LA
FAMILIA, FRUTO
DE LA RECÍPROCA DONACIÓN CONYUGAL
Bendito
sea Dios,
Padre de Nuestro Señor Jesucristo
Sí,
queridos hermanos y hermanas, bendito sea Dios que nos permite iniciar,
el día de hoy, la preparación al Encuentro de las Familias
del Mundo con el Santo Padre Juan Pablo ll, que tendrá lugar
en Río de Janeiro, el próximo 5 de octubre. El encuentro
con el Papa que haremos, sea estando presentes con él en Brasil,
sea desde aquí, desde nuestra Ciudad de México, se convierte
en un llamado muy especial, no sólo para nosotros como católicos,
sino también para la humanidad actual.
Este
encuentro en Río de Janeiro es el llamado del Vicario de Cristo
a no perder de vista que el futuro de la humanidad se juega en la familia.
Si la familia se salva, se salva el ser humano, si la familia se pierde
-y hay, hoy día, demasiadas señales que hablan de una
pérdida de la familia en grandes ámbitos de la sociedad-,
se pierde el hombre. Así el Papa, reuniéndose con las
familias de todo el mundo, cumple la Palabra de Dios que escuchábamos
en la lectura del profeta Amós: "El Señor me sacó
de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo, Israel".
Por ello, el encuentro de Río de Janeiro con el Santo Padre no
es simplemente una manifestación de la grandeza de la familia
cristiana; es, sobre todo, un grito al mundo para que vuelva sus ojos
y vea que la familia es la esperanza de la humanidad.
Sí,
queridos hermanos y hermanas, la familia es la esperanza de la humanidad.
Y esto no necesitamos que nos lo digan las estadísticas, esto
lo experimentamos cada uno de nosotros dentro de nuestros corazones.
Por ello, hoy tenemos que bendecir a Dios por el don de la familia que
Él, como Creador y Padre bondadoso, ha hecho al ser humano. Dios
podría habemos creado solitarios, al fin y al cabo hay miles
de seres solitarios en la tierra, seres que no saben de dónde
vienen ni para qué existen. Sin embargo, Dios ha dado al ser
humano el don de la familia, por la cual cada hombre y cada mujer sabemos
que no somos una cosa sin valor, que no somos seres perdidos en el universo,
sino que el ser humano es una persona, alguien querido, alguien a quien
se ama.
La
familia es el primer lugar donde el hombre es amado, porque la familia
nace del amor. Cada una de las familias en la que nosotros nacimos empezó
el día en que nuestros padres se dijeron o se dieron cuenta de
que se querían y decidieron, delante de Dios y de la Iglesia,
entregarse y aceptarse como marido y mujer. Esto es, nuestra familia
nació el día en que nuestros padres se unieron en matrimonio,
el día en que cada uno de ellos decidió darse totalmente
al otro, ser su esposo o ser su esposa. Ese día el amor que ellos
se tenían como novios, empezó a ser amor de esposos. El
amor es una vocación que todos tenemos dentro de nuestro corazón
como algo a lo que no podemos renunciar. ¿Quién no quiere
ser amado? ¿Quién no experimenta una alegría interior
cuando sabe que es amado? Y sin embargo, ¡qué devaluada
se encuentra en la actualidad la palabra amor! ¡Con que
facilidad se dice hoy día: "Te amo" sin saber lo que
se está diciendo!
Creo
que todos nosotros, pero de modo especial los que son esposos y esposas,
así como los que por medio del noviazgo se preparan para establecer
la alianza conyugal, deberíamos preguntamos si sabemos lo que
es de verdad el amor. El amor que no podemos confundir con un sentimiento
bonito, el amor que no podemos cambiar por una atracción física
que se desborda en un acto sexual. El amor verdadero, como dice el Papa,
"afecta al núcleo íntimo de la persona humana
en cuanto tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano, solamente
cuando es parte del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen
totalmente entre sí hasta la muerte". Es decir, el amor
verdadero entre un hombre y una mujer, no puede existir sin la voluntad
decidida de amarse para toda la vida.
¿Qué
amor verdadero sería el que está dispuesto a abandonar
al otro cuando se enfrenta a una dificultad? ¿Qué amor
genuino existe entre un hombre y una mujer, que se dicen cristianos,
cuando entre ellos todavía no se ha realizado la alianza del
matrimonio delante de Dios y de la Iglesia para toda la vida? Creo que
todos podríamos dar la respuesta: ese amor no es auténtico,
le falta algo muy importante. Le falta la formal decisión de
que todo lo que uno es, sea del otro para toda la vida.
Ciertamente
que esta visión de la familia, como fruto de la total entrega
mutua del hombre y de la mujer, es rechazada con frecuencia por la cultura
contemporánea que, como escuchábamos en la primera lectura,
parece decirle al cristiano: "Vete de aquí... no vuelvas
a profetizar en Betel, porque es santuario del rey y templo del reino".
Pues el mundo moderno tiende con facilidad a decirle al cristiano que
su mensaje sobre la familia le es molesto, porque va en contra de algunos
intereses, o porque cuestiona seriamente la tranquilidad en la que a
veces se vive hoy día, sumergidos como estamos en el compromiso
de la mentalidad de moda, con fuerzas que van en contra de la verdadera
identidad del ser humano y de la familia.
Lástima
que también a veces dentro de la Iglesia encontremos este rechazo
de lo que debe ser la familia verdadera en la voz de quienes deberían
ser guías para sus hermanos que les preguntan por el camino de
la verdad. La verdad es que el matrimonio es el único lugar del
amor pleno entre un hombre y una mujer, y que frente al permisivismo
destructivo de nuestros días, la Iglesia afirma que la donación
física total -o sea, la relación sexual entre el hombre
y la mujer- sería un engaño si no fuese signo y fruto
de una donación en la que está presente toda la persona.
Incluso su dimensión temporal; y que, como consecuencia de esto,
si la persona se reservase algo o la posibilidad de decidir de otra
manera en orden al futuro, ya no se donarían totalmente.
La
Iglesia de hoy, los sacerdotes, los religiosos y religiosas, los agentes
de pastoral, como los discípulos de Cristo en su tiempo, no tienen
que tener miedo a no ser comprendidos, o a que no se acoja su mensaje,
una vez que hayan puesto todos lo medios para que la mente del hombre
y de la mujer de hoy sea capaz de comprender la luminosa verdad que
Dios le ofrece sobre la vida conyugal y familiar. El Evangelio nos lo
avisaba hace un momento: "Si en alguna parte no los reciben
o los escuchan
" Jesús es consciente de que su
mensaje no va a ser siempre bien recibido, pero no por ello lo rebaja
o aminora su verdad.
Por ello, ante una sociedad que se engaña a sí misma sobre
lo que es la verdad del ser humano y de la familia y que no ve mal que
la familia se rebaje a una simple convivencia de una pareja o de compañeros,
sin mayor compromiso que el que brota del no sentirse todavía
cansados el uno del otro o de la simple atracción mutua, la Iglesia,
en la voz del Concilio Vaticano ll, vuelve a decir que el único
"lugar" que hace posible la donación total del
hombre y la mujer es el matrimonio, que consiste en el pacto de amor
conyugal, elección consciente y libre, con la que el hombre y
la mujer aceptan la comunidad íntima de vida y amor, querida
por Dios mismo (cfr. Gaudium et Spes, 48), que sólo bajo
esta luz manifiesta su verdadero significado. No cualquier amor
es amor conyugal. porque no cualquier amor es amor total, amor que abarca
no sólo el momento presente de la persona, sino todo el proyecto
de la vida, amor que se expresa en la entrega física total, reservada
de modo auténtico nada más a quienes ya han realizado
el compromiso total de la propia persona en el matrimonio, amor confirmado
públicamente como único y exclusivo.
Y
no debemos olvidar, queridos hermanos y hermanas, que la plena fidelidad
de la Iglesia, -del Papa, de cada uno de los obispos, sacerdotes, religiosos,
religiosas y laicos comprometidos- al designio de Dios Creador, en lugar
de rebajar la libertad de la persona, lo que hace es defenderla contra
dos grandes males que son el subjetivismo -es decir, que cada uno piense
lo que quiera sobre lo que es el matrimonio- y el relativismo -es decir,
que el matrimonio de un hombre y una mujer delante de Dios y de la sociedad
no sería el único modo verdadero de constituir una familia
humana-, y de esta manera hace que la familia participe de la Sabiduría
creadora de Dios, y pueda llevar al ser humano a su realización
total como persona en la plenitud de su dignidad.
Queridos
hermanos y hermanas, sólo siguiendo el designio de Dios sobre
el hombre y sobre la familia podremos hacer nuestra la bendición
de que nos habla San Pablo "que nos ha bendecido en Cristo con
toda clase de bienes espirituales y celestiales". Él
nos ha elegido "en Cristo antes de crear el mundo para que fuéramos
santos e irreprochables a sus ojos, en el amor". Quien se aparta
de esta elección, es decir, quien quiere hacer un camino propio,
alejándose de lo que Dios quiere sobre la familia y la pareja,
no se aparta de unas normas nacidas de convencionalismos, se está
alejando del amor auténtico, se ésta retirando de la posibilidad,
que le da la gracia de Dios, de hacer de su vida una existencia llena
de paz, de justicia, de fidelidad.
Dejemos
que el Señor bendiga nuestros hogares y nuestras familias. Permitamos
que Dios haga su hogar en nuestra casa, no cerremos nuestro corazón
al plan de Dios sobre la vida conyugal. Pongamos los medios que nos
permitan recibir esta bendición de Dios. Cuántas veces
bastará acercarse a un sacerdote amigo que nos ayudará
a recibir la bendición de Dios, tras habemos preparado al sacramento
del matrimonio. Permitamos, como decíamos en el salmo, que "El
Señor nos muestre su bondad, y entonces nuestra tierra -es
decir nuestra familia- producirá su fruto". No olvidemos
que el fruto principal de la familia es el amor, lo que más necesita
el hombre de hoy. No olvidemos que no podemos negar al hombre de hoy
el derecho que tiene a nacer y vivir en una familia en la que un hombre
y una mujer se han entregado para toda la vida.
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