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Vicaría      de Pastoral

Herramientas al Servicio del Reino

¿Qué quieres que haga por ti?

Abraham R. Flores Ramos
Vicaría de Áreas de Pastoral


El gasto de las empresas


Cada año a nivel mundial las organizaciones comerciales invierten millones de dólares para conocer las necesidades y deseos de sus clientes. Ponen a nuestra disposición números telefónicos y direcciones donde podemos dar nuestros comentarios, dudas y sugerencias sobre los productos y servicios que recibimos.

Basta ver la caja de los cereales, las latas de comida o los letreros frente a las cajas de los supermercados para ver el interés que tienen por obtener retroalimentación de los clientes. En un ambiente altamente competitivo, la clave es conocer y satisfacer las necesidades de los clientes.

Disciplinas como la mercadotecnia se encargan de detectar estas necesidades y traducirlas en productos y servicios. El área de investigación de mercados elabora cuestionarios y traduce estadísticas para obtener el perfil de los consumidores y segmentar el mercado, es decir, agrupar los diferentes sectores del mercado por afinidad de los consumidores. En todo esto, las empresas gastan sus buenos millones.


La necesidad del consumidor


Es importante que así como la mercadotecnia se esfuerza para conocer a sus clientes, como cristianos nos esforcemos por conocer las necesidades de nuestros destinatarios y mejorar el trabajo pastoral, tal como lo requiere la sociedad en que vivimos. Detectar las necesidades pastorales del pueblo de Dios, nos llevará a un compromiso eclesial más formal y organizado. En una palabra: el evangelio tendrá, en nosotros, colaboradores eficaces.

El ciego de Jericó clama y Jesús le contesta: ¿Qué quieres que haga por ti?, la respuesta parecería obvia: Ver. Sin embargo, el Señor necesita escuchar de los labios de la propia persona sus necesidades. En este caso la necesidad real era la de recuperar la vista. El ciego pudo haberse confundido con necesidades menos urgentes (pudo haber pedido comida o dinero) o con otras secundarias: tener, por ejemplo, unas sandalias nuevas, una túnica mejor, etc.

La respuesta del ciego (que concuerda con la voluntad del Señor: que yo vea) hace que Jesús obre el milagro y que por esto todo el pueblo alabe a Dios.

Ahora bien, si el Señor nos interrogara, como al ciego, sobre nuestras necesidades para mejorar el trabajo pastoral, ¿qué responderíamos? Pediríamos sabiduría, fe, dominio de sí, alegría, paz, discernimiento... O tal vez pediríamos más obreros que colaboren en la construcción del Reino. ¿Acaso pediríamos dinero, fama, relaciones públicas, poder, espacio en los medios de comunicación... con el pretexto de que hacen falta para la evangelización?


Las necesidades del apóstol


Jesús nos dice que busquemos primero el Reino de Dios y lo demás (casa, vestido y sustento) se nos dará por añadidura (Mt 6, 33). Con esto queda claro que el Señor proveerá (Gn 22, 8) como proveyó a Abraham. Sin embargo, hemos de llenar las tinajas de agua, como en aquella boda de Caná (Jn 2, 7); hemos de vivir en el mundo sin ser del mundo (Jn 17, 16).

La gracia de Dios es clave para ser luz de mundo y sal de la tierra (Mt 5, 13-14), ya que con ella podremos sacar ventaja de nuestras flaquezas, podremos vernos alentados en las persecuciones y en las angustias sufridas por Cristo, pues en nuestra debilidad se mostrará mejor su fortaleza (2Cor 12, 10).

Hemos de pedir al Señor lo que necesitamos y lo que nos conviene. Esto es fruto de su gracia que mana de la meditación constante de su palabra y de la comunión eucarística, de acuerdo a lo que señala el Cardenal Norberto Rivera (CPM 106).


Necesidad de la gente


La labor pastoral no debe orientarse exclusivamente al anuncio de la Palabra, sino que ha de considerar las necesidades terrenas de los miembros de la comunidad. Es claro que, como cristianos, necesitamos del Pan vivo, del Agua viva, de la Palabra de Dios, del aliento del Espíritu Santo. Quien está lleno de Dios ¿qué le puede faltar? Sin embargo, a través de una acción inspirada por Dios y organizada por los hombres, debemos tender lazos de fraternidad y solidaridad con los que menos tienen. La pregunta seguirá insistente ¿qué necesitan los más necesitados? ¿Tiempo, vestido, alimento, compañía, consejo, medicinas...? La clave para iniciar una acción pastoral, entonces, es poder preguntar a Dios, a nuestros hermanos y a nosotros mismos ¿qué necesitas? ¿Qué quieres que haga por ti?

 
Sucedió que al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: "¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!" Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!" Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando se hubo acercado, le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?" El dijo: "¡Señor, que vea!" Jesús le dijo: "Ve. Tu fe te ha salvado". Y al instante recobró la vista y le seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

(Lc 18, 35-43)

 

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