Visitar Sitio Web de ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO

Ir a Índice de Cartas a jos Jóvenes


  Google
Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Cartas del Cardenal Norberto Rivera Carrera a los Jóvenes

Construir la paz

Undécima Carta del Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, a los jóvenes de la Arquidiócesis de México como preparación para el Jubileo del Año 2000.

La paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Is 32, 7). Es el fruto del orden plantado en la sociedad humana por su divino Fundador, y que los hombres, sedientos siempre de una más perfecta justicia, han de llevar a cabo. El bien común del género humano se rige primariamente por la ley eterna, pero en sus exigencias concretas, durante el transcurso del tiempo, está sometido a continuos cambios; por eso la paz jamás es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer. Dada la fragilidad de la voluntad humana, herida por el pecado, el cuidado por la paz reclama de cada uno constante dominio de sí mismo y vigilancia por parte de la autoridad legítima. Esto, sin embargo, no basta. Esta paz en la tierra no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación espontánea entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual. Es absolutamente necesario el firme propósito de respetar a los demás hombres y pueblos, así como su dignidad, y el apasionado ejercicio de la fraternidad en orden a construir la paz. Así, la paz es también fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar. La paz sobre la tierra, nacida del amor al prójimo, es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre. En efecto, el propio Hijo encarnado, Príncipe de la paz, ha reconciliado con Dios a todos los hombres por medio de su cruz, y, reconstituyendo en un solo pueblo y en un solo cuerpo la unidad del género humano, ha dado muerte al odio en su propia carne y, después del triunfo de su resurrección, ha infundido el Espíritu de amor en el corazón de los hombres (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes 78).

Querido joven:

A lo largo de la historia, los seres humanos no hemos gozado de muchos períodos de paz. Nos hemos acostumbrado a convivir con la terrible realidad de hermanos que se matan entre sí. Todos los días, a través de los noticieros nos tocan la conciencia las escenas de guerra que hablan de odio y sufrimiento, pero también de negocio y de intereses creados. Se acerca el año 2000 y el futuro que se presenta no es muy halagüeño en este campo. En este fin de siglo, cuando todo parecía indicar que íbamos caminando hacia una paz global en el mundo, se comenzaron a despertar las carreras de armamentos, las tensiones fronterizas entre muchas naciones y las revueltas civiles que han llenado de cadáveres a varias naciones de nuestro mundo. En estos últimos años, África y Asia se han convertido en dos grandes polvorines. Nuestra misma patria mexicana ha padecido un crecimiento insospechado de violencia. El año pasado, la humanidad ha gastado 25 mil millones de dólares en armas y esto ha afectado especialmente a los países en vías de desarrollo que han dedicado gran parte de sus presupuestos a instrumentos de muerte. No se solucionan las graves deficiencias en las necesidades elementales de estos países y en su lugar se invierten (si a esto se le puede llamar inversión) los escasos fondos en sofisticados armamentos siguiendo una estrategia de intimidación para los países vecinos o los enemigos internos. En este fin de milenio se habla de "aldea global", pero nos damos cuenta de que todavía tenemos que cambiar muchas cosas para aspirar a ser una verdadera "familia humana". Los principales vendedores de armas no parecen colaborar mucho en este esfuerzo de concordia universal que necesita nuestro mundo. Se dicen muchas palabras bonitas, llenas de esperanza, pero todo se hace vano cuando no hay una correspondencia con las obras, con acciones concretas para construir un mundo de paz verdadera.

La guerra surge por un conflicto de libertades de hombres que luchan entre sí para imponer una visión personal, una decisión a los otros. La guerra es obra de los hombres que rompen el mandamiento del amor. Pero también la paz es obra de los seres humanos que colaboran con Dios en la creación de un mundo donde todos los hombres sean hermanos. La misma libertad humana que decide llevar adelante una guerra, es también capaz de hacer la paz amando y sirviendo. La paz entre las naciones sólo puede darse cuando haya una paz universal entre las personas. Por eso, con su libertad, cada hombre puede ser constructor de la paz. El ser humano construye la paz cuando usa su libertad para amar y para servir.

El hombre es libre para amar. Hoy parece imponerse en nuestra cultura un concepto de libertad que es sinónimo de independencia de todo; una libertad que prescinde de normas morales y de la relación con los demás, de las responsabilidades y los deberes contraídos; una libertad que se reduce simplemente a ser ausencia de trabas, como la del animal que retoza por la pradera. Pero eso no es la libertad humana, es un concepto muy pobre. La libertad humana es, ante todo, capacidad de decidir eligiendo entre diversos bienes, entre hacer esto o aquello, entre actuar o no actuar. La libertad humana es capacidad de autodeterminarse, de construirse el propio futuro de acuerdo a deliberaciones personales. Por eso, el ser humano puede abrir su corazón a los demás, puede entregarse, puede aceptar a los demás y hacer el esfuerzo de comprenderlos, puede renunciar a sus propias ideas o intereses por bienes mayores, puede dialogar y asumir como propios puntos de vista ajenos que lo enriquecen. Este concepto de libertad es válido para construir la paz porque pone al hombre en contacto con los demás, lo hace responsable de sus actos y lo convierte en autor de la vida social, lo hace capaz de adquirir compromisos y cumplirlos, llevándolos a cabo a pesar de las dificultades. La libertad del ser humano es libertad para el amor, para entregarse, para darse y para renunciar a sí mismo en favor de los demás. Esto hace que el ser humano pueda encontrar su propia realización en la renuncia a sí mismo por amor.

La verdadera libertad es también servicio. El servicio nace del amor, especialmente el servicio a los más necesitados. La juventud es sinónimo de generosidad, de entrega completa y sin restricciones a causas que requieren un gran esfuerzo humano. Cuánto más cuando la causa es el mismo ser humano, como individuo o colectividad, al que nos entregamos en un maravilloso acto de servicio. El servicio genera paz, abre el corazón del hombre a los demás con autenticidad y alegría. El servicio es contrario a la degradación del ser humano que lo usa como medio para fines ajenos a él. El auténtico servicio tiene como fin al ser humano y se entrega a darle lo mejor. El servicio combate la pobreza material y espiritual, ve al otro como un prójimo y da lo mismo que le gustaría recibir.

Del amor y el servicio nacen las auténticas relaciones humanas. Con ellas se construye un mundo más humano, se acoge al otro, se le apoya en su crecimiento y se defienden sus derechos. Para crear un mundo de paz es preciso descubrir el valor de cada persona, de cada vida humana. El Espíritu Santo habita en cada hombre, que es como un sagrario de la presencia de Dios en el mundo. Sólo desde el amor y el servicio se reconoce al ser humano en su valor.

Una cosa es clara: la paz es obra de los hombres, de cada uno. Nadie puede hacerla por nosotros. Pero Jesucristo nos apoya, nos da su paz: "Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde" (Jn 14, 27). Jesucristo nos da la paz de un corazón que no se turba ni se acobarda para llevar a cabo con generosidad grandes empresas en favor de los demás. La verdadera paz nace de la paz interior del corazón que es fiel a su conciencia y así es fiel a Dios, su Creador. No es la paz de los sepulcros ni la simple coexistencia, sino de entrega generosa y fiel a los demás. Esta es la paz que Cristo inspira en los corazones, más que un equilibrio de fuerzas y más que un desinterés por los que conviven con nosotros. La paz de Cristo es la paz del amor hasta la donación total de sí mismo.

Todavía hoy es actual la interpelación de san Pablo a los Efesios: "Os exhorto, pues, yo, preso por el Señor, a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos" (Carta a los Efesios 4, 1-6).

Que María, la Reina de la Paz, nos consiga la gracia de comenzar el próximo milenio en una paz auténtica que se extienda en el tiempo, en todas las áreas del mundo y en todos los corazones.

Tu hermano y amigo que te bendice

Norberto Cardenal Rivera
Arzobispo Primado de México

loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loans loansloans loans loans loans loans loans loans insurance insurance mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage mortgage insurance insurance insurance insurance insuranceinsurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insuranceinsurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance insurance