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Vicaría      de Pastoral

Los Juan Diego de Hoy

Hna. Celia Noemí Baquedano López
(Misionera Guadalupana del Espíritu Santo)

"Señora y niña mía", pronuncia Juan Diego extasiado ante la belleza de María. Estas palabras siguen resonando en nuestro México como fuerza que levanta y define a muchos mexicanos; como expresión de una búsqueda intensa de Dios y de una confianza ilimitada en su Madre.

Son también las primeras palabras que Ella escuchó en nuestra tierra; el vocablo náhuatl pronunciado —Nochpochtziné—, puede traducirse también por "Virgencita, mía". Es el privilegiado indígena quien da inicio a la costumbre que seguimos manteniendo los mexicanos hasta hoy, al referirnos a la Virgen de Guadalupe como: "Mi Virgencita" 1. Juan Diego nos puso el ejemplo para invocarla así, como parte de nuestra vida y de nuestra historia.

Las actitudes y virtudes de Juan Diego Cuauhtlatoatzin se siguen reflejando en el pueblo necesitado y modesto; nacido en Cuautitlán y residente en Tulpetlac, caminaba hacia Tlatelolco, "acudía no a la misa obligatoria del domingo, sino a la devocional del sábado, en honor de Nuestra Señora. Los testigos indios de 1666 afirmaron ‘que le llamaban el peregrino’ por esas largas caminatas emprendidas sistemáticamente por devoción" 2.

Hoy, como "otros Juan Diego, los fieles venidos en peregrinación a la Basílica de Guadalupe demuestran una profunda fe e innegable capacidad de contemplación; sin importarles el cansancio vienen desde sus lugares de residencia, algunos lejanos, caminando de día y de noche. Todo queda compensado con tal de postrarse ante la Madre de Dios para presentarle sus necesidades, para corresponder a un beneficio recibido (mandas), o simplemente por devoción, para contemplar extasiados su bello rostro mestizo. Todo ello es sin duda, reflejo de su sed de Dios y de su generosidad y sacrificio muchas veces heroico 3, es el patrimonio de los pobres y sencillos.

Consideramos a Juan Diego muy dichoso por el privilegio de ser el enviado de María de Guadalupe; pero él fue un hombre de gran espíritu de sacrificio, paciencia 4 y aceptación plena de la voluntad de la Madre de Dios. En efecto, sufrió la angustia de no ser creído, de ser marginado, sufrió la aflicción que le causaba la enfermedad de su tío, y de modo especial, de no poder dar cumplimiento a los requerimientos de la Señora del cielo. Todo ello, sin duda, hería la fina sensibilidad de su corazón, sólo el amor a la Virgencita lo sostenía, su asistencia a Tlatelolco en sábado lo confirma.

Nuestro pueblo también está acostumbrado al sacrificio, a tener paciencia, a la marginación, a la pobreza, a las privaciones, a la aflicción que produce la enfermedad de su seres queridos y a los escasos recursos para curarlos; como "otro" Juan Diego sabe esperar, aguantar, sufrir. Peregrinar hasta el Tepeyac, significa también esfuerzos, renuncias, carencias, pero igual que a nuestro Beato, lo consuelan las palabras: "Escucha, ponlo en tu corazón, Hijo mío el menor, que no es nada lo que te espantó, lo que te afligió; que no se perturbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante, aflictiva" (Nican Mopohua).

Las flores y los cantos de los pájaros embelesaron a Juan Diego, y fueron como la "credencial" para aceptar que su fe antigua estaba en continuación con la predicada por los misioneros. En la complicada belleza de la mente india, no sólo los cantos, sino los pájaros mismos, o al menos los "pájaros preciosos" evocaban a Dios por su bello plumaje. También creían que la flores eran un "sacramento" de Dios" 5. "Para los sabios aztecas (tlamatinime) la única forma de decir palabras verdaderas, capaces de introducir raíz en el hombre, es por el camino de las flores y los cantos, o sea del simbolismo y la poesía" 6.

En las peregrinaciones al Santuario Guadalupano, no pueden faltar las flores y los cantos, las primeras siguen siendo las palabras del corazón, el homenaje agradecido a la Madre de Dios; le ofrecen desde los ramilletes más humildes hasta los más caros y finos. Los cantos dan colorido a la peregrinación con los más variados instrumentos musicales, "es la capacidad de expresar la fe en un lenguaje total que supera los racionalismos (canto, imágenes, color, danza...)" (Puebla 454).

Por lo demás, el Domingo de Ramos se hace presente la lucida y pintoresca peregrinación de los "pajareros", para ofrendar a María el canto de cientos de pájaros, de bonitas y variadas especies de nuestro suelo, que hacen revivir las apariciones del Tepeyac. Es Juan Diego quien sigue postrándose con amor a los pies de la Virgen Morena en las múltiples manifestaciones religiosas de nuestro pueblo, que asume una manera de expresar la fe cristiana a partir de sus matrices culturales.

Desde el punto de vista pastoral, ante la piedad popular, estamos invitados a actuar como María de Guadalupe, imitar su pedagogía que eleva y dignifica la fe de Juan Diego. Teniendo en cuenta que es una forma en la cual el pueblo se evangeliza a sí mismo (Puebla 450), es necesario reconocer sus valor y contribuir a superar sus limitaciones; además, este catolicismo popular ofrece un lugar privilegiado para la evangelización. En el Santuario de Guadalupe se da la principal expresión de la religiosidad popular en México (Cf. ECUCIM 2731, 2998).

La fe de "los Juan Diego de hoy" nos interpela, nos evangeliza y nos recuerda que es la siempre inacabada inculturación del Evangelio en nuestra cultura mestiza, que necesita mayor atención, pues no podemos negar que es una fuerza de apoyo en la fe católica, una fuente de revitalización del cristianismo; más ahora que abundan tantas ofertas de nuevas formas religiosas.

La IV Conferencia Episcopal Latinoamericana en Santo Domingo, nos exhorta a poner "una especial atención a la valorización de la piedad popular, que encuentra su expresión especialmente en la devoción a la Santísima Virgen, en las peregrinaciones a sus santuarios" (53). En efecto, la devoción a la Virgen María ha sido siempre el distintivo del México antiguo y el México actual pues «la primera cosa que aprendieron y cantaron los indios fue la misa de Nuestra Señora que comienza con el introito Salve, Sancta parens" 7. Y muchos de nosotros, lo primero que aprendimos desde niños en casa o en el catecismo fue: "Desde el cielo una hermosa mañana... para el mexicano ser Guadalupano es algo esencial".


NOTAS

1 Cf. JOSE LUIS G. GUERRERO, El Nican Mopohua. Un intento de exégesis. p.166 (U.P.M.)
2 Idem, 124.
3 Cf. Evangelii Nuntiandi 48.
4 El historiador Jerónimo de Mendieta enumerando las virtudes de los indios expresa: «La paciencia de los indios es increíble.. vemos que sufre el indio a una mala visión de mandones sin saberse quejar, ni chistar, ni murmurar, llevándolo todo con igual voluntad como si fuese obligado a todo». Historia Eclesiástica Indiana. Capítulo XXI, Libro IV.
5 Cf. JOSE LUIS GUERRERO, o.c. 133.
6 MIGUEL LEON PORTILLA, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares. p. 139.(F.C.E.)
7 JERÓNIMO DE MENDIETA, Historia Eclesiástica Indiana. p. 412 (Ed. Porrúa). La traducción en español de esta antigua antífona Mariana es: «Salve, Santa Madre, que pariste virginalmente al Rey que rige cielos y tierra por los siglos de los siglos».

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