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Vicaría      de Pastoral

Nuestra Religiosidad Popular


El lugar santo hacia el que peregrinamos "que en mucho se asemeja al
cielo", nos unifica también como pueblo. La religiosidad popular siempre
estará buscando a Dios: es necesario que no lo deformemos

Pbro. Sergio G. Román


Las raíces de nuestra religiosidad


- Yo soy indio y a mucha honra!
- Pues qué bueno que me lo dice, porque yo no se lo hubiera notado.

Y así es, la persona que nos habla, parece sacada de cualquier pueblo español, con su rostro blanco y su gran estatura. Todos sabemos que en algunos estados de la República hay Indios güeros.

En la escuela nos enseñan a sentirnos más indios y menos, o nada españoles. Admiramos todo lo que sea indígena y despreciamos todo lo que sea español, aunque en una de esas rarezas inexplicables de nuestro pueblo, nos gusta ser blanquitos, nos pintamos el pelo de rubio y cuando queremos ofender a alguien le decimos: "¡Pareces indio!" Nuestra gloria y nuestra vergüenza.

A nuestra raza actual, étnica y culturalmente contribuyeron no sólo los indios, sino también los españoles, con su mosaico de razas incluido, y, también aunque en menos proporción, los negros africanos que fueron traídos como esclavos y que se diluyeron casi sin ser notados, en este crisol de razas que es nuestro México.

¿Qué soy? Simplemente mexicano.

También en lo que toca a nuestra religiosidad, esa virtud de dar a Dios lo que le corresponde en derecho, los mexicanos somos complejos. Está formada por un fuerte cimiento de religiosidad indígena sobre el cual, rescatando las semillas del Evangelio, construyeron los españoles un cristianismo muy al modo de ellos. Evangelizaron la cultura.

Herederos de dos pueblos, nuestro pueblo practica una religiosidad en la que constantemente vemos saltar lo pagano, inocentemente mezclado con lo cristiano.


Lo que queda de la "Prehispania"


Toda la fe del mexicano común está marcada por el sello indígena, de tal modo que tenemos que maravillarnos, desde el punto de vista antropológico, de la sobrevivencia de creencias religiosas paganas que conviven en armonía aparente con la nueva fe católica.


El culto a los muertos


Donde más se nota la persistencia de las antiguas creencias es en el culto a los difuntos, en el que constantemente tenemos que resaltar los valores comunes con el cristianismo: la creencia en la otra vida, una gran confianza en la misericordia de Dios, la permanencia del "yo" personal en el difunto, la permanencia de los lazos de amor en la otra vida, la comunión de los santos que se expresa en la creencia de una anhelada presencia, casi física, de los difuntos en la vida de los que quedamos vivos. Los muertos siguen siendo importantes en la vida social del mexicano y en torno a ellos giran las relaciones familiares y de buena vecindad.


Un pueblo que camina


Menciono también las peregrinaciones; México es un pueblo que camina al encuentro de la divinidad en el lugar santo, que en mucho se asemeja al cielo y que tiene el poder de purificarnos y transformarnos. El regreso a casa es como llevar al hogar un pedacito de cielo.


La religiosidad popular también se hace
fiesta porque en ella no sólo encontramos
a Dios; también es encuentro comunitario,
fraterno, social...

Las fiestas patronales con sus danzas, bandas, cohetes, luces y flores han servido por generaciones para estrechar la amistad con los pueblos vecinos que participan de la fiesta, llevando la ofrenda de amistad y de hermandad.


La religiosidad popular es como la lotería anunciada
en el fondo de la: para todos tanto para quienes visten
con traje moderno, como para quienes muestran su
amor a la Virgen María con plumas y cascabeles

El culto personalizante a las imágenes, de manera especial a la Virgen, al Cristo doliente y a Cristo Niño, está siempre cargado de ternura y de un cariño tan grande que llega al sacrificio. Las fiscalías y mayordomías, cargos buscados con ahínco, recibidos con orgullo y practicados con heroísmo, permiten al simple mortal ejercer un ministerio que lo glorifica: ¡Dios necesita de él!

Estos cargos, ciertamente, dan prestigio social y poder dentro de la comunidad, pero hay que ver con cuánto amor desempeñan su cargo, a tal grado de que comprometen hasta su patrimonio económico.


Los enemigos de la religiosidad


El pueblo sencillo que practica tradicionalmente su culto a Dios muy a su modo, ve con dolor que no es comprendido ni apoyado por sus sacerdotes.

Por su parte, los pastores de almas, formados en la más pura doctrina católica, si no aprenden pronto a amar a sus fieles, corren el peligro de ser intolerantes con las costumbres que ellos no comprenden, y orillan a los fieles a seguirlas realizando al margen de la Iglesia institucional. Es como si los obligáramos a ser una iglesia paralela, en la que el sacerdote no tiene más parte que el de celebrador por encargo de la misa, centro obligado de la religiosidad popular.


Tentativas de purificación


De un rechazo casi total a los resabios prehispánicos en nuestra religiosidad, la Iglesia de América Latina pasó a aceptarlos, comprenderlo y a tratar de purificarlos. De la extrañeza pasamos a la admiración y de la tolerancia al fomento de estas tradiciones para poder conservar el tesoro de valores que llevan al Evangelio.

Hoy se habla de una Teología Indígena que, ciertamente, no han formulado metodológicamente los mismos indios, pero que ha provocado el estudio de los teólogos, admirados ante la riqueza doctrinal en el fondo de las costumbres.

Estamos viviendo, casi quinientos años después del encuentro de dos mundos, una reconciliación entre dos culturas.

La Virgen de Guadalupe es el signo de este encuentro porque su imagen, toda ella, es un ejemplo de cómo Dios sí comprende y acepta el modo de ser del pueblo mexicano.


Para enriquecer nuestra religiosidad


Celosamente cuidemos nuestras costumbres y transmitámoslas a los que vienen después de nosotros. Esa es nuestra deuda con ellos.

Pero no basta con una religiosidad externa, debemos hacerla íntima, muy íntima.

Nuestra conducta debe cambiar en correspondencia al amor que manifestamos a Dios. Nuestra fe debe ilustrarse para no caer en al fanatismo. Volvamos los ojos a la Iglesia, nuestra maestra.


   Para el trabajo en grupo puedes seguir estos tres pasos:

1
Identifica las manifestaciones de la religiosidad popular en tu parroquia, en tu barrio, en tu trabajo.
2
Valora las riquezas y señala las carencias y defectos de esas manifestaciones de esa religiosidad que vives en tu ambiente.
3
Señala una acción concreta que ayude al fomento y purificación de esa religiosidad popular.

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