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Vicaría      de Pastoral

Escudo Cardenal Norberto Rivera Carrera

Cartas del Cardenal Norberto Rivera Carrera a los Jóvenes

La Iglesia y el Mundo, en tus manos

Epílogo de las 12 Cartas del Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, a los jóvenes de la Arquidiócesis de México como preparación para el Jubileo del Año 2000.

Querido joven:

Éstas son las doce cartas que escribí pensando en ti con el deseo de reflexionar juntos sobre algunos temas centrales de nuestra vida cristiana que pueden resultarte muy útiles para prepararte a la venida del año 2000. Seguramente han quedado muchas inquietudes en tu mente y en tu corazón. Estoy seguro de que con el tiempo y la reflexión desde la fe podrás dar cauce a toda la riqueza de preguntas y respuestas que llevas en tu interior. Lo importante es que todo eso lo puedas poner al servicio del bien de todos en un esfuerzo real por mejorar este mundo desde donde Dios te ha puesto.

Cuando moría el siglo X y se acercaba el año 1000, un verdadero maremoto de temor, desconfianza y premoniciones truculentas invadió Europa. Las gentes de entonces esperaban un inminente desastre. Se vivía un clima de dramatismo y desesperación muy fuerte. Hicieron falta casi 100 años para que el pensamiento humano se recuperara y volviera a pensar en positivo. Mil años más tarde, con diversos matices, la historia parece repetirse: en este final de siglo, las ideologías preponderantes nacen de un sentimiento de malestar. Desde los años veinte existe un tema recurrente en la literatura: el vacío espiritual y la falta de sentido del mundo moderno (Ionesco, James Joyce, Eliot, Kafka, etc.). Una y otra vez se habla de vulgaridad, decadencia y vacío. El hombre parece harto de su mundo y busca otros tipos de vida. Las soluciones son distintas, pero todas parten de una misma convicción: en la sociedad actual el individuo se aliena, se enajena, se frustra. El hombre no se siente "en casa" ni en las sociedades que ha creado, ni en el universo, ni consigo mismo. Se puede hablar de un "virus del desencanto" que ha contagiado a los pensadores del fin de siglo y sólo ha podido vencerse con la vacuna lúdica de una nueva era donde todo será distinto. Pero la solución de vivir de sueños nunca ha funcionado y ha llevado al hombre a las mayores aberraciones sociales.

El final del siglo XIX y el inicio del XX se caracterizaron como el período de las grandes utopías sociales. Los ilustrados del neoclasicismo confiaban en una victoria de la ciencia pura por ella misma sobre la ignorancia y la servidumbre, los nacionalsocialistas confiaban en el Estado como fuente de felicidad, los capitalistas buscaban la felicidad por la racionalización de las estructuras y el incremento de la producción, y los marxistas esperaban la emancipación del proletariado por la lucha de clases. Todos tenían una convicción común: "Se puede", se puede alcanzar la felicidad. La discusión se movía en torno al "cómo". Pero esas esperanzas aparecen como inconsistentes en el mundo del pensamiento actual. La ciencia por la ciencia nos dejó la gran tragedia de la bomba atómica; el nacionalsocialismo se cubrió de cadáveres en los campos de exterminio; el capitalismo salvaje nos ha llevado al absurdo de vivir para consumir y a un modelo de civilización basado en el tener; el marxismo nos ha llevado a Camboya, al Archipiélago Gulag y a los cientos de personas que han pagado con su vida la discrepancia y las ideas propias. Todo eso quedó atrás y nos enseñó que la solución no está en los sueños ideológicos sino en volver al hombre en su justa dimensión, en su realidad completa, al hombre como dependiente de Dios. Las ideologías han muerto y es tiempo de poner los pies en la tierra afianzados en la Revelación de Dios. Ahora es el momento de construir desde el amor y desde la auténtica solidaridad por encima de los intereses individuales o de grupo. Entre todos podemos hacer del siglo XXI un siglo de paz donde el mayor beneficiado sea el hombre, cada hombre, en toda su integridad. Tomar la guía de Cristo para poner en marcha este proceso de edificación de un mundo mejor es no equivocarse, es edificar sobre roca.

La acción del Espíritu Santo en este fin de siglo seguramente no se va a caracterizar por grandes manifestaciones externas apocalípticas que nos muestren el infinito poder de Dios, sino por una acción callada, pero eficaz en el fondo de cada hombre, de cada joven, que se preste a la transformación que Dios quiere comenzar en él desde dentro para que luego se traduzca en actitudes, programas de trabajo y compromiso sincero por mejorar este mundo haciéndolo más a la medida del hombre. Así se mostrará entre los hombres el amor de Dios. Él pone su parte, pero no lo pierdas de vista: el futuro de la Iglesia y del mundo está en tus manos. La Iglesia y el mundo serán lo que tú hagas de ellos. Tienes un reto por delante.

Para entrar al nuevo milenio te pueden servir de orientación las palabras que Dios dirige a Israel, el pueblo de la Alianza, antes de entrar en la Tierra Prometida. Aún hoy tienen vigencia.

Mira, yo pongo hoy ante ti vida y felicidad, muerte y desgracia. Si escuchas los mandamientos de Iahvé tu Dios que yo te prescribo hoy, si amas a Iahvé tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, preceptos y normas, vivirás y te multiplicarás; Iahvé tu Dios te bendecirá en la tierra a la que vas a entrar para tomarla en posesión. Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar a postrarte ante otros dioses y a darles culto, yo os declaro hoy que pereceréis sin remedio y que no viviréis muchos días en el suelo que vas a tomar en posesión al pasar el Jordán. Pongo hoy por testigos contra vosotros al cielo y a la tierra: te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia, amando Iahvé tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a él; pues en eso está tu vida, así como la prolongación de tus días mientras habites en la tierra que Iahvé juró dar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob (Deuteronomio 30, 15-20).

Que la Santísima Virgen María de Guadalupe desde su cerro del Tepeyac ilumine tus decisiones y apoye tus propósitos para entrar en el próximo milenio como un católico comprometido a fondo en la construcción de un mundo más humano a la medida de Cristo.

Tu amigo y hermano que te bendice

México, D. F., 23 de agosto de 1998

Norberto Cardenal Rivera
Arzobispo Primado de México

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