Visitar Sitio Web de ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

Logo de MISIÓN PERMANENTE, Arquidiócesis de México

Ir a Índice de CAMINANDO JUNTOS 9


  Google
Vicaría      de Pastoral
La catequesis tiene unas acentuaciones que la distinguen dentro de la actividad pastoral de la Iglesia; es ante todo un acto de comunicación, es inculturada, es liberadora, asume y discierne la religiosidad popular; la catequesis parte de la realidad de los interlocutores.

Juan Diego,
Eco de María
de Guadalupe

Hna. Celia Noemí Baquedano
Misioneras Guadalupanas
del Espíritu Santo


Dios sigue hablando en la gente sencilla: ancianos, enfermos, marginados... Juan Bernardino también es parte del acontecimiento guadalupano

El mensaje guadalupano, a semejanza de la Revelación, no desconoce estas dimensiones, y aporta una originalidad a cada una de ellas. Es ante todo una Buena Nueva de salvación perfectamente situada en la historia, emergiendo de una realidad muy parecida a la del Éxodo. Para la comunicación e interpretación de esta noticia salvadora hay también un profeta que habla en nombre de la Madre de Dios, es el catequista Juan Diego.

Hay que tener presente que catequizar es "hacer resonar" la Palabra que ha sonado y acontecido en la persona del catequista. Ejemplo claro de ello es San Pablo; su experiencia y su vida toda la testifica: "Pero al que me había elegido desde el seno de mi madre y me llamó por su amor, le gustó revelar en mí a su Hijo para que lo anunciara entre los pueblos paganos" (Gal 1, 15-16). Desde entonces su vida está comprometida; la Palabra se ha encarnado en él de tal manera que su ser no solamente está dispuesto, sino cualificado para este servicio.

Como poseedor de un carisma, de una unción que acompañará siempre sus palabras, el catequista tiene la fuerza para producir el eco en el cual resuena y acontece la palabra en las demás personas.

Dice el historiador franciscano Fray Jerónimo de Mendieta que había indios tan santos, "de tanta simplicidad y pureza de alma, que no saben pecar", por lo que no hubiera sido extraño que Dios haya "querido revelar algunas visiones provechosas para sí mismos o para otros, sus prójimos, las cuales en tiempos pasados fueron no muchas", según lo dejó testificado el gran siervo de Dios Fray Toribio de Motolinía(1). Indudablemente Juan Diego era uno de ellos; con frases actuales diríamos que tendría las condiciones de fe que le permitieron ser un profeta, comunicador del mensaje evangélico, fruto de un encuentro con Jesucristo, en continua conversión, persona de oración y vida sacramental, de un buen testimonio cristiano(2).

En el Tepeyac se ha escuchado una palabra, la de María de Guadalupe; es palabra "muy blanda y cortés", es palabra que refleja el rostro materno de Dios, pronunciada por los labios de la Señora del Cielo. Juan Diego será el eco de esta voz.

María de Guadalupe no solamente transmite su mensaje en impecable náhuatl, sino que lo consignó en la forma más conocida por los indios: en un "amoxtli" o códice. La Señora del Tepeyac habla de Dios con lenguaje significativo.

Hay que hacer notar que los códices, más que retratos, eran entre nuestros nativos modos de comunicación por escrito; no se leían, se interpretaban, se traducían. Los indígenas creyeron en el mensaje de Juan Diego y supieron interpretar el códice María de Guadalupe, que robusteció grandemente su fe, pues en su traducción revivieron la experiencia en su catequista.

La palabra de Juan Diego es de testigo que comunica a los suyos la propia experiencia, es eco fiel de un mensaje expresado en "lenguaje vital, creíble, cercano y persuasivo"(3): "Escuchó su aliento, su palabra que era extremadamente glorificadora, sumamente afable, como de quien lo atraía y estimaba mucho" (Nican Mopohua). Sabe que esta buena noticia que alegra su corazón debe regocijar también a sus hermanos.

Juan Diego es el catequista que transmite a su pueblo la palabra perfectamente inculturada: "¿Dónde estoy?, ¿dónde me veo? Acaso allá donde dejaron dicho los ancianos, nuestros antepasados, nuestros abuelos, en la tierra de las flores, en la tierra de nuestro sustento, acaso en la tierra celestial?… Sábelo, ten por cierto, hijo mío el más pequeño, que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, del Creador de las personas, el Dueño de la cercanía y de la inmediatez, el Dueño del cielo, Dueño de la tierra"… (Nican Mopohua)(4). Juan Diego percibe y comunica que no hay ruptura, ni contradicción, sino culminación de su antigua fe; además la «palabra blanda y cortés» ha sido pronunciada en el marco de su cultura: entre gorjeos de pájaro, que significaban la voz de Dios.

Juan Diego no puede dejar de pronunciar un mensaje que libera y salva; él mismo ha experimentado y vivenciado la liberación:


Juan Diego presenta a María de Guadalupe. Esa fue su misión particular

"Luego se atrevió a ir a donde lo llamaban; ninguna turbación pasaba en su corazón, ni ninguna cosa lo alteraba, antes bien se sentía alegre y contento por todo extremo; fue a subir al cerrillo para ir a ver de dónde lo llamaban" (Nican Mopohua). Estos sentimientos son precursores de lo que contienen las palabras de María; en su bello rostro mestizo asume la realidad del México naciente, retoma lo bueno de las culturas, motiva en lo esencial: que todo ser humano es imagen y semejanza de Dios, su Hijo muy amado.

Finalmente podemos decir que Juan Diego, como auténtico catequista, proclama y enseña lo que lleva ya en su ser de cristiano, el gozo y la consolación: "¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? Que ninguna otra cosa te aflija, te perturbe" (Nican Mopohua). Hoy como ayer, los catequistas tienen que ser portadores de esperanza, no solamente con un mensaje predicado, sino como respuesta y promesa de cumplirse(5).


NOTAS
1 Fray Jerónimo de Mendieta. Historia Eclesiástica Indiana, pp. 450-454
2 Cf. La Catequesis en América Latina. Orientaciones comunes a la luz del Directorio General para la Catequesis, n. 202
3 Cf. Idem, n. 142
4 María de Guadalupe usa conceptos indígenas para expresar quién es Dios: Teyocoyani: Inventor de los seres humanos; Ipalnemohuani: Dador de la vida; Tloque Nahuaque: Dueño del cerca, dueño del junto. Para mayor comprensión ver el libro El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego de Fidel González Fernández, Eduardo Chávez Sánchez y José Luis Guerrero Rosado. Pág. 146
5 Cf. La Catequesis en… n. 88

Ir a la página anterior  
Ir a la página siguiente
loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loansloans loans loans loans loans loans loans insurance insurance mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage insurance insurance insurance insurance insuranceinsurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insuranceinsurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance