro corazón,

rostro humano de Dios y rostro divino del hombre.

Este mismo Espíritu no ha dejado de trabajar entre nosotros:

ha hecho crecer el hambre de una verdadera Comunión Eclesial

y nos ha descubierto que la caridad es la primera forma de evangelizar.

Nos regalas la actitud maternal de María de Guadalupe para con todos,

especialmente para con los más humildes y sencillos.

Este ejemplo de amor llama a nuestras comunidades

a transformarse en lugares fraternos, que comuniquen misericordia y esperanza.

Gracias por el testimonio de tu humilde sierva María.

Gracias por el testimonio de los más humildes;

su sencillez y entrega son una lección silenciosa que estamos recibiendo,

para colaborar generosamente en la transmisión de tu Evangelio,

de modo que el mundo crea y por Ti sea salvado.

La voz de tu Hijo resonando con fuerza para que no temamos los retos:

"En el mundo encontrarán dificultades y tendrán que sufrir,

pero tengan ánimo, yo he vencido al mundo" (Jn 16, 33).

Gracias, Padre, por llamarnos hoy a ser tu luz en nuestra Ciudad.

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