Hermanas
y hermanos que peregrinan en esta ciudad,
1.
A partir del mandato misionero de Jesucristo a sus apóstoles:
"Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda criatura"
(Mc 16, 15), cada año en la vida de la Iglesia es un tiempo de
misión. Esta tarea encontrará su cumplimiento definitivo
hasta la segunda venida o manifestación gloriosa de Nuestro Señor
Jesucristo.
2.
En la visita pastoral que he realizado este año, en la VII Asamblea
Diocesana y en otros encuentros, he escuchado un conjunto de reflexiones,
inquietudes y sugerencias, fruto del discernimiento pastoral. En todo
esto se nota la acción del Espíritu que debemos todos
secundar. Ahora me dirijo a ustedes, como pastor de esta porción
del pueblo de Dios, para invitarlos a que juntos, con la mirada puesta
en quien es el autor de nuestra esperanza, sigamos impulsando la evangelización
en la arquidiócesis de México, con el plan pastoral del
año del Señor 2002.
I. CONSOLIDAR EL PROCESO MISIONERO
EN
EL HORIZONTE DEL II SÍNODO DIOCESANO
3.
Desde hace seis años en que, por voluntad divina, llegué
a esta Iglesia particular, hemos continuado el proceso iniciado en el
II Sínodo Diocesano de evangelizar las culturas presentes en
la arquidiócesis de México. La inculturación del
evangelio es una exigencia de primer orden; con ella buscamos que los
valores del reino inspiren la vida diaria de los habitantes de esta
gran capital.
4.
La tarea ha sido compleja y ha requerido de una continua búsqueda
en los diversos ámbitos de nuestra arquidiócesis. Hemos
ido avanzando en la conciencia y compromiso de ser corresponsables en
la misión que Dios Padre encomendó a su Hijo Jesucristo,
ungido por el Espíritu; nos hemos puesto en el camino de conformar
una estructura como expresión y medio de comunión; paulatinamente
vamos conociendo y aprendiendo a utilizar los medios de evangelización
para hacer más misionera nuestra pastoral. De esta manera vamos
realizando el "nuevo y vigoroso proyecto misionero".
5.
Animados por el dinamismo surgido en la preparación para la celebración
del Gran Jubileo del año 2000, nos lanzamos a realizar la Misión
cuya proyección queremos que sea permanente; así vivimos
las etapas de preparación, misión intensiva y proyección
misionera. La misión permanente implicará repetir cíclicamente
estas tres etapas, de acuerdo al ritmo y necesidades de las personas
y las comunidades.
6.
He tomado en cuenta a quienes han permanecido ajenos a este proceso,
bien sea porque consideran haber vivido ya demasiadas experiencias evangelizadoras,
bien sea porque no han tenido a su alcance la suficiente y adecuada
información para entender el plan orgánico de la Arquidiócesis
y suponen que caminamos con programas pastorales anuales sin conexión
entre sí.
7.
Nuevamente digo a todos que nuestro plan pastoral se centra en la evangelización
de las culturas en la ciudad de México. Dicho plan se va conformando
en diversos grados, tiempos, ámbitos de responsabilidad, acentos
en cuanto a los destinatarios, agentes, medios y organización
pastoral para la evangelización. Por lo mismo, no hay que pensar
en un plan ya perfilado en todos su elementos y decidido en todos sus
detalles.
8.
Como ha sido costumbre, en el documento que anualmente doy a conocer,
junto con mi Consejo episcopal, se señala el objetivo, se precisan
los criterios, se indican las líneas prioritarias de acción
y se exhorta a todos a la conversión y a la generosidad. Así
se van marcando los momentos del proceso evangelizador arquidiocesano.
Sobre esta base, cada cual ha de ir ubicando su lugar, ámbito
y tareas para sumarse corresponsablemente en la misión de Cristo.
9.
Una vez más invito a todos, tanto personas como grupos apostólicos,
a que conozcan y se unan al plan pastoral de la Arquidiócesis.
Un medio privilegiado para conseguirlo es el de participar en los trabajos
de planeación de cada Vicaría, que adaptan los objetivos
generales a grados más inmediatos. Otro medio significativo son
los decanatos, como ámbito donde los agentes misioneros se responsabilizan
y se coordinan para elaborar los planes operativos a realizar en parroquias,
rectorías, capellanías, ambientes, sectores y demás
centros de evangelización.